El sueño de la equidad latinoamericana y caribeña -- Sergio Ferrari

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Continente con muletas
Hacia 2030, América Latina habrá logrado solamente un 19% de las metas que
se propuso para ese año. El desarrollo sostenible se vislumbra como una
quimera para un continente que avanza con muletas.
Cuando apenas faltan cinco años para evaluar el cumplimiento de los 17 Objetivos
de Desarrollo Sostenible (ODS) que la comunidad internacional consensuó en 2015
y que Naciones Unidas (ONU) adoptó como una hoja de ruta para el mejoramiento
de la vida en el planeta, la señal de fracaso ya aparece en el horizonte.

En particular,
en lo referente al combate contra la pobreza y la reducción de las desigualdades.
( https://www.undp.org/es/sustainable-development-goals ).
Esta magra proyección de un 19%, que Naciones Unidas reiteró el 5 de septiembre,
es peor que la de un 23% que la Conferencia Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL) anticipaba apenas hace un año. Es decir, cuatro puntos menos en
tareas y metas ejecutadas en el marco de un continente que según la misma
organización regional reconoce una “desaceleración del crecimiento” en 2026 en 24
de sus 33 países, prolongando así un ciclo de “baja expansión”.

Minúsculos avances sociales
Según la ONU, son múltiples las causas que pueden explicar el cumplimiento tan
limitado de unos objetivos consensuados que han sido y siguen siendo “un
llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar
que para el año 2030 todas las personas disfruten de paz y prosperidad”.

Fundamentalmente, el escaso margen de maniobra de los gobiernos a nivel fiscal, el
bajo crecimiento, la desigualdad y las propias debilidades institucionales. Todas
ellas, dificultades que impiden convertir las políticas públicas y las inversiones en
mejoras reales y sostenidas para la población. De acuerdo con las últimas
estimaciones, aun cuando el 42% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible avanza
en la dirección correcta, lo está haciendo demasiado lentamente, mientras que el
39% restante ha quedado “estancado o retrocede”.( https://news.un.org/es/story/2026/09/1541871 ).

¿Falta de medios y de voluntad política?
A la luz de este balance a tres cuartos del camino, la pregunta no consiste en qué
hacer para mejorar el cumplimiento de estos ODS, algo que Latinoamérica ya tiene
bastante en claro, como lo evidencian sus numerosos planes, estrategias y
compromisos, sino por qué resulta tan difícil invertir medios a escala suficiente como
para que el continente progrese en sus esfuerzos por un mejoramiento social.

Según CEPAL, la brecha de financiamiento para el cumplimiento de los Objetivos,
aproximadamente unos 650 mil millones de dólares anuales, se corresponde con
presupuestos públicos sometidos a fuertes presiones, economías de bajo
crecimiento y, no menos toral, países que deben destinar una parte importante de
sus ingresos al elevado costo del servicio, o repago, de sus respectivas deudas
externas.

Otro factor es la dificultad que tienen estos países para generar y movilizar dinero
dentro de su propia región. En 2023, la recaudación impositiva representó apenas el
21,3% del Producto Interno Bruto (PBI), es decir, más de 10 puntos porcentuales por
debajo del 34% de lo que recaudan los países de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el bloque de las naciones más
avanzadas del planeta.

Significativamente, ese mismo año la evasión tributaria en América Latina y el Caribe
representó casi el 7% de su PBI. En otras palabras: mientras los gobiernos del
continente necesitan centenares de miles de millones de dólares adicionales para
educación, infraestructura, protección social, agua y acción climática, una cantidad
extraordinaria de sus recursos potenciales escapa de sus sistemas tributarios.

Por otra parte, mientras los recursos internos van en caída libre, la otrora
significativa cooperación externa sigue disminuyendo debido a que en esta nueva
coyuntura bélica mundial los países más enriquecidos están priorizando sus propios
presupuestos de seguridad y defensa por encima de su histórica solidaridad
internacional.

En 2024, esta cooperación cayó un 4,5% a nivel mundial, y solo un
escaso 6,7% de la misma se destinó a América Latina y el Caribe. De allí que
CEPAL concluya que estamos ante un panorama por demás problemático, al que “se
le suma un escenario internacional más fragmentado y menos previsible que limita
las posibilidades de financiar el desarrollo sostenible en la región”.

En artículo que Noticias ONU publicó recientemente, Joe Atencio señala que
América Latina también confronta una contradicción singular debido a que muchos
de sus países son clasificados internacionalmente como economías de ingreso
medio o medio-alto, lo cual puede limitar su acceso a financiamiento, aun cuando en
la práctica siguen enfrentando profundas brechas sociales y productivas.

Ejemplo elocuente de esta contracción de la asistencia financiera internacional es la
reciente decisión del Estado suizo de retirar totalmente su “cooperación” de la región
latinoamericana y caribeña a partir de 2029. La reducción gradual de estos fondos
comenzó en 2024. Uno de los argumentos detrás de esta decisión ha sido la
necesidad de priorizar países de renta baja en África y Asia, pero en e marco de una
reducción significativa de la cooperación al desarrollo en general.
( https://www.swissinfo.ch/spa/suiza-dejar%C3%A1-de-invertir-en-la-cooperaci%C3%B3n-al-
desarrollo-de-am%C3%A9rica-latina/91644507 ).

Los recursos no son todo
Sin embargo, contar con recursos tampoco garantiza, necesariamente, un buen
resultado. El gran desafío continental tiene que ver con su capacidad para convertir
una inversión en un servicio público que funcione y perdure en el tiempo.
Según Atencio, el agua y el saneamiento constituyen uno de los ejemplos más
contundentes de retos y desafíos. En 2024, 140 millones de personas en América
Latina y el Caribe no tenían acceso a servicios de agua potable gestionados sin
riesgos y 324 millones carecían de servicios de saneamiento sin riesgos.

Las diferencias subregionales son significativas: el acceso al agua potable ese año fue
de 83,1% en América del Sur, 58,9% en el Caribe y 49,2% en Centroamérica. 
Pero la falta de inversión no siempre ha sido el único problema. Como advierte
CEPAL, varios recursos destinados al sector agua (Objetivo número 6, Agua limpia y
saneamiento para todos) no han podido generar aumentos sostenidos de capacidad
y calidad debido a redes incompletas, plantas subdimensionadas y mecanismos
insuficientes para cubrir costos de energía, operación y mantenimiento.

Construir
una planta de tratamiento puede generar una fotografía de repercusión mediática, un
acto oficial de inauguración y una cifra de inversión; sin embargo, mantenerla
operativa durante décadas demanda mucho más, como tarifas viables, personal
capacitado, regulación, mantenimiento, coordinación entre instituciones y
presupuestos futuros, exigencias básicas que no siempre se respetan.

En busca de respuestas más de fondo, el Programa Regional para América Latina y
el Caribe (ALC) 2026-2029 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) describe los cuatro pilares sobre los que asienta su visión estratégica y sus
prioridades operativas para continuar progresando hacia los Objetivos de Desarrollo
Sostenible durante los próximos cuatro años. Se trata de la resiliencia como camino
hacia el desarrollo, la gobernanza efectiva para que el desarrollo sea inclusivo y
centrado en las personas, la salud del planeta y prosperidad para todos por igual
mediante economías inclusivas y resilientes.

Además, propone tres “aceleradores”
para impulsar el progreso en todos los sectores: igualdad de género e inclusión,
transformación digital y financiamiento sostenible e innovador.

Al vincular la gobernanza, el medio ambiente, la economía y la inclusión social a
través de enfoques integrados y un financiamiento innovador, este Programa procura
ayudar a los países de América Latina y el Caribe a anticipar y gestionar riesgos,
reducir desigualdades y promover prosperidad siempre dentro de los límites
planetarios aceptables. Y visualiza una región donde el desarrollo humano sea más
inclusivo y equitativo respaldado por instituciones que cumplen, comunidades que se
adaptan y sociedades que prosperan en medio de la incertidumbre
( https://www.undp.org/sites/g/files/zskgke326/files/2026-07/documento_programa_regional.pdf ).

Los conceptos teóricos, así como las evaluaciones analíticas, no faltan en un
escenario multilateral donde a veces sobreabunda la tecnocracia. Sin embargo, la
dinámica cotidiana, la de abajo, casi de sobrevivencia, la de una gran mayoría de la
población de América Latina y el Caribe, parece exigir no solo conceptos teóricos y
evaluaciones analíticas, sino también decisiones del poder –ni más ni menos que
eso– y una voluntad política más clara de los gobiernos para que los Objetivos y las
promesas de 2015 se puedan llevar a cabo. La deuda social y ecológica planetaria
es inmensa y los pueblos esperan propuestas viables y soluciones.