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Las pocas mujeres con responsabilidad en la Iglesia buscan visibilidad -- María Paz López

Publicado en

La Vanguardia

La Iglesia está compuesta por un 61% de religiosas frente a un 39% de varones ordenados, pero las decisiones las toman los hombres
Tendrán quizá asegurada la Jerusalén celestial, pero aspiran cada vez más a tener también su porción de gloria terrestre. Las mujeres, activas en muchísimos frentes del catolicismo, presentan una miríada de sensibilidades. Las religiosas (765.714, datos del 2008, últimos disponibles en la Santa Sede) superan en número al clero masculino.

De hecho, pese a lo que podría parecer por la presencia de sotanas, alzacuellos y mitras, en cifras la Iglesia católica –entendida como colectivo de personas que han hecho votos, no como el conjunto de bautizados– es mayoritariamente femenina; la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos.

Pese a ello, el gobierno eclesial, la toma de decisiones, y la visibilidad de la institución están casi exclusivamente en manos de varones. Inercias históricas y una asentada cultura masculina del ejercicio del poder hacen que incluso en ámbitos eclesiales no vedados a la mujer –por carecer de obligaciones sacramentales, y en los que, por tanto, no se precisa ser sacerdote– sigan predominando los hombres, y suelen ser clérigos. Zanjado por los Papas el tema de la ordenación sacerdotal femenina –reclamación que no todas las católicas comparten–, una mujer puede acceder a ciertos cargos en la curia romana y en curias diocesanas; ser nuncio (o sea, embajador del Papa), rectora de una Universidad Pontificia o decana de una facultad.

Así las cosas, el liderazgo femenino en la Iglesia no acaba de llegar, por mucho que poco a poco, con lentitud y recelos, algunas mujeres estén accediendo a puestos de más relevancia. La última en alcanzar un alto cargo en el Vaticano ha sido una seglar italiana, Flaminia Giovanelli. En enero del pasado año, Benedicto XVI la nombró subsecretaria (es decir, número tres) del Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismo similar al ministerio en un Gobierno, en este caso dedicado a derechos humanos y justicia social.

“No creo que el nombramiento de Giovanelli signifique un giro político en el Vaticano –afirma la periodista austriaca Gudrun Sailer, autora del libro Frauen im Vatikan (mujeres en el Vaticano)–, sino más bien que el Papa alemán no se opone a decisiones ‘pro mujer’ en nombramientos de empleados, si la persona en cuestión está capacitada”. Con igual rango que Giovanelli circula por los palacios vaticanos la salesiana italiana Enrica Rosanna, subsecretaria de la Congregación para la Vida Consagrada, que fue nombrada en el 2004 por Juan Pablo II.

En el ancho mundo, cuenta mucho la herencia sociocultural del país. Así, en Estados Unidos no faltan mujeres con responsabilidades en la Iglesia católica, que se ha desarrollado allí como minoría en una cultura predominantemente protestante. Allí, el paisaje religioso está muy profesionalizado y, como en toda sociedad occidental secularizada, han descendido las vocaciones al sacerdocio. Esas son, a juicio de Helen Osman, directora de Comunicación de la Conferencia Episcopal Estadounidense, las razones por las que “la Iglesia aquí tiende a conferir alto valor a la educación profesional y promoción del laicado, sean mujeres u hombres, para servir en la Iglesia en áreas que no requieren ordenación sacerdotal”. Resultado: “En los últimos decenios, un creciente número de mujeres competentes y preparadas han ascendido a puestos de liderazgo en parroquias, diócesis y a nivel nacional –afirma Osman–. Eso refleja los progresos de las mujeres en la sociedad”.

En España, hay mujeres en pastoral, comunicación, cancillería, catequesis… de varias curias diocesanas, pero la amplitud de su implicación dista de alcanzar las cotas estadounidenses. “En países anglosajones he visto casos asentados de participación de las mujeres en la Iglesia; quizá sea una cosa cultural, o quizá refleje la historia de los movimientos de mujeres en esos países –tercia Elisabeth M. Doherty, responsable de Comunicación de la Conferencia Episcopal Australiana–. Pero también he visto casos relevantes de liderazgo femenino en la Iglesia en países tan distintos como Paraguay, Camboya, México e incluso Italia”.

Otra cuestión es que estas y otras mujeres con cargos eclesiales tengan la misma visibilidad social y mediática que sus homólogos varones. “Muchas veces, mujeres con peso determinante están en oficinas de las que nada se sabe –arguye la teóloga Míriam Díez Bosch, profesora de la Universitat Abat Oliba-CEU–. El estilo de gobierno en la Iglesia necesita que esas mujeres estén más expuestas al ágora mediática, pero a veces ellas mismas no tienen ningún interés en aparecer”. Razones por las que se resisten a salir en la foto: “Puede tratarse de una actitud poco asertiva, de desinterés por la ambición y el desempeño público de sus funciones, de una estrategia de mantenimiento en el cargo, o de una dinámica de creer más en el servicio que en el poder”, enumera Díez Bosch. Y concluye: “La aportación femenina a la Iglesia, en presencia pública, es todavía tenue”.

Posiblemente, la católica más mediática del siglo XX ha sido la madre Teresa de Calcuta, ganadora del Nobel de la Paz, fallecida en 1997 y beatificada por Juan Pablo II. Su halo acompañó a su sucesora al frente de las Misioneras de la Caridad, sor Nirmala, que dejó a su vez el puesto de superiora en el 2009. También ha gozado de predicamento la jurista estadounidense Mary Ann Glendon, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, que en 1995 alcanzó notoriedad al liderar la delegación vaticana en la Conferencia Mundial sobre la Mujer de laONUen Pekín. Durante unos meses fue embajadora de su país ante la Santa Sede.

Según Gudrun Sailer, las dinámicas televisivas amplifican el escaso papel que la Iglesia confiere a las mujeres. “La televisión trabaja con imágenes, y una sotana refleja per se el hecho de estar inserto en la jerarquía eclesiástica –razona Sailer–. En consecuencia, los laicos y, de modo particular las mujeres, se ven menos presentes que el clero incluso allí donde desempeñan funciones de nivel”. Por esa regla de tres, las monjas –muy televisivas, porque visten hábito– no suelen faltar en las imágenes sobre elecciones, en las que, indefectiblemente, aparecen sonrientes y votando.

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