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La opinión pública, como la piel en la Iglesia (Card. Newmann). Es bueno que los “curas” opinen sobre su obispo Munilla -- Xavier Pikaza, teólogo

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El blog de X. Pikaza

Escribí hace unos días, en este mismo blog, mi opinión sobre la forma de nombramientos de obispos en la Iglesia Católica (21.11.09). Mi opinión más extensa sobre el tema la expuse hace ya tiempo en Sistema, libertad, iglesia (Trotta, Madrid 2002). Por eso, hoy (16.XII.09), que todos los medios de comunicación de España, opinan sobre la “carta” de gran parte de los presbíteros de la diócesis ante el nombramiento de Mons.

Munilla, quiero ofrecer unas brevísimas reflexiones sobre el tema. Como podrán ver los lectores de mi blog, sigo con el tema del bazar y de la catedral, que me ha venido interesando la semana pasada. El obispo está en la línea de la Catedral, los curas van más en la línea del bazar. (Sobre los firmantes y la carta: cf.

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2009/12/15/munilla-sacerdotes-sansebastian-comunicado-contrarios-polemica.shtml).

Especialmente significativa me pareció también la carta de José Arregui, publicada en Redes Cristianas y en otros medios: http://www.redescristianas.net/2009/12/04/a-monsenor-munillajose-arregi/
En este contexto quiero presentar también mi opinión, en un plano de teología básica, sin entrar en la persona de Munilla, ni en sus posibles tendencias teológicas, eclesiales o políticas.

Repito otra vez, no opino sobre la teología de Munilla, ni sobre su eclesiología, ni sobre su forma de ejercer el episcopado… Ni opino sobre la «materia» de los argumentos de los curas (cosa que podría hacer en otra ocasión). Solo opino sobre el hecho de que los curas «opinen» e incluso «critiquen»… y eso me parece muy bueno y muy cristiano.

Quien se escandalice de ello o niegue a los curas la posibilidad de opinar sobre su obispo (¡impuesto desde fuera!) no parece conocer la historia de la Iglesia y de los nombramaientos episcopales, que es lo que está en juego en todo esto. Éste es un problema mucho mayor que el de las posibles preferencias políticas de unos y/o de otro. Es un problema de Iglesia, no de pura política de partido.
Un decálogo:

1. No quiero opiniar sobre el tema del nacionalismo de un lado o de otro, que muchos medios han destacado. Creo que ese tema, en este caso, es secundario (en sí, no quizá en la mente de los que han gestionado el nombramiento), como ha dicho el mismo Mons. Munilla, y aquí le doy la razón.

2. Lo que me importa es el hecho de que, por lo que se ve, el nombramiento de Munilla se ha hecho a espaldas del clero y de gran parte de los cristianos de la diócesis, a través de un método llamado “dictadura quizá ilustrada”, pero no clara. Ciertamente, la Iglesia no es democracia al uso, pero tampoco puede ser dictadura, como parece haberse mostrado en este caso.

3. La opinión pública es absolutamente necesaria en la Iglesia (que ha admitido siempre la “fe común” como signo de presencia de Dios). Por eso, el hecho de que los curas de SS opinen y digan lo que piensan me parece no sólo algo aceptable, sino algo muy bueno. Hubiera sido bueno que el nombramiento se hubiera “pactado” entre los cristianos de la diócesis, en diálogo con la iglesia universal. Pero una vez que no ha habido ese pacto, los cristianos de la diócesis tienen el derecho (y deber) de indicarlo.

4. Es bueno que los cristianos de San Sebastián puedan decir lo opinan y creen… para que se sepa cómo piensan… Sería peor callarse por cobardía, sería peor fingir… Sólo así puede saber Mons. Munilla el lugar en el que entra y tomar sus medidas, y empezar escuchando, si quiere ser obispo de todos.

5. Esta protesta nos sitúa en el centro de un tema esencial de la iglesia, que hombres como el Cardenal Congar y el mismo Norberto González Gaitano (de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Romahttp://www.fundacioncoso.org/3/anexos/Opinion_publica_e_Iglesia_Catolica.htm) han puesto de relieve. Si los cristianos no dicen lo que piensan, empezando por los pastores, son una iglesia muerta.

6. Estoy convencido de que los curas de San Sebastián, que ahora protestan, sabrán colaborar críticamente con Mons. Munilla, Opinar y protestar no significa rechazar, sino aceptar de un modo “creador”… En el fondo, esta protesta puede ser principio de una colaboración más leal.

7. Estas “protestas” son buenas sobre todo para Mons. Munilla y así las debe aceptar, como he dicho. Él sabe dónde va (y de dónde viene)… y hay que darle un voto de confianza, una vez que ha sido nombrado de esta forma… Pero hay que buscar, por todos los medios, que este tipo de nombramientos episcopales a dedo terminen, con una época de la Iglesia. Por eso, esta protesta es buena, para que la oiga la Iglesia Universal, que en este campo (de los nombramientos episcopales) ha perdido el Norte de la libertad evangélica.

8. No creo que éste sea tiempo de crear cismas, como se podría haber hecho en otros siglos… La Iglesia de San Sebastián seguirá unida (pero no sometida) a la de Roma, y buscará los medios para que este modo de hacer los nombramientos (y de ser los obispos) acabe. La inmensa mayoría de los teólogos y canonistas que conozco están en contra de este tipo de nombramiento episcopal ¿No es bueno decirlo?

9. No sé si todos los medios de comunicación (sobre todo los no eclesiales) entienden esta protesta de los curas de San Sebastián… Y eso puede provenir de que están mal informados o de que no conocen de verdad lo que es la Iglesia… Pero la culpa no se les puede echar a ellos sin más, sino también a la forma que la Iglesia tiene de gestionar su “misión” y de comunicarse.

10. Todo esto hay que decirlo en un clima de amor, que es el único “clima” que puede y debe respirarse en la Iglesia, si es que ella quiere ser fiel al movimiento de Jesús y quiere ser ejemplo de comunión en el mundo. En esta línea podemos citar a Juan Pablo II cuando decía «Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy».

Un añadido:

A favor de la opinión pública en la iglesia podemos citar además a Pio XII (1939-1958) : «La opinión pública es parte del patrimonio de cualquier sociedad normal constituida por personas. Nos deseamos añadir una palabra acerca de la opinión pública en la Iglesia en aquellas cuestiones que están abiertas a la libre discusión. La expresión de tal opinión sorprenderá únicamente a quienes no conozcan a la Iglesia católica o tengan una opinión equivocada sobre ella. Pues también la Iglesia es un organismo vivo, y le faltaría a su vida un elemento importante, si no se expresara en ella la opinión pública. La culpa de esta deficiencia correspondería a los pastores y a los fieles de la Iglesia» (L’Osservatore Romano, 18/2/1950).

En esa línea se sitúa el Vaticano II: «Todos esto exige que el hombre, salvados el orden moral y la utilidad común, pueda buscar libremente la verdad, declarar y divulgar su opinión, cultivar cualquier ocupación y, finalmente, informarse verazmente sobre los conocimientos públicos» (Gaudium et spes §59).

En el Documento sobre las comunicaciones, la Iglesia declara que la opinión pública en la Iglesia no es un simple derecho, sino que es además una necesidad: «La Iglesia, por ser un cuerpo vivo, necesita la opinión pública. para mantener un intercambio de ideas entre sus miembros. Sin esto, la Iglesia no puede avanzar en el pensamiento y en la acción. Los católicos deben ser plenamente conscientes de la verdadera libertad para expresar lo que piensan, una libertad que procede de un «sentir de fe» y del amor. Los que ejercen autoridad en la Iglesia tendrán buen cuidado de asegurar que haya un intercambio responsable de opiniones libremente mantenidas y expresadas entre el pueblo de Dios. Puesto que es esencial el desarrollo de la opinión pública en el seno de la Iglesia, cada uno de los católicos tiene derecho a toda la información que necesita para desempeñar su papel activo en la vida de la Iglesia» (29 de enero de 1971).

En esa línea se había situado Pablo VI: «Nos aceptamos con humildad y reflexión la crítica y admitimos lo que se señala con justicia. Roma no necesita ponerse a la defensiva, cerrando los oídos a las observaciones que procedan de fuentes respetadas, y menos aún cuando esas fuentes son amigas y hermanas» (Alocución a Curia Romana de septiembre de 1963).

Termino con una cita del Cardenal Newman, que comparaba la opinión pública a nuestra «piel social». La opinión pública sería como la presión atmosférica. Ella nos rodea y la advertimos sólo cuando cambia, sobre todo si los cambios son acentuados. «La espiral del silencio – afirma – es una reacción a los cambios del clima de opinión» (citado por Elisabeth Noelle-Neumann, The Spiral of Silence. Public Opinion – Our Social Skin, The University of Chicago Press, 1984).

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