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La revelación bíblica -- Pedro Serrano

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Problemática nacional de Israel
La tierra de Canaán donde estuvo ubicado el pueblo de Israel, funcionó en la edad Antigua como puente entre los pueblos del Norte, Este y Oeste en sus relaciones y tensiones, tanto culturales como religiosas, económicas como políticas, militares y de dominio. Con Abrahán hacia el 1850 a.C., unas tribus nómadas aspiran a constituirse como nación; con Moisés hacia el año 1250 a.C., los hebreos son liberados de la esclavitud en Egipto; pero fue con David hacia el 950 a.C., cuando los israelitas se constituyeron en reino independiente, principalmente aprovechando la crisis político-económica por la que atravesaban las grandes potencias de Egipto en el Oeste, y de Asiria y Babilonia en el Este.

El pequeño Israel, solamente gozó de dos cortos periodos de independencia: el primero, fue en los reinados de David y Salomón hacia el 900 a.C. Luego vino la división del reino en dos: al Norte Israel y al Sur Judá, que dieron paso a sucesivas dominaciones de grandes potencias. El segundo periodo independiente fue debido a la guerra de liberación conseguida por los Macabeos hacia el 150 a.C. Sus herederos de la dinastía Asmonea acabaron sometidos a Roma hacia el 63 a.C.

En resumen, Israel que siempre se autoproclamó como pueblo elegido del Dios Yahvé, estuvo alrededor de los mil años de su existencia histórica, dependiendo sucesivamente de las grandes potencias de: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Tolomeo (egipcios), Seléucida (asirios), y Roma. Asimismo, estuvo en conflictos militares y políticos con los pueblos vecinos. Por consiguiente, el mensaje bíblico se manifiesta en un contexto de conflictos y decadencias, corrupción de las élites e idolatrías. Pero Yahvé mantuvo la fidelidad y el amor a su pueblo.

Marco Político religioso en tiempos de Jesús

El pueblo yahvista, en los tiempos de la vida pública de Jesús alrededor de los años 30 del siglo primero de nuestra era, estaba dividido en dos: los samaritanos en el centro con su templo en Garizin; y, los judíos, cuyo templo se situaba en Jerusalén, estaban repartidos entre Galilea al Norte y Judea al Sur de Samaria. Ambas religiones yahvistas eran dos colonias del Imperio Romano.

Al pueblo judío, por consiguiente, se le pudiera considerar como un reino fallido. Roma le impedía la posibilidad de tener gobierno y ejército (salvo una pequeña guardia en el templo); incluso la autoridad religiosa del Sumo Sacerdote era impuesta por Roma. Mientras, el Imperio abusaba con impuestos, tributos y extorsiones.

Las protestas, levantamientos y guerrillas de los judíos, Roma las reprimía brutalmente; incluso con crucifixiones selectivas y colectivas. Las mayorías empobrecidas, alrededor del 95-97% de los habitantes (casi totalmente formada por campesinos sin tierra), eran constantemente extorsionados y explotados por las élites religiosas de Judá, por autoridades políticas judías y romanas, así como por los terratenientes publicanos recaudadores de impuestos. Mientras, los grupos religiosos: saduceos, fariseos y esenios, así como los grupos políticos: herodianos y zelotas, manipulaban a los humildes habitantes de Judea y Galilea, al mismo tiempo que los despreciaban.

Los campesinos pobres, cada vez más empobrecidos, solían vivir en las pequeñas aldeas como Nazaret, mientras que los terratenientes residían en las ciudades de Cesarea de Filipo, Tiberiades, Jerusalén y alguna otra más.

Los sistemas vigentes eran como maquinarias de extorsión contra los empobrecidos habitantes de Canaán: el sistema imperial, totalitario colonialista y represor romano en lo político; el sistema de comercialización, corrupto y abusador en lo económico; el sistema patriarcal, mantenía a las mujeres humilladas y recluidas en sus casas, sin derechos ante los posibles abusos de los varones; y, el sistema religioso, elitista y purista donde una casta sacerdotal mantenía discriminado y sometido al pueblo creyente.

La revelación divina

Una de las cosas que más impresiona en la revelación divina manifestada en la Creación y en la Humanidad y recogida en las Sagradas Escrituras, es que Dios elige a una colectividad pecadora e ignorante para dar su mensaje de salvación a todos los hombres y todas las mujeres. Por un lado, se fija en un pueblo, testarudo, infiel, idólatra, injusto, violento, egoísta e individualista, que se deja llevar por criterios racistas y segregacionistas tanto en lo político y económico, como en lo religioso y moral; es decir, elige a un pueblo pecador. Mientras que, por otro lado, Dios elige a ese mismo pueblo que a lo largo de su historia fue esclavo, dividido, invadido, colonizado, deportado, asesinado y empobrecido; es decir, elige a un pueblo humillado, que se mostró incapaz de salir adelante, terminando por desaparecer en la guerra judío-romana del 66-70 d.C. Con razón observamos que “Dios elige a lo necio del mundo para confundir a los fuertes”. En la actualidad, podrá existir la religión judía, pero ya no existe el pueblo elegido; puesto que, desde Jesús, todos los seres humanos y pueblos inmersos en las diversas culturas, religiones, ideologías, naciones son elegidos y queridos por Dios como sus hijos preferidos, cuyo destino eterno es vivir en la casa del Padre.

Todo ello nos recuerda las palabras admirativas de Jesús a Dios: “Yo te bendigo Padre, porque has dado a conocer estas cosas (la Revelación divina) a los pequeños del mundo (los fracasados), y las has escondido a los sabios y prudentes (los triunfadores)”. En el A.T. (camino hacia la salvación), lo mostró con la Promesa y la Liberación, la Ley y los mandamientos; así como con los Profetas y la Justicia, la Sabiduría y fe. Pero la Revelación en el N.T. (plenitud salvadora), Dios se revela totalmente en Jesús de Nazaret. Por eso los cristianos le reconocemos como Palabra de Dios, Verbo encarnado, Hijo de Dios y Salvador de la humanidad; también como “Camino, Verdad y Vida”. Jesús mismo nos dijo: “quien me ve a mí ha visto al Padre”.

La Revelación, primero fue de mayor a menor (Humanidad, Pueblo judío, Resto profético, Jesús. Para luego ir de menor a Mayor (Jesús, Discipulado, Iglesia, Humanidad); siempre en la línea del anonadamiento y la exaltación, de la encarnación y la ascensión, de la muerte y la resurrección, del despojo de la dignidad para volver a asumirla de manera nueva.

*pedserra@yahoo.com

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