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Exito inusitado de un libro religioso en Galicia: La obra sobre Prisciliano de Victorino Pérez

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Religión Digital

Neira Vilas: «Una obra acabada, una visión definitiva para todos y para siempre»
No es habitual que un libro de temática religiosa sea un éxito de ventas. A no ser el ‘Jesús’ de Pagola y, ahora, el libro sobre Prisciliano de Victorino Pérez Prieto. Se titula ‘Prisciliano na cultura galega. Un símbolo necesario’ (Galaxia) y se adentra en las claves de esta figura mítica de la historia de Galicia. Como muestra de su éxito, publicamos dos recientes recensiones del libro. Una a cargo de Neira Vilas, el autor gallego más leido, y otra del crítico Manuel Rodríguez Alonso.

Otra vez Prisciliano

Xosé Neira Vilas (en el Correo Gallego)

Digo «otra vez» porque acabo de leer Prisciliano na cultura galega, de Victorino Pérez Prieto, que viene a ser la culminación de lo que leí y escuché sobre este reformador del cristianismo. Me llegó por primera vez ese nombre en Buenos Aires de la mano de Castelao. Después fuí sabiendo más, incluso sobre la posibilidad de que en Compostela estiuviese enterrado él y no Santiago. Blanco Amor nos decía que así como a Jesús lo seguían unos pescadores analfabetos, a Prisciliano lo seguían e las mujeres y la gente sencilla, pero también lo que hoy llamaríamos intelectuales. Eso y mucho más aparece en este libro.

En Argentina, los gallegos más informados sentíamos gran simpatía por este pensador del siglo IV. En la Habana, el orensano Antonio do Campo había reunido sobre él varias obras en diferentes idiomas. Y Carpentier nos enviába desde París sus libros, dedicados «a los priscilianistas herejes», aunque sabía que el mártir de Tréveris no había sido un hereje.

Pero con todo lo andado en este terreno, siempre me quedaron dudas; y esto se resolvió con el libro de Victorino. Con una asombrosa erudición y en una prosa fluída, lleva hasta los menos informados el conocimiento de quien fue y como influyó en su tiempo este reformista coetáneo de Egeria, Hidacio, Paulo Orosio…

En estas trescientas páginas está todo: el alcance de las ideas del profeta; su obra de teólogo y «hereje rehabilitado»; el mito; el movimiento social que encabezó en contra del poder; lo que significó en los orígenes de la cultura gallega; los enfrentamientos entre priscilianistas y antipriscilianistas; la dicotomía Santiago/Prisciliano; la posición de figuras como el cura de Fruime, el P. Sarmiento, Murguía, Vicetto, López Ferreiro o Marcelo Macías, los puntos de vista de los hombres de la generación Nós (Otero Pedrayo, Risco y Castelao); las obras teatrales de Cotarelo, Cortezón y Millán Picouto; los poemas de Manuel María y Ferrín… y numerosos estudios críticos. En resumen, una obra acabada, una visión definitiva para todos y para siempre.

Aproximación adecuada a Prisciliano

Manuel Rodríguez Alonso
Prisciliano es una de las figuras míticas de la historia de Galicia, hasta para decir que su cuerpo es el que está enterrado realmente en la catedral de Santiago y no el del apóstol. Denostado por unos como heterodoxo, como Menéndez Pelayo o López Ferreiro, es considerado por otros, como Otero Pedrayo o el propio Castelao, un precursor del galleguismo y hasta de la singularidad gallega, el pensador y hombre de acción que defendió una primitiva identidad propia para Galicia frente al furor centralista de la Iglesia de Roma o del Imperio.

Este libro de Pérez Prieto nos da una visión conseguida de Prisciliano como teólogo, como reformador de la Iglesia e incluso como persona profundamente vinculada con su tierra y con los suyos.

El autor comienza por situar la figura de Prisciliano en la Gallaecia, provincia del Imperio romano, de la segunda mitad del siglo IV. Apoyándose en los testimonios de que se dispone (Sulpicio Severo y otros) fija o su nacimiento hacia el 350, en el seno de una familia senatorial. Estudiará en Burdeos, bajo el magisterio de Delfidio (…).

Tras este período inicial de formación, Pérez Prieto sitúa la vuelta a Galicia de Prisciliano hacia el 379. Inicia ahora su movimiento de renovación, que Pérez Prieto, al contrario que los antedichos Menéndez Pelayo y López Ferreiro, no considera en absoluto herético. El priscilianismo es un movimiento que rechazaba la unión Iglesia-Estado que se estaba produciéndose entonces al final del Imperio romano; criticaba también la corrupción de la jerarquía eclesiástica, pretendía que los laicos tuviesen un papel mayor en el gobierno de la Iglesia o proponía la igualdad hombre-mujer de modo que las mujeres pudiesen incluso llegar a ser doctoras de la Iglesia.

Impulsaba también la vida ascética y monacal. Incluso se considera a Prisciliano un precursor del libre examen de la Biblia propuesto siglos después en la Reforma luterana. También realizaría Prisciliano la crítica del esclavismo o de las desigualdades económicas.

Estas ideas se enfrentaban con la concepción jerárquica de la Iglesia que mantenían obispos como Itacio e Hidacio de Mérida, que montarán toda a trama que acabará por juzgar a Prisciliano en Tréveris y considerarlo culpable de herejía, por lo que será decapitado el año 385, juntamente con sus discípulos o seguidores Felicísimo, Armenio, Latroniano, Eucrocia, juliano, Aurelio y Asarbo. La condena a muerte vino motivada por las acusaciones, inmotivadas, de maniqueísmo, maleficio, promiscuidad y práctica de magia y brujería.

Relata también Pérez Prieto el traslado a Galicia de los restos de Prisciliano (junto con los de Felicísimo y Armenio) y los posibles lugares de enterramiento (San Miguel de Valga, Santa Eulalia de Bóveda y hasta la propia Compostela). La peripecia de los viajes y juicios de Prisciliano y los suyos está presentado con un ritmo narrativo que parece más propio de una novela que de una obra de ensayo, lo que es un acierto indudable del autor.

A continuación, el autor analiza minuciosamente las fuentes en que se nos conserva el pensamiento de Prisciliano, así como las interpretaciones que recibió este pensamiento, como son los manuscritos que descubrió el investigador Schepss en 1885 y las interpretaciones que del pensamiento de Prisciliano hicieron investigadores extranjeros como el propio Schepss, Chadwick o Babut.

Especialmente importante es la interpretación del pensamiento priscilianista hecha por el francés Babut, por la influencia que tuvo sobre Otero Pedrayo o Castelao, grandes creadores del mito del Prisciliano nacionalista gallego. No faltan tampoco análisis de las interpretaciones de los estudiosos gallegos como López Pereira, Chao Rego, Romero Pose y tantos otros.

Explica también de modo muy oportuno Pérez Prieto como el nacionalismo gallego (especialmente Otero Pedrayo y Castelao, o incluso Portela Valladares sin ser nacionalista) convirtieron a Prisciliano en una suerte de «galleguista» del Imperio romano en tanto en cuanto defendía, según ellos, la supervivencia del druidismo celta en el seno del catolicismo o proponía un catolicismo genuinamente gallego, enraizado en el sentimiento de la tierra (…).

Muy apropiada es la presentación que hace de la vida intelectual en la Gallaecia y el estudio de los escritores y pensadores que surgieron, posiblemente, al calor del movimiento priscilianista, donde ocupa un lugar de honra Egeria, la primera escritora gallega y la primera mujer escritora en latín. Los dos últimos capítulos del libro los dedica el autor a estudiar la interpretación que la literatura le dio a la figura de Prisciliano, reservando uno de ellos para la interpretación que del pensador gallego hizo la generación Nós, especialmente Otero Pedrayo y Castelao, y el otro para la interpretación de los autores gallegos posteriores a Nós.

Por tanto, una conseguida visión de Prisciliano y del priscilianismo; y que tiene como principal virtud conectar la peripecia vital e intelectual de Prisciliano con la actualidad de la Iglesia católica, pues muchas de las preocupaciones que llevaron a la muerte a Prisciliano siguen estando presentes hoy como la discriminación que sufre la mujer en la Iglesia, la unión de la Iglesia (especialmente en España y en Galicia) con el poder político de derechas y conservador, la lucha entre una Iglesia de los fieles y carismática frente a la Iglesia de las jerarquías o el mensaje social que supone el cristianismo en cuanto a la injusticia de la explotación económica. Pérez Prieto sabe extraer lo que sigue siendo actual y vigente de las teorías y preocupaciones de Prisciliano, nos sólo en la Iglesia, sino en nuestra sociedad.

Es necesario señalar que Pérez Prieto (y con el Chao Rego, Torres Queiruga, los miembros de Irimia o Encrucillada, o el hace poco fallecido Manuel Espiña y tantos otros) son expresión de una Iglesia gallega progresista, comprometida con la lengua y con la cultura que, afortunadamente, nada o muy poco tienen que ver con la Iglesia ultraconservadora de los Rouco y similares.

E también son señal de la vitalidad de la lengua y cultura gallegas, a pesar de los intentos de algunos por acabar con ella y hacernos esclavos de la lengua única y del pensamiento único. Contra esto ya luchó Prisciliano, como bien nos muestra Pérez Prieto; en esas seguimos casi dos mil años después. Pudimos con el Imperio romano -hoy nadie recuerda a los emperadores Teodosio o Máximo, pero si a Prisciliano- y esperemos hoy también poder con los del pensamiento único y la lengua también única e imperial. Obras como esta de Pérez Prieto o como la Iglesia que el propone son un elemento de primer orden en esta tarea.

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