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La confesión al oído católica: un sofisticado invento de los sacerdotes -- Franz Wieser (Perú)

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Das weise

El niño ingresado forzosamente a la institución iglesia, mediante el bautismo, permanece por el momento libre de nuevas prácticas eclesiales. A más tardar, como colegial a los nueve años, el pequeño católico con una mente infantil, es confrontado, a extrañas prácticas de la iglesia y a veces con resultados desastrosos: la confesión al oído. Como preparación para la “primera santa comunión” debe confesarse por primera vez.

Niños educados en la iglesia luterana, recién entran en contacto con la confesión, como juveniles antes de la confirmación, y tampoco deben hacerlo solos con el pastor, si no en grupo. Extraño para los niños, es que deben seleccionar primeramente de un “manual confesional” (Beichtspiegel) [espejo de confesiones], sus “pecados”, para luego recibir el “perdón” de una persona, que no tenía la más mínima relación con los “hechos”.

Aquí comienza, para muchos niños graves distorsiones de conciencia: Para no desilusionar a los sacerdotes, para hacer esto lo mejor posible, muchos niños católicos a veces “inventan pecados” – El Beichtspiegel da muchas sugerencias – que luego recitan lo más compungidos como pueden. A continuación rezan alivianados varios Padre Nuestros, que les es da dado como “penitencia”.

¿Pero que aprendieron? Que se puede hacer (casi) de todo – lo importante es que un sacerdote lo sepa. Si se reconcilió con el prójimo o si se ha reparado el daño, es secundario. Y: No es necesario cambiar, se puede pecar de nuevo – para esto en todo caso existe la confesión. El filósofo Friedrich Nietzsche se burla sobre esta tal llamado sacramento: Man lispelt mit dem Mündchen, man knickst und geht hinaus – und mit dem neuen Sündchen löscht man das alte aus. (Se susurra con la boquita se inca y se sale – y con el nuevo pecado, el antiguo es borrado).

¿Qué enseñó Jesús de Nazaret?

Un elemento muy importante en la vida del hombre, es la diferenciación entre el bien y el mal y la exploración y la formación de la conciencia. Y es enturbiada desde la niñez. En el Padre Nuestro, que con tanta frecuencia es impuesto como un “rezo de penitencia”, todavía resuena, lo que es la enseñanza cristiana original. “Y perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Dios es entonces el que perdona nuestras culpas, cuando los dos que se hicieron culpables entre ellos se hayan perdonado. Para esto no es necesario un sacerdote. Cristo aclara esto en su obra de revelaciones Esta es mi palabra, su enseñanza en justamente este sentido. “Perdonad y recibiréis perdón. Si vosotros pidáis perdón y vuestro prójimo os perdona, así también le habrá perdonado vuestro Padre en el cielo” (Esta la mia palabra, pág. 330) (http://www.das-wort.com/cgi/gen_article.cgi?article=s007es&type=desc).

¿Cómo se llegó a la falsificación?

Tan simple y claro es el mandato de Jesús. Pero entonces los sacerdotes aquí se quedarían cesantes. No estarían informados sobre todo los pensamientos y actos de sus “ovejas” y así no podrían seguir ejerciendo el poder.

¿Si la confesión de oído no proviene de Jesús – de donde salió?

Sus raíces se encuentran en el paganismo. “En algunos cultos de misterio se reconocía al sacerdote, las culpas, como representante de la divinidad, para liberarse así de las consecuencias”, escribe Karlheinz Deschner en su obra Der gefälschte Glaube [La fe falsificada] (pág. 114). En estas ceremonias también se diferencian entre “pecados veniales” y “pecados mortales” – tal como posteriormente la iglesia de Roma. Empero los primeros cristianos no conocían un ritual así. Recién en el siglo 2 fue practicado esto. La confesión de oído recién fue ordenada partir del año 1251.

Durante siglos la confesión fue un instrumento muy eficaz para el investigación y dominación de las personas, con lo cual la iglesia se hizo merecedora de ser calificada de disponer del mejor servicio secreto del mundo. – Hasta el siglo 20 en muchas zonas de Alemania la observancia de la “confesión obligatoria” fue supervisada por curas párrocos, en forma personal, mediante la comprobación del “Beichzettel” que se debía retirar una vez al año [“Beichtzettel ; Beicht- = confesión; Zettel = papelito, papeleta (explicación del traductor AAGB)].

La confesión hasta ahora, es un instrumento de la presión de moralidad aparente. Aquél que muere en estado de “pecado mortal” sin confesión, según la enseñanza católica, va a la “eterna condenación”. El que calla un pecado mortal durante la confesión, esta confesión es inválido. Un perfecto negocio con el miedo.

Como justificación de la confesión de oído, la iglesia se sirve de una parte del nuevo testamento donde Juan:

“A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20, 23). Algunos lo consideran una falsificación. Pero presumiendo su veracidad, aquí no se habla de sacerdotes ni de una iglesia. Estas palabras cado un las puede referirse a si mimo, y, por ejemplo, entenderlo así: Si yo “dirimo”, los pecados, al prójimo que pecó en contra mía, es decir perdono, entonces éstos son zanjados. Si no, la culpa queda pegada a él.

Con esto estamos nuevamente con la enseñanza original de Jesús, según lo cual el, perdón de los pecados, es un proceso entre las personas afectadas. La oreja fisgona de un sacerdote para esto no es necesario, pero sí el corazón deseoso de la reconciliación.

El niño ingresado forzosamente a la institución iglesia, mediante el bautismo, permanece por el momento libre de nuevas prácticas eclesiales. A más tardar, como colegial a los nueve años, el pequeño católico con una mente infantil, es confrontado, a extrañas prácticas de la iglesia y a veces con resultados desastrosos: la confesión al oído. Como preparación para la “primera santa comunión” debe confesarse por primera vez.

Niños educados en la iglesia luterana, recién entran en contacto con la confesión, como juveniles antes de la confirmación, y tampoco deben hacerlo solos con el pastor, si no en grupo. Extraño para los niños, es que deben seleccionar primeramente de un “manual confesional” (Beichtspiegel) [espejo de confesiones], sus “pecados”, para luego recibir el “perdón” de una persona, que no tenía la más mínima relación con los “hechos”.

Aquí comienza, para muchos niños graves distorsiones de conciencia: Para no desilusionar a los sacerdotes, para hacer esto lo mejor posible, muchos niños católicos a veces “inventan pecados” – El Beichtspiegel da muchas sugerencias – que luego recitan lo más compungidos como pueden. A continuación rezan alivianados varios Padre Nuestros, que les es da dado como “penitencia”.

¿Pero que aprendieron? Que se puede hacer (casi) de todo – lo importante es que un sacerdote lo sepa. Si se reconcilió con el prójimo o si se ha reparado el daño, es secundario. Y: No es necesario cambiar, se puede pecar de nuevo – para esto en todo caso existe la confesión. El filósofo Friedrich Nietzsche se burla sobre esta tal llamado sacramento: Man lispelt mit dem Mündchen, man knickst und geht hinaus – und mit dem neuen Sündchen löscht man das alte aus. (Se susurra con la boquita se inca y se sale – y con el nuevo pecado, el antiguo es borrado).

¿Qué enseñó Jesús de Nazaret?

Un elemento muy importante en la vida del hombre, es la diferenciación entre el bien y el mal y la exploración y la formación de la conciencia. Y es enturbiada desde la niñez. En el Padre Nuestro, que con tanta frecuencia es impuesto como un “rezo de penitencia”, todavía resuena, lo que es la enseñanza cristiana original. “Y perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Dios es entonces el que perdona nuestras culpas, cuando los dos que se hicieron culpables entre ellos se hayan perdonado. Para esto no es necesario un sacerdote. Cristo aclara esto en su obra de revelaciones Esta es mi palabra, su enseñanza en justamente este sentido. “Perdonad y recibiréis perdón. Si vosotros pidáis perdón y vuestro prójimo os perdona, así también le habrá perdonado vuestro Padre en el cielo” (Esta la mia palabra, pág. 330) (http://www.das-wort.com/cgi/gen_article.cgi?article=s007es&type=desc).

¿Cómo se llegó a la falsificación?

Tan simple y claro es el mandato de Jesús. Pero entonces los sacerdotes aquí se quedarían cesantes. No estarían informados sobre todo los pensamientos y actos de sus “ovejas” y así no podrían seguir ejerciendo el poder.

¿Si la confesión de oído no proviene de Jesús – de donde salió?

Sus raíces se encuentran en el paganismo. “En algunos cultos de misterio se reconocía al sacerdote, las culpas, como representante de la divinidad, para liberarse así de las consecuencias”, escribe Karlheinz Deschner en su obra Der gefälschte Glaube [La fe falsificada] (pág. 114). En estas ceremonias también se diferencian entre “pecados veniales” y “pecados mortales” – tal como posteriormente la iglesia de Roma. Empero los primeros cristianos no conocían un ritual así. Recién en el siglo 2 fue practicado esto. La confesión de oído recién fue ordenada partir del año 1251.

Durante siglos la confesión fue un instrumento muy eficaz para el investigación y dominación de las personas, con lo cual la iglesia se hizo merecedora de ser calificada de disponer del mejor servicio secreto del mundo. – Hasta el siglo 20 en muchas zonas de Alemania la observancia de la “confesión obligatoria” fue supervisada por curas párrocos, en forma personal, mediante la comprobación del “Beichzettel” que se debía retirar una vez al año [“Beichtzettel ; Beicht- = confesión; Zettel = papelito, papeleta (explicación del traductor AAGB)].

La confesión hasta ahora, es un instrumento de la presión de moralidad aparente. Aquél que muere en estado de “pecado mortal” sin confesión, según la enseñanza católica, va a la “eterna condenación”. El que calla un pecado mortal durante la confesión, esta confesión es inválido. Un perfecto negocio con el miedo.

Como justificación de la confesión de oído, la iglesia se sirve de una parte del nuevo testamento donde Juan:

“A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20, 23). Algunos lo consideran una falsificación. Pero presumiendo su veracidad, aquí no se habla de sacerdotes ni de una iglesia. Estas palabras cado un las puede referirse a si mimo, y, por ejemplo, entenderlo así: Si yo “dirimo”, los pecados, al prójimo que pecó en contra mía, es decir perdono, entonces éstos son zanjados. Si no, la culpa queda pegada a él.

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