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José Alvilares, sacerdote, catedrático y autor de ‘Penitencia pública’: «La JMJ es el cristianismo como espectáculo, que Jesús rechazó en las tentaciones»

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Religión Digital

«Antes, durante y después de Rouco y Benedicto, Dios». Sigue siendo verdad lo del teólogo Ratzinger: «Hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obstáculo para la fe»
Todavía quedan en la Iglesia voces proféticas y libres, capaces de disentir y de ir contracorriente. El sacerdote y catedrático de Filosofía lucense Xosé Alvilares acaba de publicar ‘Penitencia pública’. Un libro de un indignado sereno.

Una denuncia argumentada de la involución eclesial española, encarnada por el cardenal Rouco Varela, que olvida el modelo del Vaticano II para regresar a una Iglesia del poder. De ahí que se permita incluso nombrar a su propio sobrino como obispo de Lugo, al que califica de «ejercicio de poder clerical que sobrepasa toda medida». Tacha la JMJ de «exhibición de poder» y de «cristianismo de espectáculo».

¿Su libro ‘Pentencia pública’ es una obra contra el cardenal Rouco o una crítica a la política clerical que él dirige y gestiona desde hace más de una década?
El libro «Penitencia pública», publicado en Lugo en marzo pasado, intenta una crítica «teológica» a la intervención «clientelar» de Don Antonio Mª Rouco Varela, arzobispo de Madrid, en el nombramiento de su sobrino Don Alfonso Carrasco Rouco como obispo de Lugo, a espalda de la diócesis. La «toma de posesión» triunfal de la misma con un banquete para seiscientos invitados -de ellos casi treinta obispos de su facción en la conferencia episcopal-, es la expresión de una idea patrimonial de la iglesia. La crítica teológica atiende, asimismo, a la influencia de esa mentalidad arcaica del señor Rouco, opuesta a la teología del concilio Vaticano II, en la dirección de la Conferencia episcopal española.

¿Por qué lo escribió?
Han inspirado ese libro dos tipos de razones. Teológicas, las primeras. Ningún poder, ni el episcopal, «representa» a Dios, puede hacer las veces de Dios, no es poder absoluto. Dice Rahner: «Dios nunca es propiedad privada de la Iglesia o de la teología». Y Max Horkheimer: Dios no «tiene que ver con el poder, sino con el no poder que resiste al poder». Otras razones, eclesiológicas: la Iglesia no es «rebaño episcopal», sino pueblo de reyes, sacerdocio santo, pueblo de la propiedad de Dios. El último Concilio abandonó la idea de la encíclica «Vehementer nos» (1907) de Pío X: «El deber del rebaño es cumplir con sumisión las órdenes de los pastores». Todos los bautizados participan de los «poderes» mesiánicos de Cristo, sacerdotal, profético y regio.

¿A quiénes va dirigido?
Los destinatarios del libro son cuantos, en nuestra diócesis de Lugo y en España, padecen este modo de ejercer el «poder» por parte de los distintos miembros de la llamada Conferencia episcopal española, que sustituye a Dios y mantiene a los fieles en minoría de edad permanente.

¿Sigue sumida nuestra Iglesia en el «invierno» que ya denunciara Rahner hace varias décadas?
La iglesia continúa en tiempos de invierno. ¿Qué quiso decir Rahner con la expresión «la fe en tiempos de invierno»? El mismo dice: «Es terriblemente difícil dar una respuesta adecuada a esta pregunta». Pero antes había apuntado «Si la cristiandad poseyera realmente el punto de radicalismo que objetivamente le corresponde sería primavera en la Iglesia». Su discípulo J.B.Metz contrapone «radicalismo evangélico» a «rigorismo legal». En ese sentido «invierno eclesial» vendría a ser la vuelta al «legalismo», al «ritualismo» y al «espiritualismo» que el Vaticano II había tratado de evitar, dejando a un lado el radicalismo evangélico. El hombre real, su situación, «sus gozos y esperanzas» es otra vez olvidado y postpuesto. La ley suplanta al Evangelio

¿Por qué los jerarcas de nuestra Iglesia quieren desactivar la esperanza de la primavera del Concilio Vaticano II?
Desactivar la esperanza es la condición para aceptar y someterse a lo presente, pues la esperanza es siempre crítica por ser utópica. El afán del poder es mantener el conformismo.

¿Cuál es el alcance de la restauración? ¿No se ha ido ya el péndulo eclesiástico demasiado a la derecha y, quieran o no en Roma, tendrá que volver al centro?
El alcance de la «restauración» consiste en recuperar el poder clerical, de ahí el nombramiento de obispos a espaldas del pueblo. O el cultivo episcopal de lo que llaman «movimientos» -opus, quicos, comunión y liberación, etc-, que fingen ser pueblo y lo suplantan. La oposición en la Iglesia, más que entre derechas e izquierdas, se da entre clericalismo y secularidad.

¿El cambio en la Iglesia vendrá desde abajo o desde arriba?
Hay un cambio social, ambiental, comunitario, en la Iglesia que produjo el Concilio y que es indestructible. Hay un ejercicio de la libertad en el pensamiento y en el lenguaje entre los cristianos evidente que antes no había. Baste observar los libros publicados por las editoriales «religiosas», Sígueme, PPC, Sal terrae, Verbo divino, Trotta, etc. El cambio viene de todas partes. Lento, sin duda.

¿Es esperable ese cambio a corto plazo o, más bien, hay que esperarlo a medio o a largo plazo?
«Habla, no escucha; enseña, no aprende» se decía de algún papa viajero. La Iglesia necesita, sobre todo, escuchar y aprender. Por eso sigue siendo verdad lo del teólogo Ratzinger: «Hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obstáculo para la fe»

¿Ha caído la Iglesia de nuevo en la tentación del poder? ¿El nombramiento del sobrino de Rouco para la diócesis de Lugo encaja en esa dinámica del poder?
El nombramiento del sobrino de Rouco como obispo de Lugo es un caso asombroso, por muchas razones, de un ejercicio del poder clerical que sobrepasa toda medida. Es, además, un caso de inconsciencia. ¿Cómo es posible que el autor de tal esperpento no haya caído en la cuenta del descrédito público en que lo iba a colocar su petulancia? Incluso entre sus partidarios.

¿Qué le parece la Jornada Mundial de la Juventud? ¿Irá a Madrid a ver al Papa?
Los llamados «viajes pastorales» del Papa hacen de éste el único llamado a proclamar el Evangelio -sólo él es la Iglesia-, pero, además, lo hacen representante de Dios. Por su parte, las concentraciones mundiales de la juventud son exhibición de un «poder» mundial y mundano que choca con el más reconocido espíritu del Evangelio. «Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres para que os vean, porque entonces no tenéis mérito ante vuestra Padre que está en los cielos» (Mateo, 6, 1) Es el Cristianismo como espectáculo, que Jesús rechazó en las tentaciones.

¿Qué opinión le merece Benedicto XVI como teólogo y como Papa?
La obra teológica de Ratzinger, según el mismo confiesa en su libro «Mi vida», se reduce a un tratado de Escatología, para la Dogmática de Auer. Más importancia que su obra teológica escrita, tiene su actividad teológica como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe. El hecho más conocido de esa actividad fue la persecución de la Teología de la liberación, pero también han merecido sus cuidados otras como la teología política de Metz, la teología trascendental de Rahner y centenares de otros teólogos.

No carece de interés recordar que la Facultad de teología del Opus de la universidad de Navarra le dio el doctorado «honoris causa» en teología. Como papa, Benedicto XVI recupera la época que Karl Rahner llamó «época piana». «La Iglesia ‘piana’ ha sucumbido a la tentación de afirmarse en su propio ser, de mantener su estilo autárquico de vida, su mentalidad integrista y conservadora, monolítica, jerárquica y clerical».

Y después de Rouco y de Benedicto, ¿qué?

Antes, durante y después de Rouco y Benedicto, Dios. La novedad estará en que a Dios le quedará, después de ambos, más espacio.

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