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Guerra por la herencia de Maciel: El estremecedor testimonio de su sobrino, Alejandro Espinosa

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Religión Digital

«Se dedicaba a blanquear capitales del tráfico de drogas»
Redacción Periodista Digital, 21 de septiembre de 2009 a las 20:08
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Los pecados de Marcial Maciel Vows Of Silence — Marcial Maciel the Legion of Christ and Regnum Christi Vi las orgías en las que participaba Maciel. Era una máquina sexual
Maciel, con Juan Pablo II Sanjuana Martínez.-Marcial Maciel no solamente tenía el control de la poderosa orden católica de Los Legionarios de Cristo. Ahora se sabe que durante 60 años acumuló una riqueza inusual para un sacerdote. Y que gran parte de esta fortuna se encuentra depositada en bancos y paraísos fiscales como el de las islas Bahamas.

Se sabe que esa abundante riqueza ha abierto una guerra entre los herederos, los hijos del Maciel. Alejandro Espinosa, sobrino de Maciel cuenta cómo y cuánto dinero movía, de dónde lo obtenía y otras historias hasta ahora desconocidas de quien terminó siendo la imagen más grotesca de la pederastía con el consentimiento de papas y de El Vaticano.

Marcial Maciel fue aparentemente buen padre, aunque no precisamente de la iglesia católica, sino de familia. Su preocupación por el destino de sus hijos hizo que les dejara en herencia una especie de fideicomiso en el paraíso fiscal de las Bahamas, concretamente en la subsidiaria del Citibank, Cititrust Limited.

La fortuna acumulada durante 60 años por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, es incalculable y sus supuestos hijos ya luchan por llevarse una parte de la herencia acumuldada a través de los generosos donativos de sus fieles devotos.

El futuro de los tres hijos mexicanos de Marcial Maciel hasta ahora identificados: Norma Hilda que vive en Madrid y los hermanos Raúl y Christian que radican en Cuernavaca, Morelos, está supuestamente asegurado; aunque aún no se determina entre cuantos tendrá que dividirse ese dinero, ya que la Legión reconoce la existencia de «varios» hijos más.

Alejandro Espinosa, sobrino de Marcial Maciel y autor del libro El Legionario en donde narra los abusos sexuales a los que fue sometido por el fundador de los Legionarios, asegura que su tío siempre manejó de manera discrecional los dineros de los Legionarios y que más que un fideicomiso en las Bahamas, abrió cuentas bancarias a nombre de sustitutos para usar esos dineros a su antojo.

Como ejemplo, ofrece su experiencia propia y cuenta como en diciembre de 1950 lo acompañó de Madrid a Nueva York para hacer una operación financiera en el First National City Bank:

«Recuerdo que nos hospedamos tres días porque mi tío iba a atender sus asuntos de narco y lavado de dinero, para ser claros. Allí depositó poco más de 400 mil dólares en dos cuentas a mi favor. En aquel entonces era mucho dinero. Puso el dinero a mi nombre y yo firmé».

Espinosa asegura que además de los generosos donativos, Maciel fue amasando una fortuna con negocios ilícitos como el blanqueo de capitales, producto del tráfico de drogas a las que era adicto: «Habiendo tanto dinero involucrado, cualquiera se hace hijo de Maciel».

Afirma que el fundador de los Legionarios enriqueció a su familia, concretamente a sus ocho hermanos: Olivia, Teresa, Blanca, Maura, Francisco, Alfonso, José y Javier: «Los hizo ricos. Sólo a Francisco lo arrinconó por sus tendencias homosexuales, según el mismo Maciel. Por eso le propinaba golpizas cuando lo sorprendía haciendo el papel de niña cuando jugaba con otros niños».

Sobre la versión de que Maciel abusó sexualmente de sus propios hijos, Espinosa lo duda: «No lo creo. Me resulta contrario a la psicología que yo le conocí a Maciel. ¿Por qué nunca violó a sus hermanas o hermanos?».

Alejandro ingresó a la legión a los 12 años y permaneció 13 años al lado de su tío. Por tanto, se muestra escéptico sobre la veracidad de la historia de varios de los hijos del líder de los Legionarios: «Él me dijo que había docenas de mujeres que le lloraban por un hijo de la carne y que le pagaban por dejarles descendencia. Y me dijo: «Yo me cuido mucho. ¡Imaginate, qué hubiera pasado si Jesucristo hubiera tenido hijos!».

La Legión de Cristo sacó a la luz publica en febrero pasado la existencia de una hija de Marcial Maciel. Se trata de la mexicana Norma Hilda que vive en un lujoso apartamento en la calle de Los Madroños en Madrid, quien pactó su silencio con los actuales dirigentes legionarios a cambio de una pensión vitalicia y propiedades: «Es una manera de lavarle la cara a Maciel haciéndolo ver más humano. El papa Benedicto XVI les obligó a anunciar lo de la hija. Ratzinger fue su principal encubridor junto con Wojtyla».

Añade: «(Por) el gran dinero que manejan Los legionarios y luego de que ellos mismos reconocieran la existencia de Norma Hilda, yo no duraría en que le salieran hijos por docenas a mi tío, hasta Lucrecia Rego dice que es hija».

Sobre la existencia de otros descendientes representados por un abogado mexicano, Espinosa dice que carece de credibilidad sin pruebas: «Hay demasiado interés económico por parte del abogado que dice representar a los supuestos hijos de Maciel como para pensar que su objetivo está libre de intereses espurios. Él ha hablado de tener pruebas, pero no saca ninguna, algo que no comprometa, pero que dé fe. ¿Dónde están las fotos, las cartas de su puño y letra, los mails, las grabaciones? No hay nada. Eso me genera muchas dudas».

La credibilidad, dice, sólo se consigue ofreciendo pruebas y una carta escrita a máquina y firmada por una de las supuestas falsas identidades que utilizaba Maciel no es suficiente: «Se me hace muy artificial todo, sobre todo porque estos supuestos hijos, salen ahora que se murió. ¿Por qué no salieron en el 97 cuando denunciamos a Maciel? ¿Por qué salen ahora que ya es tan fácil?».

Lo más grave, señala, es que después de la batalla emprendida por las víctimas de Marcial Maciel y que al final han ganado credibilidad, algo que les costó mucho, todo eso puede venirse abajo por las mentiras de unos cuantos que buscan legitimarse.

«Nos costó mucho trabajo abrir esa parte de la sociedad y ganar la credibilidad sobre las acusaciones en contra de Maciel. Nosotros nunca buscamos una retribución económica, por eso tengo mis dudas. No niego los niveles de perversión que alcanzó Marcial Maciel, sino por el factor económico que está detrás».

Las pruebas de ADN son determinantes, pero Espinosa duda que estos jóvenes las tengan: «En ese caso, yo también digo que estoy dispuesto a hacerme la prueba de ADN para probar que soy familiar a ver si alcanzo herencia y con la seguridad de que en mi caso sí es la misma sangre. Maciel era primo hermano de mi padre».

Espinosa asegura que podría aceptar que Maciel tiene hijos, siempre y cuando ofrezcan pruebas: «Si llegan a mostrar un documento fehaciente lo creo, pero no con palabras. Si llegase a comprobar esa paternidad sigue siendo el mismo monstruo. A diferencia de Jesucristo, él sí trató de fundar su reino en la tierra, porque no creía en el del cielo».

El capítulo de las mujeres de Marcial Maciel tiene como objetivo humanizarlo, según Alejandro Espinosa, pero advierte: «Maciel ante todo era un homosexual y un pederasta. Lo de las mujeres era un sacrificio que asumía para desplumarlas. Eso es lo que vi durante tantos años. Nada de que ahora quieran hacerlo muy hombre a fuerzas, hablando de sus mujeres. Él estaba dispuesto a fornicar a todas a las que podía sacarle uso y beneficio».

De acuerdo con su experiencia, la procedencia de los supuestos hijos de Maciel causa escepticimo en Espinosa, sobre todo porque la madre de Norma Hilda es una mujer morena con rasgos indígenas, y la de Raúl y Cristian es alguien de clase media o baja: «Es muy extraño, porque Maciel era racista a morir. No hay una relación coherente. Tampoco se metía con la servidumbre. Él, si acaso, tenía relaciones sexuales con las dueñas de las casas, como la de Lola Barrosa, a donde se iba a descansar a Cuernavaca. Para él la servidumbre eran personas de segunda clase».

«Maciel buscaba mujeres de la alta sociedad, incluso una chica de 15 años de apellido Zapata, cuyo padre era dueño de la fabrica Tapón Corona, le dijo a Maciel: «Deja del sacerdocio y cásate con mi hija». El no aceptó por «pura virtud» pero la muchacha le pedía procrear con ella un hijo.

Otra le lloraba y le rogaba que se fueran a vivir a Suiza, y había una actriz italiana que tenía un hijo más bonito que el niño Jesús, y Maciel le llevaba rosas rojas y chocolates. «Ellos se hospedaban en el hotel Excélsior de Madrid y tenían camas juntas. Vivió con ella durante meses. Si quería hijos, ¿por qué entonces no tuvo hijos con sus amantes ricas?».

Según Esponosa, Maciel tuvo todas las amantes que quiso, desde esposas de hombres de la alta sociedad hasta viudas. El sexo era la pasión que lo dominaba. Hizo del sexo el instrumento que lo llevó al éxito en todos los campos de su vida. Entre los años 50 y los 60 tuvo una docena de mujeres. Él las nombraba a todas y las fui conociendo. A la única que nunca vi fue a una Josefita Pérez de Delfino, que era hija del dictador Pérez de Venezuela, y a otra señorita de apellido italiano.

A Maciel le gustaban guapas, aunque la Talita Retes no era la mejor. «Sin embargo, a ella sí la tuvo de amante. Talita Retes fue la primera amante. Le exigía matrimonio y Maciel la mandó al traste, claro, después de sacarle el dinero. Le dio más de 6 mil pesos oro. Con eso vivió y compró la casa de Madero 12» .

Maciel, apunta Espinosa, le decía las mismas mentiras a todas, igual que nos decía a nosotros de niños, para someterlas sexualmente: el permiso papal, sus dolencias prostáticas, la retención de semen… todas esas estupideces que como niños nos creíamos. «Lo raro es que ellas cayeran también».

Los testimonios siempre han hablado de la capacidad de seducción de Maciel: «Ellas se dejaron seducir. Él era galán y luego lo ponían adornado con esa aura de la predestinación celestial, las bendiciones del cielo y todo lo demás, pues las mujeres estaban enajenadas con él. Y a Maciel le encantaba y decía que lo confundían con el Duque de Windsor. La religión para él fue su pasaporte a la buena vida, al dinero, al poder, a la supremacía social. Maciel no creía en nada».

¿A cuánto asciende la fortuna acumulada por Maciel? Nadie ofrece una cantidad exacta. La Legión de Cristo es una multinacional que tiene más de 850 sacerdotes, 3 mil seminaristas y 70 mil laicos, agrupados en su asociación Regnum Christi, en más de 40 países.

El emporio educativo está compuesto de más de 145 colegios, nueve universidades y 21 institutos superiores: «La fortuna es mucho más de 20 mil millones de euros. Hay que calcular todas sus propiedad, las universidades, los colegios o negocios de enseñanza, los más caros y los más ineficientes».

La combinación sexo y dinero por parte de Marcial Maciel fue una realidad durante toda su vida, comenta Espinosa, quien asegura que a él mismo le ofreció ser su mano derecha siempre y cuando se sometiera a sus desviaciones:

«Yo fui sometido a varios de sus abusos, pero nunca me dejé violar. Vi las orgías en las que participaba y cómo abusó de otros compañeors. Yo pensaba que era una máquina sexual, pero no, el doctor Ernesto Lammoglia me corrigió y lo definió como un monstruo del dinero. Y es verdad, a él le importaba el dinero sobre todas las cosas y el sexo era un instrumento multifuncional».

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