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La vida, don maravilloso -- Pedro Serrano García

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La Buena Noticia: 09
El admirable Universo
Gracias a los avances de la ciencia, conocemos que el grandioso universo actual que permanece en expansión a velocidades astronómicas desde su aparición hará unos 13.800 millones de años, está basado en energía que se manifiesta en partículas que llenan el espacio.

A medida que el átomo primordial de los inicios se fue expandiendo y enfriando, hizo posible la aparición de innumerables nebulosas de gas y polvo; de las que, a partir de unos 300 millones de años, empezaron a surgir las estrellas y los planetas que fueron agrupándose en multitudes de cúmulos que formaron las galaxias.

Actualmente, los astrofísicos nos dan a conocer la existencia de miles de millones de galaxias que pueblan el cosmos. A su vez, cada galaxia está compuesta por miles de millones de estrellas (también estrellas de neutrones y agujeros negro), donde a muchos de esos astros, los acompañan en ritmos giratorios planetas de diversos tamaños. Hasta puede que en alguno de ellos haya aparecido vida, pero todavía lo desconocemos.

Evidente, los seres humanos vivimos en un dilema: el maravilloso universo con sus leyes y evolución, con la energía y la materia, ¿surgió por azar o por voluntad de una superinteligencia divina? Nunca lo sabremos. Dado que Dios permanece en el misterio y es imposible demostrar su existencia; siempre habrá muchos seres humanos que consideren al universo surgido por que sí, mientras que otros intuyen que el grandioso cosmos apareció y evolucionó por voluntad de Dios. Asimismo, ignoramos si estamos en medio de un solo universo o de un pluriverso.

Las manifestaciones de vida
Ah, precisamente es también sorprendente que de una nebulosa -en la que abundaban elementos químicos-, provocada por una supernova (estallido de una enorme estrella), surgiera el Sistema solar hace unos 4.500 millones de años, compuesto por el Sol y sus 8 planeta, más los planetas enanos. Pero más maravilloso es que del modesto planeta rocoso y azul llamado Tierra, por las leyes que rigen la materia y la energía en evolución, apareciera la vida microscópica de unos cuantos elementos químicos hará unos 3.500 millones de años.

Grandiosa evolución, pues de la vida microscópica y en el transcurso de los siglos, fueron apareciendo gran variedad especies de plantas, insectos, y animales en ambientes acuáticos, terrestres y aéreos. Asombroso es saber que, de un homínido bípedo, hace unos 6 millones de años y por la ley evolutiva, fuesen emergiendo especies de primates; primero los ardipithecus al que le siguieron los australopithecus, para continuar con los parantrhropus.

Al final aparecieron en el bello planeta Tierra más de diez especies homos surgidas unas de otras. Coronando la evolución de los antropoides, hará unos 300.000 años, emerge la especie Homo sapiens que se fue expandiendo por toda la faz del globo terráqueo, y en el transcurso del tiempo, fueron construyendo naciones, culturas, civilizaciones y religiones. Actualmente el ser humano anda atareado en la aspiración de llegar a poblar otros planetas y/o satélites, para lo cual ya han empezado a enviar robots exploradores al planeta Marte y a la Luna.

Tal vez la intuición de los creyentes (independientemente de que las religiones estén llenas de dudas, errores y fallos morales), prevalezca sobre la opinión de los no-creyentes. Pues esta maravilla del grandioso universo y sus incontables estrellas, la vida con las múltiples especies y la propia del ser humano inteligente y libre, más parece querida por una superinteligencia a la que llamamos Dios, que de los sucesivos accidentes ocasionales o casuales ocurridos por azar en diferentes etapas de la historia del cosmos, aunque nadie lo pueda demostrar.

Las luchas por la vida
Aunque algunos afirmen que la energía no se destruye, sino que se transforma, será mientras exista, pues todo en el inmenso espacio-tiempo tiene un comienzo y un final, tanto la energía como la materia en su gran variedad de formas, las especies vivas como el ser humano en su evolucionar en la Tierra. En la naturaleza, pues, la muerte de unos animales -bien de forma natural o causada por depredadores-, sirven de alimento y sostén de la vida de otros animales, microbios o plantas; manifestándose, así, el equilibrio ecológico indispensable para que todas las especies se mantengan en la pujante vida.

Incluso, los grandes cataclismos (terremotos, asteroides, volcanes, incendios, huracanes y otros) que ocasionan la desaparición de multitud de especies sirven para potenciar otras especies y el surgimiento de nuevas formas de vida; como lo muestra la desaparición de los dinosaurios hace unos 75 millones de años a causa del choque de un asteroide con la Tierra que dio origen al reinado progresivo de los mamíferos, y del que surgieron los homínidos que evolucionaron hasta la aparición del ser humano.

Asimismo, todos los seres humanos se afanan en vivir lo mejor posible; contribuyendo a sus éxitos las cualidades de inteligencia, sociabilidad y adaptación ambiental para obtener alimentos, protección, viviendas, vestidos, educación, medicinas y defensa. Para ello forman comunidades, ciudades y naciones enmarcadas en sus diversas lenguas y culturas que han ido construyendo en las distintas regiones geográficas de la Tierra. Aun así, dado la temporalidad humana, la muerte (ya sea por enfermedad, accidente o violencia), no es el final de la vida limitada humana, sino la transformación en una vida plena y eterna en Dios. Al menos así pensamos muchos creyentes de distintas religiones.

Pero lo más inmoral y contrario a la ley natural y a la voluntad de Dios, son los asesinatos a personas, los genocidios a comunidades, y las guerras contra pueblos. Si admirable es que los seres humanos hayamos llegado a una ética que favorece la vida, la dignidad y los derechos humanos proclamados por la ONU en 1948 después de dos brutales guerras mundiales, escandaloso es que las razas, culturas, clases y naciones más poderosas ejerzan la explotación, la opresión, la colonización y el genocidio contra otras razas, culturas, clases, géneros y naciones más débiles. Frente a la voluntad de los poderosos de acabar con los empobrecidos que les pueden entorpecer sus afanes desmedidos de riqueza y dominio, defendamos la vida de los marginados para lograr un mundo donde reine la fraternidad universal.

Jesús, vino a darnos vida feliz
Entre los muchos hombres y mujeres de diversas naciones que en la historia han destacado por su contribución a humanizar las sociedades y las relaciones entre los seres humanos, estimo magnífico y sobresaliente el testimonio y el mensaje de Jesús de Nazaret, pues vino a darnos “vida y vida en abundancia” (Jn 10,10), no solo temporal sino también eterna, basado en su único mandato: “amarnos unos a otros como yo os amo” (Jn 13,34; 15,12). El amor de Jesús es el de Dios, y comprende la solidaridad con los empobrecidos, la confraternización con el prójimo, el perdón a los que nos dañan y persiguen, siempre en el marco de la defensa de la igualdad, la justicia y la paz entre personas, pueblos, razas, culturas y religiones. Actuando así, mostraremos que somos hijos de Dios-Padre que es bondad infinita para todo ser humano.

Respetemos la vida: No matar
Este gran ideal del amor universal a toda persona para que resplandezca la vida de calidad en todos y todas, debe ser tal, que nos disponga al servicio y no al dominio, a la solidaridad y no al egoísmo, a la fraternidad y no al odio, a la mansedumbre y no a la soberbia, a ocupar los últimos puestos y no a competir abusivamente por los primeros. Incluso, hasta con la disposición de morir por nuestros semejantes; pues, “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus hermanos” (Jn 15,13), ya que el que muere por la causa de Jesús [que es vida en abundancia para todos], da mucho fruto (Jn 12,24); claro, si ello ocurre al ser víctima inocente de la injusticia. Jesús y los mártires por un mundo mejor nos dieron ejemplo.

En realidad, el Evangelio de Jesús, es una llamada al pacifismo y a la no-violencia activa que supieron promoverla magníficamente tanto Gandi y Luther King como Óscar A. Romero, en sus respectivos ámbitos y luchas liberadoras: el primero, por la independencia del pueblo indio frente a los ingleses; el segundo, por la abolición de la segregación racial contra los negros en el régimen racista blanco de Estados Unidos; y el tercero, por la defensa profética de la justicia en favor del pueblo empobrecido salvadoreño frente a la represora dictadura militar. El amor solidario a nuestros semejantes es más prioritario que el afirmar o negar la existencia de Dios.

Pero hoy, nos encontramos, un mundo globalizado, con el nefasto sistema capitalista neoliberal donde se da prioridad a la máxima ganancia mediante la competencia y la agresividad contra los que pueden mermar los intereses de privilegiadas élites. Ante el capitalismo que mata -según el papa Francisco-, defendamos la vida de las mayorías.

Las grandes potencias mantienen una carrera de armamento (convencional y nuclear) desbocada, obligando a las potencias medias y a países con desarrollo escaso a gastar en armas enormes cantidades de dinero que son necesarios para garantizar una vida de calidad a sus ciudadanos. Las guerras de agresión de las superpotencias contra países más débiles, buscando el dominio del mundo y las dictaduras opresoras para favorecer a sus clases hegemónicas, junto a pandillas delincuenciales, bandas de narcotraficantes, así como movimientos terroristas en auge impiden el progreso de la vida en abundancia que Jesús promovió con su fe que mueve montañas, su Buena Noticia que garantiza felizmente la paz y su testimonio humilde que nos descubre a Dios como Padre/Madre bondadoso. San Romero, de acuerdo con el Evangelio, dijo: “frente a una orden de matar que de un hombre, debe prevalecer la Ley de Dios que dice: no matar”.

Por todo ello, unidos a Jesús, los cristianos con las personas de buena voluntad, debemos de alzar la voz de forma que resuene en todos los pueblos de la Tierra, para comunicar la aspiración humanan y el mandato de Dios: “No matarás” (Dt 5,17). Precisamente Jesús nos dijo: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; el que mate será sometido a Juicio. Yo, en cambo, os digo: todo el que se enoje contra su hermano, será sometido a juicio (Mt 5,21-22).

Animados por Jesús, colaboremos con alguno de los movimiento pacifistas que promueven la abolición de las guerras, la superación de la delincuencia y del terrorismo, la desaparición de la explotación del hombre contra el hombre, el desmantelamiento del neoliberalismo, el patriarcado y la religión alienadora, así como la abolición del racismo; evitemos la división de clases y la marginación de emigrantes.

Asimismo, practiquemos el compromiso con los que promueven una Tierra libre de contaminación y evitan el calentamiento del medio ambiente que causa miles de muertes inocentes anuales. Escuchemos la voz de Dios que nos aconseja: “por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13,35), y así contribuiremos a un mundo más pacífico, justo, libre, igualitario y solidario. Otro mundo es posible.
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