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La ordenación de las mujeres corregiría una injusticia -- Editorial NCR

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La llamada al sacerdocio es un don de Dios. Tiene sus raíces en el bautismo y es suscitada y afirmada por la comunidad cuando es auténtica y evidente en la persona como un carisma. Las mujeres católicas que han discernido la llamada al sacerdocio y han visto esa llamada afirmada por la comunidad deberían ser ordenadas en la Iglesia católica romana. La exclusión de las mujeres de la ordenación al sacerdocio es una injusticia que no se puede permitir.

La declaración más atroz [– a este respecto –] se dio en el comunicado de prensa del pasado 19 de noviembre anunciando la “excomunión, despido y reducción al estado laical” de Roy Buourgeois; en él se afirma que su “desobediencia” y la “campaña en contra de las enseñanzas de la Iglesia católica” se realizan “ignorando las sensibilidades de los fieles”. Nada podría estar más lejos de la verdad. Buourgeois está en sintonía [con estas sensibilidades] gracias a toda una vida de escuchar a los marginados; [él] ha oído la voz de los fieles y ha respondido a ella.

Bourgeois trae esta cuestión al verdadero corazón del asunto. Él ha afirmado que nadie puede decir a quién Dios puede o no puede llamar al sacerdocio, y que la anatomía de modo alguno constituye una barrera a la capacidad de Dios de llamar a uno de sus hijos, pues esto pone límites absurdos al poder de Dios. La mayoría de los fieles cree esto.

Vamos a repasar la historia de la respuesta de Roma a la llamada de los fieles a ordenar mujeres:

En abril de 1976 la Pontificia Comisión Bíblica concluyó unánimemente: “No parece que el Nuevo Testamento por sí solo nos permita resolver de manera clara y de una vez por todas el problema del acceso de las mujeres al presbiterado”. En una deliberación posterior, la comisión votó 12 – 5 a favor de la perspectiva según la cual la Escritura sola no excluye la ordenación de mujeres, y 12 – 5 a favor de la opinión de que la iglesia puede ordenar mujeres al sacerdocio sin ir en contra de las intenciones originales de Cristo.

En Inter Insigniores (del 15 de octubre de 1976, pero publicada en enero siguiente), la Congregación para la Doctrina de la Fe afirmó: “La Iglesia, fiel al ejemplo del Señor, no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal”. Esta declaración, publicada con la aprobación del papa Pablo VI, era un relativamente modesta “no se considera autorizada”.

El Papa Juan Pablo II elevó considerablemente la apuesta inicial en Ordinatio Sacerdotalis (22 de mayo de 1994): “Declaramos que la Iglesia no tiene autoridad alguna para conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este juicio debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Juan Pablo había querido describir la prohibición como “irreformable”, una postura mucho más fuerte que “tenido por definitivo”. Esto encontró una resistencia sustancial entre los obispos de alto rango congregados en una reunión especial en el Vaticano en marzo de 1995 para discutir el documento, como reportó NCR en ese momento. Incluso entonces, los obispos en sintonía con las necesidades pastorales de la iglesia ganaron una concesión a la posibilidad de cambiar la enseñanza.

Pero esa pequeña victoria fue efímera.

En octubre de 1995, la Congregación para la Doctrina de la Fe, yendo más lejos, emitió un responsum ad propositum dubium concerniente a la naturaleza de la enseñanza contenida en la Ordinatio Sacerdotalis: “Esta enseñanza demanda el asentimiento definitivo, ya que, fundada en la Palabra escrita de Dios y en la Tradición de la Iglesia, conservada constantemente desde el principio, ha sido establecida infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal”. La prohibición de la ordenación de las mujeres pertenece al “depósito de la fe”, afirma el responsum.

El objetivo de la responsum era frenar toda discusión.

En una carta de presentación para el responsum, el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la congregación, pidió a los presidentes de las conferencias episcopales “hacer todo lo posible para asegurar su distribución y recepción favorable, teniendo particular cuidado en que no se propongan nuevamente posiciones ambiguas o contrarias por parte de los teólogos, los pastores de almas y los religiosos”.

A pesar de la contundencia con la que la Ordinatio Sacerdotalis y el responsum se emitieron, no respondieron a todas las preguntas sobre el tema.

Muchos han señalado que afirmar que su enseñanza está “fundada en la Palabra escrita de Dios” desconoce las conclusiones de la Pontificia Comisión Bíblica en 1976.

Otros han hecho notar que la Congregación para la Doctrina de la Fe no hizo un reclamo de infalibilidad papal – ella afirmó que la enseñanza del Papa en la Ordinatio Sacerdotalis “ha sido establecida infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal”. Sin embargo, esto también ha sido puesto en duda porque en ese momento muchos obispos del mundo entero tenían serias reservas sobre esta enseñanza, aunque sólo algunos las manifestaron en público.

Al escribir en The Tablet en diciembre de 1995, el jesuita Francis A. Sullivan, una autoridad teológica sobre el magisterio, cita el canon 749, según el cual ninguna doctrina se entiende definida como infalible a menos que este hecho esté claramente establecido. “La pregunta que permanece en mi mente es si es un hecho claramente establecido que los obispos de la Iglesia católica están tan convencidos de esta enseñanza como evidentemente lo está el papa Juan Pablo”, escribió Sullivan.

El responsum cogió a casi todos los obispos desprevenidos. A pesar de estar fechado en octubre, no se hizo público hasta el 18 de noviembre. El arzobispo de Baltimore, William Keeler, presidente saliente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, recibió el documento sin previo aviso tres horas después de que los obispos habían aplazado su reunión anual en otoño. Un obispo dijo a NCR que conoció el documento al leer The New York Times. Afirmó que muchos obispos estaban muy preocupados por la declaración. Él, como otros obispos, habló de manera anónima.

El Vaticano ya había comenzado a blindarse contra cuestionamientos. Como informó en 1989 el jesuita Thomas Reese en su libro Archbishop: Inside the Power Structure of the American Catholic Church [Arzobispo: Dentro de la estructura de poder de la Iglesia católica estadounidense], bajo Juan Pablo la perspectiva que sobre la ordenación de mujeres tuvieran los potenciales candidatos al episcopado se había convertido en la prueba de fuego para saber si un presbítero podría ser promovido a obispo.

Menos de un año después de la publicación de la Ordinatio Sacerdotalis, [la doctora] Carmel McEnroy, de la congregación de las Hermanas de la Misericordia, fue removida de su cátedra titular en teología en el St. Meinrad Seminary de Indiana [USA] por su disentimiento público de las enseñanzas de la iglesia; ella había firmado una carta abierta al Papa pidiendo la ordenación de las mujeres. McEnroy fue, con mucha probabilidad, la primera víctima de la Ordinatio Sacerdotalis, pero ha habido muchas más, la más reciente Roy Bourgeois.

El beato John Henry Newman dijo que hay tres magisterios en la Iglesia: el de los obispos, el de los teólogos y el del pueblo. En cuanto a la ordenación de las mujeres, dos de las tres voces han sido silenciadas, por lo que ahora la tercera voz debe hacerse oír. Tenemos que hablar en todos los foros disponibles para nosotros: reuniones del consejo parroquial, grupos para compartir la fe, convocatorias diocesanas y seminarios académicos. Debemos escribir cartas a los obispos, a los editores de los periódicos locales y a los canales de televisión.

Nuestro mensaje es que creemos que el sensus fidelium conoce que la exclusión de las mujeres del sacerdocio no tiene una base sólida en la Escritura o en cualquier otra razón convincente; por lo tanto, las mujeres deberían ser ordenadas. Hemos escuchado el asentimiento fiel a esto en innumerables conversaciones en salas parroquiales, en salas de conferencia y en reuniones familiares. Se ha estudiado y orado individualmente y en grupos. El testimonio valiente de la Women’s Ordination Conference [Conferencia de Ordenación de Mujeres], por ejemplo, nos da la seguridad de que los fieles han llegado a esta conclusión después de considerarlo en oración y estudio – sí, incluso el estudio de la Ordinatio Sacerdotalis.

NCR une su voz a la de Roy Bourgeois y pide a la la Iglesia católica corregir esta enseñanza injusta.

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Original en inglés: http://ncronline.org/node/40306? utm_source=NCR+&utm_campaign=ncrendorsement&utm_medium=email

Traducción: Diego Acevedo, Medellín, Colombia.

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