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La monja Teresa y la libertad

Publicado en

La Vanguardia

No lo tienen fácil los católicos. Si expresan sus opiniones sobre aspectos muy controvertidos de la vida social, como el aborto o la eutanasia, es inevitable que, dadas las posiciones ultraliberales en moral social del PSOE y su entorno intelectual, acaben siendo instrumentalizados por el PP, como sucedió el sábado, cuando Aznar, Aguirre y De Cospedal acapararon la atención de los medios y robaron el protagonismo a los manifestantes antiabortistas.

Si callan, como hacen con especial pudor la mayoría de los católicos catalanes, es como si, de facto, dieran la razón a los laicistas, para los que la religión es una vivencia íntima y nunca debería traspasar la frontera social. Y si defienden, como la monja y doctora Teresa Forcades, posiciones críticas contra un determinado aspecto del orden establecido (la OMS, la industria farmacéutica y la obligación de vacunarse de la gripe A), sus posiciones, en lugar de suscitar atención e interés por sí mismas (es decir: por la consistencia o la inconsistencia de los argumentos que las fundamentan), son consideradas, por parte de nuestro star system cultural y mediático, como una anécdota extravagante o curiosa. ¿Cómo es posible que una monjita acapare tanta atención? (Nótese que el diminutivo «monjita» –a medio camino entre el paternalismo y la burla– ha sido estos pasados días usado casi con mayor retintín por mujeres que por hombres).

La superioridad que cierto feminismo y cierto progresismo exhiben (olvidándose del método crítico y situándose en un estadio superior de la evolución humana) ha impedido a no pocas personas inteligentes reconocer en el vídeo de Teresa Forcades a una mujer singular, cuyos planteamientos científicos pueden convencer o no, pero no pueden despacharse con un par de holgazanes prejuicios suscitados por su manera de vestir. La historia se repite siempre en forma de caricatura: en tiempos pasados, el burgués biempensante se escandalizaba por las melenas y las modas que introdujeron los artistas del rock y la cultura beat; pero, ahora, son los herederos de aquella ruptura los que se escandalizan: los hábitos de una monja que causa impacto en internet les descolocan.

Algunos no hemos necesitado el vídeo de internet sobre la gripe para saber de la existencia de esta mujer que, en el monasterio de Sant Benet, sostiene con inteligentísima naturalidad un diálogo permanente entre ciencia y espiritualidad. No es extraño que la radicalidad con que ella se plantea este doble compromiso incomode o descoloque. El mundo de la comunicación no comprende su éxito en internet y no ha podido reprimir la tentación de reírse de ella. El feminismo retórico ignora sus formidables aportaciones (su libro La teologia feminista en la història, editado por Fragmenta, es mucho más que una reflexión sobre la marginación del pensamiento femenino en el ámbito de la teología, es una síntesis interpretativa de la evolución del pensamiento occidental, centrado no sólo en el papel de las mujeres, sino en el de la libertad de pensamiento). Y los católicos más dogmáticos sospechan de su razonamiento, olvidando la idea dominante en el discurso de Benedicto XVI: el cristianismo encarna precisamente la alianza entre fe y razón.

Algunos católicos se escandalizaron por unas opiniones de Forcades sobre el aborto. Y su reciente escrito aclarándolas tiene, a mi entender, un interés excepcional. Como todos los católicos, Teresa Forcades defiende sin fisuras la vida humana (no consigo entender por qué la izquierda ha abandonado esta bandera). Y se niega, por lo tanto, a aceptar el aborto como «un derecho». El derecho es el de vivir. Pero este derecho a la vida puede chocar contra otro derecho: el de la «autodeterminación personal», defendido igualmente por la Iglesia. Forcades lo define como el derecho a la dignidad de un cuerpo humano, dignidad que da sentido a su dimensión espiritual e impide su uso como mero objeto. La mujer no es una máquina biológica, supeditada a un bien superior, a las órdenes de un Estado o de una Iglesia, sino una persona que aspira a la autonomía. El conflicto hipotético entre el derecho a la vida y el derecho a la autodeterminación debe dirimirse, según Forcades, en el ámbito de la libertad. Sólo la libertad da sentido personal al «sí a la vida» del católico, pues su decisión será hija de la consciencia, y no de un ciego obedecer. Y sólo la libertad da sentido ético al ciudadano, pues para ejercerla realmente está obligado a tomar consciencia moral de sus decisiones. Las reflexiones de Forcades siempre (también en el vídeo sobre la gripe) desembocan en el más alto (y más difícil) estadio de la condición humana: la difícil conquista de una libertad que no puede confundirse con el instinto ni con el mero impulso, pero tampoco con el estado de necesidad.

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