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La Iglesia de Honduras rechaza el golpe, pero pide a Zelaya que respete la Constitución

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Religión Digital

Buenos Aires (Patricio Downes).- El secretario ejecutivo de Cáritas de Honduras, padre Germán Calíx, aseguró que la Iglesia Católica rechaza el golpe contra el gobierno constitucional de su país, pero al mismo tiempo reclama que el depuesto mandatario Manuel Zelaya respete los requisitos constitucionales del plebiscito y del referéndum, necesarios para una reforma constitucional. Este es un asunto que ya había creado fricciones entre los obispos hondureños y el mandatario.

En declaraciones a Religión Digital, por teléfono desde Tegucigalpa, Calíx -estrecho colaborador del cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga- rechazó la acusación de complicidad golpista contra la Iglesia Católica en Honduras. «Ni lo uno, ni lo otro -señaló- porque diez días antes del golpe llamó al diálogo y apoyó que el pueblo sea consultado». El padre Calíx agregó que los obispos están dispuestos a integrar una comisión de diálogo, convocada por el gobierno de facto, pero consideró que la llegada de Zelaya, prevista para este jueves, podría ser «catastrófica» si antes no se llega a un acuerdo.

Mientras el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga mantenía constantes reuniones para evitar que el golpe termine en un banco de sangre, Calíx dijo que la Iglesia mantiene la misma postura que la expresada en su documento del 19 de junio pasado. El cardenal, presidente de Cáritas en todo el mundo, estaba inhallable hasta para sus colaboradores, en plena gestión mediadora.

Allí el Episcopado hondureño señaló: “La democracia participativa que queremos sólo será posible si se dan ciertas condiciones. Por tanto, urgimos a las autoridades que han sido elegidas para custodiar el Estado de Derecho, que sepan encontrar, por medio del diálogo, las soluciones al conflicto actual, y que sepan garantizarle al pueblo hondureño la reglamentación de recursos constitucionales, como son el Plebiscito y el Referéndum que, junto con otros instrumentos, como es la Ley de Participación Ciudadana, permitan que el pueblo sea consultado en los asuntos de mayor importancia”.

– ¿La Iglesia participaría ahora del diálogo, pese al gobierno de facto?

– Si la llamaran ahora, la Iglesia estaría dispuesta a participar pese a que ha recibido bastantes criticas, sobre todo la jerarquía, porque consideran que no se puso de parte del gobierno depuesto y que al no haber hablado a favor de la cuarta urna -que es el proceso que Zelaya había iniciado- la acusan como participante del golpe de estado, lo que no tiene ninguna base sólida.

El religioso se refirió así a la posibilidad de una comisión de diálogo, como la llamó el presidente de facto Roberto Micheletti. Este pertenece al Partido Liberal, el mismo con el cual Manuel Zelaya llegó al poder. Pero hasta anoche esa instancia de diálogo a la que invitarían a las iglesias católica y evangélica, además de los sectores del empresariado, los obreros y campesinos, no había sido creada. Calíx comentó que los golpistas no tuvieron en cuenta el frente internacional y el fuerte rechazo en la Unión Europea, además de ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), la OEA y el Grupo Río.

¿Qué opina la Iglesia del golpe?

-Ya antes del golpe, el 29 de este mes, emitió un comunicado en el que decía que no se podía hacer democracia en contra de la democracia. Y en este momento la Iglesia no ha hecho nada más que repetir eso. Y antes del golpe había sugerido, y más bien pedido, que todos los sectores de la sociedad pudieran sentarse en un gran diálogo y permitir encontrar salidas válidas y racionales para esta situación. Que no se hiciera un arreglo entre políticos sino que fuera un consenso entre diferentes sectores de la población y que era necesario tomar en cuenta que la crisis política venía arrastrándose porque el sistema democrático no había sido capaz de dar el salto hacia la justicia social de todo el país.

– ¿Le dijeron a Zelaya que se oponían a su proyecto de reelección?

– Sí, unos 10 días antes del golpe los obispos se reunieron con el presidente Zelaya para manifestarle que la Iglesia estaba de acuerdo con los deseos de participación de la gente y que no se debía limitar la participación de la población en la destinos públicos y en la fijación de políticas públicas. Pero que se debía hacer dentro del marco legal existente en el país, ya que existen figuras como el plebiscito y el reférendum con amplia experiencia en America del Sur.

Y ahí se le pidió al presidente que depusiera cualquier afán continuista o reeleccionista en su persona, un mensaje que ya había recibido antes de la Iglesia y él había dado su palabra de entregar el poder en el mes de enero, lo cual podía ser cierto como palabra del presidente, sin embargo el movimiento que estaba generando en torno a una asamblea nacional ponía en dudas sus afirmaciones, porque la asamblea iba a tener el legítimo derecho de escogerlo a él como presidente y, en ese caso, él iba a tener la opción de perpetuarse en el poder o cambiar la constitución para volver a ser electo presidente.

– ¿La consigna fue ni lo uno ni lo otro, ni reelección ni golpe?

Ninguna de las dos cosas, pues la Iglesia considera que el golpe no es la salida para la vida en democracia. El golpe no resuelve el problema político que se arrastra desde hace mas de una década en un agotamiento del sistema de partidos en Honduras, donde existe un bipartidismo tradicional desde el siglo pasado, desde 1920 más o menos, en algunos casos recordando incluso y todavía los ideales de esa época.

Estos partidos necesitan reformarse pero las reformas no pueden venir vía caudillo, vía autoritaria y, menos, vía golpe de estado, sino que es necesario abrir espacios para la renovación de los partidos, abrir mayor participación y buscar soluciones políticas a problemas que son internos. La particularidad es que los miembros que supuestamente dan de este golpe de estado –donde los militares son solo la mano visible y fugaz, un momento nada más, porque luego entregan el poder a los civiles-, es que se ha producido entre miembros del mismo Partido Liberal.

¿Cómo ve el regreso de Zelaya previsto para el jueves?

– Ya hay conmoción, porque ayer y hoy han sido jornadas de enfrentamiento entre sectores sociales, sobre todo populares, y se hablaba de 70 heridos, sin muertes gracias a Dios hasta ahora. Una venida del presidente Zelaya sería catastrófica porque significaría movilización de toda esta gente para recibirlo, vitorearlo y escoltarlo y habría un enfrentamiento con fuerzas policías y gubernamentales. No sería una solución a no ser que -por la presión internacional- el gobierno de turno (de facto) decidiera negociar también con Zelaya. Pero, definitivamente, la posición en la que él estaba difícilmente va a ser aceptada por un gran sector población.

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