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La invasión a Panamá sigue presente -- Héctor Endara Hill

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Panamá profundo

Éramos unas sesenta personas. Una pancarta de tela negra llevaba escrito con pintura blanca: Fuera las tropas gringas de Panamá . Al terminar la misa, salimos de la parroquia Santa Teresita en el Marañón, Calidonia hacia el cementerio Amador en el Chorrillo. Minutos antes había estado en el área del Dorado en donde Marcos Gregorio McGrath, Arzobispo de Panamá, celebraba una misa campal.

La actividad era custodiada por vehículos Hummer conducidos por soldados de los Estados Unidos. En las antenas de los Hummer ondeaba banderitas de los Estados Unidos. En la homilía, el Arzobispo dijo que la invasión debería recordarse como una liberación. Era 9 de enero de 1990, habían pasado tan sólo 22 días de la invasión militar gringa a Panamá y 26 años de otra matanza -realizada también por los gringos- la del 9 de enero de 1964.

Antes de llegar al semáforo en Avenida México y calle 25, muy cerca de la parroquia, en la que tuvimos la celebración condenando la invasión y rogando por la inmediata salida de los invasores, una cuadrilla de soldados norteamericanos, iniciaron su labor de provocación entre los manifestantes. Se pararon frente a la cabeza de la caminata donde iba la pancarta. Caminaron y husmearon entre los manifestantes, apuntándonos con sus armas de guerra y vociferando estupideces.

Ni un solo grito, ni una sola consigna. Caminábamos en silencio, impotentes, con la mirada fija y la rabia contenida ante tanto ultraje y asesinatos cometidos por los invasores y sus cómplices. Los soldados nos presionaban e intimidaban en nuestra caminata. Creo que esta fue la primera manifestación pacífica de rechazo a la Invasión del 20 de diciembre de 1989. Salimos para recordar a los mártires del 9 de enero y para exigir la salida de las tropa militar de los Estados Unidos de Panamá.

Los soldados se movían rápidos y nerviosos entre los manifestantes que continuamos caminando pausadamente esquivando la soldadesca. Después del semáforo, al final de la manzana, en el campo de juego se realizaba un partido de bola suave. Los jugadores, al vernos venir, detuvieron el juego. Varios de ellos se acercaron a la malla de ciclón que separa el campo de juego de la calle y en un gesto de valentía y dignidad se quitaron la gorra saludando con respeto la silenciosa manifestación custodiada y hostigada por soldados de la invasión.

Así, en silencio y custodiados, seguimos caminando hasta alcanzar la Avenida Central. Al pasar por el Parque de Santa Ana, escuchamos los gritos de repudio que nos lanzaron un par de señores borrachos . Norieguistas … Mátenlos … Vivan los gringos . Los soldados no entraron al cementerio, donde los manifestantes saludamos a Ascanio Arosemena, uno de los mártires del 9 de enero de 1964.

Hoy, al cumplirse 19 años de la más resiente invasión militar de los Estados Unidos a Panamá, la influencia y la presencia norteamericana goza de estatus VIP entre los gobernantes y los poderes oligárquicos. La inseguridad ha rebalsado todas las estadísticas de crímenes y asaltos de toda la historia patria. En las calles hay más armas que nunca. La droga y el narcotráfico están en cada esquina. Las bandas juveniles y adultas actúan libremente, y en ocasiones con el respaldo de funcionarios de las instituciones de seguridad. La población sigue bajo la tortura con del transporte público. Los hospitales y los centros educativos están en plena decadencia, mientras en toda la ciudad se levantan monumentales, lujosas y horribles torres de cemento que han acabado con la paz, la tranquilidad y la calidad de vida de los panameños.

En lo que queda de la Avenida Balboa , continúa el negociado de la construcción de la Cinta Coimera. Las calles, en campos y ciudades, son una soberana porquería. El peor de todos los males nos acompaña ceñidamente sin dejarnos espacios para respirar. Se trata de la politiquería que impulsa la corrupta partidocracia panameña. Unos y otra representan un monumento a la estupidez. O cambiamos el sistema de raíz o estaremos condenados para siempre a vivir enajenados. El voto en blanco representa una alternativa válida, justa y necesaria para repudiar tantos miserables, que tanto daño está haciendo al país, a la naturaleza y a su gente.

Colectivo Panamá Profundo

19.12.2008

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