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«LA PÚRPURA NUNCA HA SIDO NI VA A SER MI OBJETIVO DE VIDA». Hans Kung

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Religión Digital

Entrevista de José Manuel Vidal para la Revista 21Rs
El teólogo Hans Küng (Sursee, Suiza, 1928) es uno de los grandes pensadores contemporáneos y has sido la bestia negra de la disidencia eclesial durante todo el pontificado del Papa polaco, Karol Wojtyla. Pero, ahora, en el solio pontificio está el Papa Ratzinger, que, además de ser alemán, fue su amigo. Y Küng, a sus 78 años, quiere volver al redil. Como las buenas ovejas. Y pide al amigo Papa la rehabilitación. No quiere el birrete cardenalicio, porque no está dispuesto a perder todos sus colmillos. Defiende al Islam y arremete contra Estados Unidos, por haber perdido “su autoridad moral”.

-Profesor, acaban de celebrarse los Mundiales, precisamente en Alemania. ¿Es el fútbol la nueva religión planetaria?
-Admiro el fútbol, pero el deporte no debe ser una religión. Cuando no hay más Dios que el fútbol, se producen desilusiones nacionales, como las de España o Brasil. Además, el fútbol tiene que recuperar sus reglas éticas. De lo contrario, se producen casos de corrupción y dopaje, como en Italia o en el ciclismo.

-Su último libro se titula El Islam, historia, presente y futuro. ¿Es ésta una religión de espada y fuego, como dicen algunos?
-En un primer momento, el Islam es una ocupación militar. Ocuparon los territorios y obligaron a los cristianos a pagar impuestos. La misma política que realizó España en América. Hay que ser modestos y humildes, porque en todas las religiones hay períodos de violencia y de guerra. El problema del Islam de hoy es convivir con las demás religiones y compatibilizar las distintas corrientes que viven en su seno.

-¿Le hace falta al Islam un Concilio Vaticano II?
-Sí. Sin el Concilio, el catolicismo no habría podido realizar el cambio de paradigma fundamental y rápido que hizo. Éste es el problema actual de los islámicos y de los propios protestantes: que no tienen una autoridad unificadora. El Islam la tuvo en el tiempo de los califas, pero después la perdió.

-¿Le vendría bien un Papa, entonces?
-Eso es ilusorio. El mundo árabe tiene demasiadas diferencias para alcanzar una política uniforme. No hay esperanza ni peligro de un califa universal.

-¿Cuál es la salida para el mundo islámico?
-Lo más interesante es lo que está haciendo Turquía. Este país pasó de un sistema tradicional a otro profundamente laicista. Peor el laicismo se está mostrando insuficiente para satisfacer los deseos de las jóvenes generaciones. Y lo mismo pasa en Francia. Los jóvenes quieren un sentido a sus vidas. Y no les basta con creer en la República francesa o turca. El laicismo ha perdido la batalla.

-¿Es el ocaso del laicismo?
-Ni un sistema clerical que imponga la misma religión para todos, ni un sistema laicista que no vea la importancia de la religión en la vida pública y en la escuela. Vamos hacia sistemas pluralistas que aglutinan a los ciudadanos religiosos o arreligiosos en torno a unos valores éticos fundamentales.
-Democracias con valores.
-Sin valores éticos, las democracias están perdidas. Es el caso de Estados Unidos, que perdió toda su autoridad moral. Era el país de los derechos humanos. Ahora, la guerra de Irak, los escándalos de Guantánamo y de Wall Street le han dejado reducido a líder de la guerra mundial.

-Se critica la situación de la mujer en el Islam, pero en la Iglesia católica está más o menos igual, ¿verdad?
-La mujer es un problema para las tres religiones, aunque en alguna, se está dando un cierto avance. El judaísmo reformista ya admite mujeres rabinos. En esta cuestión, la Iglesia católica se encuentra en la retaguardia. Y eso se nota, por ejemplo, en la descristinización. Si la madre no educa ni está comprometida en la fe, los hijos tampoco. Una situación alarmante, como muestra el último informe de la Fundación Santa María.
-Ese informe habla de la deserción juvenil de la Iglesia. Pero los jóvenes siguen asistiendo masivamente a los grandes eventos eclesiales.
-Juan Pablo II promovió una Iglesia de fachada y por detrás no hay nada. Esa Iglesia de fachada produce estos resultados.

-¿A qué se debe la falta de vocaciones sacerdotales?
-Fundamentalmente a la ley del celibato. La juventud actual no lo acepta y la Iglesia se empeña en mantenerlo obligatorio. Llegará un día en que se verán obligados a hacerlo opcional.

-Dicen algunos que se ha dejado usted domesticar por el nuevo Papa.
-Nadie me ha domesticado. Juzgo positivamente la política exterior y el diálogo entre las religiones que promueve el Papa Ratzinger. También alabo que no sea un Papa de los medios de comunicación ni un Papa del espectáculo. Pero también mantengo mis diferencias con él en temas como el celibato opcional, el papel de la mujer, las relaciones prematrimoniales, los anticonceptivos, etc. Todos esos problemas siguen existiendo y no se resuelven con manifestaciones de masas. Muestro una cierta simpatía con este Papa, porque habla conmigo, mientras su predecesor, durante 27 años, no respondió a mis cartas.

-¿Está buscando la rehabilitación?
-Claro que sí. Aunque mi rehabilitación personal no sea lo más importante. Lo decisivo son las reformas necesarias en la Iglesia.

-¿Se ve de cardenal?
-La púrpura nunca ha sido ni va a ser mi objetivo en la vida.

-Pero grandes teólogos, como Yves Congar o Urs von Baltasar, la consiguieron.
-Porque, al final de sus vidas, eran lo suficientemente conservadores para ser cardenales. Muchos clérigos creen que el cardenalato es la culminación de una vida. Para mí, sería el signo evidente de que el lobo habría perdido sus colmillos.

-¿Fracasaron los filósofos y teólogos de la “muerte de Dios” y vuelve con fuerza la religión?
-No es posible un mundo ateo. La religión puede crear enemistad, odio y guerra, pero también entendimiento, reconciliación y paz. En Sudáfrica y Polonia se hizo la revolución de las velas.

-¿Las religiones ayudan a la paz?
-No es posible la paz entre las naciones sin paz entre las religiones. La convivencia es imposible si las religiones no dialogan. Y no pueden dialogar si se basan en prejuicios. Y aunque los sentimientos religiosos han desatado guerras, sería estúpido criticar a la música porque algunos ejércitos llevan bandas de trompetas.

-¿Cuál es, a su juicio, la mayor virtud del Islam?
-Que no separan la fe y la vida. Además, profesan una fe muy sencilla, asequible y fácil de entender y explicar.

-¿Alguna vez se le pasó por la cabeza convertirse al Islam?
-No. Cuando se está seguro de sus convicciones, el diálogo con otra religión sólo las refuerza, nunca las debilita.

-¿Cómo ve, desde la distancia, a la jerarquía española?
-La política ofensiva de algunos obispos de querer convertir a España a la fe tradicional ha sido un fracaso. Porque esa ofensiva, basada en la rutina moral rigorista, no es aceptable para gran parte de la población, especialmente para los jóvenes.
Entrevista: José Manuel Vidal

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