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“La controversia sobre el celibato” después del Vaticano II (15) -- Rufo González

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La autoridad de la Iglesia suplanta y corrige a Jesús
(Comentarios a “Sacerdotalis Caelibatus”, de Pablo VI)
ASPECTOS PASTORALES (Sacerd. Caelib. 60-97)
La segunda parte de “Sacerdotalis Caelibatus” está dedicada al tratamiento pastoral del celibato en la “formación sacerdotal” (60-72), en la “vida sacerdotal” (73-82), en las “dolorosas deserciones” (83-90), en la “solicitud del obispo” (91-95), en la esperada “ayuda de los fieles” (n. 96-97).

Formación “celibataria” más que “sacerdotal”: ¿“hombre de Dios”, hombre célibe?

Es la impresión que se tiene tras leer los trece apartados (n. 60-72) sobre la pastoral del celibato en “la formación sacerdotal”. Lo sacerdotal queda relegado por las supuestas “belleza, importancia e íntima conveniencia de la sagrada virginidad para los ministros de Cristo y de la Iglesia”. “La reflexión” sobre estas cualidades, “impone también al que en ésta (Iglesia) es maestro y pastor el deber de asegurar y promover su positiva observancia, a partir del momento en que comienza la preparación para recibir un don tan precioso” (¿el celibato? ¿el ministerio?; cf. n. 60).

La encíclica supone que los “problemas” del celibato “derivan no raras veces de una formación… no del todo adecuada para formar una personalidad digna de un hombre de Dios (1Tim 6, 11)” (n. 60). Merece la pena leer esta cita de 1ª Timoteo: “raíz de todos los males es el amor al dinero… Tú, hombre de Dios, huye de todo eso” (1Tim 6, 10-11). Curiosamente no se dice nada de su contenido. La formación sacerdotal cuida mucho más del celibato (opción libre desde el Evangelio) que de la pobreza evangélica, necesaria para el seguimiento que nos hace realmente “un hombre de Dios”.

La autoridad de la Iglesia suplanta y corrige a Jesús

“El sacerdocio es un ministerio instituido por Cristo para servicio de su cuerpo místico que es la Iglesia, a cuya autoridad, por consiguiente, toca admitir en él a los que ella juzga aptos, es decir, a aquéllos a los que Dios ha concedido, juntamente con las otras señales de la vocación eclesiástica, también el carisma del sagrado celibato (cf. n. 15)” (Sacerd. Caelib. n. 62).

Contradicción con el proceder de Jesús y de la Iglesia en sus tres primeros siglos:

“El Nuevo Testamento, en el que se conserva la doctrina de Cristo y de los apóstoles, no exige el celibato de los sagrados ministros, sino que más bien lo propone como obediencia libre a una especial vocación o a un especial carisma (cf. Mt 19, 11-12). Jesús mismo no puso esta condición previa en la elección de los Doce, como tampoco los Apóstoles para los que ponían al frente de las primeras comunidades cristianas (cf. 1Tim 3, 2-5;Tit 1, 5-6)” (Sacerd.Cael. n. 5).

Es curioso que la autoridad eclesial que en otros temas (materia y forma de sacramentos, divorcio…) dice no tener autoridad para contradecir la conducta de Jesús, en este tema sea tan liberal y se aparte del proceder de Jesús e imponga una ley creada por ella, en una parte de la Iglesia y surgida en un contexto de ignorancia sobre la sexualidad. Con cabezonería sigue sosteniendo en la Iglesia latina que sólo son “aptos para el ministerio aquéllos a los que Dios ha concedido, juntamente con las otras señales de la vocación eclesiástica, también el carisma del sagrado celibato”. “Otras señales de vocación eclesiástica”, aunque son “concesiones de Dios”, son invalidadas por la autoridad eclesial, que manda más que Dios. ¿Cómo se le ocurre “a Dios conceder señales de vocación eclesiástica” sin el “carisma del sagrado celibato”? No se acepta la “concesión divina” por no venir acompañada del celibato. “Hay que obedecer a los hombres antes que a Dios” en asuntos de sexo, aunque diga la Biblia lo contrario (He 5,29). Este golpe de autoridad tiene obligaciones: “Por tanto, en el candidato al sacerdocio se debe cultivar el sentido de la receptividad del don divino y de la disponibilidad ante Dios, dando esencial importancia a los medios sobrenaturales” (n. 62). ¿Para el “otro don divino” (“otras señales de vocación eclesiástica”) no “se debe cultivar el sentido de la receptividad”?

La biología orientada hacia el ideal del sacerdocio (el celibato)

Se exige memoria (“anámnesis”) seria, médica o psicológica, para probar la idoneidad del sujeto, condiderando incluso los factores hereditarios. “Una vida tan total y delicadamente comprometida interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye, de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psicofísico y moral, y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza” (n. 64). El “equilibrio psicofísico y moral” es exigible a toda persona, máxime si va a presidir una comunidad. También el sacerdote casado debe llevar “una vida total y delicadamente comprometida interna y externamente” con su ministerio. Esta ley, tiránica e inflexible, impide el ejercicio ministerial al casado, aunque tenga “equilibrio psicofísico y moral”.

Pastoral válida para sacerdotes casados y solteros, reservada a solteros

a) Progresivo desarrollo de la personalidad “con la educación física, intelectual y moral ordenada al control y al dominio personal de los instintos, de los sentimientos y de las pasiones” (n. 65).

b)“Disciplina personal y comunitaria, cual es la que requiere la vida sacerdotal… interiorizada, integrada en el conjunto de la vida espiritual como un componente indispensable” (n. 66).

c) Sinceridad (cf. Mt 5, 37), espontaneidad, iniciativa personal, conocerse y valorarse, asumir las propias responsabilidades, dominio de sí…” (n 67).

d) El ejercicio de la autoridad, “inspirado en una sabia moderación, en sentimientos pastorales, en coloquio y gradual entrenamiento… positivo y persuasivo” (n. 68).

e) “Una elección consciente…, serena, convencida y libre de los graves compromisos que habrá de asumir en su propia conciencia ante Dios y la Iglesia” (n. 69).

Esta pastoral está dirigida más al celibato que al ministerio. Por ello pide que “a los jóvenes no se les ha de esconder ninguna de las verdaderas dificultades… a fin de que su entusiasmo no sea superficial y fatuo; pero a una con las dificultades será justo poner de relieve… lo sublime de la elección, la cual, si por una parte provoca en la persona humana un cierto vacío físico y psíquico, por otra aporta una plenitud interior capaz de sublimarla desde lo más hondo (final del n. 69). Este “vacío físico y psíquico”, que dice procura el celibato, no debería ser fruto de su elección. Si tiene dicho carisma, no hay vacío que valga. El don de la soltería llena y realiza a aquel que vive feliz y libremente soltero. El “vacío” es más bien signo de que no se tiene carisma celibatario, y se intenta suplir con imposición, con violencia interior, con desrealización, sublimaciones falsas.

Una ascesis para la maduración personal aplicable a casados y solteros

La ascética de los aspirantes al sacerdocio se define como “meditado y asiduo ejercicio de aquellas virtudes que hacen de un hombre un sacerdote”. Estas serían las virtudes a cultivar:

“- abnegación de sí mismo en el más alto grado — condición esencial para entregarse al seguimiento de Cristo (Mt 16, 24; Jn 12, 25)—;

– humildad y obediencia como expresión de verdad interior y de ordenada libertad;

– prudencia y justicia, fortaleza y templanza, virtudes sin las que no existe una vida religiosa verdadera y profunda;

– sentido de responsabilidad, de fidelidad y de lealtad en asumir los propios compromisos;

– armonía entre contemplación y acción;

– desprendimiento y espíritu de pobreza, que dan tono y vigor a la libertad evangélica;

– castidad como perseverante conquista, armonizada con todas las otras virtudes naturales y sobrenaturales;

– contacto sereno y seguro con el mundo, a cuyo servicio el candidato se consagrará por Cristo y por su reino.

De esta manera, el aspirante al sacerdocio conseguirá, con el auxilio de la gracia divina, una personalidad equilibrada, fuerte y madura, síntesis de elementos naturales y adquiridos, armonía de todas sus facultades a la luz de la fe y de la íntima unión con Cristo, que lo ha escogido para sí para el ministerio de la salvación del mundo” (Sacerd. Caelib. n. 70).

Se habla de “castidad”, virtud humana, común a casados y solteros. Todos somos invitados a ser “castos”, dominando racionalmente la pulsión sexual conforme a nuestra situación. Pero el texto restringe el significado de “castidad” a celibato perpetuo. Abuso de lenguaje.

Experimentación celibataria para “la idoneidad de un joven al sacerdocio” (¿?)

Fiel a la ley, el celibato se convierte en la prueba principal de “idoneidad al sacerdocio”, lo que no deja de ser un error y un abuso pastoral:

“Sin embargo, para juzgar con mayor certeza de la idoneidad de un joven al sacerdocio y para tener sucesivas pruebas de que ha alcanzado su madurez humana y sobrenatural, teniendo presente que es más difícil comportarse bien en la cura de las almas a causa de los peligros externos (Santo Tomás de Aquino, S. Th 2-2, q. 184, a. 8, c.), será oportuno que el compromiso del sagrado celibato se observe durante períodos determinados de experimento, antes de convertirse en estable y definitivo con el presbiterado (Decr. Optatam totius, n. 12)” (Sacerd.Caelib. n.71).

Manipulación y lavado de cerebro: “La elección del celibato como donación” obligatoria

“Una vez obtenida la certeza moral de que la madurez del candidato ofrece suficientes garantías, estará él en situación de poder asumir la grave y suave obligación de la castidad sacerdotal, como donación total de sí al Señor y a su Iglesia. De esta manera, la obligación del celibato que la Iglesia vincula objetivamente a la sagrada ordenación, la hace propia personalmente el mismo sujeto, bajo el influjo de la gracia divina y con plena conciencia y libertad, y como es obvio, no sin el consejo prudente y sabio de experimentados maestros del espíritu, aplicados no ya a imponer, sino a hacer más consciente la grande y libre opción; y en aquel solemne momento, que decidirá para siempre de toda su vida, el candidato sentirá no el peso de una imposición desde fuera, sino la íntima alegría de una elección hecha por amor de Cristo” (Sacerd. Caelib. n. 72).

Este invento de los dirigentes de la Iglesia no concuerda con la práctica de Jesús, los Apóstoles y las iglesias de los tres primeros siglos. Hoy sabemos que su origen fue fruto de la ignorancia sobre la sexualidad. Surge en el siglo IV en forma de “abstinencia de uso del matrimonio” (contra la razón y la revelación -1Cor 7,3-4-), y en el s. XI en forma de celibato o soltería. Esta imposición se ha ido revistiendo de libertad y bondad: quiere convertir la “obligación” en “donación”, en autoimposición libre. La voluntad “decidirá para siempre de toda su vida”, sin poder desdecirse, aunque sea bueno y conveniente después. Pretenden hacer la ley fruto del Espíritu Santo que guía la Iglesia. La creen por ello irrevocable. La aceptas o emigras del seminario, y tu vocación sacerdotal es “fatua”. No te “llamarán” en nombre de Dios en la Iglesia latina. Aceptada, no respetarán a la persona, histórica, en continua evolución, y la obligarán a mantener esta decisión. No importa que sea un tema en sí no necesario ni exigible para vivir en Cristo o servir a la Iglesia. Visten de “signo de generosidad” la ley, única forma de “hacer más creíble la entrega pastoral”, “imitar a Cristo”, “signo de la vida futura”, etc. Hoy es signo de sospecha. Tras los abusos de menores, homosexualidad, deserciones, amancebamientos ocultos o tolerados.., el celibato obligado hace poco creíble al sacerdote.

El Pueblo de Dios aprueba el celibato opcional para el ministerio

Dos constataciones recientes:

Colectivos cristianos brasileños en “Carta al Papa Francisco” en el viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay (10-07-2015): “La aceptación de la ordenación de “viri probati” no encuentra resistencia entre el pueblo. Por el contrario, aprobación. Sin embargo, un cierto grupo del clero, muy acomodado con sus privilegios pecuniarios y sin disposición a avanzar en este asunto, se vuelve en gran obstáculo. Notamos cierta acomodación, pereza pastoral y opción consciente por el “siempre se ha hecho así” (EG, 33)”.

Encuesta elaborada por el Censis (el CIS italiano), titulada “Roma hacia el Jubileo”, publicada en julio de 2015: “más de la mitad de los italianos piden directamente la abolición del celibato obligatorio para los sacerdotes”. ¿No podrían las diócesis hacer un sondeo sobre este tema, controlado por una empresa independiente?

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