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La fiesta del hermano del Papa en la Capilla Sixtina causa escándalo

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El Periódico

• La celebración se financiará con los impuestos de los católicos alemanes
• Georg Ratzinger pidió un concierto de Mozart que costará cerca de 100.000 euros
Benedicto XVI saluda al cardenal Dziwisz bajo la mirada de su hermano, Georg, en el Vaticano, este mes.

¿Y qué le iba a decir, si es su hermano mayor, su «amigo y consejero», como ha dicho siempre, el hombre al que llamaba tres veces por semana, al que sagradamente visitaba cuatro veces al año, siempre durante varios días? (Antes de convertirse en Papa, claro). ¿Qué le iba a decir? Que sí, por supuesto. Aunque, por otro lado, visto el escándalo, Benedicto XVI se está preguntando tal vez si no habría debido decirle que no, que una fiesta de aniversario en la Capilla Sixtina no era precisamente lo más cuerdo en tiempos de crisis. Pero ya es tarde. La fiesta tendrá lugar, costará unos 100.000 euros y se pagará con impuestos de los alemanes. O no. Aún pueden cancelarla.

Ese detalle, que la fiesta se financie con el dinero que los católicos, por vía fiscal, entregan voluntariamente a la Iglesia, es lo que ha causado estupor entre los alemanes. Parece que cuando el Papa le preguntó a su hermano cómo deseaba festejar su cumpleaños, este, que había dirigido durante décadas el célebre coro de niños de la catedral de Ratisbona, le dijo que se daría por bien servido con un concierto de Mozart bajo los frescos de Miguel Ángel. Y el Papa (tal vez, tal vez ahora se arrepiente) le dijo que sí. La vía para satisfacer los deseos de monseñor Georg Ratzinger, que en enero cumplirá 85 años, pasa por el Obispado de Ratisbona, que pagará el traslado de 127 músicos a Roma (90 desde Alemania y 37 desde Austria).

La factura, de 100.000 euros, la pagan los fieles.
«Podemos comparar esto con la crisis financiera –señaló Sigrid Grabmeier, portavoz de la sección alemana de la organización Somos la Iglesia–. En ambos casos se trata de falta de transparencia de las autoridades en el manejo del dinero de los contribuyentes». Somos la Iglesia es la primera de varias organizaciones que han levantado la voz para protestar contra el exabrupto, que en realidad es un exabrupto doble: que los Ratzinger usen la capilla para sus fiestas privadas y que los fastos se paguen con fondos ciudadanos.

«MÁS COMO UN PRÉSTAMO»

La exposición pública de la, llamémosla así, Operación Georg, y en especial las críticas que ha recibido, han obligado al Obispado de Ratisbona a, más o menos, dar marcha atrás. Es poco probable que se cancele la fiesta, prevista para el 12 de enero, de modo que el melómano hermano podrá darse el placer de escuchar a Mozart (Misa en do menor) mientras se solaza con La creación de Adán. Lo que tal vez va a cambiar es el manejo del dinero. El portavoz del obispado, Jakob Schoetz, dijo ayer, tímidamente, que lo veía «más como un préstamo», y que con la venta de los cedés y los DVD del concierto, así como las donaciones públicas y privadas, van a poder, uf, financiar la fiesta.

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