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Entrevista a Esther Vivas en revista Utopía: “Somos muchas las personas que no nos resignamos”

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Esther Vivas

Esther Vivas (Sabadell, 1975) es una activista social que ha participado activamente en el movimiento antiglobalización y contra la guerra en Barcelona, así como en distintas ediciones del Foro Social Mundial, el Foro Social Europeo y el Foro Social Catalán.

Actualmente trabaja en temas de soberanía alimentaria y consumo crítico. Es miembro de la organización política Izquierda Anticapitalista y forma parte del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) en la Universidad Pompeu Fabra. Es autora de diversos libros y publicaciones sobre movimientos sociales y agroecología y colabora en varios medios de comunicación.

Para aquellos que no te conozcan, ¿quién es Esther Vivas?

Me definiría como una activista social que desde hace años trabaja en movimientos sociales, a la vez que formo parte de la organización Izquierda Anticapitalista. Me gusta analizar los elementos que caracterizan los movimientos sociales contemporáneos así como los impactos del modelo agroindustrial y las alternativas que tenemos desde la soberanía alimentaria y el consumo crítico.

Ante el panorama que nos encontramos en el mundo actual, ¿hay esperanza?

Por supuesto. Y más en el contexto actual de auge de la movilización social. Cuando vemos como hoy una ola de indignación recorre el mundo. Esto nos demuestra que hay esperanza y que somos muchas las personas que no nos resignamos, que consideramos que se pueden cambiar las cosas.

La Primavera Árabe nos ha devuelto la confianza en que la acción colectiva es útil. La protesta de los indignados marca un antes y un después en el escenario político y social. Por otro lado, no sabemos cual va ser el desenlace de este “combate” entre los de arriba y los de abajo, pero está claro que si no nos organizamos y no luchamos estamos perdidos de antemano. De ahí que sea tan importante el salir a la calle, movilizarse y plantear alternativas… porque la gran victoria del sistema capitalista es hacernos creer que no podemos hacer nada.

En el caso de nuestro país, el movimiento 15 M ha sido una de esas esperanzas, pero en los últimos meses parece que su fuerza se ha diluido. ¿Hacia donde va el movimiento 15 M?

Está claro que el 15 M tuvo un impacto muy importante tras su aparición y ahora parece que ha perdido fuelle y visibilidad pública, pero existen muchas asambleas a nivel local que continúan trabajando, haciendo propuestas, organizándose y movilizándose.

Ya vimos la capacidad de convocatoria del movimiento el pasado 15 de Octubre. Estamos ante el inicio de un nuevo ciclo de protesta del cual el 15M sólo ha sido el inicio. Y este movimiento está íntimamente relacionado con el estallido de la Primavera Árabe, el “no pagaremos su deuda” del pueblo islandés, las protestas en Grecia, Occupy Wall Street en Estados Unidos.

Todos estos movimientos surgen de la indignación colectiva. Y está claro que ahora, con la entrada en el Gobierno del Partido Popular, las razones de este malestar e indignación que dieron lugar al 15M irán a más. Hemos visto como muchos de los ministros nombrados por Mariano Rajoy tienen vínculos directos con la empresa privada, el mundo financiero y económico, en definitiva con los responsables de esta crisis. Las políticas neoliberales, de recortes, se van a intensificar y las razones de la indignación estarán más presentes que nunca.

Perteneces a la formación política Izquierda Anticapitalista que en las últimas elecciones rozó los 25.000 votos, siendo la duodécima formación más votada.
Los resultados de las elecciones para nuestra formación son modestos y ponen de manifiesto la dificultad para construir una alternativa política en el terreno electoral.

Es importante plantear una alternativa política y visibilizarla en unas elecciones, aunque éstas no son el terreno más favorable para la izquierda alternativa. Las elecciones no son neutrales al venir determinadas por la presencia mediática de los partidos mayoritarios y por los recursos económicos que éstos tienen a través de préstamos con la Banca.

Pero, de hecho, las elecciones no son lo más importante para cambiar las cosas. Por encima de las elecciones está la movilización social, el ser capaces de construir alternativas en lo cotidiano y de sumar a nuevas personas en este combate.

¿Por qué se quedaron en casa 9 millones de personas y no fueron a votar?

La abstención refleja la creciente desafección democrática y es una expresión más de la indignación y del malestar con el actual sistema y con una clase política supeditada a los intereses privados. Aunque hay muchos tipos de abstención: hay una abstención crítica que convive con una abstención despolitizada. Pero creo que la mejor forma de mostrar la indignación y el malestar es a partir de opciones políticas alternativas.

A nivel general, ¿qué valoración haces de los resultados generales de las elecciones?

La victoria del PP se sustenta sobre el fracaso de las políticas de una socialdemocracia convertida al social-liberalismo que ha claudicado frente a los intereses privados y del capital. Un elemento importante es que con estos resultados, al igual que CIU en Cataluña, se justifican una serie de políticas de recortes, de privatizaciones… señalando que sus “mayorías” legitiman estas políticas. Esto es falso.

CIU no ha ganado las elecciones con la mayor parte del apoyo de la población catalana, al igual que no lo ha hecho el PP en el Estado español. CIU sólo obtuvo el voto del 18% de las personas que tenían derecho a votar en Cataluña. El PP ganó con el apoyo del 30%. Es importante desmentir este discurso oficial. Los resultados electorales no legitiman estas políticas de recortes. Y además hay que tener en cuenta que las personas que votaron a estos partidos no votaron a favor de estas políticas, ya que estos grupos ni siquiera las llevaban en sus programas electorales.

¿Qué relación tiene Izquierda Anticapitalista con Izquierda Unida?

Desde Izquierda Anticapitalista creemos que es necesario plantear una alternativa a la izquierda que está en las instituciones. Pensamos que esta izquierda se ha supeditado a las políticas social-liberales. En Cataluña, lo hemos visto claramente con el gobierno tripartito en las dos legislaturas anteriores. Iniciativa per Catalunya-Verds-EuiA, en el Gobierno, ha acabado traicionando a su propio ideario y a sus bases. No se puede ser una izquierda de gobierno y una izquierda de lucha.

Estar en el Gobierno implica legitimar una serie de políticas neoliberales y de recortes que van en contra de los derechos sociales. La gestión de Joan Saura al frente de la Consejería de Interior ha sido el ejemplo más evidente.

Esto no quita de que tengamos coincidencias con Izquierda Unida en varios temas y que haya que buscar la unidad entre las diversas corrientes de la izquierda en aquellos temas en que sea posible, como la lucha contra los recortes sociales.

Asimismo, es necesario construir un proyecto anticapitalista amplio, formado por varias organizaciones, que aglutine al conjunto de la izquierda radical y, sobre todo, es importante que este polo sea capaz de agrupar a muchos de los nuevos activistas hoy no organizados y que están en profundo desacuerdo con esta forma de hacer política y que plantean “otra política”, combatiendo la burocratización y la profesionalización de la misma.

Estamos en la etapa de la historia donde existen mayores desigualdades, ¿cómo hemos llegado a esta situación?

La lógica del sistema capitalista llevada a las máximas consecuencias nos ha conducido a esta situación. Hoy vemos como se han acabado anteponiendo intereses particulares a necesidades colectivas. Este sistema nos ha conducido a una crisis de paradigma de enormes proporciones. De entre las múltiples crisis que convergen en esta crisis estructural del capitalismo es importante destacar la crisis climática y ecológica que amenaza la supervivencia del conjunto de la especie humana y del planeta.

¿Es posible la aplicación del marxismo en el siglo XXI?

Las ideas de Marx son útiles para entender el mundo en el que vivimos y para pensar una estrategia de cambio social. Los intereses del capital se enfrentan a las necesidades de la mayoría y chocan con los ritmos del planeta. Una perspectiva revolucionaria y de cambio es plenamente vigente hoy en día porque el sistema capitalista sigue en pie y la dominación del mundo por parte de una minoría de la población, aquella que ostenta el poder económico, es una realidad. Un cambio de modelo sólo será posible a través de la movilización y la organización social.

Sin embargo, aquellos países donde se ha intentado llevar a cabo la teoría marxista han acabo convirtiéndose en algo muy diferente a lo que decía Karl Marx.

Evidentemente las políticas que se aplican en Corea del Norte y China no tienen nada que ver con las propuestas del marxismo y del socialismo originario. La propia evolución de la URSS acabó traicionando los principios de la revolución de 1917. Las experiencias que hemos visto del mal llamado socialismo real son una degeneración del pensamiento de Marx y de los ideales del socialismo en general.

Cualquier proceso de cambio puede degenerar, burocratizarse, corromperse e ir por otra senda distinta a la prevista, pero esto no invalida la necesidad de un cambio de paradigma, de una ruptura con el actual modelo de sociedad, aunque muestra que cambiar el mundo es una tarea ardua.

Ante la situación en la que nos encontramos, muchos creen que no se puede hacer nada.

Podemos hacer muchas cosas, empezando por tomar conciencia de las desigualdades del sistema, de sus causas, del porqué de la crisis… y a partir de aquí organizarnos, luchar y plantear alternativas. Muchos movimientos sociales llevan trabajando desde hace años en esta dirección y, aunque, tenemos que reconocer, que “no sabemos como cambiar el mundo”, nadie lo sabe, sí que tenemos varias hipótesis de partida que hemos ido construyendo colectivamente.

Tenemos alternativas en el marco de la economía solidaria y cooperativa, medios de comunicación contra-hegemónicos, consumo alternativo…. y es necesario llevar-los a la práctica, en lo cotidiano, para demostrar que “otro mundo es posible” aquí y ahora, pero también tenemos que ir más allá y ser capaces de plantear alternativas políticas a un sistema que no nos representa.

Ante la perspectiva actual de crisis y paro, ¿qué hace un joven español hoy en día?

En primer lugar indignarse, como muchas personas han hecho estos últimos meses, organizarse, salir a la calle y luchar por sus derechos. Hoy vemos como la política está al servicio de los intereses privados. Sólo es necesario hacer un repaso a los ministros nombrados por Mariano Rajoy.

Al frente de Economía Luís de Guindos, antiguo director general de Lehman Brothers en España y Portugal; al frente de Hacienda Cristóbal Montoro, antiguo ministro del Gobierno de Aznar y que entre una legislatura y otra en la oposición creó un bufete para asesorar a las rentas más altas en cómo pagar menos impuestos a Hacienda; y al frente del Defensa Pedro Morenés, antiguo directivo de una de las principales empresas de la industria armamentística en el Estado español.

Todo esto nos demuestra claramente como la política está supeditada a los intereses privados y por lo tanto es necesario indignarse, rebelarse y desobedecer. A los jóvenes y a todos aquellos que están sufriendo la crisis hay que decirles que dinero hay, y que este dinero lo tienen los bancos y los políticos, y que es necesario movilizarse y reivindicar lo que es nuestro y que nos han robado.

¿Están los jóvenes concienciados de la situación actual?

Hay un porcentaje que se moviliza, pero no somos la mayor parte de la población la que sale a la calle. Aunque es cierto que cada vez hay más gente que comparte los motivos de la indignación. Algo que hemos visto reflejado en las encuestas publicadas por los medios de comunicación de masas.

Y un reto importante es llevar este malestar e indignación a las empresas, donde aún pesa el miedo al paro, a no poder pagar la hipoteca. Es necesario romper con el escepticismo y la resignación, y no sólo entre la juventud sino en el conjunto de la sociedad. Sólo así conseguiremos cambiar las cosas.

Para aquellos con algo de más de concienciación política, ¿qué lecturas o medios les recomendarías?

Afortunadamente hay muchos medios de comunicación alternativos que plantean otra cara de la información que no aparece en los medios de comunicación de masas. Medios como Diagonal, Rebelión, Kaos en la Red, La Directa… son ejemplos de esta prensa alternativa.

Una Utopía.

Que lo que hoy parece utópico mañana sea real.

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