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En el tiempo de la esclavitud -- Diego Escribano

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Tierra roja y polvo, compromiso y solidaridad;palabras que traen recuerdos de un viaje finalizado. Un viaje de tres jóvenes urbanitas que pasa por Brasilia y llega hasta Sao Félix de Araguaia, al norte del estado brasileño de Mato Grosso.

Lugares donde las distancias se miden en largas horas por carreteras sin asfaltar o en barca por el acogedor Araguaia. Tierras de dolor y compromiso. Alcaldes y gobernadores con tierras usurpadas, arrancadas a los pueblos indígenas. Mato Grosso sin «mato», vegetación ausente, testigo histórico de la avaricia y la dictadura.

Tengo la inmensa suerte de haber podido conocer a Pedro Casaldáliga, ejemplo inmenso de compromiso con las causas necesarias, de coherencia y entrega inspirada en el mensaje cristiano. Referente imprescindible para todos;para mi lo es desde hace años.

Desde la experiencia de los años y las sabias, certeras palabras nos habla de relativizar, «lo único absoluto es Dios y el hambre», mientras nos anima a comprometernos, habla de lo positivo de la indignación y recuerda lo estéril de la misma si no se convierte en compromiso, en militancia.
Nos hablará de la necesidad de trabajar desde los diferentes lugares en pos del objetivo común, de la necesidad de trabajar «desde dentro» en los diferentes ámbitos (él plasmaría este espíritu en su obra En Rebelde Fidelidad). De la necesidad de la formación y la paciencia para conseguir mayores resultados.

Recordará a Labordeta y su «Canto a la Esperanza», recordará también a Saramago mientras nos habla de «democracias de baja intensidad» y de la necesidad de recuperar la importancia de partidos políticos y sindicatos. Hablaremos de las diferentes causas por las que ha entregado su vida: la causa indígena, la causa de los pobres, la mujer, el diálogo entre religiones y cosmovisiones.
Cuando le pregunto por las perspectivas sobre el futuro pontífice, llega un rotundo «podemos ir a mejor», después enumera tres asuntos urgentes: la situación de la mujer en la iglesia, la estatalidad del vaticano y la moral sexual.

Lúcidas palabras del obispo emérito de una prelatura con documentos entre los que se puede leer que «no puede comulgar el que sólo se preocupa de sí mismo, de sus negocios e intereses»
Una capilla con un fragmento del cráneo de Ignacio Ellacuría y de la ropa ensagrentada de Óscar Romero presiden el jardin del obispo que creará una romería que se celebra cada cinco años en recuerdo de unos «mártires da caminhada», actuales, ejemplos cercanos como Geradi, Angelelli o Chico Mendes. Vidas entregadas por las causas de la justicia y la fraternidad.

Vive en una casa humilde, en una localidad que aún hoy, gracias a las redes clientelares gobierna la derecha. Una localidad que tiene frente a sí la Isla del Bananal, precioso recurso de gran belleza y hogar tradicional de muchos.

Informado, calificará a los Centros de Internamiento de Extranjeros como «campos de concentración», hablaremos de África, de la ostentación como «insulto frente a la pobreza» .Después de conocer los proyectos que ANSA (organización creada bajo el impulso de Casaldáliga) ejecuta, entre otros, un proyecto de microcréditos con apoyo de Manos Unidas o cursos de formación con la colaboración de Tierra Sin Males; hablaremos con D.Pedro,hablara de la vigencia de su carta pastoral de 1971, pasadas cuatro décadas, continúa el trabajo esclavo como realidad lacerante y las luchas de campesinos e indígenas por su dignidad en medio de un sistema feudal.

Recomendable resulta la lectura de sus diarios El vuelo del Quetzal y Cuando los días dan que pensar, para acercarnos al recorrido de una persona que a lo largo de su vida daría muestras de su carácter acogedor, inclusivo. Su propuesta inclusiva da desde las experiencias de la Missa dos Quilombos y Missa da Terra sin males, las cuales recogerían aportaciones de la herencia de los pueblos indígenas y del pueblo negro brasileño, ejemplos de una política que abandona el etnocentrismo.Inclusiva también resulta la propuesta que encontramos en el libro Nuestra Espiritualidad, desde la consideración del espíritu como «lo profundo y dinámico de su propio ser: sus motivaciones mayores y últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la cual vive y lucha y con la cual contagia» afirmará que aquellos que luchan por determinadas causas están con Dios, aunque no crean. Reconocería que «si entendemos la palabra religión como una referencia explícita a Dios, habremos de reconocer que hay espiritualidades no religiosas, personas con mucha espiritualidad, con profundos ideales de lucha y de servicio, que son ateas, o agnósticas.

Nos empuja a gritar hoy, en este tiempo, aún, de esclavitud, literal y metafórica. A gritar como Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano asesinado por el nazismo quien afirmaría que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano»y a quien citaría en su Carta Pastoral de 2008.

Citará al pastor luterano para recordar una cita «hay que parar la rueda bloqueando sus radios».Seguirá Pedro afirmando en el documento mencionado que «no bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.»

Hoy, tiempo de esclavitud, de dolor humano e injusticia; el compromiso con la liberación de los más vulnerables, de los excluídos, sigue vigente. Identificaría tres tentaciones en un documento con motivo de la Asamblea de 1996 de la Asociación de Teólogos Juan XXIII «tres tentaciones que acechan a la iglesia y, a su modo, a la entera humanidad: la tentación de renunciar a la memoria, la tentación de renunciar a la cruz y a la militancia y la tentación de renunciar a la utopía, a la esperanza»

Un grito en el tiempo de la esclavitud en pos del compromiso decidido, más allá de una admiración desde el sofá, de elogiar a personas que representan ejemplos que no se quieren para uno mismo.
Un grito en favor del compromiso solidario, militante.
Un grito, hoy y siempre, necesario para sentirnos orgullosos de nosotros mismos cuando miremos hacia atrás.

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