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Hay que detener ya la barbarie desatada por Israel en Gaza -- Eduardo Lucita

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Argenpress

Uno no puede abstraerse, aunque sus conocimientos se concentren en otras áreas. Lo que sucede en Gaza no lo permite y uno esta obligado a escribir algo, a dar su opinión, aunque no sea un especialista en la cuestión.

Y no puede menos que hacerse preguntas. ¿Qué es lo que explica semejante barbarie? ¿Qué es lo que hace que una población de 1,5 millones de personas encajonadas en una franja de solo 360 kilómetros cuadrados -una de las de mayor densidad de seres humanos del planeta- esté siendo atacada por tierra, mar y aire por uno de los ejércitos mejor equipados y preparados del mundo?

El 70 por ciento de esa población empobrecida vive, si es que así puede decirse, en condiciones de refugiados que, paradojalmente, no tienen donde refugiarse frente a los bombardeos; tampoco pueden escapar hacia las fronteras porque estas están cerradas; no tienen donde restañar sus heridas porque sus precarios sistemas de salud, también alimentarios, están colapsados y desabastecidos por el bloqueo.

Consensos

Como pocas veces antes, los dirigentes israelíes han logrado consenso en la sociedad de que se trata de una operación para frenar o poner límites a los misiles que constantemente dispara la organización de resistencia islámica Hamas. Estos misiles -de fabricación casi artesanal- son muy poco eficaces desde el punto de vista de su capacidad destructiva, pero lo suficiente como para alterar la vida cotidiana de las ciudades que son alcanzadas por ellos. Sin embargo el despliegue militar en juego, el más grande desde 1967, reforzado en estos días por el «uso masivo de la fuerza», nos muestran que se trata, como en el Líbano, de una maniobra ofensiva en gran escala.

Y es aquí donde ingresa un segundo argumento. El objetivo real sería la aniquilación de Hamas para garantizar la paz en la zona y la seguridad de que las ciudades israelíes del sur no volverán a ser nuevamente atacadas con misiles. Pero el alto mando militar israelí, como sus dirigentes políticos, no pueden desconocer que este objetivo es inalcanzable. Hamas, como Hezbolá, no son milicias aisladas dispuestas sólo para el combate, al contrario están profundamente enraizadas en el pueblo palestino, suplen la incapacidad y la ineficiencia de las autoridades formales, hacen tareas asistenciales, proveen medicamentos y alimentos, dan mínimas formas organizadas a la vida social. La prueba más evidente es su ascenso electoral que Israel, la Unión Europea y EE.UU. se empeñan en desconocer. El bloqueo y el corte de la ayuda, indispensable para el funcionamiento limitado del protoestado palestino, es responsabilidad conjunta de estos estados.

Contexto histórico

Nada puede comprenderse sin una mínima referencia a las raíces históricas del conflicto. Un folleto distribuido profusamente por estos días da cuenta de que «en noviembre de 1947 la recién formada ONU -de la que no era parte la nación árabe- sancionó la Resolución 181 que proponía la partición de la Palestina Histórica en dos estados: uno «judío», para el que destinaba el 56% del territorio y otro «árabe», al que le asignaba el 43%, más una zona internacional en el 1% restante correspondiente a Jerusalén. Esta propuesta «que no fue consultada con los nativos de Palestina, ni tampoco aprobada por el Consejo de Seguridad», buscaba una solución a los judíos perseguidos en Europa por el nazismo, aunque no les garantizaba la propiedad de la tierra.

A partir de diciembre de 1947, organizaciones sionistas que se enfrentaban con los británicos comienzan también a desalojar a los pobladores palestinos, arrebatándoles el territorio que no habían podido obtener por compra ni por decreto de las potencias. El 15 de mayo de 1948, un día después de retiradas las fuerzas británicas, Israel se fundó sobre el 78% del territorio de la Palestina Histórica, expulsando a centenares de miles de palestinos. Desde entonces miles y miles de familias palestinas viven hacinadas en Gaza y desde la Guerra de los Seis Días en 1967, bajo la ocupación israelí.

Aquellos 800 mil palestinos desplazados son hoy, 60 años después, 6 millones, que luchan cotidianamente para apenas vivir y esperan se respete su derecho al retorno, reconocido por la ONU en su resolución 194. Para la religiosidad judaica su derecho a esas tierras, particularmente Cisjordania, proviene de que son territorios bíblicos (Judea y Samaria). Así la guerra, si se acepta llamar así al enfrentamiento entre fuerzas tan dispares, no tiene solución de continuidad.

Otra mirada

Pero esta síntesis de una realidad mucho más compleja que lo aquí expresado, puede ayudar a comprender la naturaleza del conflicto pero no el sentido de la barbarie actual. El premier israelí Ehud Olmert acaba de decir esta semana que están «cerca de cumplir sus objetivos». Si los argumentos esgrimidos hasta ahora son cuando menos inconsistentes, ¿Cuáles son esos objetivos? Arriesgamos algunas hipótesis:

La crisis económica mundial y el empantanamiento en Irak y Afganistán estarían jugando un papel indirecto, son guerras demasiados costosas y aparentemente sin salida para la primera potencia mundial, que no puede sostener indefinidamente un extraordinario déficit fiscal en crecimiento, tanto por los créditos de guerra como por los subsidios para paliar la crisis.

Así visto, mas temprano que tarde los EEUU retirarán sus tropas de Irak y crece la idea que el vacío de gobernabilidad que allí quedará sólo lo puede llenar Irán, al mismo tiempo que no sería improbable que para la nueva administración americana Israel ya no resulte el socio privilegiado en la región. De hecho la reciente abstención de EE.UU. habilitando el pedido de cese inmediato del fuego por la ONU es percibido como un adelanto de este cambio de orientación. Tel Aviv saca conclusiones de este curso probable y trata de condicionar la política futura del gobierno de Obama en la región.

Tal vez de la derrota a manos de Hezbolá; del arrollador triunfo electoral de Hamas -ganó las elecciones parlamentarias en 2006 con el 65 por ciento de los votos en las dos zonas-; del debilitamiento de la ineficiente y corrupta Autoridad Palestina, los estrategas israelitas hayan sacado la conclusión de que era el momento para lanzar una ofensiva que termine con la idea de un Estado nacional palestino. Si así fuera cobra entonces sentido porqué los objetivos militares de Israel son civiles (60% de los caídos, la mitad niños y mujeres). Pueden pretender reducir al mínimo la resistencia pero sobre todo buscan anarquizar la situación social en Gaza, impedir cualquier forma de gobernabilidad y de administración de la gestión pública, por menor que esta fuera.

Ningún Estado

En un reciente artículo John Bolton, quien fuera embajador de EEUU ante la ONU, afirma que la idea de dos Estados, tal como se había implementado luego de los Acuerdos de Oslo en 1993, ha fracasado y que se debe avanzar en una política que él llama de tres Estados. En este esquema la Franja de Gaza volvería al control de Egipto y Jordania se haría cargo de la Cisjordania, mientras que Siria albergaría otro tanto: solución que implica el definitivo desmembramiento palestino y ningún Estado.

Estos objetivos parecen estar mucho más a tono con la envergadura de la ofensiva militar y la barbarie que lleva implícita. Por esto mismo es que la campaña para las próximas elecciones en Israel se ha convertido en realidad en una competencia entre los candidatos por ver quién es el más duro entre los duros. Sin embargo ya dentro de Israel comienza a hablarse de «crímenes de guerra», y el consenso interno de «guerra justa» comienza a resquebrajarse.

Terminar con la barbarie

En 60 años el pueblo palestino no ha logrado recuperar sus territorios, tampoco ha podido construir su propio Estado, sin embargo puede decirse que su causa ha ganado legitimidad internacional. En el largo plazo la única solución posible es la de un solo Estado democrático, laico y plural para toda la Palestina, como fue históricamente la reivindicación de la izquierda palestina, aunque su viabilidad requiere de una ruptura con el orden capitalista existente. Pero en lo inmediato se trata de parar la barbarie, poner fin a los bombardeos, a las razias, a la matanza de civiles, al bloqueo y al «muro de la vergüenza» de Cirjordania, liberar a los prisioneros y exigir que Israel vuelva a las fronteras vigentes en 1967. Sería una base razonable para comenzar un debate democrático que ponga fin a tanta atrocidad criminal.

Eduardo Lucita es Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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