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La economía social y solidaria -- Marcos de Castro Sanz

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(Conversaciones en Frontera – www.nuevatribuna.es)
El pasado 28 de enero tuvo lugar en la sede del Parlamento Europeo el I Foro Europeo de Economía Social y Solidaria. Y el 16 de Marzo el Area de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid ha realizado un primer Encuentro con estas empresas para establecer pautas de actuación conjunta. Actualmente 14 millones de empleos, el 6,5% de toda Europa, pertenecen a este modelo empresarial, que crea empleo de mayor calidad, más participativo, además de sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Las ESS han mostrado,además, una resistencia extraordinaria a la crisis, a los recortes y a la austeridad impuesta por Europa.

El modelo productivo hegemónico dominante presenta un desequilibrio democrático importante: el poder financiero manda y “los demás” son, en el mejor de los casos, elementos sustitutos de sus ausencias o de sus errores sociales. Pero es ese poder financiero quien tiene un peso más determinante en las instancias políticas. Como dicen los del Movimiento “Occupy”: “No nos importa que seáis ricos. Lo que nos importa es que tengáis comprado a nuestro Gobierno”.

Este modelo productivo está conformando unas relaciones laborales de creciente precariedad caracterizadas, en lenguaje de Zigmunt Bauman[1], por “la condición de extrema desintegración, pulverización y atomización. Independientemente de su procedencia y denominación, todos los precarios sufren y cada cual sufre solo… esa extraña mezcla de ignorancia e impotencia y una inagotable fuente de humillación”. Se está creando una sociedad que traslada a la persona el riesgo de la precariedad generada por el sistema y ante la que la víctima se queda aislada. Las empresas, como actores económicos, deben asumir su cuota de responsabilidad , de forma que no perjudiquen a una sociedad, donde viven y de la que se alimentan.

En este contexto, iniciativas como las de Economía Social y Solidaria muestran que hay otras formas de hacer empresa, de crear y repartir riqueza colectivamente, no sólo de manera individual. Actuando en el interés general, las empresas de economía social crean puestos de trabajo, aportan productos y servicios socialmente innovadores, facilitan la integración social y promueven una economía más sostenible y anclada a nivel local.

Y Foros y Encuentros como estos evidencian que también algunas cosas de la política están cambiando, abriendo puertas a otros intereses de la sociedad, escuchando a grupos económicos que tienen más de sociales que de intereses privados individuales. En las mesas donde se escuchan problemas e inquietudes para elaborar políticas públicas y construir legislación, va estando la voz de quienes ocupan espacios de trabajo sin los que la cohesión social se desquebrajaría aún más de lo que actualmente sucede.

Urge contar cada vez más en estas mesas con quienes puedan aportar el clamor de una Europa que protesta para que las cosas sean de otro forma, para que las políticas acojan a los intereses colectivos que soportan las consecuencias indeseables de la crisis, y se construyan desde objetivos más amplios que los pertenecientes al economicismo financiero. Necesitamos empresas que tengan integrado en su estrategia el interés de una sociedad que ha de crecer de forma equilibrada en el bienestar social, donde todas las personas tengan su espacio y la exclusión comience a ser eliminada.

En este sentido, no faltan declaraciones institucionales. Es necesario que esas declaraciones se vayan traduciendo en decisiones políticas efectivas. Ya en 2010 la Comisión Europea había indicado que, en la primera década del siglo XXI, se observaba en Europa, y en el resto del mundo, la existencia de un enorme potencial de innovación en el ámbito de la economía social y subrayaba la contribución de este sector a la búsqueda de soluciones innovadoras a los principales problemas socioeconómicos, muchos de los cuales surgen de la exclusión social y del envejecimiento de la población

Y el Consejo de la Unión Europea reconoce que “La Economía Social desempeña un papel importante en la transformación y evolución de las sociedades contemporáneas, los sistemas de bienestar social y las economías. Contribuye al logro de un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, empleo de alta calidad, cohesión social, innovación social, desarrollo local y regional, y protección del medio ambiente.” [2]

Reconoce asimismo que “en los últimos años, la economía social ha aumentado su visibilidad política como un sector que constituye un pilar importante, sobre todo en términos de empleo y cohesión social en Europa. Y el Comité de las Regiones Europeo afirma que “las organizaciones de la economía social son los socios naturales de los entes locales y regionales a la hora de elaborar estrategias … por su aportación y contribución en la cohesión social y por su contribución a la búsqueda de soluciones innovadoras a los principales problemas socioeconómicos”[3].

Y asegura el Consejo de la Unión Europea que es precisa la promoción de la economía social como motor clave del desarrollo económico y social en Europa pues “une una amplia y rica variedad de formas organizativas formadas en diversos contextos nacionales y de bienestar social, pero con valores, características y objetivos comunes, combina actividades económicas sostenibles con un impacto social positivo, ajustando al mismo tiempo los bienes y servicios a las necesidades.”[4] Las Conclusiones del Consejo hacen especial hincapié incluso en la necesidad de crear un ecosistema financiero adecuado, capaz de proporcionar un apoyo eficaz a la innovación social .

El Parlamento Europeo, por su parte, declaraba: “En un momento histórico en que Europa se enfrenta a retos gigantescos por lo que respecta al desempleo y la exclusión social, así como a cambios demográficos, las empresas de economía social tienen que desempeñar una función fundamental en la mejora de las perspectivas actuales y futuras de las mujeres y hombres tanto en la sociedad como en el mercado laboral.[4]”

Necesitamos que todas estas declaraciones se vayan convirtiendo en decisiones políticas efectivas, que configuren una nueva Europa donde la Economía Social y Solidaria pase de ser un sector minoritario y marginal, a formar parte fundamental de las políticas presupuestarias, y un eje transversal de una Europa más justa y solidaria. El ordenamiento jurídico de la ESS a nivel europeo es necesario para que reciba el reconocimiento político, contable e institucional que debe tener.

[1] “Ceguera moral: la pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida”.Ed. Paidós,

[2] “La promoción de la economía social como motor clave del desarrollo económico y social enEuropa” (7-12-2015).
[3] Dictamen del Comité de las Regiones sobre «Asociaciones entre las autoridades locales y regionales y las organizaciones socioeconómicas» (2002)
[4] Resolución del Parlamento Europeo de 30-7- 2015

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