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Las monjas sin hábito no podrán ver a Benedicto XVI -- José Manuel Vidal

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Religión Digital

Las afectadas envían cartas de protesta a los organizadores de la JMJ y al cardenal Rouco
Para la organización es un “modo de identificarse en una sociedad con tantos signos de secularismo”. La reforma conciliar les permitió quitarse el hábito con todas las bendiciones eclesiales hace ya más de 40 años. Pero, ahora, la organización de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) prohíbe a las monjas que van vestidas de calle el acceso al encuentro que las jóvenes hermanas van a mantener con Benedicto XVI el día 19 de agosto en El Escorial.

La circular publicada en la web de la JMJ reza así: «Las postulantes, las novicias y las profesas, para poder participar, tendrán que llevar su respectivo hábito». Pero las excluidas no se resignan y escriben cartas de protesta a los organizadores y al cardenal de Madrid, Rouco Varela, máximo responsable de la diócesis y del evento.

En España hay, en estos momentos, 54.000 monjas. La mayoría de ellas, especialmente las de vida activa (dedicadas a la enseñanza, sanidad, atención a los pobres y demás carismas) van «de calle», como suele decirse en el argot eclesiástico, o dejan libertad a las hermanas para vestir como quieran. Entre ellas, las congregaciones más importantes en número, historia, prestigio y presencia social y espiritual, como las salesianas, las carmelitas, las josefinas, las corazonistas o las jesuitinas.

Molestas con la decisión de los organizadores, muchas de ellas están enviando cartas de protesta. Con argumentos muy parecidos. Por ejemplo, una salesiana asegura estar sorprendida por la medida, dado que «nosotras, en España como en otras partes del mundo, no llevamos hábito, simplemente la cruz, tal y como indicen nuestras constituciones». Y, en base a eso, pide a la organización que le confirmen la obligatoriedad del hábito para ver al Papa en el Patio de los Reyes del monasterio de El Escorial.

«Modo de identificarse en una sociedad con tantos signos de secularismo»

Las contestaciones de la organización de la JMJ a ésta y a otras monjas son también casi calcadas. A la monja salesiana le contestan: «En el ordenamiento vigente en la Iglesia los miembros de institutos religiosos deben llevar hábito». Y citan varios artículos de sus Constituciones y de sus reglamentos, en los que, según ellos, especifica: «El hábito religioso sea uniforme para todo el Instituto. Está admitido el pluralismo en la tela y en el color (negro-gris-blanco), según las exigencias de los lugares».

Y, tras invocar «el amor que profesas al Santo Padre por los deseos que se adivinan en querer participar en algún encuentro con él», la JMJ se reafirma en la obligatoriedad del hábito talar. Y concluye: «Esperamos que bien lo puedas comprender y verás la experiencia gozosa de esta manifestación pública de lo que significa en el mundo la vida consagrada religiosa, también en el modo de identificarse en una sociedad con tantos signos de secularismo».

No parece ser el caso de la hermana salesiana, que replica a los organizadores que los artículos de sus constituciones que citan en apoyo del hábito «llevan modificados desde el año 1996» y, desde entonces, dicen así: «Consideramos el hábito religioso y el crucifijo como signos de consagración y pertenencia al Instituto. En el pluralismo en el que vivimos el uso de hábitos o solamente del crucifijo depende del contexto socio-cultural». Y el reglamento, deja libertad a las hermanas para llevar «hábito religioso propio del Instituto, vestido seglar u otro vestido según las exigencias del lugar».

«No sólo debemos distinguirnos por el hábito»

Apoyada en estos y en otros documentos, la hermana salesiana reprocha a los organizadores de la JMJ que «nos hayan juzgado tan a la ligera a las salesianas españolas y de otros países que no llevamos el hábito, ya que, como Don Bosco decía, no sólo debemos distinguirnos por el hábito, sino por nuestra forma de vida».

Y concluye la hermana salesiana subrayando que respeta a las religiosas que van de hábito, porque «son un signo visible en medio de una sociedad secularizada, pero nosotras no somos menos por no llevarlo». Y, por si no queda claro, lo explica: «A través de nuestras obras y palabras igual que Jesús, somos también un signo de la presencia cercana de Dios en medio de los jóvenes más pobres. Y eso es lo que realmente cuenta».

A pesar de las protestas, la organización de la JMJ no ha dado su brazo a torcer, al menos por ahora, y sigue exigiendo el hábito a todas las postulantes, novicias o monjas jóvenes que quieran asistir al encuentro con Benedicto XVI en El Escorial. Sin hábito no hay Papa, aunque diga el refrán que «el hábito no hace al monje». Ni a la monja.

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