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Haití existe -- Elizabeth Noriega

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Rebelión

La sacudida descomunal que desbastó a Puerto Príncipe acrecienta la percepción sobre las dramáticas secuelas de la pobreza y las carencias de una actuación humana consecuente con los abismos sociales de nuestra época. Las secuencias desde la isla son reveladoras de la saña telúrica en un territorio carente de posibilidades preventivas. Testimonios desconsolados reiteran que Haití no existe. Pero en esa nación arrasada están sus sobrevivientes y fuerzas solidarias que aguardan una reacción internacional sostenible, acorde con la dimensión real de la tragedia.

Durante más de una década colaboradores cubanos han permanecido en Haití. Ellos representan a un programa basado en la voluntad de cooperación que parte desde la cercana Cuba, conocedora del enfrentamiento a las dificultades y con resultados palpables en salud, educación y cultura. En el momento del terremoto cuatrocientos médicos de la isla sufrieron la arremetida. Desde entonces constituyen la primera fuerza de asistencia médica a los sobrevivientes. Más de dos mil haitianos han sido socorridos en los cinco puntos de atención que mantienen en Puerto Príncipe. Otros seiscientos médicos cubanos se sumaron al contingente en las primeras horas tras el desastre.

Es una labor inconmensurable y prácticamente desconocida. Los reportes reproducen el caos que no ha cedido espacio a la esperanza. Las inmensas cifras entre muertos y desaparecidos centran la atención conjuntamente con la ola de saqueo. Las ayudas anunciadas no llegan a los necesitados.

Sólo los medios de comunicación cubanos y otros alternativos informan sobre la dedicación de los cooperantes de la isla y el reclamo a la Organización Panamericana de Salud de apoyo logístico, material quirúrgico gastable, soporte hospitalario, y otros materiales necesarios para garantizar su asistencia médica en Haití. Esa solicitud confirma que la cooperación iniciada hace una década proseguirá ahora con más determinación aún, consagrada a través de la colaboración sur-sur favorecida por las formas de integración que sostienen los países incorporados a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

La gravedad desbordada por el terremoto haitiano exige actuaciones más comprometidas con la erradicación de estas realidades desoladoras en las sociedades atrapadas por la miseria. El espanto ya existía en Haití. Ahora ha trascendido a los titulares pero las brigadas médicas cubanas y otras fuerzas cooperantes han sido testigos de los estados de desesperación reinantes en los barrios pobres. Urge sin dilación la ayuda internacional. Aún existe Haití.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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