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Gestos “sorprendentes” que esperamos de la Iglesia (2) -- Rufo González

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Comunidad de base3Recuperar el protagonismo de la Comunidad Cristiana
La degeneración de la Iglesia, tras la libertad de los emperadores romanos, Constantino y Teodosio, ha llegado a nuestros días en el protagonismo absoluto del clero. Los bautizados, la mayoría sin su consentimieno, se sienten desvinculados e identifican la Iglesia con la Jerarquía. Con excepciones personales, no se sienten parte activa de la Iglesia. Sin reconocer en la práctica que la comunidad cristiana son todos los bautizados, resulta muy difícil llamar y “sorprender” a nuestro mundo con la fraternidad cristiana. Mientras no cambie el sistema de monarquía absoluta y deje de legitimarse teológicamente, será muy difícil reformar la Iglesia.

Vivimos en contradicción constante: quienes defienden el poder absoluto del Papa, cuando no comparten sus decisiones, atacan sin misericordia al mismo Papa. Extraña el Papa, infalible y plenipotenciario, cediendo. Es la contradicción de todo poder absoluto, y más cuando se concentra en una sola persona. Es imposible. Tiene que rodearse de instituciones, de leyes, de disciplina, de ritos, de cargos, de economía… Instituciones organizadas digitalmente, sin control social alguno, vitalicias, fuentes de abusos y prepotencia. Este es el triste espectáculo que nos están proporcionando las Curias Vaticana, Diocesanas y Parroquiales.

El clericalismo no es evangélico

No basta que el Papa sea una persona sencilla, sobria, dialogante. El modelo de pirámide clerical, donde todo el poder desciende del papa, baja a los obispos, a los presbíteros… hace imposible el cambio evangélico. Sólo ellos tienen poder decisorio en la Iglesia. El pueblo estará a merced del Papa, del obispo, del párroco… que toque. El Evangelio no quita a las comunidades la libertad de elegir a quienes mejor desempeñen diversas funciones evangélicas. Lo entendieron y lo practicaron los primeros cristianos (He 6, 3; 15, 22ss). La vida y misión de una comunidad no puede depender absolutamente de unos dirigentes inamovibles. Es el caso de la parroquia de un amigo, que escribe este comentario a mi artículo anterior:

“Me sorprende, Rufo, que esperes “gestos sorprendentes” de la Jerarquía. Eso sí que sería una sorpresa. ¡¡La esperanza es lo último que se pierde!!… Hablas de los Consejos Parroquiales. ¡¡¡Qué pena!! Llevo 38 años como feligrés de la parroquia que tú impulsaste y animaste durante doce años. A partir del año 1978, tuvimos Consejo Parroquial presidido y orientado por los diversos párrocos y sacerdotes que desde entonces habéis pasado por la parroquia. Tú bien conoces la activa participación de los seglares en las diversas áreas de la pastoral. Y bien conoces también el efecto destructor del párroco que te sucedió en la parroquia. En un año, su falta de visión pastoral, su autosuficiencia y jactancia, unidas a su autoritarismo, han dado al traste con los Consejos. Y la parroquia ha quedado simplemente como un “supermercado de sacramentos”. Llegó a decir en uno de los últimos Consejos: “La parroquia es una empresa y yo soy el jefe”. Hago esta reseña no para ti, que bien la conoces, sino para los lectores de tu blog. Que conozcan de primera mano lo que ocurre cuando en una parroquia falta la “comunión” entre sacerdotes y seglares. Sí que sería un “gesto sorprendente” que los nuevos párrocos restauraran los Consejos de la parroquia. Pero lo dudo… En dos años no han movido ni un dedo. Ellos… a lo suyo: “SU” parroquia (Comentario por pepemallo 20.02.16 | 01:56, en el Blog “Atrévete a orar”, de Religión Digital).

El Espíritu sopla donde quiere (Jn 3, 8)

También en el Movimiento de Curas Casados. Su Federación Latinoamericana y Europea. A finales del año pasado (29 octubre-1 noviembre), celebró un congreso en Guadarrama (Madrid, España), bajo el lema «Curas en unas comunidades adultas». En un comunicado “a todo el Pueblo de Dios” nos cuentan su experiencia y convicciones. Fruto de la práctica creyente y del trabajo de personas obligadas por ley a dejar su ministerio oficial en la Iglesia. Su conciencia, “el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimode aquella” (GS16), les llevó “a integrarse y comprometerse, con sencillez y fidelidad, en grupos comunitarios, buscando sentido cristiano a sus vidas y ayudando a quienes han encontrado, a descubrir su dignidad como seres humanos y como hijos de nuestro Padre-Madre Dios”. Son un lugar donde podemos encontrar inspiración para reformar la Iglesia. Estas son sus convicciones:

1º.- Estamos convencidos -y en ello coincidimos con otras comunidades y movimientos de iglesia, parroquiales y no parroquiales- de que el modelo de cristianismo mayoritariamente imperante está desfasado; y lejos de ayudar a la implantación del Reinado de Dios y su justicia, es con frecuencia un obstáculo para la vivencia de los valores evangélicos. Un nuevo tipo de iglesia y de comunidades es urgente para poder aportar algo válido frente a los retos que el ser humano tiene planteados hoy.

2º.- El eje de este nuevo modelo de iglesia debe ser la comunidad, la vida comunitaria de los creyentes en Jesús. Sin esos grupos vivos que comparten su vida y su fe, que intentan descubrir el Reinado de Dios y vivirlo, no hay Iglesia. Y no podemos ignorar que las estructuras parroquiales en un gran porcentaje son dispensarios de servicios religiosos y cultuales más que comunidades vivas.

3º.- Para la renovación de la Iglesia y de las comunidades de creyentes hacia un modelo activamente comunitario de asamblea del Pueblo de Dios, es preciso un cambio estructural; no son suficientes los meros esfuerzos personales. Hay una inercia de siglos (Estado Vaticano, curias, leyes, tradiciones…) que actúa como un peso muerto y dificulta cualquier reforma progresiva.

4º.- Nuestro recorrido nos ha hecho experimentar y comprender que el motor de esa transformación se encuentra en el interior de las mismas comunidades: solamente unas comunidades adultas, maduras, pueden llevar a cabo esa transformación estructural necesaria y urgente. La estructura actual -preferentemente centrada en la parroquia y el culto- no tiende sino a perpetuar el inmovilismo y a adoptar cambios de forma sin ir al fondo.

5º.- También hemos comprendido y experimentado que los curas -sean célibes o no: no es esa la cuestión principal- no pueden seguir concentrando todo en sus personas y pretender asumir todas las tareas y responsabilidades. Su misma identidad y la calidad de su servicio imponen una evolución hacia una mayor participación y hacia un pluralismo de modelos en función y en dependencia de las comunidades concretas.

6º.- Esas comunidades adultas existen ya; en ocasiones son ignoradas o perseguidas; pero es necesario incentivarlas. Son pequeños grupos de dimensiones reducidas, donde sus componentes se conocen, comparten, viven la igualdad, la corresponsabilidad, la fraternidad y sororidad. Tenemos que seguir luchando por ese estilo de comunidades, perfectamente aceptables dentro de la pluralidad de modelos eclesiales.

7º.- Esa adultez y mayoría de edad les permite adaptarse a las exigencias culturales de nuestro mundo cambiante, vivir y formular la fe de forma y en lenguaje comprensibles y organizarse desde dentro según sus necesidades. Esas comunidades son libres y ejercen la libertad de los hijos e hijas de Dios; no viven ancladas en el pasado. Su referencia no es la obediencia, sino la creatividad desde la fe. Y desde ahí, pueden ser entendidas en nuestras sociedades.

8º.- Desde esta óptica, resulta cada vez más contradictoria e injusta la situación de las mujeres: mayoritariamente presentes en la vida eclesial, pero apartadas tradicionalmente de las tareas de estudio, responsabilidad y gobierno. No existe ningún fundamento para mantener esta discriminación, que además supone la pérdida de un potencial humano irremplazable. Se puede razonablemente esperar al mismo tiempo que su presencia cambiará las estructuras de animación y de gobierno a mejores, más justas y más equilibradas.

9º.- Y, finalmente, es preciso reconocer a estas comunidades el derecho a elegir y encomendar las tareas, servicios y ministerios a las personas que consideren más preparadas y adecuadas para cada tarea, sin distinción de sexo ni de estado. Que puedan de esta forma llegar a ser comunidades abiertas, inclusivas, desde la pluralidad y el respeto mutuo.

Hago mía la invitación final del comunicado:

“Invitamos a todos los creyentes en Jesús a ser valientes y adentrarse en estas sendas de creatividad, adultez y libertad, para hacer cada día más real el Evangelio de la misericordia y de la responsabilidad ante los seres humanos y ante nuestra Madre Tierra”.

El comunicado completo pueden leerlo en moceop.net.

Rufo González

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