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La situación socio-cultural, económica y política del continente en el contexto mundial -- Pedro A. Ribeiro de Oliveira

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Conferencia en el Congreso Continental de Teología
Tomo como punto de partida para el análisis de coyuntura,la mundialización del mercado capitalista: la llamada globalización. Ese proceso afecta toda la población mundial, inclusive a los excluidos del mercado, y amenaza la sobrevivencia de muchas especies vivas de la Tierra. Al hacer la crítica de la globalización, quiero, al mismo tempo,señalar la emergencia de otro movimiento en sentido inverso: la globalización que va de la periferia al centro.

Es en esa inversión de sentido que veo hoyla mayor contribución de Nuestra América en la construcción de la ciudadanía planetaria fundada en la Paz, en la Justicia yen el Cuidado de la Vida.

La globalización del mercado

El concepto de globalizaciónse puso de moda en losaños 60, cuando el mundo se volvió tan interrelacionado que se podía hablar de una “aldea global”. Conla comunicación vía satélite, las informaciones pasaron a llegar al mismo tempo a cualquier parte de la Tierra. Los países más avanzados en tecnología llevaron sus concepciones y su visión del mundo a todos los demás, pero la misma tecnología favorecióla difusión de elementos de culturas periféricas fuera de sus fronteras, tornando global lo local y viceversa.

Sobre ese concepto de globalizaciónfueinjertado otro, referente a los cambios en el sistema económico. Él entróen el lenguaje corriente después de 1989, cuando la caída del muro de Berlín precipitó el derrumbe de la antigua Unión Soviética y después el fin de la “guerra fría”que hasta entonces dividía el mundo entre EEUU y sus aliados y el bloque socialista. Disuelto el bloque socialista, el mundo parecía no tener otra alternativa que adoptar la economía de mercado dirigida porel capital. La globalización pasó a ser entendida, entonces, como la supresión de las fronteras nacionales yla transformación del mundo en un único mercado donde el capital, las mercaderías ylos servicios (¡pero no las personas!) circulanlibremente. Esa libertad de movimientos concedida al capital caracteriza la forma neoliberal del capitalismo, cuyo ideario restringe la intervención del Estado en las áreas que no interesan a mercado – las externalidades económicas.

Ese es el estado actual del modo de produccióncapitalista cuya historia esla historia de su dinamismo expansionista para incorporar cada vez más mercaderías y agentes económicos – productores y compradores. Esbozado en las ciudades del Norte de Italia (siglos XIV e XV), creólas bases del comercio mundial moderno por medio de las grandes navegaciones y de la colonización de América, África y partes de Asia y Oceanía (siglos XVI e XVII), provocóla revolución industrial (siglo XVIII), se consolidóen las revoluciones políticas y culturales del siglo XIX yllegó a la madurez con el proceso de globalización neoliberal (siglo XX). A lo largo de esa historia el modo de producción capitalista asumió diferentes formas – mercantilista, liberal, imperialista, de Estado, de bien-estar social, y neoliberal – y pasó por diferentes centros polarizadores: las ciudades italianas, Ámsterdam, Londres y Nueva York. Su próximo centro polarizador tal vez se localice en China.

Más que la historia de ese modo de producción, ahora nos interesa destacar el dinamismo del mercado como organizador dela producción y del consumo.

El dinamismo del mercado y su límite ecológico

El éxito histórico de la economía de mercado en su forma capitalista reside en su enorme capacidad de producir riquezas. Su primer teórico, A. Smith, ya decía que no esla generosidad del panadero la que lo hace levantarse de madrugada para hornear y vender su pan. Él haceeso para lucrar, porquela economía de mercado, regida por la ley dela oferta y la demanda, tiene como motor la expectativa del lucro. Todo empresario competente sabe que al contratar trabajadores y adoptar las mejores técnicas de producción y de gestión, aumenta la oferta de bienes o servicios que, al ser vendidos, le traerán lucro. Ahí reside el principio dinámico del mercado: producir para vender e vender para lucrar. Por lo tanto, la propia esencia del mercado es expandirse, esto es, integrar un número cada vez mayor de personas como compradoras y vendedoras de mercaderías, a su vez, siempre más diversificadas. Movido por ese dinamismo, el mercado dirigido porel capital es prácticamente irresistible: hoy en día, son raros los espacios no dominados por su lógica.

A lo largo de la historia ese dinamismo aseguróla expansión de la economía de mercado haciéndola superar las barreras geográficas, nacionales, ideológicas y otras. Ahora, sin embargo, ella tiene delante una barrera aparentemente infranqueable: el límite físico del Planeta.

En los últimos cincuenta años ha crecido el número de personas alarmadas por el desgaste físico de la Tierra él aparece bajo diferentes formas: cantidad de basura, pérdidade biodiversidad, degradación de suelos y de aguas, desertificación de los mares, calentamiento global, agotamiento de las fuentes de energía fósil, daños a la salud humana y animal, y otras amenazas al sistema de vida de la Tierra. Aunque no sea la única causa de esos desequilibrios, la especie humana esresponsablede ellos,en la medida en que la economía de mercado exige enormes cantidades de energía y de materias primas, y produce más contaminantes (basuras y venenos) y gas carbónico delo que la Tierra logra absorber. El sistema de vida normalmente absorbe, aprovecha y recicla energía, agua, aire, restos de seres vivos y todo lo que la vida necesita para reproducirse, pero esa capacidad de reciclaje no es ilimitada. Sobrepasado su límite, el sistema deja de funcionar como un organismo cuyos anticuerpos no logran más combatirla infección. Este es el caso de la Tierra: se enfermó y está perdiendo su capacidad de auto-regeneración.

El problema es más grave de lo que aparece a nuestros ojos, porque el tiempo de la Tierra es más largo que el tiempo humano: un siglo, que para nosotros es mucho, para la Tierra es casi nada. Hace tres siglosque la creciente producción industrial vieneagotando reservas de agua, tierra cultivable, energía y minerales yarrojando poluciónen los mares, suelos y aire; perosólo recientemente la Tierra comienza a presentar claras señales de pérdida de vitalidad. Aunquela producción regresara al nivel preindustrial – evento imposible, salvo una drástica disminución de la población – los daños ya causados llevarían mucho tiempo (para el padrón humano) para ser reparados. O sea, pende sobre la especie humana una amenaza de una gran catástrofe.

Esa amenaza fue percibida por personas atentas a las cuestiones ambientales, pero por bastante tiempo fue ignorada por empresarios, economistas y dirigentes políticos. Quien hablara acerca de cuestiones ecológicas, ambientales y de respeto a vida del Planeta era descalificado como aquel “ecochato” (que le gusta crear problemas). Aún hoy, quien se opone a la construcción de hidroeléctricas en la Amazonía – Belo Monte y Tapajós – es criticado como quien no quiere ni el progreso de la Amazonía niel desarrollo del Brasil. Pero esa conciencia ecológica creció de tal modo, que hasta quien sustenta el productivismo-consumista se ve obligado a proponer cambios. Esel caso de laeconomía verde.

La propuesta dela Economía verde (ambiental)

Su innovación reside enponer un precio a los costos ambientales de producción económica. Explicando: actualmente sólo son contabilizados como costos de producciónlos factores que tienen precio: la tierra, la maquinaria, la materia-prima, la fuerza de trabajo yel financiamiento. A los efectos de la contabilidad, la basura, la destrucción dela biodiversidad, la degradación de los suelos y de las aguas, los daños a la salud humana y animal son definidos como externalidades, esto es, resultan dela actividad productiva pero no son contabilizados como costos económicos.

Se trata de, usando el lenguaje técnico, “precificar” (poner precio)las externalidades. Eso quiere decir: si tambiénlos efectos indeseados de la producción tuvieran un precio para quien produce, la propia lógica económica lo obligará a reducir sus costos para no provocar daños. Haciendo así, el productor reducirá al máximo las externalidades de la producción. O, si no lo consigue, compensará los males que causa promoviendo alguna forma de recuperación ecológica (p. ej. pagando a un pueblo indígena para mantener intocados la selva, los ríos ylos recursos minerales de su territorio). Yla propia lógica del mercado de hacer “doler en el bolsillo” de quien provoca daños, tornará a la economía verde,factor de preservación ambiental. Por eso, es una propuesta que se presenta como “sustentable”.

Por ser ella la principal propuesta global frente ala crisis ecológica – con respaldo en la ONU y en otros organismos internacionales – cabe aquí una apreciación crítica.

Su novedad es no regirse únicamente por la búsqueda del lucro, como hacela actual economía capitalista de mercado, sino considerar como pilares de la economía el lucro, las personas yla Tierra. A pesar de que eso, representa un avance en la teoría económica, alponer en pie de igualdad lucro, personas y vida del Planeta, ella trata el derecho al lucro como equivalente a los derechos de la persona humana y de la Tierra. Desde el punto de vista de la ética, sería entonces difícil argumentar en favor de esa propuesta. Pero la crítica vamás allá, porque queda claro que ella trae consigo una concentración de riqueza muy peligrosa para la paz mundial.

Laeconomía verde quiere que bienes comunes como conocimientos tradicionales, agua, semillas, biodiversidad, océanos, selvas y atmósfera seapuestas bajoel dominio privado. Su argumento es que solamente el dueñocuida bienlo que tiene, quelo que es de todos no es de nadie y el Estado – que debería cuidar – no cuida. Este argumento viene siendo repetido de todas las maneras, con insistencia cada vez mayor, hasta que todo el mundo acepte que los bienes comunes sean apropiados por entidades particulares. Eso crearía un nuevo y enorme campo de negocios para los inversionistas de capital, que desde la crisis del 2008 corren el riesgo de perderlos títulos aplicados enderivativos. La economía verde traería grandes beneficios para las grandes corporaciones transnacionales, cuyo poder aumentaría mucho al apropiarse de bienes comunes que hoy no pueden ser comprados ni vendidos.

La competencia entre las grandes corporaciones para controlar los bienes-comunes privatizados ciertamente daría lugar a graves conflictos económicos y militares. Es preciso recordar que los cálculos militares no sufren cortes, que no hay acuerdos de desarme y que el comercio de armas hasta ahora resiste la reglamentación internacional transparente (como esel caso del comercio de otros bienes y servicios). Todo indica que la solución del sistema de mercado para la crisis actual sería semejante ala solución encontrada en las crisis económicas de los últimos siglos: la guerra. Basta escrutar los horizontes del mundo actual para percibir sus señales. Aunque no se proyecte – por el momento – un conflicto global, son claras las señales de guerras localizadas y de “pequeño alcance” pero tan mortíferas comolas grandes guerras. Por todo eso, esun imperativo ético buscar alternativas.

Alternativas a la globalización del mercado

Sila globalización del mercado dirigido por el capital, está cercadealcanzar su agotamento en medio de guerras, hambre y mortandad en masa, cabe ahora examinar las alternativas para la humanidad que desea una vida larga y feliz sobre la Tierra. El fracaso de la globalización neoliberal hace desmoronar la antigua utopía del progreso sin fin y nos desafía a seguir otra utopia como una idea-fuerza, no un sueño irrealizable. Idea que, al mobilizar las voluntades para realizarse en la historia, despierta nuevas energías y alimenta la esperanza de paz en la Tierra.

Esta es una de las cuestiones más importantes para los cristianos y cristianosen los tiempos actuales, porque tenemos que dar las razones de nuestra Esperanza. Tal como el libro del Apocalipsis que parte de los “signos de los tiempos” para asegurar la victoria de la vida y prometer “un nuevo cielo y una nueva tierra”, las comunidades eclesiales hoy son desafiadas a proclamar que “otro mundo es posible”. Para eso, esnecesario pensar la globalización en el sentido inverso al habitual: la periferia empobrecida debe llevar su proyecto de vida en la Tierra al centro rico. Eso exige pasar a otro paradigma de pensamiento, muy diferente al paradigma antropocéntrico dela modernidad europea.

El cambiode paradigma comienza al versela Tierra no como uma reserva de recursos naturales a ser explotados para producir riqueza, y sí como madre de todas las especies de vida. En ese paradigma la economía es dirigida porel princípio del respeto a la Tierra, madre generosa que aún no siendo rica, no niega nada a sus hijos e hijas– gente mimada e insensata que explota todo exigiendo yno retribuyendo nada. Aúndolorida y desgastada como está hoy, la Tierra continúa ofreciéndonos aquello que durante milenios produjo y conservó en su seno. Es evidente que si todos los Derechos de la Tierra fueran respetados, la producciíon de riquezas sufriría una drástica reducción. Pero, pensándolo bien, más temprano o más tarde el “apagón” de los recursos naturales obligará a la especie humana a vivir pobremente. Se trata de iniciar, desde ahora, el proceso de reducción general de riquezas y de prepararnos para un modo de vida más simple. Este no es, ciertamente, el proyecto de las corporaciones transnacionales y de los billonarios que mandan en el mundo, pero es por ahí que se construirá una economía realmente nueva: donde la riqueza hoy acumulada en pocas manos, sea distribuda entre todos los seres humanos.

Ese enfoque, a partir de otro paradigma, permite develar escenarios bien diferentes del sistema produtivista y consumista vigente. Tomemos, por exemplo, Gandhi y el modo de producción y consumo dirigido no al crecimiento económico, sino haciael bien estar de todos los seres vivos. Para él, la economía debe basarse en unidades de producción locales, articuladas en red, con bajo consumo de energía y sometidas a la prohibición de disminuir costos monetarios cuando eso aumenta elcosto humano o ambiental. Ese ideal humanista de simplicidad de vida, de no-violencia (inclusive contra los animales, de ahí el régimen vegetariano) de autonomia local y regional funda una nueva economía. Al mismo tiempo, sustituyela utopía productivista del progreso sin fin, por la utopía dela armonía universal dela comunidad de vida – la bella y provocativa expresión usada en la Carta de la Tierra.

Otras propuestas alternativas están en gestación o ya constituyen experiencias de ámbito local o regional. Una de ellas es elBuen-Vivir, que apuntaa recrear el antiguo concepto de ciertas culturas andinas como los Quechua (Sumak Kawsay) y Aymará (Suma Qamaña). En el período de mobilización popular contra las políticas neoliberales, ese proyecto de sociedad ganó nuevos contenidos y fue incorporado en las Constituciones de Bolivia (2009) y de Ecuador (2008). Él no propone la vuelta a un pasado idealizado, sino formas de vida en armonía (i) consigo mismo, (ii) con otras personas del mismo grupo, (iii) con grupos diferentes, (iv) conla Pachamama – la Madre Tierra (v) sus hijos e hijas de otras especies y (vi) conlo espiritual. Más que una propuesta socio-económica, es una propuesta de reconstrucción de la sociedad humana para armonizarse conlas otras formas de vida de la Tierra. Es tan revolucionaria que requiereun verdaderocambio de paradigma del pensamento: incorpora y va más allá de las categorias de la racionalidad moderna.

Otra importante experiencia actual esla de la Economía solidaria. Si fuera tomada en serio como propuesta para todos los ámbitos de la economía – y no como solución para situaciones de precariedad del trabajo – ella podrá abrir un nuevo horizonte para la resolución del viejo problema económico: satisfacer los ilimitados deseos humanos con recursos naturales limitados. Ella no quiere ser uma política social – focalizada enla satisfacción de las necesidades de personas excluidas del mercado – sino una política económica – un nuevo modo de producir, distribuir y consumir bienes y servicios. Laeconomía solidaria, son un bien, como las que tuvieron éxito, por ejemplo, las de trabajo cooperativo, constituyen uma base sólida para la globalización alternativa en la medida que consiga hacerun salto de lo micro a lo macro, porque una cosa sonlos emprendimentos locales que agrupan a lo máximo algunas centenas de personas trabajando; otra cosa es atender las necesidades de siete mil millones de personas, muchas de ellas con deseos atizados por la propaganda consumista.

De aquíla importancia del modelo de organizaciónen red: innúmeras pequeñas unidades autónomas en cuanto a su gestión y articuladas entre síen la consecución de proyectos comunes. La gestión de redes requiere relaciones democráticas de poder, para que las minorías sean respetadas dentro de los rumbos trazados porla mayoria y para que la centralidad de las decisiones no revierta en organizaciones de forma piramidal (Chico Whitaker). Ellas favorecenla implantación de una economía solidaria desde el nível micro, local, hasta el nivel macro – global y planetario.

En conjunto, esas propuestas alternativas buscan formas de desarrollo que no impliquencrecimiento. Así como en la infancia necesitamos crecer hasta llegar a la edad adulta, cuando paramos de crecer, continuamos desarrollándonos, lo mismo se debe dar en la economía: después de llegar al estadio actual: ¡basta de crecer! Podemos vivir muy bien sin acumular más riqueza, aprendamos a desarrollar otras capacidades humanas como las artes, la cultura, el campo espiritual, la sociabilidad o el deporte…

Conclusión

Vimos que a Economía verdees un modelo, que se plantea como posibilidad de un nuevoimpulso al mercado capitalista hasta que, al agotarselos recursos naturales del Planeta no queden más bienes comunes a ser incorporados a la economía. Esa propuesta está en el horizonte de posibilidades del siglo XXI como consolidación del imperio de las grandes corporaciones transnacionales (¿con sede en China?).

Las alternativas de otro mundo posible aún están en gestación o en la etapa de experiencia, como ensayos de un nuevo paradigma de pensamiento, de modo de vida y de economía. Ellas nos interpelan como posibilidades del Reino de Diosen la historia. Somos invitados, invitadas, a asociarnos, a participar con muchos otros grupos y movimientos sociales en el proceso histórico de su construcción. Este es el momento preciso, porque siendo alternativas enelaboración teórica y práctica, están abiertas a todas las contribuciones de quien esté en el mismo proceso.

Quiero enfatizar este punto, porque es crucial: una cosa esla contribuición teórica y práctica de quien está junto para participar del proceso, con sus avances y retrocesos, aciertos y errores, y otra es quien – desde afuera – quiere dictar reglas y normas de conducta.

Señalo, como sociólogo ycomo cristiano, los dos puntos donde la contribución del cristianismo me parece más importante.

El primero se refierea la construcción de un nuevo paradigma de valores. Estamos tan habituados al paradigma que, desde el Renacimiento europeo, tiene en la persona individual la base de los valores y derechos que regulan nuestras relaciones con otras pessoas y conla natureza, que es muy difícil salir de él oretirarlo de nuestra visión del mundo. (Hasta la concepción de salvacióno eterna se volvió tributaria dela centralidad dela persona individual: “salva tu alma”) Esa concepción vino juntamente con el sistema económico de mercado, que la llevó al extremo del egocentrismo, como si cada individuo fuera el eje en torno al cual el mundo gira. Así como la centralidad de la persona individual dala forma moral al productivismo-consumismo del mercado y fundamenta la libertad de producir, vender y comprar, un nuevo paradigma de valores deberá fundamentar el modo alternativo de producción y consumo ecológico y solidário. Élnecesita ir más allá del actual paradigma de los Derechos Humanos, en el cual solamente seres humanos son sujetos de derechos, para incluir a otros sujetos en una ética realmente planetariaque contemple los Derechos dela Tierra y de todas las especies vivas, superando así el especismo.

Quien conocelos procesos de transformación social y política sabe que ellos no son movidos solamente por teorias, sino principalmente por ideas-fuerza, esto es, ideas cargadas de valores porlos cuales valga la pena dar la vida. En la medida en que sepamos alimentar la espiritualidad de esos procesos conla fuerza del cristianismo, haremos uma valiosa contribución ala construcción de “otro mundo posible”.

El segundo punto se refiere a que, queramos o no, nos guste o no, es cierto que el crecimiento de la producción está llegando al límite de las posibilidades del Planeta yeso acarreará escasez. Ciertamente las próximas generaciones vivirán con menor abundancia de bienes que las actuales. Aunquela economía verde venga a propiciar el crecimiento do PBI por “precificación”(poner precio) de las externalidades, eso traería concentración pero no aumento de la riqueza general. Ahora, la pérdida de bienes significa empobrecimiento y en la cultura de la globalización, pobreza es sinónimo de infelicidad. En ese contexto, la opción porlos pobres adquiere una dimensión profética al anunciar y testimoniar – a contramano de la cultura productivista -consumista hoy globalizada – que nadienecesita ser rico para ser feliz. En oposición a la propaganda mediática de que el “dinero trae felicidad”, vale la apuesta a la felicidad sin acumulación de riqueza. En un mundo cuyo deseo de consumo es permanentemente alimentado porla propaganda (decía Joãozinho Trinta: “a quienle gusta la pobreza esal intelectual; lo que quiere el pueblo es lujo”) deconstruir la asociación entre riqueza e felicidad es tarea política de gran importancia.

En eso reside su gran desafío: ¿cómo proclamar y testimoniar, de modo plausible, que es posible ser feliz sin ser rico? Hace cuarenta años que la Teología de la Liberación viene trabajando teórica y prácticamente sobre ese problema, pero aún hay mucho que hacer. Es misión dela nueva generación de teólogos, teólogas y cientistas de la religión seguir adelante con nuevas y mejores categorías de pensamiento, capaces de responder a ese desafío de la economía verde cuyo objetivo es consolidar la dominación de las grandes corporaciones, aunque condene nuevamente a muerte a los pobres y a las especies más vulnerables.

* Sociólogo, Profesor de la Maestría en Ciencias de la Religión – PUC-Minas,
consultor de ISER/Asesoría y miembro del directorio de la SOTER

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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