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Francisco visitó la cárcel más violenta de Bolivia

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Papa Francisco7El papa Francisco dijo que «la reclusión no es lo mismo que la exclusión» y subrayó la importancia del proceso de reinserción, durante su visita a la cárcel de Palmasola, a unos 15 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, donde viven unos 5.000 presos.
SANTA CRUZ, BOLIVIA ANSA 11 jul 2015
«No podía dejar Bolivia sin venir a verles», comenzó el pontífice su discurso en la prisión, donde se encuentran recluidos hombres, mujeres y menores, con sus familias, en una especie de «ciudad prisión», considerada una de las más violentas del país. El Papa se presentó a los reclusos como «un hombre perdonado. Un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados». Francisco explicó que «la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad», pero admitió que son muchos los elementos que juegan en su contra en este lugar. «Lo sé bien», agregó y citó «el hacinamiento, la lentitud de la justicia, la falta de terapias ocupacionales y de políticas de rehabilitación y la violencia».

«Todos podemos equivocarnos y resbalar de nuestra dignidad, pero podemos volver a levantarnos», este fue el mensaje de Francisco a los presos y a los dirigentes del penal de Palmasola, donde fue recibido con afecto, y donde estrechó personalmente la mano e intercambio frases con el público, pasando durante varios minutos frente a las vallas, mientras los presentes agitaban globos amarillos y pañuelos anaranjados.

Fuertes medidas de seguridad para recibir a Francisco en la cárcel de Palmasola. Foto: AFP.
Denuncias.

Dos niños de unos tres años con camiseta blanca, jugaron cerca del Papa y luego se sentaron educadamente en un escalón, mientras hablaba monseñor Jesús Juárez Parraga.

En el discurso, el obispo responsable de la pastoral penintenciaria de Bolivia, Parraga denunció ante el Papa el «escándalo» de los retrasos de la Justicia, y como el 84% de las personas privadas de libertad no tienen una sentencia en firme, así como condenó el «hacinamiento que niega la dignidad humana». El encuentro con Bergoglio tuvo lugar fuera del pabellón masculino P4, abierto a las visitas, donde viven unos 2.800 reclusos y con los cuales los familiares, unas 1.500 personas por día, pueden convivir en una especie de aldea protegida y autogestionada por los mismos presos, con la supervisión del personal de seguridad del Estado. Francisco pidió ante los miles de presentes «una rápida y eficaz alianza interinstitucional para encontrar respuestas» a los problemas que enfrentan los reclusos y sus familias.

«Mientras se lucha por eso no podemos dar todo por perdido», les dijo y les indicó cosas que se pueden hacer como la pacífica convivencia.

El pontífice, que escuchó con atención los testimonios de algunos presos, subrayó la importancia de la presencia de las familias, pues «recuerdan que merece la pena vivir y luchar por un mundo mejor».

Por otra parte, elogió por al personal del centro que cumple «un servicio público fundamental» y tiene una importante tarea en el proceso de reinserción. «Tarea de levantar y no rebajar; de dignificar y no humillar; de animar y no afligir. Un proceso en el hay que dejar de lado la lógica de buenos y malos para pasar a una lógica centrada en ayudar a la persona», afirmó. Esta actitud, prosiguió Bergolio, «generará mejores condiciones para todos. Ya que un proceso así vivido nos dignifica, anima y levanta a todos».
En Asunción reclusas lo reciben con música.

«Papa Francisco bienvenido al Paraguay», entonaron con guitarras y arpas un grupo de 51 reclusas de una hacinada cárcel de mujeres de Asunción, donde el pontífice se detuvo ayer brevemente tras su arribo al país en un acto ajeno a la agenda oficial. En medio de la euforia expresada en gritos y lágrimas a lo largo de los 13 kilómetros que separan el aeropuerto de la Nunciatura, en el centro de la capital, Francisco hizo un alto frente a la cárcel de mujeres Buen Pastor, a la que había sido invitado semanas atrás en previsión de su visita, según revelaron medios paraguayos. Con camisas blancas y alzando banderines, el grupo del coro de esta cárcel con capacidad para 200 mujeres, pero donde conviven 500, entonó un tema. Rodeado de seguridad y de miles de personas, el Papa apenas saludó sonriente. La idea de las autoridades de la cárcel era que Francisco se detuviera, pero al no estar en agenda siguió viaje. AFP

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