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Iglesia de Brasil: Análisis de Coyuntura -- Asamblea General (Documento no oficial)

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Asamblea General de la CNBB

En el momento en que la Asamblea General de la CNBB define las nuevas Directrices Generales de la Acción Evangelizadora de la Iglesia en Brasil, este análisis de coyuntura quiere trazar una visión de los desafíos provenientes de la realidad actual. Puesto que la evangelización se da en el contexto de la cultura (modo -de cada grupo humano- de pensar, hablar, producir, consumir, reproducirse, expresarse artísticamente, relacionarse con lo sagrado, en fin, un modo de vida traspasado de uma generación a otra) y ella es dinámica, se trata de descifrar las lineas de fuerza hoy actuantes en nuestra cultura.

El problema metodológico – nunca satisfactoriamente resuelto– reside en el hilo conductor del análisis: siendo la cultura una totalidad compleja, ¿ella es mejor entendida a partir de sus elementos materiales (las relaciones sociales que modelan la producción, la reproducción, el consumo y el poder) o a partir de sus elementos ideales (pensamiento, valores y expresiones artísticas y religiosas que dan sentido a los comportamientos)? Si es evidente que no se puede reducir la cultura a uno de sus hemisferios, no hay consenso sobre cual de ellos tiene el peso determinante.

Nuestra opción metodológica por los elementos materiales de la cultura como punto de partida da realce a las desigualdades en el tener, el poder y el saber, trayendo a la luz el sufrimento de los perdedores en el juego del mercado. Al colocar como punto de llegada los valores que impulsan o agitan, ella señala las tendencias en curso en el mundo e interpela a la Iglesia en cuanto a la eficacia de su acción evangelizadora.

Ya se dijo que, más que una época de cambios, vivimos un cambio de época: luego de un largo dominio de la civilización occidental, estamos pasando a una época planetaria, fruto de la globalización cultural y económica. Esa nueva época, que ahora se esboza en medio de graves crisis – ecológica, económica y social – podrá ser un tiempo de divisiones, con la exclusión de los pueblos y grupos empobrecidos, sin voz en el concierto mundial, pero puede ser también el inicio de una nuevo orden mundial, donde las diferencias sean valoradas en un sistema multipolar, en el cual ningún pueblo ejerza por si sólo el poder sobre los demás y donde sean considerados los derechos de la Tierra y de las generaciones venideras.

Vivimos entonces un período contradictorio, en el cual varias tendencias se entrecruzan. Crecimiento económico en los últimos cinco años y concentración de la riqueza en pocas manos; rentabilidad del capital financiero y desvalorización del trabajo; megaurbanización y el campo transformado en agroindustria; desarrollo de las comunicaciones y desinformación de grandes sectores sociales; fortalecimiento del poder económico y debilitamiento del poder político; emergencia de la conciencia ecológica y devastación del Planeta (Amazonia!); movimientos sociales que proclaman que “otro mundo es posible” e desaliento general con la política. Este es un ambiente cultural propicio al desarrollo de actitudes individualistas que se manifestan también en el campo religioso.

Este análisis no pretende abordar todos esos problemas, pero quiere dar una visión global de la realidad brasilera situándola en el continente americano y en el mundo actual, a partir de tres focos: la crisis del sistema financiero mundial, el cuadro político mundial y latinoamericano, y el papel que en él desempeñan los movimentos sociales.

Se termina, como de costumbre, con un breve apartado sobre el Congreso Nacional.

I . Sistema financiero mundial avalado – y el Brasil?
Situación del dólar
¿Cómo es posible que la expansión imprudente de préstamos inmobiliarios de segunda categoría en los Estados Unidos provoque una crisis global? Para entenderlo, es preciso tener en cuenta que la globalización es fundamentalmente financiera y que el sistema financiero se interconecta en un grado más alto que el sistema productivo (de bienes o de otros servicios), pues el crédito (en el sentido estricto de confianza) es su ingrediente más importante.

En 1944, en Bretton Woods, fue propuesta una moneda internacional, pero los EUA se opusieron porque era el dólar la moneda internacional. Fue establecido que el dólar estaría respaldado por las reservas estadounidenses de oro y el Tesoro de EUA se comprometió a resguardar con un peso en oro cada dólar en circulación. En 1971, sin embargo, el gobierno de los EUA desvinculó unilateralmente el dólar del patrón oro, alegando que el verdadero respaldo del dólar era la confianza del mundo en la economía norteamericana. Eso le posibilitó emitir moneda para atender las exigencias de consumo de su población y sus gastos militares. Y hasta hoy la mayor parte de los depósitos bancarios, del comercio y de las transacciones financieras internacionales, se hacen en dólares.

En la medida que el dólar fue aceptado y requerido por todo el mundo porque el mundo todo lo aceptaba y requería, la política económica estadounidense pudo satisfacer la “sociedad de consumo” aumentando igualmente el déficit externo y la deuda pública (que actualmente se aproxima a los US$ 4 billones). Pero si la confianza en el dólar diminuye, entra en acción un círculo vicioso, pues la caída del dólar reduce la confianza. Fuera de los Estados Unidos, quienes detentan reservas en dólares comienzan a deshacerse de ellas. Esa estrategia de fuga en busca de papeles más seguros, puede elevar los precios de las matérias primas, pues no hay oro suficiente para servir como reserva de valor. El petróleo, por ejemplo, que mañana puede ser revendido (a China o a otros) antes incluso de haber salido de la tierra.

La economia brasilera y el vendaval financiero
La política económica del actual gobierno tiene tres prioridades macroeconómicas: la estabilidad (de los precios internos y de las reglas establecidas), el crecimento económico y la reducción de la miseria (siendo este un objetivo extrínseco, dependiente de la acción correctiva del gobierno y no de la política macroeconómica).

Comparados los seis años del actual gobierno con los anteriores, se ve que esas prioridades se están realizando: la inflación está bajo control (costos de préstamos en las alturas), el Brasil volvió a crecer de forma continuada (promedio de 4,5% de 2004 a 2007) y sin perdida del impulso, y los programas de combate a la pobreza y la miseria redujeron el porcentaje de personas abajo de la linea estadística de miseria y aumentaron los sectores médio bajos . Ese éxito tiene su explicación en el excepcional crecimiento económico mundial empujado por China y sustentado por la libre explotación de los recursos naturales de la Amazonía y del Cerrado, hoy usados como fuentes de productos primários de exportación. Más allá de eso, la capacidad productiva brasilera ha crecido más rápidamente que el consumo empujado por el mercado interno. Lo que está en cuestión es el actual modelo productivista, que requiere muchas inversiones en la generación de energía eléctrica. Se deseamos preservar el medio ambiente para las generaciones venideras, tenemos que reveer el modelo desarrollista del Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC).

Diferentemente de otros momentos de crecimiento, cuyos desequilibrios y contradicciones internas los llevaron al agotamiento, el actual solo puede ser barrido “de fuera para dentro”, sea por la crisis internacional, sea por la obsesión monetarista con la estabilidad (que eleva los intereses y premia a quien sólo presta). Hoy la economia nacional es menos vulnerable, por tener una política externa que ha diversificado nuestros socios económicos, ampliado la canasta de intercambio y reducido el papel de los EUA. Persiste, sin embargo, el “talón de aquiles” de la deuda pública: dejamos de deber en dólares (que se está derritiendo) para deber y pagar en reales (que se valorizan) .

Frente a ese cuadro de crisis financiera, es bueno recordar que a lo largo de toda nuestra historia, las crisis externas significaron oportunidades para que el Brasil avanzara internamente, siempre de forma imprevista y original . Hoy, nuestro “sector externo” está más diversificado y todo depende de cómo la probable recesión norteamericana afectará a China y otros compradores. Aunque nuestro crecimiento esté asentado en factores internos, la propagación del clima de inestabilidad financiera puede llevar a los inversionistas externos a retirar sus recursos del Brasil para liquidar sus cuentas, desequilibrando así las cuentas externas.

II . El escenario político
La palabra crisis hoy tan utilizada corresponde a una realidad. Se habla de crisis global, sistémica, o de civilización; es una crisis de muchas caras, cuyo emblema es la crisis ambiental cada dia más grave. Entre ellas, se destaca la crisis de las instituciones de poder. La absolutización del mercado lleva al vaciamento de la democracia y de las instituciones reguladoras (Estado, educación, seguridad social, partidos políticos, iglesias, familia, polícia), perjudicando los procesos (elecciones, colocación del trabajo, comunicaciones, migraciones) que deberían asegurar el buen funcionamiento de la sociedad.

Cuando las relaciones se deshacen y se desarticulan, los valores tradicionales pierden su sentido. Valores de solidaridad, de co-responsabilidad, de ayuda y confianza son desplazados por los valores de la concurrencia, de la competencia y del individualismo; del materialismo también. Las relaciones sociales y humanas son mediadas por el dinero. Las personas valen por su cuenta bancaria. La democracia –arte de vivir en sociedad participadamente – está siendo atacada y amenazada de destrucción por la lógica del capital, del lucro, del enriquecimento. Las empresas mundiales (bancos, mineras, armamentistas, farmacéuticas, biogenéticas, etc.) dictan sus reglas a los Estados y gobiernos. El mercado dió un golpe contra la política y tomó las riendas de la vida social.

En un mundo marcado por la globalización, los problemas locales ganan alcance mundial e necesitan de instituciones y mecanismos de gobernanza también mundiales. Mas en cuanto los países emergentes reivindican una distribución más equitativa de los frutos del crecimiento, las instituciones que establecen las reglas de la economia mundial – en particular el FMI y el Banco Mundial – aseguran ventajas a los países más ricos. La ONU – la más multilateral de las instituciones mundiales – sufre bajo el unilateralismo de los EUA.

La ausencia de gobernanza democrática mundial abre el camino para la violencia, la inseguridad, los conflictos y las guerras. Se esperaba que el término de la guerra fria diese inicio a un período de paz y de desarrollo, pero en cambio se multiplican las disputas y guerras por fuentes de energia y materias primas. La represión de Israel sobre los palestinos está en el centro de la confrontación entre el Ocidente y los pueblos árabes y poblaciones musulmanas.

En este contexto de crisis de las instituciones de la vida social es la sociedad civil misma la que suple las fallas de la democracia representativa y apunta alternativas de mayor participación. Se multiplican los foros, movimientos, redes, campañas, plataformas, círculos, etc. creando nuevas formas de expresión y movilización. Muchas veces, los movimentos sociales y populares están a la delantera de los partidos políticos para expresar las necesidades e aspiraciones de los ciudadanos y para encarar los desafios del futuro. En la medida en que contestan eficazmente al modelo hegemónico en crisis y ofrecen propuestas nuevas e creíbles, los movimientos sociales se tornam blanco de represión y violencia. Con frecuencia, son demonizados y acusados de ser ellos mismos la causa de los males que denuncian.
El desafio es desarrollar y consolidar la articulación de los movimientos y organizaciones que brotan en varios campos de la vida social. Las iglesias y tradiciones religiosas pueden desempeñar un importante papel en la construcción de alternativas fundadas sobre valores de paz, justicia, solidaridad y cuidado ecológico.

América Latina: Dependencia y Movimientos sociales
En las dos últimas décadas, los movimientos sociales dieron nueva configuración al escenario político de la región. El fin de las dictaduras militares inaguró un período de restauración democrática en la región, pero el pueblo quedó frustrado con sus parcos resultados, pues la defensa de los derechos humanos no resultó en mejor distribución del poder y de la riqueza. La política, los partidos y el poder judicial perdieron credibilidad ante la corrupción y el corporativismo que favorecen la impunidad.

Desde el fin de la década de 1980 el ideario neoliberal del “estado mínimo” bloquea el desarrollo prometiendo la utopia del mercado capaz de satisfacer todos los deseos . En ese contexto, los sindicatos pierden la función de defensores de los intereses populares y se crean otras formas de movimientos con fuerte conciencia política, capaces de conciliar la defensa de objetivos sociales específicos (indígenas, sin-tierra, Derechos Humanos, deuda externa, negros, desempleados, mujeres, jovenes…) con los intereses coletivos generales, de modo que se forma un amplio arco de alianzas populares. En esa diversidad de organizaciones y de luchas, se integran dimensiones de identidad étnica, búsqueda de la paz y combate a La militarización y a los armamentos, la protección del planeta, la defensa de tendencias sexuales, de valores éticos y espirituales. Las organizaçiones son fluidas, horizontales, dinámicas, en red. Demandas puntuales, a veces locales, substituyen los grandes proyectos. Y esas articulaciones bien vivas se multiplican rápidamente por el acesso a internet.

Esos nuevos movimientos sociales se proyectan sobre un escenario antiguo: la América Latina y el Caribe como espacio abierto a la explotación de los recursos naturales. En esta hora en que la mayor biodiversidad del planeta y la rica socio-diversidad representada por sus pueblos y culturas ganan evidencia, es preciso reconocer las condiciones desiguales de esas culturas de cara a la cultura del mercado, hoy globalizada. Esta sigue una dinámica de concentración del poder, de la riqueza, de la información y de los recursos naturales, y excluye sin piedad a quien es insuficientemente capacitado o adaptado.

Ahí irrumpen los nuevos actores sociales que promueven otro modelo de desarrollo, apuntando no al productivismo sino a la producción, los intercambios y el consumo solidarios, conforme al principio de subsidiariedad y regidos por el respeto a los derechos humanos y los derechos de la Tierra. Se destacan, en ese cuadro, los pueblos indígenas de los países andinos, que no sólo reivindican el reconocimiento de sus derechos individuales y colectivos, sino que proponen una nueva regulación de la economía, de las finanzas y del comercio mundial, en substitución a la actual globalización del mercado.

Las elecciones en esta última década señalan la emergencia de nuevas mayorías políticas que defienden la integración regional y una agenda de desarrollo autónomo. A despecho de los habituales mecanismos de subordinación de las masas, como el clientelismo y la manipulación de los medios de comunicación, esas elecciones expresan una rechazo popular a los “dueños del poder”. Es el caso de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, que toman distancia de las directrices norteamericanas y crean alternativas regionales . No sin enfrentamiento con las elites, está en curso la recuperación del control de las riquezas minerales, la desprivatización de las aguas, un nuevo papel del Estado al servicio del desarrollo social, reconfigurando las instituciones políticas para garantizar los derechos de los sectores tradicionalmente desconsiderados por los “dueños del poder”. Estos no dudan en no respetar las instituciones democráticas y en manipular las informaciones en los medios de comunicación para asegurar sus privilegios.

En este choque entre los nuevos movimientos sociales y la “elite del poder” hay victorias y derrotas en ambos lados. Los Tratados de Libre-Comercio firmados por países de América Central y del Sur son una victoria de las fuerzas neoliberales, tanto cuanto el rechazo del ALCA fue una victoria de las fuerzas de izquierda .

Ante el desmonte de sus estrategias geopolíticas para América Latina, el gobierno de EUA introdujo un nuevo ingrediente en esos tratados: una asociación norteamericana para la seguridad y la prosperidad, que introduce la noción de seguridad en los procesos económicos comerciales. Así, la defensa del orden democrático (léase la libertad de mercado) iría a la par con el derecho de intervención en caso de alteración de este orden. No por acaso, la seguridad pública en el continente ha sido militarizada. El caso más evidente es el de Colombia, donde consejeros militares norteamericanos, operadores militares privados y compañías de seguridad privadas se envuelven en operaciones militares sin la anuencia del Congreso de los Estados Unidos. La política del uso de fuerza contra los enemigos ha sido estimulada desde Washington , resultando desde allí en bombardeo e invasión del territorio ecuatoriano por Colombia, una acción del ejército mexicano contra el tráfico de drogas, o la intervención militar en favelas cariocas. Asimismo, hasta hoy no fueron unificadas las polícias civil y militar en Brasil, y permanece en vigor el modelo represor del régimen militar llamado “de seguridad nacional”.

Tal vez los procesos más innovadores estén en Ecuador y en Bolívia, donde los movimentos de los pueblos indígenas son fuertes, provocando la reacción de quienes nunca reconocieron la ciudadanía indígena. En Bolívia, la oposición viene de gobernadores de regiones petrolíferas y de agronegocio, que acusan al presidente de querer instalar un gobierno totalitario. En Ecuador, la Asamblea Constituyente es la oportunidad histórica para transformar las estructuras del país y recuperar su soberanía económica. Esa “revolución ciudadana”, visceralmente odiada por unos poderosos medios de comunicación, generó gran esperanza en el seno de la población, aunque en su camino se esconden muchas serpientes.

El desafio político para los movimientos sociales de América Latina y el Caribe consiste no sólo en liberarse de la dominación econômica y política de una oligarquia subordinada a los centros financieros del capitalismo, sino también evitar un populismo que cambia los gobernantes sin cambiar las estructuras oligárquicas del poder. Cuba, Bolívia, Ecuador y Venezuela optaron por el enfrentamiento contra los “dueños del poder”, asumiendo el riesgo de la radicalización. Chile, Argentina, Uruguay y Brasil escojieron el camino de la negociación con las fuerzas del mercado mundial y las oligarquías locales. Esto significa un costo económico, social y político que las clases subalternas continíuan pagando en favor de las clases privilegiadas. Invocar el riesgo de polarización de las sociedades latinoamericanas es propio del discurso de las clases hegemónicas. En la V Conferência del Episcopado de América Latina y el Caribe, en Aparecida, los obispos se mostraron atentos a esos procesos. Resta saber en qué medida los fieles lacos y laicas conseguirán colocarse a la altura de sus responsabilidades en las diversas estructuras de orden temporal.

III . Actualidad de los Movimientos Sociales en Brasil
Comparado al dinamismo social y político de otros países latinoamericanos, Brasil vive un tiempo de baja movilización popular. La novedad mayor viene de los pueblos indígenas que se están afirmando como conjunto de pueblos y formulando propuestas políticas pluri-étnicas donde los blancos y europeos no son más los únicos protagonistas.

Conviene recordar que en este momento está en debate una legislación sobre la minería en tierras indígenas y que los intereses en juego son enormes. El choque no se da sólo con los tradicionales explotadores de las riquezas amazónicas (grilleiros, madereros, garimpeiros), sino que hay señales de que ellos se incluyen en una estrategia más general de criminalizar los movimientos sociales que se oponen a los intereses de las grandes corporaciones (como Vale, Syngenta, Monsanto, Aracruz Celulosa).

Situación de los pueblos indígenas
La identificación y demarcación de las tierras indígenas continuan lentas. De un total de 850 tierras indígenas reconocidas, 126 aguardan identificación y 225 tierras aún no fueron objeto de providencias, quedando expuestas a invasiones y violencias de todo tipo. El énfasis del gobierno federal en la ejecución del PAC, sin el necesario cuidado con las cuestiones ambientales y con las poblaciones tradicionales, trae el riesgo de intensificación de invasiones comandadas así mismo por empresas del agronegócio y de minería. El ansia de crecimiento económico en el modelo productivista favorece la destrucción del patrimonio de los pueblos indígenas e generalmente amenaza la salud, el equilíbrio psíquico y social, la cultura de la armonia de las comunidades, que pierden la esperanza de un futuro mejor.

Más grave aún es la situación de los pueblos sin contacto con organismos de la sociedad nacional. Son grupos pequeños y frágiles, sin defensa inmunológica y cultural, que deambulan por los ríos y matas, evitando el contacto con el mundo blanco. El CIMI ha recibido denuncias de organización de grupos de exterminio con el objetivo de “limpar el área” eliminando a todos los miembros de esos pueblos, para no correr el riesgo de que vaya a ser reconocida como de ocupación tradicional.

Dos otras situaciones reclaman urgente intervención del gobierno y de la sociedad organizada. La primera, es la violencia sufrida por el pueblo Guarani Kaiová, en Mato Grosso del Sur, cuyo territorio no tiene espacio suficiente para sustentar toda su población. En los dos últimos años ocurrieron 59 suicidios, inclusive de niños y adolescentes. Más allá de eso, sus líderes son víctimas de persecusión, como la rezadeira Xuretê Lopes, de 72 años, asesinada por pistoleros. Si no se toman medidas radicales, el pueblo Guarani Kaiová corre el riesgo de ser exterminado sin defensa.

La segunda situación es de la tierra indígena Raposa Sierra del Sol, en Roraima, homologada en 2005, cuando un gran número de invasores fue relocalizado por el Incra. Un grupo de cinco grandes arrozeros, con todo, no acata ninguna medida judicial ni acepta plazo para salir de la tierra indígena ocupada por ellos. Ellos han sido responsabilizados por varios crímenes, como secuestro (de religiosos, funcionarios públicos y líderes indígenas), amenaza de muerte a líderes indígenas, ataque armado a comunidades indígenas, destrucción de centros de enseñanza de Misión Consolata y crimenes ambientales por uso de agrotóxicos. Respaldados por políticos y seguros de su impunidad, desafían a los poderes ejecutivo y judicial, y afirman que van a ampliar el área invadida.

Se inició ahora una operación de la Polícia Federal, la Upatakon 3, para retirar definitivamente esos invasores de la terra indígena Raposa Sierra del Sol. Hubo choques entre la polícia y empleados de los arrozeros que bloquearon una carretera, habiendo sido detenido uno de sus líderes, fue liberado luego de pagar la fianza. Es importante acompañar los desdoblamientos de esta operación, porque los arrozeros tienen fuertes aliados en los tres poderes de la República, en el estado de Roraima y en los medios de comunicación locales y nacionales.

Otros movimientos sociales
Los Movimientos Sociales en Brasil comienzan ahora a ser propositivos, o sea, más allá de defender sus causas específicas, presentan proyectos para el futuro de la sociedad brasilera en su conjunto. Conviene notar que en este aspecto los movimentos del campo (MST, MAB y de pueblos indígenas) han conseguido avanzar más de lo que los movimientos urbanos (principalmente los sindicatos que en los años 1970 y 80 estuvieron en la primera linea de los movimientos sociales). Un paso importante fue la realización, en octubre de 2005, de la Asamblea Popular en asociación con la 4ª Semana Social Brasilera, cuando fue delineado el primer esbozo de ese proyecto para la sociedad brasilera.

Ese paso en dirección a una articulación propositiva de los Movimientos Sociales, con todo, no ha sido acompañado de un avance equivalente en las bases. Es decir, su fuerza reside en su capilaridad social, esto es, su capacidad de penetración y de movilización desde las bases populares. Para eso ellos siempre contaron con la preciosa colaboración de las pastorales sociales y de las CEBs normalmente actuantes en los sectores sociales excluídos de las bondades del mercado, tanto en las periferias urbanas cuanto en las áreas de agricultura familiar y de posseiros. Hoy, por ello, esa colaboración de las bases eclesiales está sufriendo cierta retracción, como si el campo de los Movimientos Sociales no fuese área de actuación propia de grupos de la Iglesia. Ese relativo distanciamiento entre Movimientos Sociales, de un lado, y las pastorales sociales y CEBs, de otro, diminuyó tanto la capilaridad social de los Movimientos cuanto la influencia social y política de la Iglesia en la elaboración de un proyecto para la sociedad brasilera a partir de las bases populares.

Dos otras cuestiones merecen destaque en la actual coyuntura de los Movimientos Sociales. La primera es la paralización de los procesos de reconocimiento de áreas quilombolas por el INCRA, para no perjudicar al PAC. La segunda es el avance de la conciencia ecológica en los sectores populares. Las noticas sobre el calentamiento global comienzan a penetrar en las camadas populares y los Movimientos Sociales le dan una connotación política, que los medios de comunicación sistematicamente omiten. El tema de la ecologia viene siendo políticamente asumido por los Movimientos Sociales en la medida en que ellos perciben que las soluciones apuntadas por la tecnologia sólo benefician a quien puede pagar por ellas, y buscan soluciones tecnológicas a partir de los intereses de los pobres. En ese sentido, el debate sobre el modelo productivista de desarrollo y el modelo ecológico-social, abordado en el análisis de coyuntura de febrero pasado, es uno de los temas del momento en los Movimientos Sociales.

Las pastorales sociales y las CEBs están hoy llamadas a participar más activamente de él, para que la Iglesia no quede alejada de lo que está siendo tratado en los sectores populares.
Cabe también apuntar un debate que hoy permea a los Movimientos Sociales: qué propuestas tendrían hoy mayor capacidad de movilización masiva? Las cuestiones urbanas – transporte público, seguridad, vivienda y salud – parecen ser las más capaces de retomar el impulso en las áreas urbanas. Por otro lado, la Reforma Agraria está practicamente paralizada, e sin ella no hay verdadero desarrollo nacional. Cuál es la prioridad? Tal vez tengamos que escuchar mejor el clamor de nuestro pueblo por una vida digna y pacífica.

En fin, es preciso tener presente que este es un año electoral y eso representa una gran casión para que la Iglesia realice su papel de educadora para el bien común. La experiencia muestra que su influencia política reside menos en su capacidad de elegir candidatos de su agrado, y más en crear un clima favorable a la ética en la y de la política. Es cuando ella asume el papel de formación de las conciencias, sea asumiendo la campaña contra la corrupción electoral, sea difundiendo folletos o cartillas que informan y alimentan la reflexión de los fieles laicos y laicas, que su influencia en la decisión de los rumbos del País (desde la esfera municipal) es más fuerte y duradera.
Itaici, 2/ abril. 2008

Contribuyeron para este análisis
P. Antonio Abreu SJ, P. Bernard Lestienne SJ y P. Thierry Linard SJ (miembros del IBRADES), Hna.Delci Franzen, Paulo Maldos y P. Ernanne Pinheiro

Pedro A. Ribeiro de Oliveira
PUC-Minas e ISER-Asesoría

Nota Traducción:
El documento completo incluye además un apartado “IV Noticias del Congreso Nacional”
(del Brasil)..

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