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La confesión de François Houtart -- Redacción de Atrio

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Atrio

03-Enero-2011
Sobre los hechos relacionados con abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes, ATRIO ha informado siempre con objetividad y ha condenado siempre sin paliativos estos hechos, vinieran de donde vinieran, aunque resaltando siempre que, junto a la responsabilidad personal, existía una responsabilidad institucional en la configuración del sacerdocio y en la manera de ocultar este tipo de hechos. Dimos especial relieve al caso de Bélgica y al Informe Adriaenssens.

Sobre el caso del belga François Houtart habíamos anunciado que buscaríamos la información más objetiva para ofrecerla los lectores. Hemos traducido para ATRIO este dossier de Le Soir del 31 de Diciembre de 2010. Como ATRIO no opinamos. Cada cual puede formarse su opinión y manifestarla aquí

ABUSOS SEXUALES: LA CONFESIÓN DEL CANÓNIGO
Por Colette BRAECKMAN y Ricardo GUTIERREZ.

Del escándalo de abusos sexuales no se libra ningún estamento de la Iglesia. Después del obispo de Brujas, Roger Vangheluwe, el 24 de abril, un sacerdote “rebelde”, François Houtart, confiesa haber abusado de un menor, hace cuarenta años. El “papa de la alterglobalización” es ese canónigo anónimo al que se refiere uno de los 475 testimonios de abusos sexuales recogidos por la comisión Adriaenssens, entre el 19 de abril y el 14 de junio pasados (Cf. el “Texto” más abajo). François Houtart lo ha confirmado a Le Soir el martes -28 de Diciembre- desde Quito, Ecuador.

François Houtart es el mayor de una familia de 14 hijos, nieto del conde Henry Carton de Wart, uno de los pioneros del Partido católico y primer ministro de 1920 a 1921.

A los 85 años, después de muchos años de compromiso con los oprimidos, este hombre encarna la conciencia del Tercer mundo y la conciencia solidaria de la Iglesia católica. Formado en los principios de la juventud obrera cristiana (JOC), sociólogo marxista, se comprometió desde mediados de los setenta en favor de los pueblos del Sur, mediante la fundación de una ONG, el Centro Tricontinental (Cetri), en Lovaina la Nueva.

Tras ser denunciado por el testimonio indirecto de una prima ante la comisión Adriaenssens, el “canónigo rojo” nos ha confesado, desde Quito, haber abusado de un menor –uno sólo, afirma–, miembro de su familia, hace cuarenta años. La denunciante habla de “violación”. François Houtart reconoce tocamientos. De todas formas, los hechos han prescrito, penal y civilmente. Lo que está en entredicho es la autoridad moral del sacerdote, propuesto al premio Nobel de la paz 2011 por sus seguidores.

Este hombre continúa muy activo en la lucha por los más débiles, lo que posiblemente guarde relación con el abuso cometido…, como una forma de reparación social indirecta. El canónigo está en todos los frentes: como delegado en Ecuador, desde el 25 de diciembre, o debatiendo sobre el futuro del cristianismo con el presidente del Consejo europeo, Herman Van Rompuy, el 24 de noviembre último, en las Facultades universitarias de Namur.

Hace casi un año, en el marco de una encuesta de Le Soir sobre los católicos, François Houtart figuraba en duodécimo lugar en nuestra clasificación de los católicos más influyentes del Reino, justo delante del copresidente de Ecolo, Jean-Michel Javaux, décimotercero.

Para los suyos, es difícil imaginar que una persona de su talla pueda estar salpicada por el escándalo de los sacerdotes pedófilos… Las primeras sospechas arrancan de la publicación del informe Adriaenssens, el 10 de noviembre pasado. Un testimonio indirecto menciona ahí el abuso sexual cometido por un canónigo de Lovaina, en 1970. Una prima de François Houtart rompió el silencio. Otra prima, hermana de la primera, exigirá la retirada de la campaña lanzada el 12 de octubre a favor de la candidatura del canónigo al Nobel de la paz…

Es una iniciativa que proviene del ámbito del Foro Social Mundial, según nos dijo entonces François Houtart: “Me pilló de improviso. Acepté, en nombre de las ideas de la antiglobalización, luchar por respuestas alternativas a las crisis”.

Pero desde mediados de noviembre, el Comité de apoyo interrumpió la recogida de firmas. Oficialmente, “François Houtart solicitó al Comité no continuar la campaña: su edad y sus proyectos (…) no le permitirían asumir plenamente el papel exigido en estas circunstancias”.

En Cetri, que fundó en 1976 y dirigió de 1990 a 2004, “la confirmación de una parte de los hechos esgrimidos en su contra, ha llevado a sus responsables a no transigir, dados los valores de emancipación y de justicia defendidos por la asociación”. A François Houtart, que era todavía administrador de la ASBL, se le pidió dimitir, cosa que hizo inmediatamente con fecha de 1 de noviembre.

LA CONFESIÓN DE FRANÇOIS HOUTART: “Un acto desconsiderado e irresponsable”

En la respuesta que nos envía desde Quito, Ecuador, François Houtart comienza explicando las razones de la reciente retirada de la campaña en favor de su candidatura al premio Nobel de la paz 2011…

Confirma que una de sus primas ha exigido la interrupción de la campaña, “lo que el Comité no podía aceptar sin una decisión por mi parte”, señala.

“El mensaje que recibí en América latina (donde he ido siete veces este año) fue sin duda el desencadenante de la decisión de parar la campaña, pero no resta importancia a las razones emitidas. Lo único que me había llevado a aceptar esa candidatura fue la insistencia del movimiento alterglobalización, con el fin de resaltar la idea del cambio posible. Nunca imaginé la posibilidad de un resultado positivo. A medida que se iba desarrollando la campaña iba tomando conciencia de lo que conllevaba asumir semejante contexto cuando yo en realidad estaría rondando los 87 años a principios de 2012.

Desde el verano recibía en promedio una solicitud de entrevista diaria, sobre todo en mis viajes por América latina, Asia y Africa. Personalizar la campaña me parecía ocultar el verdadero esfuerzo colectivo en juego. Desde el final del verano lo había comentado con dos importantes miembros del Comité, preguntándome si no era mejor presentar a un organismo, por ejemplo el Foro Social Mundial.”

“El mensaje de mi prima era un recuerdo que solo yo podía comprender. Hace unos 40 años, al volver de una conferencia en el sur del país, sus padres, hoy fallecidos, me invitaron a alojarme en su casa, en la región de Lieja. Al pasar por la habitación de uno de los chicos de la familia, ciertamente le toqué sus genitales en dos ocasiones, lo que le despertó y asustó. Fue un acto evidentemente desconsiderado e irresponsable.”

“Los siguientes días tuve algún contacto con mis primos, sus padres, en Lovaina y Lieja. Por una parte, yo estaba preocupado por las consecuencias en su hijo. Me dijeron que le habían llevado a un psicólogo. Por otro lado, este acontecimiento me había conmocionado personalmente, pues era consciente de la contradicción que significaba con mi fe cristiana y mi función de sacerdote, con las que yo estaba profundamente vinculado. Les dije que estaba dispuesto a renunciar al ejercicio del sacerdocio y a asumir todas las consecuencias. Por consiguiente, nunca he pensado, ni afirmado, que eso fuera una situación normal ni común.”

“Me propusieron que consultara a un profesor del seminario de Lieja, sacerdote y psicólogo. Este me aconsejó seguir en el sacerdocio y concentrarme en las tareas universitarias en sociología de las religiones. Tenía que elegir entre el trabajo puramente académico en ese ámbito o una tarea relacionada con el compromiso social. Por la gravedad de los problemas existentes sobre todo en el tercer mundo y que conocía, elegí la segunda opción. Me he afanado en ella con todas mis fuerzas a lo largo de estos cuarenta años, y creo poder decirlo, sin búsqueda de protagonismo personal, sino sobre la base de una convicción profunda, a la vez social y religiosa.”

“Siempre he valorado enormemente la actitud de perdón de mis primos, lo que me permitió mantener este compromiso. En una reciente conversación con una de sus hijas, la que se había puesto en contacto, me recordó que para sus padres y su familia, el perdón no significaba ausencia de sufrimiento, lo cual reconocí y le pedí que su generación aceptara también mi petición de perdón.”

“Por eso, este recuerdo, sumado a las razones señaladas, me llevó a tomar la decisión de detener la campaña, lo que el Comité llevó a cabo días más tarde, en espera de mi vuelta de América latina.”

TEXTO íntegro de la denuncia presentada a la comisión Adriaenssens por una de las primas de François Houtart.

Este testimonio se encuentra en las páginas 17 y 18 del informe de la comisión, hecho público el 10 de septiembre de 2010.

Quisiera exponer el testimonio de dos hechos de abusos.
Uno perpetrado sobre mi hermano por el canónigo A sobre quien he podido leer hace algunos meses un artículo lleno una vez más de grandes elogios,

Pero este hombre cometió hace 40 años un delito de violación sobre la persona de mi hermano.

Mi padre, que falleció este mismo año, tenía la misma edad que A y era su amigo.

Lo veneraba como un gran hombre, hasta esa noche en que, habiendo sido hospedado por mis padres, se introdujo por dos veces en la habitación de mi hermano para violarlo.

Antes de la tercera vez, mi hermano fue a decirlo a sus padres quienes lo protegieron en su habitación.

Pero el día siguiente por la mañana, recibieron a A para almorzar, como si nada hubiera pasada para que éste pudiera dar su conferencia en Lieja.

A mi hermano le habían alojado en casa de un vecino.

Y algunos días más tarde mi padre fue a Lovaina para hablar con él y pedirle que se disculpase.

¡Pero A no hizo eso sino algo peor: le dijo a mi padre que era una cosa de lo más normal!!!

Mi padre, después de esto, borró a A definitivamente de la lista de de sus amigos.

¡Y nadie nunca tuvo conciencia del sufrimiento de mi hermano como niño abusado!

No es difícil imaginar que A ha cometerido otras violaciones sobre otros niños. Crímenes no fueron nunca reconocidos y que permanecieron siempre ocultos.

Querría añadir que yo, a la misma edad (8 años), fui también violada (con eyaculación) al salir de una misa, crimen que no fue perpetrado por un eclesiástico sino por un feligrés de nombre B.
Eso sucedió en la calle, ante mi hermano gemelo, el mismo que fue abusado por A.

En aquella ocasión también yo pude hablar con mis padres que propusieron expulsar de la parroquia, con toda razón, a B.

Yo continúo desde entonces con terapia para intentar aceptar este gran sufrimiento que desde entonces permanece como una marca indeleble en nuestros cuerpos.

Hay que ser conscientes de que recuperar confianza en sí y en el otro después de “eso” es algo muy muy difícil.

[Traducción de Maite Lesmes y Radacción de ATRIO]

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