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LA BODA PROHIBIDA DEL CURA

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Religión Digital

La boda en Argentina del misionero ourensano, Gumersindo Fernández Meiriño, sin haber obtenido la dispensa papal no ha dejado indiferente al obispo de Ourense, quien asegura que se siente ‘profundamente entristecido por esta decisión’.

‘Lamento el escándalo que puede producir entre los fieles’, añadió. El sacerdote, natural de Oseira (Cea) se casó sin haber solicitado previamente la dispensa papal.
La controversia suscitada en Argentina por la boda del misionero ourensano Gumersindo Meiriño con una sanadora llamada María Benetti no ha tardado en llegar también a Ourense.

El obispo monseñor Quinteiro Fiuza ha mostrado, en declaraciones a este diario, su contrariedad. ‘Me siento profundamente entristecido por la decisión tomada por el sacerdote, desoyendo las firmes y claras recomendaciones tanto de su obispo como de la Autoridad eclesiástica de la Diócesis de Santo Tomé, donde venía desempeñando sus funciones con plena dedicación en los últimos años’, asegura Luis Quinteiro.

El responsable de la Diócesis de Ourense, a la que pertenece Gumersindo Meiriño, lamenta ‘la dejación de las responsabilidades asumidas libremente en el momento de su ordenación, así como el escándalo y confusión que su conducta puede generar entre los fieles’. Deja claro que ‘el código de derecho canónico tipifica claramente las penas eclesiásticas en las que incurrió y puede incurrir, y de las que ha sido advertido, con debida antelación, en la Diócesis de Santo Tomé y también por este Obispado’.

Quinteiro Fiuza pide a pesar de ello a los fieles de la diócesis, ‘que eleven al señor, Buen Pastor, oraciones por el deseado retorno de nuestro hermano al ejercicio del sacerdocio en plena comunión con la Iglesia’.

“No tuve elección, si me casaba con María dejaba los hábitos”, las palabras pertenecen a Gumersindo Meiriño, el ex sacerdote español que escandalizó a la diócesis de Santo Tomé, Corrientes, cuando contrajo nupcias en diciembre pasado. El ex sacerdote consideró injusto el destrato de miembros de la diócesis. Por la zona circuló una carta en la que se calificaba de “pecado mortal” asistir al casamiento.

La polémica dividió las aguas en todo el departamento y volvió a abrir la discusión sobre el celibato en la institución eclesiástica. “Queremos continuar nuestro camino de evangelización, pero ahora estamos parados en otro lugar”, indicó Gumercindo e hizo referencia al trabajo pastoral donde conoció a su actual esposa.

“Ella estaba misionando en esta zona, y compartimos tareas en seminarios, charlas, entrevistas, en el programa de radio, y en la elaboración de un libro” precisó. La polémica se desató y el sacerdote dejó los hábitos, pero no completó las formalidades de la renuncia, con lo cual la relación fue duramente condenada por algunos miembros de la arquidiócesis.

La historia de Gumercindo y de María tomó estado público cuando el semanario virasoreño El Lector reveló lo que era un secreto a voces en todo Santo Tomé. La relación que terminaría en matrimonio civil y la ruptura entre el ex cura y la diósesis santotomeña.

Las aguas se dividieron profundamente en la ciudad fronteriza. El escándalo se terminó de desatar cuando se publicaron las fotos de la feliz y flamante pareja.

Después de la incisiva crítica de la comunidad santotomeña, Gumercindo señaló en diálogo con “Epoca” que lo desconcertó la rígida postura de los integrantes de esa comunidad. “Me dolió que pusieran en duda mi entrega”.

La aflicción del ex sacerdote, que tuvo que tomar la complicada decisión de abandonar su vocación, se incrementó al conocerse una serie de cartas enviadas por integrantes de la diócesis en las que calificaban a Gumercindo de “desertor que ha hecho traición a la Iglesia y a sí mismo”.

El enojo con el que se dirigieron miembros de la diócesis hacia su ex colega es ciertamente alarmante.

Una serie de cartas revelaron el carácter rígido de la comunidad santotomeña ante la decisión del ex pastor. Por un lado se calificó de “reprobable conducta” el casamiento de Gumercindo y María mientras que por otro un grupo de sacerdotes aluden a la falta de comprensión, primeramente de la Iglesia al enviar a todas las parroquias de la Diócesis de Santo Tomé una carta advirtiendo, o intimando que, a todo aquel que asistiera al casamiento de Gumersindo, no estaría en condiciones de poder acceder al sacramento de la comunión, ya que, estaría incurriendo -para la Iglesia- en un “pecado grave”.

“Eso fue lo que más me dolió de todo este revuelo” señaló Gumercindo a este medio. “Como sacerdote tengo muchos amigos y conocidos que participan de la Iglesia, y ellos sintieron como una “amenaza” la carta en la que se señalaba que asistir a mi casamiento era pecado mortal”.

Historia con final abierto Gumercindo es oriundo de un pequeño pueblo español cercano a la conocida localidad de Santiago de Compostela. Se asentó en estas tierras a fines del 2001. “Me acuerdo perfectamente que llegué días antes del corralito” rememoró. Desde entonces trabajó activamente en la diócesis de Santo Tomé, atendiendo a feligreses pero principalmente con un trabajo intelectual y de difusión.

Fue allí que conoció a María, su actual compañera de vida. Después del escándalo de la relación revelada públicamente, el sacerdote fue suspendido el 4 de diciembre. Él se defiendo señalando que desde noviembre había dejado los hábitos. Más allá del detalle de las fechas, la decisión ya estaba tomada.

El 22 de diciembre se casaron en una breve ceremonia civil que se realizó en el predio de la Liga Virasoreña de Fútbol “Estancia Chica”. Hasta allí concurrieron un grupo nutrido de amigos y parientes que compartieron la nueva opción de vida.

El matrimonio no pudo ser sellado por un oficio religioso porque Gumercindo aún no concluyó los trámites eclesiásticos para terminar de “colgar la sotana”. “Ahora estamos un poco retirados de lo público, queremos descansar y disfrutar de este matrimonio con mucho amor” ,finalizó desde el otro lado de la línea telefónica.

La unión de Gumercindo y María vovlió a abrir el debate pendiente de la Iglesia Católica, de la obligatoriedad de la castidad. “El celibato dejó muy buenos frutos pero también muchas heridas”, resumió este hombre que resignó sus hábitos pero no su fe.

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