Alandar
Teníamos un paciente ingresado de 82 años, sin mujer ni hijos, cuidado por sus sobrinos y por una cuidadora contratada, diagnosticado de una enfermedad urológica sin posibilidad de tratamiento curativo. Al pasar a planta me cuenta su sobrino que ya no pueden seguir cuidándolo porque necesita más ayuda y ellos trabajan. La charla se desarrolla en la puerta de la habitación en el pasillo, yo le escucho, pero de pie y sin intimidad, y me pide que no le dé el alta hasta que puedan organizarse o hablar con la trabajadora social. Lo dejé ingresado y solicité valoración por la Unidad de Cuidados Paliativos para que ellos le ayudasen a gestionarlo. Ver noticia original en …

