InicioRevista de prensaiglesia catolicaLA EXCÉNTRICA Y PINTORESCA HISTORIA DEL EXCOMULGADO ARZOBISPO MILINGO.

LA EXCÉNTRICA Y PINTORESCA HISTORIA DEL EXCOMULGADO ARZOBISPO MILINGO.

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Periodista Digital

Curandero, cantante, exorcista y bailarín, siempre fue un prelado excéntrico. En 2001, con su matrimonio en una ceremonia colectiva, oficiada por el reverendo Sun Myung Moon, fundador de la secta Moon, Lot Emmanuel Milingo, de 76 años de edad actualmente, demostró nuevamente su inclinación al espectáculo. Hasta entonces se le conocían dotes musicales, la capacidad de curar o por lo menos mejorar a los enfermos, y la de exorcizar demonios del más variado pelaje.

El cardenal Silvio Oddi, con el que mantuvo durante años una durísima polémica, dijo no era más que un “brujo”, un “payaso”, con sus misas espectaculares, aderezadas con rituales exorcistas o sanadores. Pero a su capacidad de curar a los enfermos se habían confiado personajes famosos como el malogrado Giovanni Alberto Agnelli, hijo de Umberto Agnelli, y heredero de la dinastía que controla el grupo Fiat.

La personalidad exuberante y poderosa de Milingo se había convertido en un quebradero de cabeza para la Santa Sede que no sabía como desembarazarse del prelado, una verdadera promesa de la joven Iglesia africana cuando Pablo VI le nombró arzobispo de Lusaka (Zambia) con sólo 39 años, en 1969. Pronto se demostraría, sin embargo, ingobernable. Cuando le llegó el nombramiento, Emmanuel Milingo era ya todo un personaje.

Nacido en una comunidad zulú en Zambia, en 1930, las condiciones de vida de Milingo eran tan precarias que se vio obligado a acudir descalzo al seminario durante los cuatro primeros años de su educación sacerdotal. A los 28 años, Milingo es ordenado sacerdote y se entrega de lleno a la tarea de difundir la palabra de Dios por los caminos de África. En Zambia pone en marcha cinco clínicas ambulantes gracias a una denominada Zambia Helper`s Society, y su nombre empieza a sonar en Vaticano. Pablo VI, consciente de la importancia de contar con personalidades de tanto empuje en tierras de misión, le nombra obispo de Lusaka.

En 1982 es convocado al Vaticano, donde se ve obligado a responder al interrogatorio de una comisión de investigación sobre “su” caso. Milingo es sometido a exámenes médicos y psiquiátricos, pero logra salir airoso de la prueba. Las acusaciones no se limitan sólo al plano teológico-moral. Al parecer, al Vaticano llegan también acusaciones de robos en las arcas diocesanas. Milingo es para entonces un personaje conocido y admirado en su país y en toda África, capaz de movilizar a masas de fieles ansiosos de ayuda y comprensión. Pero el obispo está demasiado obsesionado con el demonio. “Cada uno tiene su vocación y su carisma, el mío es el de luchar contra el Diablo”, declara el prelado.

En Roma se le busca un puesto tranquilo con la esperanza de que el arzobispo rebaje un poco su entusiasmo en la batalla con el Maligno. Se le nombra vicepresidente del Consejo Pontificio de los Emigrantes, un organismo inocuo que no colma las ansias pastorales del obispo zulú.
Censurado y recriminado una y otra vez por sus liturgias demasiado heterodoxas, en 1995 Milingo descubre al mundo una nueva faceta: compositor y cantante. Actúa en televisión y graba un disco compacto con Lucio Dalla, el famoso cantautor italiano, en lengua zulú. El compacto, titulado “Gubudu, Gubudu”, algo así como “El borracho”, se vende bien y el obispo “jubilado” prematuramente se lanza a componer otras piezas que hablan de temas similares: como resistir al alcohol, como curarse. El éxito se repite y Milingo se convierte en un personaje popularísimo en Italia. Actúa en el festival de San Remo, hace una “tourneé” con su “grupo” de religiosas y sacerdotes que cantan y bailan al son de su música profundamente africana.

En el Vaticano va aumentando el desconcierto y la incomodidad hacia Milingo, que viene rebajado de su cargo primero, y alejado del departamento de la Emigración después. El obispo pide sin éxito, ver a Juan Pablo II, el Papa polaco que le recibió cariñosamente en Roma y le dio un puesto y un sueldo en Vaticano. Pero la frialdad hacia Milingo es total en la Santa Sede, mientras él estrecha cada vez más los lazos con la secta Moon. En febrero de 1999 acude a Seúl, como invitado en una de las ceremonias matrimoniales colectivas practicadas por la secta. Las relaciones con la Iglesia Católica parecen cada vez más tirantes.

Milingo ya no reside en la Ciudad Eterna, sino en la pequeña localidad de Zagarolo, a una hora de distancia de Roma. Sigue celebrando ritos multitudinarios y visitando a las hermanas de la congregación que llegó a fundar en 1975, las Hijas del Redentor.
El paso que le subió al estrellato dela popularidad, fue su boda el 26 de mayo de 2001 con una mujer coreana bajo los auspicios de la Iglesia de la Unificación. La imagen de Milingo, vestido con una especie de frac, posando sonriente junto a su rolliza esposa, una señora coreana especialista en acupuntura, no se borrará fácilmente de las retinas de sus eminencias.

Para un sector de la jerarquía y el clero era una especie de moderno Judas, capaz de vender la dignidad de la Iglesia por unas monedas de oro, dando por hecho que había cobrado un generoso cheque del movimiento “Moon” con los que estaba en realción desde hacía dos años. Todo empezó cuando el obispo aceptó la ayuda de un acupunturista coreano para curarse la cadera. Enseguida se intensificaron los contactos, Milingo hizo dos o tres cursos de “ejercicios espirituales” con los “Moon”, de un mes de duración cada uno, mientras vestía todavía la sotana episcopal y aportó su bendición personal a un matrimonio multitudinario celebrado por el reverendo Moon en Corea. En Roma la cosa no gustó y Milingo perdió su despacho en Vaticano, pero nadie fue capaz de prever lo que preparaba.

Tras la exigencia formal planteada a Milingo por la Santa Sede en julio de ese año para que se retractase o enfrentase la excomunión, el Papa Juan Pablo II lo recibió en Castelgandolfo.
Al mes siguiente, el arzobispo Milingo y María Sung se reunieron en un hotel romano. Milingo llegó al hotel Angelo en un coche con matrícula del Vaticano y acompañado, al menos hasta el vestíbulo, por el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls, que abandonó el albergue una hora después sin hacer declaraciones.

La Santa Sede confirmó poco después con una nota oficial que se estaba celebrando el encuentro reclamado entre “S.E. monseñor Emmanuel Milingola” y la señora María Sung. En el encuentro, el arzobispo de Lusaka entregó a María Sung una nueva carta, fechada hace dos días, en la que le explicaba: “Mi dedicación a la Iglesia, me impide casarme, debido al celibato. La llamada de la Iglesia a que mantenga este compromiso, es justa”. María Sung combatió la decisión de Milingo por todos los medios: sembró dudas primero sobre un supuesto embarazo y comenzó, después una huelga de hambre, finalmente tuvo que resignarse.

Luego el Arzobispo emérito aceptó comenzar un período de retiro espiritual en vías a su plena reconciliación con la Iglesia, y escribió una breve pero elocuente carta dirigida al Santo Padre expresándole su deseo de retornar al seno de la Iglesia Católica.

En septiembre de 2002, Milingo publicó un libro autobiográfico titulado «El pez recuperado del fango», en el que admite que su retorno se produjo «al borde del precipicio» y denuncia haber sido víctima de un complot por parte de Moon.
Después de su retiro de un año en Argentina, Milingo celebró en noviembre de 2002 su primera Misa pública en la que realizó, ante unos mil fieles y un centenar de periodistas congregados en la abadía cisterciense de Casamari (Italia), una nueva profesión de fidelidad a la Iglesia y habló de la importancia de vivir la obediencia.

Pero de repente, este verano abandonó su residencia de Casamari y se trasladó a EEUU. En una conferencia de prensa sostenida en el National Press Club de la capital norteamericana el 12 de julio `pasado, Milingo admitió no solo haber restablecido contacto en junio con la cabeza de la secta, el religioso surcoreano Sung Myung Moon, sino también su reencuentro con Sung. Ella “es aún mi esposa y lo seguirá siendo hasta la muerte”.

«Es tiempo de que la Iglesia se reconcilie con los sacerdotes casados», dijo Milingo. «No existe curación más importante que la reconciliación de más de 150 mil sacerdotes casados con la Iglesia Católica», agregó el africano que estaba acompañado, entre otros, del autoproclamado Arzobispo George Augustus Stallings Jr., sacerdote católico excomulgado y fundador de la “Congregación de los católicos afronorteamericanos” que promueven la eliminación del celibato sacerdotal.

También llamó a los sacerdotes casados a “salir de sus prisiones católicas y ser reinsertados, asumiendo una vez más su responsabilidad pastoral” entre ellos. Asimismo, Milingo dijo no querer abandonar la Iglesia sino cambiarla. “Mi posición es muy clara sobre mi comprensión de mi ordenación por la Iglesia. Una vez sacerdote, siempre sacerdote”, afirmó. “Aun cuando un sacerdote puede renunciar a sus votos y ser destituido por la Iglesia, ésta reconoce que permanece siempre siendo sacerdote”.

La decisión de Milingo de dejar su hogar en Zagarolo (Italia) y aparecer públicamente se podría deber a los recientes cambios en la Santa Sede que, a su juicio, podrían limitarle la libertad de viajar a su nativa África. El oficial encargado de acompañar a Milingo en su proceso de arrepentimiento y renuncia a su “matrimonio” y retorno a la Iglesia en 2001 fue el entonces Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el hoy Cardenal Tarcisio Bertone, nombrado recientemente Secretario de Estado Vaticano por el Papa Benedicto XVI.

Dos días después, el 14 de julio, volvió ante las cámaras para presentar la asociación «¡Sacerdotes Casados Ya!» con el objetivo de promover la eliminación del celibato sacerdotal en la Iglesia Católica, declarando que Married Priests Now! responde a la necesidad de clero en la comunidad eclesial. «Está muy claro que la Iglesia Católica Romana tiene una gran necesidad de sacerdotes», dijo y declaró ser «muy consciente» de las consecuencias de sus decisiones y que si el Papa Benedicto XVI le convoca a una reunión acudiría «si se le explica el porqué».

El vaso ha rebasado finalmente con la ordenación el pasado domingo por Milingo en Washington de cuatro obispos casados: George Augustus Stallings, de Washington; Peter Paul Brennan, de Nueva York; Patrick Trujillo, de Newark (Nueva Jersey) y Joseph Gouthro, de Las Vegas.

Mediante un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el martes por la mañana se dio a conocer que «tanto el Arzobispo Milingo como los cuatro ordenados han incurrido en la excomunión latae sententiae, prevista por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico. Además la Iglesia no reconoce ni pretende reconocer en el futuro tales ordenaciones y todas las ordenaciones que deriven de ellas, y considera que el estado canónico de los cuatro presuntos obispos es aquel en el que se encontraban antes de la ordenación». El comunicado afirma que «la Santa Sede ha seguido con viva atención la actividad puesta en marcha recientemente por Su Excelencia Reverendísima Mons. Emmanuel Milingo, Arzobispo emérito de Lusaka, con una nueva Asociación de sacerdotes casados, sembrando división y desconcierto entre los fieles».

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