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Homosexual violado por un sacerdote quiere ser sacerdote -- Xavier Pikaza, teólogo

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Gays.jpgParece un título de folletín, pero se trata de un hecho real. Las violaciones han existido desde que conocemos el mundo. También parece haber existido algún tipo de pederastia.
Pero, en estos últimos tiempos, esos temas han recibido más atención en los medios. Baste recordar los ejemplos de pederastia en un tipo de clero USA o el caso del padre violador de Austria, que ha tenido siete hijos con su hija. En este contexto quiero recodar el ejemplo real y concretísimo de un muchacho que fue violado por un sacerdote y que quiere ser sacerdote, reconociéndose homosexual.

Parece extraño y sin embargo resulta común: es un caso que podemos encontrar en la esquina de la calle, un muchacho aparentemente maduro, capaz de un ideal muy grande, pero envuelto en un drama que le cuesta superar. Aquí lo presento desde una perspectiva cristiana. No es una lectura para todos; quien tenga reparos no siga leyendo hoy este blog. Pero es una lectura que puede resultar hasta ejemplar y emocionante, por lo que tiene de sufrimiento, de entrega personal y de amor. Hay en el fondo un inmenso amor, de manea que lo que aquí se dice puede ayudarnos a entender la complejidad del mal, pero también la fuerza del bien del ser humano, al que nosotros, los cristianos, consideramos hijo de Dios.

Introducción

Hace años ofrecí un cursillo sobre ministerios cristianos en una ciudad (¿España, América Latina?) cuyo nombre no puedo recordar. Con sorpresa agradecida he recibido ahora un correo de uno de los asistentes al cursillo, que se atreve a plantearme una pregunta muy privada sobre un seminarista homosexual, que fue violado (=recibió abusos) por parte de un sacerdote. Hay dos temas de fondo:

(a) La acción pederasta del sacerdote mayor, que viola a un muchacho homosexual: ¿Cómo responder ante ese hecho? (b) La opción del muchacho homosexual, que a pesar de serlo y de haber sido violado por un sacerdote, quiere ser precisamente sacerdote.

Por raro que parezca, el caso no es único. Hay a ejemplos de sacerdotes pederastas y hay muchos testimonios de homosexuales que quieren ser sacerdotes (y que lo son de hecho). ¿Cómo responder en unas circunstancias como éstas?

La carta que he recibido y a la que he respondido en privado es muy confidencial y así mantengo el tema. Pero trata de algo no es ni privado ni confidencial, pues somos muchos los que de forma directa o indirecta conocemos casos semejantes. Por eso me atrevo a presentar algo retocada (pero fiel en lo esencial) la carta que recibí… y la contestación que mandé (algo aumentada ahora).

Es evidente que en este caso (como en el de la alumna del Opus de hace dos días, con dificultades para ) habría que conocer muchos mejor las circunstancias de fondo para plantear bien el tema. Pero las que conocemos (que yo conozco) resultan suficientes y pueden animar a los lectores a reflexionar sobre lo que está en el fondo y a ofrecer quizá una respuesta, que ha de ser respuesta de amor. Es admirable el poder del amor que puede buscar y busca veces formas torcidas de manifestarse, pero que sigue dando vida a este mundo de Dios.

Carta de Pepe

Estimado D. Xavier: Paz y bien. Mi nombre es Pepe, soy sacerdote de la Diócesis de X y asistía a su cursillo sobre Teología bíblica… Sin ánimo de adulación y sin ánimo de molestarle quisiera dirigirle una consulta. Dicha petición la adjunto en un texto que acompaña al correo.Gracias por atenderla y atenderme. Pepe

Texto anejo de Pepe:

Leí no hace mucho tiempo un precioso artículo que encontré en internet sobre homosexuales e iglesia (http://esglesiaplural.cat/blogs/francesc/files/iglesia-y-homosexualidad.pdf y http://www.atrio.org/?p=36) que escribió usted. Hoy la vida me ha llevado al seminario y en ella impartir algunas asignaturas que el Obispo de mi Diócesis me ha encomendado. De manera casual y ante la petición de algún seminarista intento acompañarle en su camino al sacerdocio desde el anonimato.

En este acompañamiento me encuentro con la situación de un muchacho homosexual que aspira al sacerdocio. En su vida lleva el lastre de haber recibido abusos de un clérigo y hoy la sensación de sentirse rechazado por aquella que ama tanto, la Iglesia. Su ánimo no es bueno y mi preocupación por el aumenta.

He querido, entre muchos puntos a tratar compartir su artículo con él, para tener otra visión refrescante y positiva de lo que es sin duda, también un don de Dios. Lamento no tener experiencia en dirección personal, pero vivo este caso como una responsabilidad. Quisiera en este sentido contar con su discreción en todo lo que comento y escribo. Si fuera posible y pudiera orientarme en esta dirección, en artículos o publicaciones que usted conociera y le merecieran confianza se lo agradecería profundamente, así como pautas o mecanismos de sanación u otras personas que pudieran clarificar este camino.

La oportunidad de dirigirme a usted me la facilitó el encontrarme también de “casualidad” su blog. Reciba mi agradecimiento por leer esta abultada nota… y si viene Usted por esta ciudad americana donde estuvo antaño le recibiría con mucho placer.

Carta de Xabier

Querido Pepe: Gracias por la confianza. Mi discreción ante tu caso será absoluta aunque, se trata de una situación que no es única dentro de la Iglesia (y de la sociedad e su conjunto). No es fácil responder a lo que me dices y, además, no todas las opiniones son en este caso concordantes. Yo te hablaré con el corazón, más que con la mente.

(1) Sobre la violación (la pederastia del clérigo)

En primer lugar, debieras ser muy respetuoso y muy cercano con el seminarista, procurando que no tenga ningún sentimiento de culpabilidad en relación con lo que llamas “abusos” por parte de un clérigo. No sé el alcance de esos abusos, lo que han podido dañar al muchacho. Pero, en general, te podría decir lo siguiente:

(a) Lo primero es que no se sienta culpable y que, si puede, no conceda una importancia obsesiva a lo sucedido… Le ha pasado a él, como han pasado y pasan tantas cosas en la vida… Le ha tocado a él, sería mejor que no le hubiera tocado, pero es así; que lo asuma con realismo y sin ninguna culpabilidad. La experiencia que ha tenido es objetivamente “mala”, pero él la puede convertir incluso en positiva: puede ayudarle a entender mejor este mundo duro y despiadado y egoísta en que vivimos (donde el camino del amor se tuerce muchas vece, pero sigue siendo deseo de amor); puede ayudarle a entender y acompañar a otros que hayan sufrido como él.

(b) Lo segundo es que “comprenda” al citado clérigo, si puede, que le perdone incluso con amor, viéndole como alguien que es débil y enfermo. Dile que es “normal” que haya sacerdotes homosexuales y que la inmensa mayoría de ellos son fieles a su compromiso religioso y humano. Pero que hay algunos sacerdotes homosexuales (¡y también heterosexuales!) que son enfermos o que se pervierten, por diversas razones, y se vuelven pederastas… Buscan amor, pero no pueden encontrarlo y desplegarlo de una forma recta. Dile que hay algunos sacerdotes heterosexuales pederastas y que algunos, por desgracia, los hemos conocido. Dile que hay también homosexuales pederastas. Añade que unos y otros deberían abandonar inmediatamente el ministerio, por humanidad, por ética, por respeto a su ministerio.

(c) Dile que, si puede, perdone a su agresor (en la línea de las reflexiones de A. Álvarez, en el blog de ayer). Pero que no se preocupe demasiado si, por ahora, no puede perdonar, que quizá lo hará más tarde. Perdonar no es olvidar, ni negar, ni decir que ha sido bueno… Nada de eso. Perdonar supone afirmar que lo hecho ha sido malo, pero que por encima de ese mal hay un amor más grande… Puede estar la debilidad y enfermedad del agresor. Pero ha de estar la madurez y amor del agredido, en este caso tu muchacho, que puede transformar lo que ha pasado, introduciéndolo en una dinámica positiva de maduración. Sería bueno que pudiera ver al “culpable” sin resentimiento, quizá como a un enfermo. Sería bueno que se viera a sí mismo como un itinerante el amor. Las heridas recibidas pueden ayudarle a madurar, a entender e incluso a gozar, amando de manera mejor a los demás.

(c) Lo último es que procure que ese clérigo no siga haciendo daño a otros jóvenes. En caso de posible reincidencia, sería incluso necesario que denunciara a su agresor… Quizá le podrías ayudar en este campo, con realismo, con tacto, para bien del “culpable” y para que no sigan sucediendo casos como éstos. Si la cosa se pudiera arreglar (¡pero de verdad, con enmienda y corrección!) en ámbito de iglesia o de grupo social, no sería necesario acudir al juzgado; todo podía quedar arreglado en ámbito de iglesia, siempre que no hubiera otros casos y siempre que el sacerdote “culpable” (enfermo o no) abandonara su ministerio. Ya sé que hay casos muy difíciles.

He conocido mucho a un “semi-pederasta” (cura tocón de niños…) que estaba bastante enfermo y que acabó en un psiquiátrico. Esos pederastas suelen ser enfermos y por eso habrá que actuar con prudencia, con tacto… Pero siempre hay que procurar que el “culpable” en cuestión no pueda repetir lo que hacía. En casos extremos habrá que acudir incluso al juzgado civil, aunque ello implique escándalo. La Iglesia sólo será comunidad de Jesús si sabe admitir y admite de un modo ejemplar los problemas de algunos de sus ministros, a los que quizá ha exigido demasiado, ofreciendo (e imponiendo) el celibato a personas sin madurez afectiva y humana. En estos casos, se trata sólo cumplir lo que dice Mt 18: “si uno peca… corrígele a sola… Si no se corrige llama a otros testigos… Si no se corrige llama a toda la comunidad… Y si no escucha a la comunidad ponlo en manos de la sociedad externa.

(2) Sobre el sacerdocio del “homosexual”.

El caso es muy complejo e incluso emocionante. Estamos ante un homosexual, que ha sido violado por un homosexual “pederasta” y que a pesar de eso quiere ser sacerdote, cultivando así una vocación de amor desinteresado, al servicio de todos… Comprenderás que el tema es difícil y que, quizá, se requiera ayuda especializada, profesional (en plano psicológico), para ver si este muchacho puede asumir, en sus condiciones, los compromisos y “gracias” del sacerdocio. De todas formas, en un plano general, podría decirte lo siguiente:

(a) Dile que distinga muy bien entre ser homosexual y ser pederasta. Que la homosexualidad es una forma de amar, con sus grandes posibilidades y también con sus dificultades. Dile que la inmensa mayoría de los homosexuales no son pederastas, aunque en algunas situaciones (como las de su violador) un tipo de homosexualidad, en un determinado ambiente, puede llevar más fácilmente a la pederastia. Que tenga eso bien claro: que no vea, en ningún sentido, el acceso al sacerdocio como un medio para facilitar algún tipo de afectos en línea de pederastia. Que mire si el acceso al sacerdocio puede ser para él algún tipo de evasión o tapadera

(b) Dile que algunos teólogos y hombres de iglesia afirman que los homosexuales no pueden ser clérigos, apelando incluso a documentos oficiales. Yo no estoy de acuerdo con ello: ha habido buenos clérigos homosexuales y los seguirá habiendo, personas que dedican su vida al servicio de los demás, en línea cristiana. Pero dile al muchacho que su condición de homosexual puede implicar ciertas dificultades, pues tendrá que “ocultar” de algún modo su tendencia sexual (no podrá decir nunca abiertamente que es homosexual, en esta Iglesia…), de manera que vivirá en un tipo de “división” o esquizofrenia.

De todas maneras, miradas las cosas en profundidad, esas mismas dificultades pueden implicar una riqueza. Quien admite con honradez y sin exhibicionismos su homosexualidad (¡tampoco los heteros tienen que andar diciendo por ahí: yo soy heterosexual!) puede ser muy buen sacerdote, un hombre de gran sensibilidad y cercanía, sobre todo en unos tiempos como los nuestros en los que los “roles” masculinos tienen que definirse de un modo distinto (superando el machismo actual).

(c) Sabes que yo defendí, ya en el cursillo al que asististe, la supresión de la ley del celibato: debe cambiar, a mi juicio, la figura actual del “sacerdote católico” (incluso la palabra sacerdote)… Lo que pido a los candidatos a los ministerios no es el “celibato para todos”, sino la madurez afectiva de cada uno, en sus diversas formas (posible matrimonio, celibato…). Pero eso podrá venir en el futuro. Conforme a la disciplina actual de la Iglesia, es necesario el “celibato básico” para que uno pueda ser ordenado sacerdote. Si el muchacho acepta a ese celibato desde su homosexualidad, si lo acepta con amor, como un don y como un reto personal… si se siente feliz en esta iglesia… anímale a que siga, con gran libertad, el camino del “sacerdocio”. Dile que ser célibe desde su homosexualidad, como otros han de ser célibes desde su heterosexualidad.

(d) Dile que su celibato homosexual no se define por lo que puede tener de negación o carencia, sino por lo que puede aportar y aporta de libertad y de capacidad de encuentro con los demás, en un nivel no genital. Muchos afirman que, por su especial sensibilidad, en las condiciones actuales de la iglesia y de la sociedad, los homosexuales tienen una dificultad mucho mayor para vivir el amor en línea de celibato, de manera que sostienen que no pueden ser clérigos. Como sabes, no estoy de acuerdo con esa apreciación. Pero los homosexuales pueden tener ciertas dificultades (y ventajas) especiales. En esa línea, dile al muchacho que lo piense ante Dios y ante sí mismo. No se puede ser célibe por obligación ni por imposición, sino sólo por amor y con gozo. Si no asume el celibato con gran gozo, que no sea presbítero en esta iglesia, que hay amplio campo para ser cristiano y para ser misionero y testigo de Jesús sin ser presbítero.

(e) No sé lo que pasará el día en que se suprima la ley del celibato… ¿Podrá haber entonces presbíteros homosexuales que se casen, varones con varones, mujeres con mujeres, como sucede ya en algunas iglesias cristianas? Voy a dejar el tema así abierto, en forma de pregunta, para retomarlo quizá cuando llegue el momento. Hoy por hoy, ésta no puede ser una opción para el muchacho. No puedes decirle “ahora ordénate, que dentro de unos años los homosexuales clérigos podrán casarse”. Hoy por hoy, si se quiere ordenar con honradez, tiene que conocerse a sí mismo, teniendo ante el Señor y ante los otros la certeza de que puede mantenerse célibe, en amor, al servicio de la Iglesia. Los sacerdotes homosexuales célibes honrados (¡no pederastas!) pueden ser y son un regalo para la Iglesia… aunque quizá lo puedan tener algo más difícil que los otros.

Conclusión. Bibliografía

Esto es todo, Pepe de X. Gracias por tu carta, gracias por confiar en mi. Me pedías algo de bibliografía. Te añado la que he puesto “Homosexualidad! 1 y 2, en Palabras de Amor. Guía del amor humano y cristiano, Desclée de Brouwer, Bilbao 2006. Busca en ese libro, si quieres ampliar lo que aquí digo.

Homosexualidad 1. Visión general. J. ALISON, Una fe más allá del resentimiento: fragmentos católicos en clave gay, Herder, Barcelona 2003; D. BARTLETT, «Biblical perspective on homosexuality»: Foundations 20 (1977): 133-147; M. BORG, «Homosexuality and the New Testament»: Bible Review 10 (1994) 20-54; K. DOVER, Greek Homosexuality, Harvard UP, 1989; D. MARTIN, Arsenokoites and malakos: Meanings and Consequences. Biblical Ethics and Homosexuality, Westminster, Louisville 1996; J. MILLER, «The practices of Romans 1:26: Homosexual or heterosexual»: Novum Testamentum 37 (1995): 1-11; R. SCROGGS, The New Testament and Homosexuality, Fortress Press: Philadelphia, 1983C. A. WILLIAMS, Roman Homosexuality: Ideologies of Masculinity in Classical Antiquity, Oxford UP, 1999. Literatura on line: www.religioustolerance.org/hom_bibl1 y en .bethstroud.info/bible.shtml.

Homosexualidad 2.Ministerios cristianos. J. BOSWELL, Las bodas de la semejanza, Muschnik, Barcelona 1996; Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, Muschnik, Barcelona, 1992, ha demostrado que la iglesia primitiva (hasta el siglo XII) no solamente no condenaba a los homosexuales, sino que incluso admitía y bendecía su vida, con un tipo de “sacramento” litúrgico, admitido en muchas comunidades de oriente y occidente.

Sólo a partir del siglo XIII, con la introducción de una visión nueva de la “naturaleza humana” se empezó a condenar la homosexualidad, no sólo opuesta a la doctrina de la iglesia, sino como naturalmente perversa. En la actualidad, aunque la jerarquía católica romana mantiene una postura tradicional (que proviene del siglo XII-XIII), el conjunto de la sociedad y de la iglesia se está situando de un modo distinto ante el amor homosexual.

D. B. COZZENS, La faz cambiante del sacerdocio, Sal Terrae, Santander 2003; C. DOMÍNGUEZ (ed.), La homosexualidad. Un debate abierto, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004; C. ESPEJO, El deseo negado. Aspectos de la problemática homosexual en la vida monástica, Univ. Granada 1991; J. GONZÁLEZ, En tránsito del infierno a la vida. La experiencia de un homosexual, Desclée de Brouwer, Bilbao 2002; J. MCNEILL, La iglesia ante la homosexualidad, Grijalbo, Barcelona 1979; M. ORAISON, El problema homosexual, Taurus, Madrid 1976.

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