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Juan Masiá, sj: «El invierno eclesial ha sido muy largo» -- José Manuel Vidal

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Religión Digital

«Hay muchos obispos en el mundo funcionando como lo hace Francisco»
«Si Iglesia somos todos, entonces el cambio también es de todos»
Tras una conferencia en el club Faro de Vigo, presentando su libro «Cuidar la vida» (Rd/Herder), Juan Masiá SJ, se sorprende de que sus palabras hayan resultado nuevas o liberadoras al auditorio: «Es el síntoma desconcertante de lo mal que estábamos», opina, y lo compara con la esperanza que está generando el nuevo Papa. «A todo el mundo le llaman la atención los gestos de Francisco, pero la verdad es que deberían ser lo más normal», afirma.

Experto en Bioética y bloguero de Religión Digital, Masiá reconoce que «el invierno eclesial ha sido un invierno largo», pero ironiza, al mismo tiempo, con las expectativas de cambio radical en la Iglesia que parece que se están abriendo: «A veces presumimos de dar un giro de 360 grados, sin darnos cuenta de que con un giro de 360 grados estamos volviendo al lugar donde estábamos antes».

¿Cómo encontraste la conferencia de ayer?

Me encontré muy a gusto porque se veía un público muy interesado en estos temas.

Dijiste que los religiosos no sois las personas más indicadas para hablar sobre sexualidad, y esto ha causado cierta polémica

Bueno, me parece que no es ninguna novedad y que es bastante evidente. Deberíamos reconocerlo. Después de llevar años en el campo de la ética, de temas sociales y de justicia, etc., una vez me dijeron que el profesor que llevaba la ética sexual se había jubilado, y me pidieron que me encargara yo de esas clases. Mi primera reacción fue decir que no, sobre todo porque creo que una asignatura llamada «ética sexual» no debería existir, sino que debería ser una ética de las relaciones, mucho más amplia en todos los sentidos. También pensaba que un curso así requería de las aportaciones de varios profesores, un psicólogo, un sociólogo, un sexólogo… Interdisciplinariamente, y con un enfoque de la ética que no sea el del semáforo, sino el de la brújula.

¿Te sientes a veces como un liberador de cargas morales? ¿Crees que la gente siente alivio después de oír tus explicaciones sobre la moral sexual?

Sí, pero a mí esto me desconcierta, porque si lo que yo digo resulta liberador o suena nuevo, es síntoma de lo mal que estábamos. Porque creo que lo que digo en este libro no es original (esto no le va a gustar al editor), sino que son cosas de lo más tradicional del mundo, que las podría decir citando a Santo Tomás o citando a la teología moral católica. Que estas cosas resulten novedosas es como lo que está ocurriendo ahora mismo con algunos gestos del Papa Francisco: a todo el mundo le llama la atención su manera de presentarse, pero la verdad es que debería ser lo más normal. Esto quiere decir que estamos acostumbrados a algo bastante anormal.

¿Crees que en la Iglesia de tendría que poner en marcha una campaña liberadora en relación a la moral sexual?

Jesús dice en el Evangelio «no pongáis a la gente más carga de la que vosotros mismos no podéis llevar», y también dice «el que esté cargado y agobiado que venga a mí para que le alivie». Es elemental.

¿Crees que los primeros pasos del nuevo Papa van en esa línea?

Sí, pero con toda naturalidad. Se nota que esta manera de actuar es la misma que él ha tenido antes siendo obispo. Hay muchos obispos así por el mundo, funcionando de esa manera.

En Europa llama mucho la atención este comportamiento, ¿crees que en Latinoamérica, en cambio, la mayoría de los obispos son así? ¿Estamos acostumbrados en España a otro tipo de obispos?

No me voy a meter a criticar lo de aquí, pero puedo decir que en Japón estoy tratando con muchos obispos que me resultan también de ese estilo.

¿El Papa Francisco ha desencadenado un clima de ilusión?

Sí, pero no es nada en comparación con el grandísimo clima de ilusión que se desencadenó con Juan XXIII y con el Concilio Vaticano II, y sin embargo después vino la involución, la marcha atrás, etc. Ahora estamos celebrando los 50 años de la «Pacem in terris». En el documento en el que Benedicto XVI proclamó el Año de la Fe se coloca el catecismo y el Derecho Canónico al mismo nivel, como si fueran del mismo peso y de la misma importancia que los documentos constitucionales del Vaticano II. Esto fue el clímax de la involución de estos últimos veintitantos años (es decir, de los dos últimos pontificados).

¿Crees que ese ciclo ha terminado y que el péndulo eclesial se ha moderado?

Me gustaría esperarlo, pero no querría hacerme excesivas ilusiones.

¿Ése es uno de los riesgos que corre el Papa Francisco, el de despertar demasiadas ilusiones?

Los dos grandes obstáculos con los que tropezaba el Vaticano II eran la dificultad de la reforma de la teología y de la reforma de la Curia. ¿Por qué los presidentes de los dicasterios del Vaticano (por poner un ejemplo) tienen que ser obispos? Si es ordenado obispo debería tener una diócesis. Es algo que teológicamente no tiene sentido. ¿Por qué el obispo es superior al secretario que tiene debajo? ¿Es que Francisco no puede nombrar a una persona por lo adecuada que sea para un cargo? Hay toda una estructura que Benedicto XVI ha criticado a menudo en homilías y discursos: el carrerismo eclesiástico. La teología es otra cosa, y el Papa lo está recordando a través del servicio: que tener un puesto no significa que te pongan una condecoración o que subas en un escalafón. Pero ese tipo de reformas estructurales son mucho más difíciles que un simple gesto.

¿Dónde están las resistencias que Francisco puede encontrara si decide realmente pasar de los gestos a las reformas concretas?

Las reformas ni las hace ni las hará nunca una sola persona, y los obstáculos tampoco con unas poquitas personas. Si la causa de la crisis económica fueran dos o tres personas, se podría decir que son «los malos», pero el mal realmente es el sistema anónimo. La cuestión es cómo se cambia y desde dónde se cambia. Y dentro de la Iglesia es lo mismo.

¿No te conformarías con algún pequeño avance?

Sí, parece que estamos saliendo, como decía Rahner, del «invierno eclesial». Y ha sido un invierno largo. Creo que ahora se respira, es como si por fin pudiéramos oír después de tener los oídos taponados. Creo que ahora tenemos esa sensación.

Si te preguntara el Papa, ¿qué le aconsejarías como primera medida?

Le diría que siga siendo como es. Eso de aconsejar me recuerda a cuando nos reuníamos los religiosos a pensar qué deberíamos cambiar de nuestro estilo de vida, y empezábamos a discutir, y al final lo que se terminaba cambiando era el chocolate del horno. Yo le podría aconsejar cosas sobre la elección de obispos, sobre la mujer en la Iglesia… Pero lo que se necesita es un cambio más radical.

¿Un giro?

Sí, un giro como el del Vaticano II. Cuando salió el documento de la Lumen Pentium, antes de que se votase el texto definitivo, estaba preparado que comenzara diciendo «la Iglesia es luz para el mundo». Pero entonces el cardenal Montini dijo que afirmar que la Iglesia es luz del mundo era demasiado presuntuoso. Que la luz del mundo es Cristo, y la Iglesia un espejo que trata de reflejarlo. Ahí se hizo un giro de 180 grados, cuando el Concilio, en vez de decir que la Iglesia tenía la respuesta para todos los problemas, dijo que Cristo es la luz del mundo, y que nosotros tan sólo aspiramos a reflejarlo. Entonces, tenemos que convertirnos continuamente, y buscar todos juntos la unidad de la humanidad, siendo signo de ella. Pero mira todos los problemas que tenemos ahora, desde el Banco Vaticano a la pederastia… Tenemos que reconocer que no somos el mejor espejo.

El Papa Francisco alude a esto, cuando habla de la importancia de reconocer y pedir perdón, en vez de reconocer lo malo del pasado. Esto también es un paso grandísimo. Lo que pasa es que a veces con estos giros, de los que se presume que son de 360 grados, no nos damos cuenta de que realmente, con un giro de 360 grados, estás volviendo al lugar donde estabas antes. Entonces (perdóname la ironía), mejor que los que demos sean de 180 grados.

¿La primavera que parece que viene debe mucho a gente de Iglesia como tú o como Andrés Torres Queiruga, que habéis permanecido dando testimonio y siendo libres en momentos difíciles?

Yo no veo esto como cuando estás en la oposición y de pronto tu partido político sube al poder, y al poco tiempo de estar arriba haces lo mismo que hacían los anteriores. Si Iglesia somos todos, entonces el cambio también es de todos.

Pero esa dinámica no se ha venido aplicando. ¿No es cierto que mucha gente no te considera Iglesia? ¿No te has sentido excluido?

Es que aquí en nuestro país hay un fenómeno un poco peculiar que es esa tradición inquisitorial de los dos extremismos, de la agresividad… En España no ha habido transición cultural, no se ha dado el paso a la capacidad de poder compartir y opinar diferente, tener ideas diferentes y discutirlas, sin que eso signifique ni insultarse, ni tirarse los trastos a la cabeza. Aquello que decía Unamuno de la envidia española. En esto no ha habido transición. Tenemos muy arraigados los fanatismos, y esto se ve también dentro de las instituciones. Como suele decirse, «si entregas la cabeza del bautista, a cambio te dan un premio». Si denuncias a alguien, unos años después tendrás una mitra. A veces se fomenta la denuncia, cartas anónimas, etc. Y eso también es un problema fuera de la Iglesia. La situación política española delata la incapacidad para la democracia, para el debate plural.

¿Le dejarán a Francisco hacer cambios?

Le dejaremos (porque los que pueden impedir no es el grupito de al lado, la Curia, tenemos que incluirnos nosotros). O lo apoyamos, o lo frenamos.

¿Y cómo podemos apoyarlo? ¿Cómo podría hacer él para contentarnos a unos y a otros? ¿Crees que buscará el consenso?

Pero no el consenso de los políticos, que siempre es a medias tintas. Lo que necesitamos es converger en las cosas verdaderamente esenciales. Un ejemplo: hace unos días estaba en un grupo discutiendo sobre la homofobia, y había algunas personas que decían que no se debe llamar matrimonio a la unión homosexual, mientras otros decían que sí. Éste es un tema que jurídicamente y por muchas razones está ahí, y es posible seguir discutiéndolo. Los que dicen una cosa y los que dicen la contraria aducen sus razones, y si no se convencen mutuamente, seguirán pensando igual. Pero hay un punto en el que el más avanzado y el más conservador no pueden menor que estar de acuerdo, y lo digo citando un documento nada sospechoso de «excesiva apertura»: el catecismo, que dice que de ninguna manera y bajo ningún concepto se puede ni se debe discriminar por razón de su orientación sexual a una persona. Esto no es debatible. Entonces, con la tranquilidad de estar de acuerdo en algo tan fundamental, podemos seguir hablando de las otras cuestiones sin discutir y sin discriminarnos mutuamente.

¿La dinámica de buscar lo que nos une en vez de lo que nos separa?

Claro. Eso lo decía San Agustín, y a todos se nos llena la boca citándolo pero luego no lo practicamos. En las cosas esenciales, unidad. En lo otro, libertad. Y en todo (añadía), caridad.

¿El hecho de que sea un Papa jesuita llena de orgullo a la Compañía?

Mucha gente aquel día vino a felicitarme porque es un Papa «de los nuestros». Pero eso significa que si fuera un Papa del Opus Dei nos tendríamos que enfadar, es decir, funcionar con etiquetas. Si yo me alegro de que sea un Papa jesuita y unos años después me entristezco de que sea un Papa del Opus, quiere decir que yo no he cambiado nada. Es decir, que el cambio del que estábamos hablando yo no lo he hecho. Me puedo alegrar por cómo es él y por cómo lo está haciendo, pero si me alegro de que sea jesuita es como si me creyera que ahora tengo yo el poder.

¿La Compañía le va a ayudar como ayudó a Juan Pablo II o ha ayudado a Benedicto XVI?

Exactamente igual. Ése es precisamente el sentido del cuarto voto de los jesuitas, que a veces se confunde mucho. Hay quienes piensan que es una cosa de lealtad feudal a la persona, pero tiene que ver con la misión. Cuando Pablo VI dijo «quiero que estéis en la frontera», en el diálogo con el ateísmo… es un compromiso con la misión.

¿O sea que estáis dispuestos a hacer lo que os encargue cada Papa en cada momento?

Sí. Pero no por lealtad al que está arriba en cada momento (y si arriba está otro, me cambio de camisa). La obediencia no va en ese sentido.

Es decir, ¿lealtad a la misión, no a la persona?

Lealtad a la misión encomendada por la persona.

¿Ves el horizonte eclesial con esperanza?

Sí. Pero con el realismo de saber que somos humanos. Siempre están las dos caras, la ambigüedad. La espiritualidad de San Ignacio va en esa línea: reconocer que te has equivocado, consultar con otra persona, cambiar con el paso del tiempo… El encuentro con Jesús te cambia la vida, pero puede llegar un momento en que te des cuenta de que te estás engañando, porque todos nos engañamos. Por eso tenemos que examinarnos y discernir.

¿La revolución vendrá de abajo?

Así al menos no pasaría lo que en otras revoluciones: quienes las hacen en nombre de la liberación, llegan arriba y empiezan a oprimir.

¿No pueden combinarse las dos cosas? ¿No puede la cúpula responder a los deseos de la base?

Claro. Ésa es la manera ignaciana de entender la obediencia: que tanto el que manda como el que obedece obedecen a su vez al Espíritu. Por eso estamos siempre en búsqueda, siempre reformándonos. Y nunca llegamos al final. De forma más pedante y más filosófica, quienes estudiamos teología decimos que el auténtico filósofo nunca presume de haber llegado a la cumbre, y nunca renuncia a seguir subiendo. Eso es muy hegeliano: creer que tienes la verdad, que ya has llegado. Y desde ahí se aplasta a la gente.

TITULARES:

-Si lo que yo digo resulta liberador o suena nuevo, es síntoma de lo mal que estábamos

-A todo el mundo le llaman la atención los gestos del Papa Francisco, pero la verdad es que deberían ser lo más normal

-El «invierno eclesial» ha sido un invierno largo

-A veces presumimos de dar un giro de 360 grados, sin darnos cuenta de que con un giro de 360 grados estamos volviendo al lugar donde estábamos antes

-De ninguna manera se puede discriminar por razón de su orientación sexual a una persona, esto no es debatible

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