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La difamación integrista: Carta a Carmen Bellver -- María Victoria Gómez Morales

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Atrio

Damos la bienvenida en ATRIO a María Victoria, una cristiana que nunca en su larga vida dejó de buscar al Jesús del Evangelio. Nos dice en la carta que acompaña su artículo que para ella la fiesta de hoy –la Epifanía del Señor en el Bautismo– la confirman en su intuición ESENCIAL: Jesús, Hijo del Padre, su COMPLACENCIA, nos revela en Él nuestra propia condición de HIJOS AMADOS DEL PADRE.

Desde la alegría y la paz de esta fe, se solidariza con el sufrimiento de teólogos que quieren abrir la mente de los cristianos a este mensaje esencial y son por ello difamados por personas que se sienten ultracatólicas. Reaccionó con contundencia y eficacia cuando se persiguió a Juan Masiá y ahora ha reaccionado contra una burda difamación personal a Benjamín Forcano por expresarse con libertad en un artículo sobre Colón, pensamiento integrista sobre la familia.

Carta a Carmen Bellver

No conozco a Carmen Bellver. He leído esta vez y por indicación externa, lo escrito por ella sobre El legado de Benjamín Forcano en Religión Digital.

No identifico para nada al Benjamín al que ella enjuicia con el Benjamín que yo conozco y en este caso teólogo profundamente formado y con experiencia –no sólo habla con palabras, sino desde su propia vida– y que ha gastado su vida en servicio a la Iglesia, tanto en su Teología Moral, como en sus múltiples publicaciones y Profesor en distintos centros de la Iglesia.

Aunque haya sido mal interpretado y en ocasiones relegado o excluido, ha hecho una gran labor apostólica, ha viajado a numerosos países y ha sido profesor de Teología Moral en Roma, Salamanca, Madrid, Bogotá, ha impartido conferencias y cursillos en muchas partes, tiene numerosas publicaciones, ha impulsado Foros Religiosos y es uno de los cofundadores de la Asociación de Teólogos/as Juan XXIII y ha editado los 31 Congresos de Teología hasta hoy celebrados.

No dudo de la buena formación de Carmen Bellver y de que seguramente tiene puestos de relevancia ya que su comentario a lo que Benjamín Forcano ha comunicado en Redes Cristianas y Religión Digital, ha encontrado eco en otros comentarios publicados en la misma página Web. Pero me pregunto: todo lo que ha escrito Benjamín Forcano, ¿no iba apoyado o documentado en escritos oficiales de la Iglesia? Tendré que volver a leerlo, pero creo que sí.

Tal vez Carmen, con la mejor buena voluntad, se ha quedado en los escritos del Magisterio más conocidos, pero otros, tal vez hayan escapado a su conocimiento. Por ejemplo, todo lo que comenta sobre el Nihil obstat, ¿sabe Carmen Bellver que Pablo VI lo suprimió como innecesario y sólo lo dejó para los libros Litúrgicos o traducciones de la Biblia? Esto por poner un pequeño ejemplo de lo que ella comenta con tanta seguridad de principio y enjuicia y condena de manera muy poco evangélica todo el Comunicado.

Me parece muy dura e injusta la manera con que habla de los teólogos actuales, habiendo entre ellos tantos que han destacado, aunque hayan sufrido contradicción, en su amor a la Iglesia pero desde puntos de vista nuevos, más evolucionados, más en consonancia con nuestra cultura de hoy y siempre en referencia y fidelidad al Evangelio.

Me dirijo ahora directamente y con sincero deseo de diálogo, no de condena. ¿Recuerda, Carmen, los teólogos eminentes del siglo XX? Tal vez sea Vd. demasiado joven para haber tenido conocimiento de tantos que fueron excluidos y que tanto bien hicieron a la gente que buscaba un horizonte más amplio, menos rígido, no tocado por el jansenismo que en España también ha tenido su fuerte influencia. Le nombro algunos: P. Lagrange, Teilhard de Chardin, Henri de Lubac, Chenu, Yves Congar, Gustavo Gutiérrez, Giulio Girardi, Eduardo Schillebeeckx, Leonardo Boff, Hans Küng, José Mª Díez Alegría, José Mª González Ruiz, Fernando Urbina, Xavier Pikaza, Julio Lois, Jon Sobrino, Ignacio Ellacuría, Bernhard Häring, el gran moralista, consejero de Papas, como lo mostró el que fuera elegido para darles los Ejercicios espirituales, discutido y perseguido no obstante por la Curia hasta la hora de su muerte, (y por cierto profesor durante dos años de Benjamín Forcano y, en los momentos de conflicto, gran amigo y defensor suyo) y tantos otros que no nombro por no alargar un comentario que no debe exceder el espacio que propone R.D.

Casi todos éstos, fueron luego nuevamente reconocidos por la Iglesia, pues invitados por sus episcopados, fueron peritos y artífices del Vaticano II, magisterio el más importante para los católicos de nuestro tiempo, pero que sabemos muchos no quieren reconocer o no aceptan sus “ventanas abiertas”.

Siento que yo también me he podido equivocar en mis intervenciones públicas y lo acepto y me quedo en paz porque vi que era para mí un verdadero motivo fuerte de conciencia. Pero sigo reconociendo que las condenaciones realmente hirientes, las descalificaciones públicas (y muchas veces calumniosas y despreciativas) para muchas personas de nuestra Iglesia española, no benefician a nadie, ni consiguen otra cosa sino dividir más los ánimos, aumentar la confusión que reina en tantos fieles (todos hijos de la Iglesia pero con muy escasa formación),y que desconocemos muchos documentos de la Iglesia en los que se alienta a los teólogos y biblistas y a la misma ciencia, a seguir investigando para hacer más lúcida la Verdad Revelada.

Me permito copiarle un texto de San Vicente de Lerins que para mí fue una fuente de paz y apertura en momentos en que mi inteligencia y lo que me enseñaban en una Teología tradicional, no concordaba y ponía confusión en mi espíritu. Le cito: “¿Es posible que se dé en la Iglesia un progreso en los conocimientos religiosos? Ciertamente que es posible, y la realidad es que este progreso se da. En efecto, ¿quién envidiaría tanto a los hombres y sería tan enemigo de Dios como para impedir este progreso?…. “Es conveniente, por tanto, que a través de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros”(PL.50, 667-668).

La cita entera es mucho más hermosa pero es larga. También le citaría la Encíclica del Papa Pío XII “Humanae generis..” pero no la tengo a mano. Y, por supuesto, numerosos textos del Vaticano II, con los Papas Juan XXIII y Pablo VI a la cabeza, que reconocen el desfase en muchos puntos de la Iglesia, impulsan un decido cambio y adaptación, escrutando los signos de lo tiempos y recuperando la original fuerza del evangelio.

Perdone si me he atrevido a intervenir por el prestigio de un amigo, para mí ejemplar, sobre todo en su vivencia evangélica y en su entrega, y que no ha habido en mí el menor deseo de ofenderla ni de rechazar de plano lo que Vd. dice, sino de dialogar y decirle desde mi punto de vista, que más que descalificaciones que no hacen bien ni a uno mismo, ni a quien las lee, argumente seriamente con documentos oficiales en mano, para corregir al teólogo de turno que parece equivocado, pero del que se ignora su extensa formación y estudio, cosa que ocurre en diversos grupos -por prejuicios y falta de conocimiento- respecto a muchos teólogos que ejercen su tarea con rigor y competencia y no son aceptados por creer apriori que no aceptan la doctrina de la Iglesia. Para disentir hay que conocer bien el pensamiento del que se está en desacuerdo y mostrarlo con argumentos. La obediencia ciega no es norma para ningún cristiano. Y Jesús nos quiere libres en nuestra conciencia: “La Verdad os hará libres…” (Jn 8, 32).

Me hubiera gustado hacer este diálogo de palabra. La mirada, el gesto, la acogida dicen más que mil sermones y nos hubiéramos entendido muy bien. Siento que haya personas que conocen a fondo a Benjamín Forcano, saben su buen hacer, su entrega, su trabajo constante, y que se callen y no opinen en un foro común. Pero comprendo también que esto se presta a intervenciones inacabables y que como nos excedemos en palabras, podría resultar un volumen ESPASA.
Por mi parte he intentado, muy torpemente, contestar a lo que me pareció el núcleo de las disconformidades con Benjamín, que creo era su Comunicado.

Tiene Vd. cara de bondad y de paz. Busquemos la Paz en la Verdad, pero también y sobre todo, en el AMOR ILIMITADO.

María Victoria Gómez Morales

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