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Le preocupa más al Papa el número de condones que el número de hambrientos -- Enric Sopena

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El Plural

Cristo a los fariseos: coláis un mosquito y os tragáis un camello
El jesuita Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y, de hecho, portavoz de Benedicto XVI, ha replicado con agria dureza -en el L´Osservatore Romano- al manifiesto de una organización de mujeres católicas que reclama el derecho a decidir en el interior de la Iglesia (Catholics for Choice). ¿Qué es lo que ha irritado tanto a Lombardi y previsiblemente a Ratzinger, firme e impertérrito cancerbero de la ortodoxia católica, instalado durante muchos años en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sustituyó al Tribunal del Santo Oficio o de la Santa Inquisición?

Lo que ha enojado al vocero de Benedicto XVI es que estas mujeres exijan la autorización de los preservativos, que formen “un grupo conocido por sus posiciones contestatarias” y, por último, que acostumbren a pedir también “la ordenación de las mujeres”. Pues bien, desafiamos a Lombardi, a su jefe supremo y al lucero del alba a que nos demuestre, con los evangelios en la mano, cuándo y cómo Cristo prohibió el uso de los preservativos. No recordamos ni una sola alusión a este asunto. A diferencia de los que osan hablar siempre en nombre de Dios -contraviniendo así el segundo de los Diez Mandamientos- no da la impresión de que las cuestiones vinculadas al sexo obsesionaran a Cristo.

La lapidación de una mujer
Desafiamos asimismo a estos Sumos Sacerdotes del siglo XXI a que nos confirmen en qué puntos los evangelios relegan explícitamente a la mujer respecto al hombre, sin olvidar además que el papel de las mujeres en la época de Cristo no se puede ni comparar con el de ahora. Pero conviene que todos estos clérigos que, a menudo, se parecen más a los sucesores de los escribas y de los fariseos que a los sucesores de Cristo, no desdeñen -como hacen con frecuencia- el admirable pasaje en el que se narra la lapidación de la mujer adúltera. El fundador del cristianismo se enfrentó, ¡atención!, con unos hombres que lanzaban piedras a una mujer pecadora, les afeó su hipocresía y trató con exquisita delicadeza a esa previsible prostituta.

Contestatario, sí
Y desafiamos a la jerarquía católica a que nos diga si Cristo fue o no en su vida pública un contestatario. Lo fue. Y lo fue hasta tal extremo de coherencia que lo ejecutaron vilmente, en la cruz, gracias a la coincidencia fáctica de intereses entre el poder político y el poder religioso. Ni unos ni otros querían modificar el statu quo vigente. Cristo, sí. Por ello plantó cara sin rubor, de manera tenaz y perseverante, a los rigoristas de su tiempo. O sea, a los fundamentalistas, a los integristas y a los que predicaban una cosa y luego esos falsos predicadores hacían la contraria. Ridiculizó a los cínicos que creían que el hombre se había hecho para el sábado -para cumplir la normativa de los sábados- y no al revés. Cristo proclamó que era el sábado el que se había hecho para el hombre. Y tengamos en cuenta que llegó a arremeter contra los fariseos -“sepulcros blanqueados” los llamaba- porque “colaban un mosquito y se tragaban un camello”.

Brujos de la tribu
Lo siguen haciendo ahora estos brujos de la tribu. Se han convertido en obsesivos policías de la conciencia ajena. Tan tenebrosa actitud viene de muy lejos y encendió muchas hogueras, en las que eran quemados los herejes, los disidentes y los malos. Los que ellos consideraban malos. Aseguran que ellos defienden la libertad, pero nadie se los puede creer, salvo los fanáticos y los sectarios en el sentido literal de la palabra. Su concepto de la libertad se va restringiendo cada día que pasa. El Concilio Vaticano II no fue más que un espejismo. Benedicto XVI no ha defraudado. En cualquier momento, apuntilla al Concilio.

Anatemas atrabiliarios
No le preocupa demasiado a Benedicto XVI el número de hambrientos que hay en el mundo ni el de niños que mueren de hambre. Le preocupa el número de condones que, a pesar de sus anatemas atrabiliarios, se fabrican, se venden y se utilizan. Enaltecen de boquilla a la mujer y repiten que los seguidores de Mahoma sí son machistas y, en cambio, ellos no lo son. Pero tratan a las mujeres en la Iglesia católica como si fueran seres de segunda o tercera división.

A su provecta edad
Para ellos la mujer es, al fin y al cabo, la encarnación de la tentación y del pecado. Bueno, otros ejercen de pederastas. Dice Benedicto XVI que pide perdón por los curas pedófilos y que hay que llevarlos a la justicia. Caramba, a su provecta edad y tan instruido como es, este Papa acaba de descubrir que la pederastia es delito. ¿Lo ignoraba cuando presidiendo la Congregación de la Doctrina de la Fe, perseguía a los teólogos de la Liberación y no abría la boca respecto a los capellanes pederastas?

Enric Sopena es director de El Plural

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