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Enrique de Castro, el cura rojo, en Málaga -- José Sánchez Luque

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Somos Iglesia de Andalucía

Enrique de Castro1.jpgUnas 300 personas se han dado cita en el hotel Santa Rosa de El Morche desde el 23 al 25 de noviembre para celebrar el XV Encuentro andaluz de las Comunidades Cristianas Populares.. El lema del encuentro ha sido bien significativo: “Cristianos frente a las esclavitudes de la sociedad del bienestar”. El ponente del congreso ha sido el polémico cura de la Parroquia de San Carlos Borromeo de Vallecas Enrique de Castro: un hombre cercano, todo corazón, un referente para los creyentes de talante evangélico y renovador, coherente con su fe y que es capaz de poner junto a las cuerdas a todo el que lo escucha con sinceridad.

Comenzó el cura Enrique narrando sus comienzos como párroco en Vallecas allá por el 1972. Muchos años de compromiso y de lucha contra la marginación en una sociedad que no es capaz de educar. Una sociedad cuyo afán prioritario es el de prohibir, reprimir, multiplicar las empresas de seguridad, controlar nuestras libertades y criminalizar a todo el que se salga de la norma: gitanos, marginados sociales, emigrantes, sin papeles, drogatas, delincuentes, ocupas, etc.

Aquel grupo de cristianos que empezaron a trabajar en el barrio comprendieron que para el Evangelio lo primero es la vida no la seguridad personal, y fueron capaces de abrir las puestas de la parroquia a todos sin excepción. Huyeron del asistencialismo, de todo aquello que suponía estigmatizar a personas o grupos. Criticaron sin paliativos la actuación del gobierno con los llamados servicios sociales por no trabajar contra las causas que provocan la marginación de todo tipo. Eliminaron de su lenguaje y de sus actitudes términos como personas sospechosas, peligrosos sociales, sectores de riesgo, integrar en nuestra cultura. Y empezaron a descubrir y a luchar codo a codo con la gente del barrio contra las causas de la marginación social de tantas personas, y a percibir la enorme riqueza de la gente sencilla cuando favorecemos su nivel de autoestima, de confianza y de solidaridad.

Pronto se dieron cuenta que el leguaje de nuestras celebraciones religiosas no llega a la gente, por eso tuvieron que hacer unos cambios significativos en las celebraciones para conseguir que la parroquia fuese un lugar de encuentro, de apoyo, de acogida que nos ayude a disfrutar de nuestra amistad para ir consiguiendo una conciencia nueva. La sociedad, las autoridades civiles y religiosas quieren hacernos enemigos, aquí venimos a hacernos amigos. Han conseguido que el lenguaje sea el de la gente del barrio. Un musulmán decía: “Esta es mi Iglesia, aquí me siento en comunión con mi profeta, Jesús el nazareno”.

En su primera intervención Castro resalta las tres palabras claves que han aprendido después de llevar 33 años trabajando con el mundo de los excluidos: Incondicionalidad, complicidad y contaminación. Y las explicaba de esta manera:

l. Incondicionalidad: querer a la gente tal como es, sin ponerle ninguna condición; que todos sepan que estamos con ellos pase lo que pase. Te acepto como eres y te quiero porque eres así. 2 Complicidad: conocer sus vidas, sus secretos, los acepto, estoy con ellos, confío en ellos, juntos podemos salir adelante. 3 Contaminación: no tener miedo a la contaminación, estar con ellos, ser capaces de ir a sus casas, a sus lugares de diversión, a asumir su lenguaje y sus valores. Seguir el ejemplo de Jesús: para que haya curación y liberación hay que contaminarse con el mal . Jesús toca a los leprosos, a los impuros, para poder curarlos. Tenemos que estar dispuestos a tocar, a besar, a abrazar. Ir adonde está la gente, buscar con ellos alternativas de vida

Y todo esto nos lleva a recuperar el valor de la fe. El Evangelio, escrito en una época mucho más religiosa que la nuestra, pone en labios de Jesús una frase clave: “Tu fe te ha curado”. Tenemos que convencernos de que la gente avanza por su propia fe, por la confianza en sí mismos y en los demás. Hemos de recuperar el valor y la fuerza de la fe, la fe en nuestras posibilidades, la fe en la utopía de Jesús que nos llama a la insumisión, a la desobediencia a toda ley inhumana y discriminatoria. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Esta frase bíblica aún no la hemos puesto en practica los cristianos.

Finalmente Enrique habló de “La Marcha de los excluidos sobre Roma”. Una acción a largo plazo que se quiere preparar a nivel europeo. Se trata de organizar diversos grupos de personas marginadas de nuestra sociedad que vayan creando conciencia solidaria por los sitios donde pasen, hasta llegar a Roma y al Vaticano desde donde harían ver al mundo su situación, sus reivindicaciones y propuestas.

El encuentro terminó con la celebración de una Misa que duró más de dos horas. En la misma se pusieron en común el resumen de los talleres de trabajo, se comunicaron alentadores y estimulantes vivencias y se dio lectura a un Manifiesto para la opinión pública donde los participantes se comprometen a “ trabajar por eliminar toda forma de marginación y exclusión social para que los derechos humanos se hagan efectivos y reales para todas las personas sin ningún tipo de discriminación”. “Nos duele –aseguran- el que amplios sectores de nuestra creciente sociedad del bienestar van derivando hacia una sociedad consumista e insolidaria que cierra los ojos al sufrimiento de los excluidos” Y terminan su escrito con una explícita referencia a Jesús que “asumió el papel de ilegal para defender a los marginados y perdedores de su tiempo a quienes muchos excluían”.

Al mismo tiempo, manifiestan su optimismo porque “la sensibilidad hacia los derechos humanos va ganando terreno en nuestro mundo y en muchas capas de nuestra sociedad”. Y concluyen manifestando su compromiso de “seguir luchando contra los atropellos de los derechos humanos”.

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