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El velo de las monjas -- José María Castillo, teólogo

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Se habla estos días del velo que las mujeres de la religión islámica tienen que llevar cubriéndose la cabeza. Así, según dicen los expertos en el islam, tienen que hacerlo las mujeres que siguen esa religión. Y efectivamente en el Corán hay textos que marcan una clara discriminación de la mujeres con respecto a los hombres (sura: 4, 34; 4, 3; 24, 31).

Esta última sura menciona el velo en el cuello. Aunque también es cierto que los cristianos deberíamos tener presente que nuestra religión, desde San Pablo, dispone que la mujer no está liberada del marido (1 Cor 11, 3. 7; Ef 5, 22 s; Col 3, 18; Tit 2, 5; 1 Pe 3, 1) y tiene un rango secundario en la Iglesia (1 Cor 14, 35 s; 1 Tim 2, 11 s), si bien es cierto que el mismo Pablo afirma que la distinción de sexos queda superada en el cristianismo (Gal 3, 28) y la mujer es igual al hombre (1 Cor 7, 2-5). En todo caso, bien sabemos la situación de discriminación en que todavía viven las mujeres en la gran mayoría de los países cristianos. Y, desde luego, las posiciones de San Pablo no son siempre coherentes a este respecto.

Sea de esto lo que sea, es un hecho que el velo que en el islám se impone a las mujeres está siendo motivo de conflictos sociales y políticos, no sólo en España, sino también en otros países, como es el caso de Francia. ¿Qué decir sobre este asunto?

Es claro, ante todo, que en esta cuestión no somos coherentes. Porque a los cristianos nos molesta el velo de las mujeres musulmanas, pero no molesta igualmente el velo o la toca que las monjas (de algunos institutos religiosos) tienen que llevar en público. Esto habría que pensarlo para ser enteramente coherentes, sea cual sea la religión de la que hablemos.

Por otra parte, es determinante, en este asunto, tener muy claro que el hecho religioso no es un hecho individual, que se debe recluir en la intimidad de la vida privada. El hecho religioso es un fenómeno cultural. Y como todos los hechos, que son componentes de una determinada cultura, son por eso mismo «hechos públicos» y «hechos sociales». Como todo lo cultural es público y social. No olvidemos que el hecho religioso se elabora, no sólo a partir de experiencias interiores de la conciencia, sino, además de eso, también hay que tener en cuenta que las creencias religiosas se transmiten y se expresan por medio de signos, metáforas y sobre todo símbolos.

Ahora bien, lo mismo los signos, que las metáforas y los símbolos, son siempre fenómenos culturales que nunca pueden quedar relegados al ámbito de lo privado. En este asunto, tan determinante, se equivocan (por ignorancia) los políticos que pretenden enclaustrar a la religión en la intimidad de las conciencias y no toleran que se manifieste en signos públicos.

Otra cosa es las implicaciones políticas que puede (y suele) tener la religión. He dicho que la religión es un hecho público. Pero precisamente por eso, toda religión tiene que atenerse a las leyes y al ordenamiento constitucional del país donde se practica. En teoría, esto está muy claro. Pero plantea problemas en la práctica, problemas que no son fáciles de resolver. En el caso concreto del velo de las mujeres islámicas, hay quienes sostienen que el islám no es sólo una religión, sino que además está asociado a formas de administración política que, en no pocos países islámicos, no son plenamente democráticas. De ser eso así, el velo indicaría que una mujer, que está vinculada a un sistema no democrático, se aprovecha de las libertades de una democracia para utilizar signos públicos ajenos a esa democracia.

Posiblemente en países como Francia, en los que la prsencia de los ciudadanos islámicos es muy notable, todo esto pueda ser origen de roces y conflictos. No lo sé. En todo caso, a mí me parece que lo mejor que podemos hacer, en los países democráticos, es ser consecuentes con el principio de tolerancia y de igualdad para todos los ciudadanos. De forma que cada cual exprese sus creencias religiosas como crea que debe hacerlo, con tal que eso no interfiera la igualdad y los derechos de los demás. En la sociedad tan plutal en que vivimos, tenemos que ser tolerantes y respetuosos con los demás, aunque no comulguemos todos con las mismas creencias y las mismas prácticas.

A fin de cuentas, si hay mujeres islámicas que llevan velo, también hay mon jas que lo llevan. Con tal que unas y otras respeten el orden constitucional y las libertades establecidas en nuestro país, que cada cual se vista como crea conveniente. Y si decimos que las mujers musulmanas se ven dominadas por sus maridos, no menos lo están muchas mujeres católicas por los suyos. El problema, pues, es más profundo. Es un problema que se resuelve, no con prohibiciones, sino con una buena educación en el respeto de todos a todos.

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