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La Iglesia guipuzcoana no se da la paz -- Javier Guillenea

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Diario vasco

El traslado de los seminaristas a Pamplona enfurece a los críticos. Integrantes del consejo presbiteral se enfrentaron al obispo Munilla en una reunión con «respuestas duras»
El obispo criticó el modo de vida de los miembros del clero guipuzcoano
Los sacerdotes decidirán en encuentros informativos si dan una respuesta al prelado «Hay que tener mucha vocación y estar muy convencido para aguantar estas cosas, pero gracias a Dios la fe está por encima de los obispos y de sus decisiones».
El obispo al que se refiere el sacerdote guipuzcoano que pronuncia estas palabras es el de San Sebastián, José Ignacio Munilla.

Y la decisión de la que habla es la de trasladar a Pamplona a los tres seminaristas de la diócesis de Gipuzkoa que hasta ahora estudiaban en Vitoria.
El prelado comunicó esta medida y sus motivos en una tumultuosa reunión que celebró a mediados de junio el consejo presbiteral de Gipuzkoa, un órgano consultivo integrado por treinta sacerdotes a quienes el obispo debe dar cuenta de todas sus decisiones importantes. La reacción del consejo al traslado de los seminaristas ha vuelo a poner de relieve la profunda brecha que separa a Munilla de una parte del clero guipuzcoano así como la pugna entre dos modelos diferentes de entender el papel de la Iglesia en la sociedad guipuzcoana.

El obispo justificó su iniciativa con el argumento de que el envío de los tres seminaristas a Pamplona les permitirá unirse a una comunidad más amplia de estudiantes, ya que en Vitoria no hay masa crítica suficiente para ofrecer a los alumnos una formación de calidad. Pero no convenció a sus oyentes.
La primera queja de la gran mayoría de los miembros del consejo presbiteral fue que el prelado les comunicaba el traslado cuando la decisión ya estaba tomada. Fue el comienzo de una reunión repleta de reproches en la que «hubo respuestas muy duras», recuerda un miembro del consejo. «Muchos insistieron en que la ausencia de información les llevaba a la pura sospecha y a la falta de confianza entre ellos», afirma.

Ni rezos ni confesión

De la sorpresa inicial por el traslado de los seminaristas se pasó a un tenso debate acerca de un modelo de estudios religiosos implantado por el antecesor de Munilla, Juan María Uriarte, que hace dos años envió a Vitoria a los futuros sacerdotes guipuzcoanos. A partir de ahora el destino será Pamplona, una diócesis «muy conservadora y con una mezcla de movimientos tradicionalistas» en la que «el actual arzobispo ha hecho una limpia interna de los profesores del seminario», según otro integrante del consejo presbiteral.

Lo que se está haciendo, sostiene un religioso crítico con Munilla, es «desmontar la línea teológica formativa y el estilo de vida sacerdotal de los curas guipuzcoanos» que habían puesto en marcha los anteriores obispos. Y es en este punto donde la última reunión del consejo presbiteral alcanzó su máxima intensidad. Algunos sacerdotes preguntaron al obispo en qué había fallado el modelo de estudios en Vitoria implantado por Uriarte, lo que condujo inevitablemente a un análisis sobre la falta de vocaciones religiosas.

Munilla achacó este descenso al modo de vida secularizado de los sacerdotes de Gipuzkoa. «Lo del modo de vida ofendió a muchos», afirma un miembro del consejo. «El obispo dijo que no rezábamos, no nos confesábamos, no íbamos a ejercicios espirituales ni teníamos un padre espiritual», añade. Fue aquí donde reaccionaron varios religiosos, que plantearon al prelado abrir «un debate en serio y sin teorizar sobre el modelo concreto del sacerdocio».
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La discusión ya estaba lanzada y alcanzó su punto culminante cuando un sacerdote preguntó al obispo «cómo se va a sentir sabiendo que está tomando decisiones opuesta a la opinión del clero guipuzcoano». Munilla respondió reclamando el mismo «apoyo total» que recibió su antecesor. «Os pido un poco de confianza», dijo.

«Frío y distante»

El deseo del prelado no parece cerca de cumplirse. «Su nombramiento fue ruidoso y aunque hacia fuera no hay tanto ruido, internamente estamos como el primer día. La relación diaria de los sacerdotes con el obispo es fría y distante», afirma un miembro del consejo presbiteral. «Munilla toma decisiones sin consultar con nadie, lo que ha ocurrido es un signo más del malestar interno que hay entre nosotros», explica otro religioso. Uno de sus compañeros es aún más duro. «Está llevando el enfrentamiento al modo de vida del clero, a nuestro ámbito de participación, que es la parroquia. Si sigue así no tendrá mucho futuro», advierte.

A lo largo de este mes los integrantes del consejo informarán sobre el contenido de la reunión a los sacerdotes guipuzcoanos. «En principio se tratará de encuentros informativos y será después cuando tendremos que ver lo que se hace».

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