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Huelga: «Dentro de la normalidad» -- José María Castillo, teólogo

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josemariacastillo

Escribo este comentario el mismo día 29 de septiembre, el día de la huelga, convocada por las organizaciones sindicales, para protestar por la política económica y el ajuste laboral que ha decidido y lleva adelante el gobierno socialista que preside el señor Rodríguez Zapatero. Estoy redactando esta breve reflexión a las doce de la mañana, cuando ya han manifestado sus primeras impresiones tanto los dirigentes sindicales como el portavoz del gobierno.

Y confieso que lo que más me ha llamado la atención es que, lo mismo los sindicalistas que los gobernantes, todos andan diciendo esta mañana que la huelga se está desarrollando y va transcurriendo “dentro de la normalidad”. O sea, lo mismo los gobernantes (los que toman las decisiones económicas y laborales opresoras) que los trabajadores (o sus representantes oficiales) oprimidos por el gobierno opresor, todos ellos (unos y otros), coinciden en que lo que está ocurriendo hoy en España, y tal como está ocurriendo, todo eso “se ajusta a la normalidad” o “está dentro de lo normal”.

Por supuesto, yo sé que el sentido más inmediato y directo de esa presunta “normalidad” se refiere a que, hasta este momento, cuando escribo estas líneas, no ha ocurrido ningún incidente de mayor importancia. Por lo visto, en un día de huelga, todo el mundo está cumpliendo con el papel que le corresponde: a unos quedarse en su casa y no ir al trabajo, a otros echarse a la calle para impedir o dificultar que trabajen los que quieren trabajar, a otros velar por el orden público, los sindicalistas diciendo que se están consiguiendo los objetivos que se pretendían conseguir, los patronos y magnates quitándole importancia a lo que ocurre, y los políticos diciendo que todo se ajusta a las exigencias de un Estado de derecho. En definitiva, cada cual en su papel. Interpretando satisfactoriamente bien el papel que le toca interpretar. No cabe duda: estamos “dentro de la normalidad”.

Está visto. Y está claro. La huelga es “un acto más” de la gran comedia (para unos) o de la gran tragedia (para la mayoría), que es el gran teatro del mundo. Mañana, cuando termine este acto teatral, todo seguirá lo mismo que antes. Y todos seguiremos como estábamos. Exactamente igual. Y seguramente todos los actores del acto suficientemente satisfechos. Porque el acto estaba bien programado, bien ensayado y, por lo que parece, se está representando bastante bien. Además, como ocurre en los teatros y sus escenarios, cuando ha terminado la función, cada cual a su casa, a sabiendas de que lo hecho no pasa de ser una representación, de forma que, acabada la representación, la vida sigue igual.

¡Por favor! No estoy bromeando sobre un tema tan serio y de tan graves consecuencias. Lo que estoy intentando decir es que el fondo y la raíz del problema, que hoy estamos palpando con el hecho de la huelga, ni depende de los actores de la huelga, ni se resuelve porque la huelga tenga más o menos éxito. Una huelga laboral es una pieza más dentro del sistema brutal y canalla, en el que todos estamos metidos, y al que todos nos hemos acostumbrado.

Un sistema que tiene un eje central que es el que le hace funcionar. Ese eje es el constante reforzamiento de la codicia, mediante la incesante oferta de satisfacciones inmediatas, pensadas y ordenadas todas ellas para que quienes pueden acumular, acumulen. Cosa que sólo se puede hacer a base de que la gran mayoría de los habitantes del planeta viva en la escasez. Y casi mil millones de criaturas, tirando como pueden hacia la muerte, hundidas en la miseria absoluta.

Esta es la realidad brutal y canalla. La realidad que nos tendría que quitar el sueño y no nos lo quita. Por esto es por lo que digo que la huelga es el acto de una comedia, o de una tragedia, según el papel que cada cual representa. Yo sé que esto que digo va a molestar a algunos. Va a indignar a otros. A muchos les hará reír o sonreír. Y habrá quienes piensen que no me falta razón. Si, por lo menos, esta sencilla reflexión nos ayuda a quitarle acero a la crispación, algo es algo.

Y si algunas personas, al leer esto, se distancian de los informativos y de los titulares de los diarios, para pensar o, al menos, sospechar que lo importante y lo urgente no es que cambien los gobernantes o los sindicalistas, sino que cambiemos todos, de forma que nos lleguemos a convencer que lo urgente es que nuestra vida sea más austera y más solidaria, entonces quizá este modesto blog ha prestado un pequeño servicio a quienes peor lo están pasando en este momento. Algo es algo.

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