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LAICIDAD Y LAICISMO. Aitor Orube

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No se trata de dar definiciones ex cátedra. El disentir es normal y se puede expresar ese disentir en el marco del diálogo y del respeto mutuo, lo que es normal en un sistema democrático o como dice Juan Masiá se puede dar una discrepancia cariñosa y un disentir responsable.

Aquí tratamos de educarnos y ahondar en la conciencia ciudadana
A menudo se utiliza indistintamente estos dos términos como si fueran sinónimos. Incluso la enciclopedia Universal SOPENA, edición 1975 los identifica diciendo que es la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa.
LAICO: Es sinónimo de lego es decir el que no tiene órdenes clericales, pero se aplica también a la escuela en que se prescinde de la enseñanza religiosa.
SECULAR: Es sinónimo de seglar. Hace alusión a algo que sucede, se hace o se repite cada siglo. Que dura un siglo o desde hace siglos. Se aplica también al clero o sacerdote que vive en el siglo, en el mundo de los seglares a distinción del que vive en clausura o está sometido a las reglas de una congregación religiosa.

Así se distingue el clero regular del clero secular.
SECULARIZACIÓN. Acción de secularizar o secularizarse. Secularizar quiere decir hacer secular lo eclesiástico. Por ejemplo, autorizar a un religioso o religiosa para que deje la clausura o sus votos y pueda vivir en el siglo, en el mundo. Yo mismo, por ejemplo estoy secularizado porque pedí la dispensa de mis votos al Vaticano. Hay sacerdotes casados que canónicamente no están secularizados o bien por no haber pedido o bien por no habérseles concedido la dispensa solicitada.

SECULARISMO: Nombre dado por el filósofo inglés Halyoake a un sistema ético fundado en la moral natural, el cual, dejando aparte toda aspiración religiosa, limita el destino del hombre a la satisfacción de las necesidades materiales de la vida presente.
Hoy en día estas definiciones nos dejan un poco insatisfechos pues con el tiempo se ha profundizado el tema y tras múltiples debates, reflexiones y artículos publicados hemos madurado y afinado el contenido de este vocabulario.
Vamos a ceñirnos a lo que nos interesa.
¿ QUÉ ES LA LAICIDAD?

Entiendo que es un valor fundamental de la sociedad y un valor universal. Es el derecho al respeto de la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Es la base o el punto de partida de la conciencia ciudadana. Este valor de la laicidad va contra toda forma de fundamenta-lismo, contra toda absolutiza-ción o dogmatismo.
El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 10 de diciembre de 1948 dice:
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia de los ritos”.
Esto mismo está recogido en el artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.
A título anecdótico tengo entendido que la Santa Sede no ha adherido oficialmente todavía a esta Declaración Universal de los Derechos Humanos, no por este artículo sino por otros que no son compatibles con la legislación eclesiástica.

¿QUÉ ES EL LAICISMO?

Es una actitud negativa a todo reconocimiento de los valores religiosos en la sociedad. El laicismo pretende erradicar todo contenido religioso de cualquier sector humano. Es un término peyorativo, despectivo.
Hace poco el Cardenal Cañizares ha dicho que desde el gobierno español se está inculcando un laicismo pernicioso que afecta de forma radical al hombre.
Si existe un laicismo pernicioso me da pié a pensar que hay lugar para pensar que puede existir un laicismo beneficioso ¿no será la laicidad?
Los padres de la Revolución francesa evocaron la laicidad, la separación del Estado, (la República) y la Iglesia pues ambos poderes habían ido durante siglos de la mano. El pueblo aplicando esta regla se libró al laicismo, persiguiendo y destruyendo el ámbito religioso sin distinción ni consideración alguna, por espíritu de venganza. Cuando en realidad se proclamaba, la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Este es un ejemplo muy claro de lo que es la laicidad, la a-confesionalidad del Estado, y el laicismo, como que es pillaje de lo religioso. Es evidente que laicidad y laicismo no son sinónimos. Por eso que la jerarquía española teme al Laicismo, por onsiderarlo pernicioso. (Alguien me dijo un poco a lo bruto: O sea que en la laicidad cabe todo dios y en el laicismo no cabe ni dios.)
Utilizemos pues, la palabra “laicidad” para hablar en positivo y eliminar equívocos.
Esto quiere decir que la laicidad es la característica del estado laico constituido como organización jurídica y política, al servicio de la totalidad de los ciudadanos, en la que ninguna ideología, cultura o confesión religiosa se impone al conjunto de la ciudadanía, ni limita su desarrollo. Esto supone una apertura total de espíritu, lo que cuadra con el espíritu evangélico auténtico. Un estado laico es el único adecuado para construir una sociedad plural y democrática.

Una vez asumido el sentido de la laicidad podemos aterrizar y abordar cualquier tema concreto que afecte al comportamiento humano y a la conciencia ciudadana.
La opinión pública madurando en esta conciencia ciudadana, con la laicidad como fundamento, está preparada para abordar temas o problemas tales como:
+la aceleración de trámites para la obtención del divorcio; no necesariamente para generalizar el divorcio;
+la ampliación de nuevos supuestos en la interrupción del embarazo; no para generalizar el aborto;
+el reconocimiento legal del matrimonio de personas homosexuales;
+la apertura legal de vías de investigación bioética;
+el replanteamiento de la ordenación de la enseñanza de la religión o del hecho religioso en la escuela;
+la reconsideración de los acuerdos del Estado Español y de la Santa Sede referidos a la financiación de la Iglesia Católica en España;
+el diálogo de civilizaciones y culturas;
+el diálogo Inter.-religioso;
+la concretización de la cooperación internacional;
+la generalización y mejora de la protección social;
+la educación contra la violencia de género;
+el reconocimiento de la igualdad de género a todos los niveles;
+programas de integración de los inmigrantes;
+todos los talleres que se han presentado en el encuentro de los movimientos sociales de la Iglesia de Base;
+en fin todo aquello que se relacione de alguna manera con los Derechos Humanos y que espera la respuesta adecuada de una conciencia ciudadana madura.

Y termino recogiendo las conclusiones del Observatorio Cristiano de la Laicidad, de un grupo de asociaciones de la Federación francesa “ Réseaux du Parvis” con quienes he tenido la suerte de compartir estas reflexiones y que se publicó en París,
el 11 de septiembre 2003. Aquí desterramos en francés una vez por todas el término “laicismo”.
Lo que los cristianos tenemos aún qué decir a este respecto.

1) Nos consideramos militantes convencidos de la laicidad participando en todos los foros como los demás ciudadanos.
2) Rechazamos cualquier gestión que tenga como fin una función particular en el seno de la sociedad, incluso prerrogativas, para cualquier religión.

3) La laicidad nos parece absolutamente conforme con el espíritu del evangelio. Sin olvidar que el cristianismo durante mucho tiempo ha dominado las sociedades europeas, algunas veces con violencia y que la Iglesia católica casi siempre se ha opuesto a la secularización de la sociedad francesa que debía llevar a la laicidad, lo cual es válido también aquí en España.
4) No admitimos una actitud que consistiría en reconocer los beneficios de la laicidad desnaturalizándole su sentido, bajo el nombre de “laicidad abierta” y en querer dar a las religiones una función institucionalmente reconocida bajo el pretexto de que serían “expertas en humanidad “. Denunciamos, por ejemplo, las presiones multiformes de la Iglesia Católica, bajo la cobertura de una pretendida “ley natural” para obtener que el aborto sea prohibido por la ley.

5) Nos aferramos a la laicidad porque nos permite profundizar nuestra propia fe. Nos ayuda en efecto a tomar conciencia de una manera más evidente de nuestra pertenencia a la comunidad humana antes que ser creyentes. No es desvalorizar la fe religiosa el hecho de afirmar que ninguna revelación debe pretender tener la primacía sobre la ley común, que está fundada en los Derechos Humanos. Esta libertad permite acercarse más al misterio de este Dios escondido que anuncia el evangelio y que fundamenta nuestra autonomía.

6) Creemos que la investigación teológica debe continuar ya que permite que se enriquezca nuestra fe religiosa y que se encuentra fortalecida por la libertad que puede ayudar en su búsqueda. La independencia de toda investigación intelectual y de toda toma de posición en una sociedad laica es una garantía para que la libertad de expresión pueda ser preservada en el seno de las religiones. Desearíamos ver una evolución más democrática en el funcionamiento de sus instituciones.

7) Según los Evangelios, nuestra referencia, Jesús manifiesta un rechazo constante a la ambición de los poderes tanto políticos como religiosos, y enjuicia estos poderes como lo hicieron los profetas en la medida que dominan y oprimen. Veremos más adelante cómo Jesús fue un laico.
Terminan sus conclusiones diciendo: Para asegurar nuestra firme convicción por la laicidad republicana ( por estar en Francia) y para exhortar a nuestras Iglesias a ser plenamente fieles a lo que ellas están destinadas a anunciar hemos decidido crear este Observatorio Cristiano de la Laicidad.

Estamos en terreno firme pues nos atenemos simplemente a lo definido por el
Concilio Vaticano II, recogido en el documento Gaudium et Spes:
“Una conciencia más viva exige hoy establecer un orden político-jurídico que proteja mejor la dignidad y derechos de la persona, entre los que se encuentra el de profesar privada y públicamente la religión.”

“Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color ,condición social, lengua o religión debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino. La Iglesia proclama los derechos del hombre y reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual, que está promoviendo por todas partes tales derechos.”
Este punto diríase recogido del artículo número 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.Pasamos ahora a considerar algunos temas bajo esta perspectiva de la laicidad.

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