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La Curia Vaticana y los Sacerdotes católicos casados (II) -- Rufo González

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Cura casado2Las Curias diocesanas y vaticana escandalizan a los Sacerdotes Casados
Los Sacerdotes Católicos Casados llevan años “escandalizados”. Asociados en niveles autonómicos, nacionales e internacionales, llevan, desde los años setenta del siglo pasado, reclamando corregir su injusta situación. Es de los grandes escándalos que la Iglesia no ha sabido reconducir. Más aún, lo ha agudizado con su comportamiento. Lo presentaron como un escándalo de los sacerdotes a los fieles. La historia hoy claramente dice que el escándalo viene de los dirigentes de la Iglesia. Las Curias, integradas por los obispos y sus colaboradores inmediatos, han sido los defensores más acérrimos de la ley y de sus aplicaciones más nefastas.

Formar una familia es un derecho humano

La mentalidad actual -sobre todo entre la gente joven y más preparada- tiene claro que los dirigentes eclesiales están escandalizando a los sacerdotes y al pueblo sencillo. No entienden cómo la Iglesia hoy no respeta los derechos humanos y quiere dominar a las personas como en la época feudal. Hoy todos reconocen que formar una familia es un derecho humano del que nadie debe ser privado. Elegir y prometer vivir soltero es libre. La conciencia actual -moral y religiosa- percibe como bueno cambiar esa promesa vital. La concepción del Padre de Jesús permite creer que Dios quiere que el ser humano se realice siendo fiel a su humanidad. Dios sería un monstruo, un sádico, si exige de forma incondicional cumplir las promesas que se le hicieron con buena voluntad y que aquí y ahora resultan lesivas y destructoras para sus fieles. Somos seres históricos, sujetos a evolución personal y cultural. Podemos decidir cambiar una opción moralmente buena por otra igualmente buena.

“No es bueno que el hombre esté solo” (Gén 2, 18)

Los amigos de la ley no usan argumentos bíblicos. Les basta el Código. Por eso muchos creyentes sitúan el escándalo en otro campo, como me hacía ver no hace mucho un compañero asturiano:

“El escándalo está en considerar incompatible el ministerio ordenado con el sacramento del matrimonio, con la constitución de una familia, con el amor de una mujer y unos hijos. Es que en el fondo quizás estemos ante un problema más grave, no simplemente disciplinar sino de fe. No consigo entender cómo los defensores a ultranza de la ley del celibato son capaces de aceptar la afirmación bíblica: “No es bueno que el hombre esté solo”. O la impresionante comparación paulina del amor matrimonial con el amor de Cristo a su Iglesia” (Pensando Email: jbenitofa@gmail.com).

Dios no avala leyes contra los derechos humanos

“Soy absolutamente contrario al celibato obligatorio de los curas, porque con él resulta inevitable que muchos se encuentren cogidos en la trampa de verse obligados a permanecer célibes sin suficiente “don” para ello. En tal caso, el pretendido celibato por el Reino de Dios se convierte en una fábrica de locos… Bastantes curas que actúan rectamente en conciencia, no se sienten ligados delante de Dios por una disciplina que vulnera derechos fundamentales del hombre. Manteniendo íntegra su fe, desde ella, optan por secularizarse de hecho (renunciando a ejercitar el ministerio) y contraen matrimonio civil. Estoy persuadido de que no hay el menor error moral en su decisión, porque Dios no avala disposiciones legales que atenten al bien del hombre, a los derechos fundamentales del mismo y al verdadero bien de la comunidad eclesial. Hacen muy bien estos hermanos en apelar a su conciencia. Con su sinceridad y libertad están ayudando a la Iglesia.

Se está produciendo, con todo esto, una situación verdaderamente anómala. Porque. según la disciplina canónica vigente, los presbíteros que, sin haber sido canónicamente dispensados del celibato, contrajesen matrimonio civil, incurrirían en pena de excomunión. Pero, por otra parte,. según el mismo Derecho Canónico, las excomuniones no pueden resultar efectivas si de hecho no hay culpa moral grave en quien realiza la acción canónicamente sancionada. De modo que los sacerdotes auto-secularizados que, con buena conciencia, contraen matrimonio civil, ni pecan ni incurren en excomunión. Y hacen muy bien las comunidades cristianas parroquiales o extraparroquiales, muy numerosas ya, que los mantienen sin discriminación alguna en su seno y participan con ellos en la comunión y en todas sus actividades eclesiales. Hacen lo que deben hacer y lo que Dios quiere” (J. M. Díez-Alegría, “Rebajas teológicas de otoño”. Desclée de Brouwer. Bilbao 1980. P. 145-146).

Ya no valen las manipulaciones antiguas

El clericalismo -presente sobre todo en los obispos y sus curias diocesanas- ha venido apremiando la conciencia hasta límites inhumanos, provocando temor angustioso con el supuesto rechazo eterno de Dios por no cumplir el voto celibatario. Se han atrevido a aplicar al celibato la misma necesidad que a la opción por el Reino y por Jesucristo. El texto “el que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios” (Lc 9,62), se utiliza para urgir el celibato, como si fuera un valor obligatorio del Reino para el ministro ordenado. Esta mentalidad clerical se ha profundizado con otros “amarres” más antievangélicos, pero muy eficaces para encerrar en un callejón sin salida a mucha gente. Los que han descubierto que la voluntad de Dios en su vida no era el celibato, y han decidido no seguir con él, han sido reducidos a un estado inferior al laicado, injuriados de traidores (¡vaya respeto a la conciencia personal!), vetados para hablar en locales de la Iglesia, enseñar el mensaje cristiano, ganarse el pan en instituciones eclesiales… (Ver un “Rescripto” de Congregación para el Clero ¡en 2017!: “Tiempo de Hablar. Tiempo de Actuar”, nº 150. Moceop. Albacete).

Se parte de un supuesto evangélico falso

Lo denunciaba hace unos días el teólogo austriaco Paul Zulehner: “Es un error subordinar la celebración de la Eucaristía al celibato de los sacerdotes” (Cameron Doody, en RD 14 noviembre 2017). Error que lleva siglos anidado, consentido y defendido por los dirigentes de la Iglesia. Y ahí sigue, sin que apenas nadie se atreva a actuar contra él. Y menos las Curias episcopales, dominadas por los restauracionistas de la cristiandad y el clericalismo más rancio. Los Sacerdotes Católicos Casados lo tienen claro. Desde hace más de cuarenta años, sus asociaciones (en España, ASCE y MOCEOP) piden el cambio. La inmensa mayoría de obispos miran para otra parte, dan un rodeo, se esconden… Así lo denunciaba el obispo argentino, Jerónimo Podestá, tras contraer matrimonio:

“El diálogo de mi parte (con la Jerarquía eclesiástica actual) no es muy fácil; de parte de ellos es un desastre, porque ellos me consideran a mí, un tipo que erró el camino. No voy a decir un apóstata, no se atreven a decir tanto, pero un tipo que metió la pata, se desvió. Pero al mismo tiempo los que

fueron más amigos míos me tienen miedo, no quieren discutir conmigo. Entonces… empezando por el cardenal Quarracino. Cuando yo he ido a la… (Curia), se esconde” (Lidia González-Luis I. García Conde: “Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA”. Instituto Histórico Ciudad de Buenos Aires. © 2000. Pág. 103-104).

También en España

J. M. Lorenzo Amelibia acudió a los obispos españoles. En su Blog de RD, escribe el 04.11.17:

“Casualmente, hace unos años escribí, como representante de la Asociación de Sacerdotes Casados de España (ASCE), a todos los obispos de la nación las siguientes líneas:

«En la diócesis de Vitoria (supongo que no será la única), se están celebrando «misas sin cura» los domingos en más de veinte parroquias rurales. No hay suficientes presbíteros. Estoy seguro de que, pidiéndolo a los sacerdotes secularizados que voluntariamente lo deseen, se solucionaría el problema. Se trata, a nuestro entender teológico, de un derecho divino por parte de los pueblos a que se les celebre la misa habiendo sacerdotes dispuestos a ello. Es una colisión del derecho divino con el eclesiástico (prohibición a los presbíteros casados de celebrar la misa). Por eso nos parece que debe ser revisada esta situación por parte de los obispos y exponerla con todo rigor a la Santa Sede»… ¡Reintegración de los secularizados que lo deseen; ordenación de hombres casados o solteros, pero con hambre de Dios y práctica de oración! Quien esto escribe ha deseado siempre la reintegración. Hoy por cuestiones de edad y salud no podría realizar este sueño; lo mismo les sucedería a otros muchos compañeros, pero la realidad y la verdad van por estos caminos…”.

Rufo González

Las Curias diocesanas y vaticana escandalizan a los Sacerdotes Casados

Los Sacerdotes Católicos Casados llevan años “escandalizados”. Asociados en niveles autonómicos, nacionales e internacionales, llevan, desde los años setenta del siglo pasado, reclamando corregir su injusta situación. Es de los grandes escándalos que la Iglesia no ha sabido reconducir. Más aún, lo ha agudizado con su comportamiento. Lo presentaron como un escándalo de los sacerdotes a los fieles. La historia hoy claramente dice que el escándalo viene de los dirigentes de la Iglesia. Las Curias, integradas por los obispos y sus colaboradores inmediatos, han sido los defensores más acérrimos de la ley y de sus aplicaciones más nefastas.

Formar una familia es un derecho humano

La mentalidad actual -sobre todo entre la gente joven y más preparada- tiene claro que los dirigentes eclesiales están escandalizando a los sacerdotes y al pueblo sencillo. No entienden cómo la Iglesia hoy no respeta los derechos humanos y quiere dominar a las personas como en la época feudal. Hoy todos reconocen que formar una familia es un derecho humano del que nadie debe ser privado. Elegir y prometer vivir soltero es libre. La conciencia actual -moral y religiosa- percibe como bueno cambiar esa promesa vital. La concepción del Padre de Jesús permite creer que Dios quiere que el ser humano se realice siendo fiel a su humanidad. Dios sería un monstruo, un sádico, si exige de forma incondicional cumplir las promesas que se le hicieron con buena voluntad y que aquí y ahora resultan lesivas y destructoras para sus fieles. Somos seres históricos, sujetos a evolución personal y cultural. Podemos decidir cambiar una opción moralmente buena por otra igualmente buena.

“No es bueno que el hombre esté solo” (Gén 2, 18)

Los amigos de la ley no usan argumentos bíblicos. Les basta el Código. Por eso muchos creyentes sitúan el escándalo en otro campo, como me hacía ver no hace mucho un compañero asturiano:

“El escándalo está en considerar incompatible el ministerio ordenado con el sacramento del matrimonio, con la constitución de una familia, con el amor de una mujer y unos hijos. Es que en el fondo quizás estemos ante un problema más grave, no simplemente disciplinar sino de fe. No consigo entender cómo los defensores a ultranza de la ley del celibato son capaces de aceptar la afirmación bíblica: “No es bueno que el hombre esté solo”. O la impresionante comparación paulina del amor matrimonial con el amor de Cristo a su Iglesia” (Pensando Email: jbenitofa@gmail.com).

Dios no avala leyes contra los derechos humanos

“Soy absolutamente contrario al celibato obligatorio de los curas, porque con él resulta inevitable que muchos se encuentren cogidos en la trampa de verse obligados a permanecer célibes sin suficiente “don” para ello. En tal caso, el pretendido celibato por el Reino de Dios se convierte en una fábrica de locos… Bastantes curas que actúan rectamente en conciencia, no se sienten ligados delante de Dios por una disciplina que vulnera derechos fundamentales del hombre. Manteniendo íntegra su fe, desde ella, optan por secularizarse de hecho (renunciando a ejercitar el ministerio) y contraen matrimonio civil. Estoy persuadido de que no hay el menor error moral en su decisión, porque Dios no avala disposiciones legales que atenten al bien del hombre, a los derechos fundamentales del mismo y al verdadero bien de la comunidad eclesial. Hacen muy bien estos hermanos en apelar a su conciencia. Con su sinceridad y libertad están ayudando a la Iglesia.

Se está produciendo, con todo esto, una situación verdaderamente anómala. Porque. según la disciplina canónica vigente, los presbíteros que, sin haber sido canónicamente dispensados del celibato, contrajesen matrimonio civil, incurrirían en pena de excomunión. Pero, por otra parte,. según el mismo Derecho Canónico, las excomuniones no pueden resultar efectivas si de hecho no hay culpa moral grave en quien realiza la acción canónicamente sancionada. De modo que los sacerdotes auto-secularizados que, con buena conciencia, contraen matrimonio civil, ni pecan ni incurren en excomunión. Y hacen muy bien las comunidades cristianas parroquiales o extraparroquiales, muy numerosas ya, que los mantienen sin discriminación alguna en su seno y participan con ellos en la comunión y en todas sus actividades eclesiales. Hacen lo que deben hacer y lo que Dios quiere” (J. M. Díez-Alegría, “Rebajas teológicas de otoño”. Desclée de Brouwer. Bilbao 1980. P. 145-146).

Ya no valen las manipulaciones antiguas

El clericalismo -presente sobre todo en los obispos y sus curias diocesanas- ha venido apremiando la conciencia hasta límites inhumanos, provocando temor angustioso con el supuesto rechazo eterno de Dios por no cumplir el voto celibatario. Se han atrevido a aplicar al celibato la misma necesidad que a la opción por el Reino y por Jesucristo. El texto “el que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios” (Lc 9,62), se utiliza para urgir el celibato, como si fuera un valor obligatorio del Reino para el ministro ordenado. Esta mentalidad clerical se ha profundizado con otros “amarres” más antievangélicos, pero muy eficaces para encerrar en un callejón sin salida a mucha gente. Los que han descubierto que la voluntad de Dios en su vida no era el celibato, y han decidido no seguir con él, han sido reducidos a un estado inferior al laicado, injuriados de traidores (¡vaya respeto a la conciencia personal!), vetados para hablar en locales de la Iglesia, enseñar el mensaje cristiano, ganarse el pan en instituciones eclesiales… (Ver un “Rescripto” de Congregación para el Clero ¡en 2017!: “Tiempo de Hablar. Tiempo de Actuar”, nº 150. Moceop. Albacete).

Se parte de un supuesto evangélico falso

Lo denunciaba hace unos días el teólogo austriaco Paul Zulehner: “Es un error subordinar la celebración de la Eucaristía al celibato de los sacerdotes” (Cameron Doody, en RD 14 noviembre 2017). Error que lleva siglos anidado, consentido y defendido por los dirigentes de la Iglesia. Y ahí sigue, sin que apenas nadie se atreva a actuar contra él. Y menos las Curias episcopales, dominadas por los restauracionistas de la cristiandad y el clericalismo más rancio. Los Sacerdotes Católicos Casados lo tienen claro. Desde hace más de cuarenta años, sus asociaciones (en España, ASCE y MOCEOP) piden el cambio. La inmensa mayoría de obispos miran para otra parte, dan un rodeo, se esconden… Así lo denunciaba el obispo argentino, Jerónimo Podestá, tras contraer matrimonio:

“El diálogo de mi parte (con la Jerarquía eclesiástica actual) no es muy fácil; de parte de ellos es un desastre, porque ellos me consideran a mí, un tipo que erró el camino. No voy a decir un apóstata, no se atreven a decir tanto, pero un tipo que metió la pata, se desvió. Pero al mismo tiempo los que

fueron más amigos míos me tienen miedo, no quieren discutir conmigo. Entonces… empezando por el cardenal Quarracino. Cuando yo he ido a la… (Curia), se esconde” (Lidia González-Luis I. García Conde: “Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA”. Instituto Histórico Ciudad de Buenos Aires. © 2000. Pág. 103-104).

También en España

J. M. Lorenzo Amelibia acudió a los obispos españoles. En su Blog de RD, escribe el 04.11.17:

“Casualmente, hace unos años escribí, como representante de la Asociación de Sacerdotes Casados de España (ASCE), a todos los obispos de la nación las siguientes líneas:

«En la diócesis de Vitoria (supongo que no será la única), se están celebrando «misas sin cura» los domingos en más de veinte parroquias rurales. No hay suficientes presbíteros. Estoy seguro de que, pidiéndolo a los sacerdotes secularizados que voluntariamente lo deseen, se solucionaría el problema. Se trata, a nuestro entender teológico, de un derecho divino por parte de los pueblos a que se les celebre la misa habiendo sacerdotes dispuestos a ello. Es una colisión del derecho divino con el eclesiástico (prohibición a los presbíteros casados de celebrar la misa). Por eso nos parece que debe ser revisada esta situación por parte de los obispos y exponerla con todo rigor a la Santa Sede»… ¡Reintegración de los secularizados que lo deseen; ordenación de hombres casados o solteros, pero con hambre de Dios y práctica de oración! Quien esto escribe ha deseado siempre la reintegración. Hoy por cuestiones de edad y salud no podría realizar este sueño; lo mismo les sucedería a otros muchos compañeros, pero la realidad y la verdad van por estos caminos…”.

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