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La realidad social que percibimos en España -- Fernando Bermúdez y Maricarmen García

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Después de varios meses de nuestro retorno a España, con la experiencia de treinta años caminando por América Latina sirviendo a aquellos pueblos, valoramos como un elemento positivo la seguridad ciudadana que todavía se siente al caminar por pueblos y ciudades españolas. Asimismo, valoramos el desarrollo económico, el nivel de bienestar de las familias y las prestaciones sociales que todo trabajador español tiene, sobre todo en materia de salud, desempleo o jubilación.

Por otra parte, hemos encontrado a lo largo y ancho de España muchas personas y colectivos sociales y cristianos comprometidos en la solidaridad con los pueblos del sur y en la búsqueda de otro mundo más humano. Esto es una esperanza.

Sin embargo, nos sorprenden muchos aspectos negativos de su realidad, que a manera de síntesis expresamos:

1.La decadencia de valores éticos y cívicos, sobre todo en la adolescencia y juventud. Percibimos un marcado individualismo y una pérdida de ideales y de principios que favorezcan la convivencia ciudadana. Los niños y adolescentes, en general, caminan sin rumbo, se muestran mal educados, han perdido el respeto a los mayores y en algunos lugares participan en actos vandálicos. Es frecuente ver y escuchar cómo los adolescentes no piensan en otra cosa sino en una diversión sin control, en la droga, el alcohol y el sexo. Es idea generalizada que un alto porcentaje de familias españolas no educan bien a sus hijos. Es por eso que vemos con esperanza la implantación de la asignatura “Educación para la ciudadanía” que, bien utilizada y con algunas matizaciones, puede significar una contribución al rescate de los valores humanos.

2. Se habla mucho y se escucha poco. En las conversaciones y tertulias públicas todos hablan al mismo tiempo sin escucharse debidamente, formando una algarabía. Encontramos gente con muchos problemas de soledad y falta de sentido de la vida. Nos sorprende la cantidad de hombres y mujeres que sufren frecuentes depresiones.

3. El derroche y el consumismo desenfrenado. El “usa y desecha” parece que es una constante entre los ciudadanos. La población española se ha acostumbrado a la “sociedad del bienestar” y el mínimo esfuerzo de una manera irresponsable. La gente vive para tener, gastar, acumular cosas… Parece que comprar es una necesidad existencial. Como hemos señalado en otras ocasiones, encontramos personas llenas por fuera, pero vacías por dentro. En esta sociedad quien no tiene no es nada. Sin embargo, en medio de este individualismo colectivo, se aprecia la existencia de muchas personas, ong,s y movimientos de base, solidarios con los pueblos del Sur y con los excluidos de la sociedad española, y que con su trabajo buscan la construcción de otro mundo más humano.

4. La crisis económica que está afectando, sobre todo a los trabajadores. Esta crisis manifiesta que ha tocado fondo el sistema capitalista neoliberal. Pues la economía se ha fundado más en la especulación que en la producción. Es verdad que esta crisis que es mundial, afecta también, como es lógico, a España. Hay algo que nos sorprende e indigna: que los grandes empresarios que siempre han estado privatizando las ganancias, ahora exigen a los gobiernos socializar las pérdidas. Una inmoralidad sin nombre.

5. El creciente desempleo que está creando una situación de inseguridad en muchas familias pese a la ayuda estatal para los “parados”, que sin duda es un gran logro social. Analizando este fenómeno observamos que España, y concretamente la región de Murcia, ha crecido económicamente en los últimos años en base a un empleo barato y poco seguro, como es la construcción. Se han edificado en la Región multitud de urbanizaciones que esconden intereses financieros de especuladores. La construcción, tal como ha sido enfocada, no ofrece un trabajo estable y seguro. Es pan para hoy y hambre para mañana. Ya lo estamos percibiendo.

6. La ignorancia generalizada. La gente tiene de todo, pero le falta lo esencial: el espíritu de humanidad, que es conciencia crítica y conciencia social. Se percibe un bajo nivel cultural, incluso en profesionales. Hemos escuchado comentarios que demuestran una gran ignorancia y acriticidad, cuyo argumento es que “lo dice la Tele” o porque lo dice este o aquel político. Se habla de las cosas sin analizarlas seriamente y en profundidad.

7. La polarización ideológica partidista que hace de la política algo nauseabundo. El cuasi bipartidismo que hoy impera en España está contribuyendo al fundamentalismo ideológico-político, que hace perder de vista todo sentido crítico y maduro para analizar la realidad. Esto lo comprobamos en la actitud de muchos políticos y ciudadanos frente al proyecto de Educación para la ciudadanía y frente al proyecto de recuperación de la memoria histórica. Hay personas en la sociedad española que parecen tener reacciones infantiles, y lo que es todavía peor, fanáticas, en una o en otra postura.

8. La indiferencia de la juventud frente a la Iglesia. En las celebraciones litúrgicas apenas se ven jóvenes. Preguntados éstos, responden que la Iglesia no ofrece alternativas a sus inquietudes e interrogantes. Consideran a la Iglesia como una institución anquilosada en el pasado, obsoleta, sin vida, más preocupada por la defensa del dogma y las normas que en ser portadora de la buena noticia de liberación que proclamó Jesús. Más aún, los jóvenes ven a la Iglesia como una institución aliada con la derecha política, más preocupada en la defensa de sus “privilegios” que en la promoción de la justicia, los derechos humanos, el diálogo y la paz.
En contraste con la iglesia latinoamericana, en España los obispos no cuentan con los sacerdotes que dejaron el ministerio para contraer matrimonio, antes bien los ignoran.

En medio de esta realidad, nos llena de esperanza haber encontrado jóvenes con ideales nobles, altruistas, solidarios, amantes de la humanidad, que no frecuentan la Iglesia. Hemos encontrado, asimismo, excelentes testimonios de vida cristiana y comunidades que buscan vivir al estilo de Jesús, integradas muchas de ellas a redes cristianas.

9. Despreocupación por el medio ambiente. En aras del desarrollo económico se ha destruido huertas, se ha talado bosques, se ha contaminados ríos, y el aire es cada vez más impuro. El cemento está sustituyendo la escasa vegetación. Sin embargo, nos alegra percibir grupos de hombres y mujeres amantes de la naturaleza, que trabajan en la conservación del medio ambiente, pero son todavía minoritarios dentro de la sociedad.

10. Tendencia en algunas comunidades autonómicas hacia la privatización de la salud y educación, de manera que en el futuro el que tiene dinero tendrá acceso a una buena atención educativa y médica, mientras que las personas de escasos recursos se contentarán con las migajas que les sobran a los ricos. Hay tendencia de repetir socialmente la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro. La privatización de los servicios públicos es una fragante violación de la Declaración universal de los derechos humanos y de la Constitución española.

11. El rostro multicultural de España con la presencia de inmigrantes, que es una oportunidad para tomar conciencia de que todos somos de la misma y única raza humana más allá del color de la piel, cultura, lengua, creencia o nacionalidad. Como creyentes en Jesús confesamos que todos somos hermanos. Sin embargo, constatamos en algunos sectores un manifiesto racismo y discriminación hacia los inmigrantes en general, pero particularmente hacia los de origen magrebí. Se siente, asimismo, desconfianza e indiferencia hacia el diálogo intercultural e interreligioso. Hemos visto pintadas en paredes y bancas públicas ofensivas para los inmigrantes y expresiones como estas: “Europa blanca”, “moros no”, “que cada quien se quede donde nació”… Pero al mismo tiempo, hemos encontrado personas y organizaciones muy solidarias con los inmigrantes que implementan iniciativas profundamente humanas y evangélicas.

12. Visualizamos como positiva la valoración de la cultura propia de cada región del Estado Español y el régimen autonómico. Sin embargo, creemos que se ha caído en un proceso pendular que apunta al fundamentalismo étnico-cultural con la consiguiente pérdida del valor humano de la solidaridad con el resto de las comunidades autonómicas. Nosotros, desde nuestra experiencia latinoamericana, percibimos que la globalización neoliberal nos reta a globalizar la solidaridad y a tomar conciencia de que antes que de este o aquel país o región somos ciudadanos del mundo.

Fernando Bermúdez y Maricarmen García
Alguazas (Murcia), octubre 2008

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