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La “Eclesiástica constantiniana” o Iglesia al servicio del Estado y del poder económico-político, fue la que condenó al sacerdote Camilo Torres -- Héctor A. Torres Rojas

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Es muy difícil hablar de la “Iglesia”, si por Iglesia entendemos al pueblo creyente, a la comunidad de fieles, al conjunto de bautizados y bautizadas. Por ello acostumbro, cada día màs, a hablar y a distinguir entre la Iglesia y la Eclesiástica. Por eclesiástica entiendo la Institución, el aparato que detiene todos los poderes sobre y muchas veces, contra el pueblo creyente.

Esa eclesiástica perdura todavía en nuestro país y en la mayor parte de los países donde existe la iglesia católica, y en otras iglesias también. Perdura en cada Congregación o dicasterio, algo así como los “ministerios” del Vaticano, en la mayor parte de las diócesis, en casi todas las parroquias, salvo excepción, en las comunidades religiosas, en los colegios y universidades católicas, hasta en las capellanías…
Esa eclesiástica, en Colombia, no ha cambiado mucho desde el acontecimiento “Camilo Torres”, a pesar del Concilio Vaticano II; a pesar de la Conferencia de Obispos de América Latina, que tuvo lugar en Medellín, en agosto de 1968, y que produjo documentos muy valiosos; a pesar de otras conferencias latinoamericanas de obispos, en donde ha participado, a pesar de las teologías progresistas, de la teología de la liberación y de las teologías de la liberación.

Si se trata de dar una fecha simbólica y real del nacimiento de la “eclesiástica” no dudo en señalar el año 313, es decir, desde la proclamación del Edicto de Milán, firmado por los emperadores Constantino y Licinio, que otorgó libertad de culto a los cristianos. Dar libertad religiosa, estuvo bien. Era costumbre del Imperio, el respetar las diferentes religiones y cultos.

Constantino y Licinio lo hicieron porque, desgraciadamente, la nobleza romana, desde diferentes sitios del Imperio, ya se había tomado el poder en la llamada y declinante iglesia primitiva. Muchos obispos hacían parte de la nobleza romana, en sus diferentes rangos. Obispos y una buena parte del clero, eran hijos de la nobleza romana, y querían poder religioso, poder político y poder económico. Los emperadores no podían decir no.
Cifras y datos de la Iglesia en los inicios de los años 300
“En el momento de la promulgación del edicto, existían en el Imperio cerca de 1500 sedes episcopales y al menos de 5 a 7 millones de habitantes de los 50 que componían el imperio profesaban el cristianismo” (Wiquipedia, Edicto de Milán).

“El sociólogo Rodney Stark, quien estudió diversas fuentes históricas para su libro El auge del cristianismo, concluyó que hacia el año 300 d. C., el cristianismo estaba difundido tanto entre las clases populares como en un número de personas ricas e influyentes de la sociedad romana,.. (En Wiquipedia, “Cristianismo”).
El siglo IV fue fatal para el Evangelio del crucificado Jesús de Nazaret. En 325, Constantino convocó el Concilio de Nicea, que definió, proclamó e impuso la creencia obligatoria en la divinidad de Jesús. Y decidió que quienes no la aceptasen, serían perseguidos, castigados y hasta exilados, como el obispo Arrio y sus seguidores, que no aceptaron el dogma así definido.

En 380, el Emperador Teodosio proclamó obligatoria la aceptación de la religión cristiana y de la Iglesia católica, para cada súbdito del Imperio. El Imperio fue proclamado “cristiano”. Los que no aceptasen, serían llamados herejes, y perseguidos, inclusive hasta el martirio.
Los emperadores, desde Constantino y Licinio, dieron privilegios, prebendas y regalos a los obispos y sacerdotes, y éstos se declararon “obedientes” y hasta serviles.
Obispos y clero reinaban sobre un pueblo analfabeta. El analfabetismo general de la población fue una constante histórica milenaria hasta finales del siglo XVIII y parte del siglo XIX, en Europa. Por los años 50, del siglo pasado, Colombia también era un país analfabeta.

Desde entonces, el Evangelio pasó a un segundo lugar y se desarrolló la religión cristiana, siempre aliada al Imperio y a las monarquías, a emperadores y reyes, porque además se enseñó la idea cuasi dogma, según la cual, emperadores y reyes eran de Derecho Divino, es decir, así lo había establecido Dios y había que obedecer. Con esa teoría, hasta el mismo papa llegó a ser la autoridad absoluta durante varios siglos, en el mundo conocido, porque se impuso otra idea fuerte y falsa, según la cual, el poder espiritual del papa estaba por encima de la autoridad política.

Es muy fácil imponer ideas, de derecha, de izquierda o de centro, entre los analfabetas. El analfabetismo no es solamente el de la lecto-escritura. Va más allá.

¿La eclesiástica colombiana es fruto de esa “iglesia constantiniana”, llamada más tarde “Iglesia medieval”, y luego “Iglesia de Cristiandad”, también en alianza y al servicio del poder político y del poder económico
La “Iglesia de cristiandad” en una sociedad “totalmente” cristiana y católica, se le impuso al conjunto de la población, a la sociedad entera, bajo presión, castigo y violencia. Todas las personas debían y tenían que seguir y obedecer lo que enseñaban y decidían papas y Vaticano, por medio de los obispos y los párrocos. Pero, además, desde la clase de religión, en escuelas y colegios. E inclusive, hoy, en las universidades católicas.

¿Cómo se podría caracterizar esa eclesiástica colombiana, en el siglo pasado?
1. Una eclesiástica políticamente conservadora y aliada históricamente del Partido Conservador.
2. Una eclesiástica que siempre criticó las ideas modernistas, la ideología liberal y al Partido Liberal, y con mayor razón las ideas socialistas y marxistas, así como sus organizaciones.
3. Una eclesiástica que no había asimilado el “Modernismo”, las ideas modernistas. Al contrario, las perseguía.
4. Una eclesiástica incapaz de criticar a los sectores dominantes, al Estado y a los gobiernos. Esa postura permanece todavía. ¿Conocen ustedes alguna crítica al Gobierno de Uribe y al de Santos? ¿Han pronunciado alguna palabra por la venta de ISAGEN y el enorme robo en RAFICAR?
5. Una eclesiástica que solicita todo el tiempo ventajas, privilegios y dádivas a los gobiernos.
6. Una eclesiástica muy tradicional en teología, prácticas pastorales y moral.
7. Una eclesiástica rica, ostentosa, autoritaria, alejada de la vida real del pueblo.

8. Una eclesiástica más preocupada por el cumplimiento del derecho Canónico que por el seguimiento y aplicación del Evangelio de Jesús de Nazaret.
9. Una eclesiástica que no ha asimilado, aún hoy, la Doctrina Social de los papas, que contiene elementos positivos para el despertar de los sectores populares.
10. Una eclesiástica que promueve cantidad de ritos y rituales que poco tienen que ver con el Evangelio, y aleja a las y los creyentes de las luchas sociales.
En hechos reales e históricos, ¿Qué eclesiástica se opuso a Camilo Torres, a Golconda y a la corriente cristiana liberacionista?

Unos grandes brochazos
Recodemos que la eclesiástica española fue aliada total del poder conquistador y colonial, todo el tiempo, es decir, de la monarquía dominante en la Península Ibérica, la de Castilla y León.
Durante la gesta liberadora, fue obediente al Rey (en teología se enseñaba que la monarquía era de Derecho Divino y se excomulgaba a quienes lucharan para derrocar emperadores, reyes y príncipes). Por tanto, los pocos obispos y la inmensa mayoría del clero se opusieron a la Independencia. Y se alió a los monarquitas y a los “conservadores”. Nariño fue duramente castigado por traducir y divulgar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fruto mayor de la Revolución Francesa. Bolívar fue excomulgado.

A lo largo de la vida republicana, la eclesiástica estuvo de lado de los “conservadores”, con sus diferentes nombres y partidos, para impedir la reforma agraria, la escuela laica, la libertad de cultos, la libertad de pensamiento, etc.
Durante la República Conservadora (1885-1930), bajo sus diferentes presidentes, la eclesiástica reina, y se destaca el liderazgo conservador del obispo Ezequiel Moreno, desde Pasto.
En los años 20-30-40, como hay brotes de socialismo-marxismo, reparte maldiciones. En los años 30 suprime a la JOC: la Juventud Obrera Católica, de ideología progresista, fundada en Bélgica.

Bajo el periodo liberal (1930-1946) se opuso radicalmente a los gobiernos liberales. Nada de reforma agraria, de derechos sindicales, de liberación femenina. El voto femenino se establece apenas en 1957.
El Arzobispo de Bogotá, Ismael Perdomo, apoyó y propuso nombre para la candidatura conservadora. Como perdieron los conservadores, se le apodó “Monseñor Perdimos”.
En 1946 los conservadores ganan la presidencia, con el apoyo del voto católico, e imponen la persecusión contra los liberales. Reciben apoyo de los obispos, y más particularmente del obispo de Santa Rosa de Osos, Ángel Builes. Se desata “La Violencia”, 1946-1960.

El matrimonio o concubinato de la eclesiástica fue total con la Dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957), bajo el liderazgo del cardenal Crisanto Luque, primer cardenal colombiano.
Cuando Camilo inicia su vida pública, apenas estábamos saliendo de la primera gran Violencia, fruto de la segunda República Conservadora. Y nacía apenas el Frente Nacional (el pacto se firmó, en España, en1957) o hegemonía bipartidista, que fue avalado por la eclesiástica.
Camilo desarrolló su compromiso social-político y pastoral, bajo las presidencias de Lleras Camargo (1958-1962) y Guillermo León Valencia (1962-1966).
Cuando Camilo parte a la guerrilla, el arzobispo-cardenal de Bogotá era Luis Concha Córdoba, que por sus ideas, lo retiró de la capellanía de la Universidad Nacional. El arzobispo-cardenal se negó a recibir a Camilo, en su periodo de compromiso radical.

Era arzobispo coadjutor, con derecho a suceder al Arzobispo, era monseñor Rubén Isaza Restrepo (1916-1987), persona de ideas bastante abiertas, muy cercano a los sectores populares e impulsor del clero preocupado por las clases populares. Manifestó la necesidad de dialogar con Camilo. No fue escuchado y el cardenal promovió su salida de Bogotá. En 1967 fue nombrado Arzobispo coadjutor de Cartagena.
Conclusión, Camilo Torres, directa e indirectamente, propició la crítica a ese tipo de eclesiástica, y por su compromiso y escritos, es un pilar de la Teología de la Liberación y de la que hoy llamamos “Iglesia de los Pobres”.

Bogotá, Febrero 12 de 2016

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