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El retorno de Carlos Marx -- Antonio Moreno de la Fuente

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Comunidades Cristianas Populares

La Sexta-Noticias difundió el 30 de octubre del 2008 esta noticia singular: “El arzobispo (católico) de Munich y Freising, Reinhard Marx, se ha convertido en el representante de Karl Marx dentro del mundo católico tras escribir un libro titulado El Capital, en el que carga con dureza contra el capitalismo salvaje, al que culpa de todos los males de este mundo”. El País, por su parte, publicó, el domingo 3 de noviembre, un artículo de opinión de Ángel Rupérez con el título: “El retorno de Marx” y el pasado 13 de diciembre, Reyes Mate, nos repite de nuevo en El Periódico, que Marx vuelve a estar de moda, como lo está últimamente en Alemania, en donde las obras de Marx se agotan en las librerías. ¿Qué ha pasado para que Marx cobre de nuevo actualidad?

Ante la crisis que sufrimos, todo el mundo se hace preguntas y busca respuestas ¿Cómo pudieron causar las hipotecas basura una crisis financiera mundial de tales dimensiones? ¿Cómo es posible que grandes bancos, aseguradoras y financieras hayan podido desplomarse como un castillo de naipes? Nadie tiene una respuesta convincente dentro del capitalismo, por ello se recurre a Marx que fue quien desentrañó la perversidad de los mecanismos internos del capitalismo y el primero en anunciar su fin tras una de sus numerosas y continuas crisis. Es verosímil que ese fin no esté aún a la vuelta de la esquina, pero sí es posible que el fracaso del sistema capitalista financiero, según lo han reconocido el presidente francés Sarkozy y el premio Nóbel de Economía Joseph Stitglitz, sea el principio de ese fin.

1.- El dios del beneficio

El meollo del sistema capitalista es la búsqueda de un beneficio continuo. En el mercado capitalista –dice Marx- las mercancías no tienen sólo el valor de uso por el que, mediante su intercambio, se satisfacen las necesidades humanas, sino que buscan, sobre todo, el valor de cambio que incluya siempre un aumento de valor, plusvalía o beneficio, convirtiéndose entonces en capital y a su poseedor en capitalista. Para él, es éste el principio voraz del sistema capitalista que le incita de continuo a cualquier forma de abuso, con tal de hacer valer el aspecto esencial del beneficio por encima de todo. “La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación es, comprar para vender más caro” (El Capital, l. 1). Bellamente nos lo dice Beltolt Brecht en su “Manifiesto comunista en verso”:

“No está destinada la casa a ser habitada,
Ni el paño a vestir, ni el pan está destinado sólo a ser comido:
Debe aportar ganancias….
Deben realizar más en la mesa de trabajo
Que sólo alimentar, vestir y alojar al hombre y a los suyos,
Si es que ha de haber beneficios…
Y entonces lana y trigo, café y frutas y pescados y cerdos
¡todo ello sacrificado en el fuego, para ablandar al dios del beneficio!

La codicia de la rentabilidad, del beneficio, expresado en dinero, es el ídolo absoluto de los capitalistas de ayer y de hoy. Lo hemos visto en el último escándalo financiero de Wall Street. Bernad L.Madoff, al igual que el banco de inversión Lehman Brothers, ofrecía a los inversores financieros beneficios del 12% anual, que sextuplicaban las ganancias de la Bolsa. Esta codicia y ansia de beneficios, altos y rápidos, cegó y trastocó la sensatez no sólo de los inversores privados sino también de respetables (¡!) bancos mundiales, del BNP Paris, del HBSC y Fortis y, en España, de los todopoderosos Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa y de la empresaria Alicia Koplowitz (Publico, 21 de diciembre 2008).

Pero ¿de dónde procede este beneficio o ganancia capitalista? Y ¿por qué la condena Marx?

2.- El trabajo, mercancía escasa y depreciada hoy

La TVE nos mostró, los últimos días del pasado año, las imágenes de numerosos grupos de inmigrantes vagando, sin techo ni comida, por Jaén y Córdoba buscando trabajo en la recogida de la aceituna. Se podría decir que ninguna imagen mejor que ésta nos recuerda “el ejército de reserva de los capitalistas” de que hablaba Marx. Pero lo que esta imagen nos muestra, no es tanto el penoso deambular de los trabajadores/as buscando trabajo, sino la misma esencia del capitalismo: el que unos pocos poseen todos los medios de producción/financiación y otros muchos sólo su fuerza de trabajo que deben vender para subsistir. Sin embargo, en nuestra sociedad, poco importa esta condición de mercancía del trabajo que el empresario compra. Por cualquier precio se venderían los inmigrantes con tal de que les diesen un puesto de trabajo en la aceituna. Lo perverso del sistema aparece en que no tiene trabajo para ellos, porque con anterioridad, los tajos han sido ya ocupados por otros trabajadores, los de la construcción, que ante el derrumbe de la misma, no han tenido más remedio que volver a trabajos que anteriormente no querían. En nuestra sociedad el trabajo, en general, es un bien tan escaso, que cada vez cuesta más tenerlo. Y la línea divisoria está no sólo entre los que tienen trabajo o están parados, sino también entre los que gozan de un contrato fijo o sólo eventual y precario. El trabajo se ha precarizado hoy tanto que sólo se utiliza para el momento que se necesita: unos meses, unas semanas, los lunes o unas horas al día. Trabajadores justo a tiempo (just in time workers, que dicen los ingleses). En España, en 2007, más del 45 % de los trabajadores entre los 25 y 30 años tienen un contrato temporal, el doble que la media europea. El trabajo como una mercancía que denunciaba Marx en su tiempo vale cada vez menos, se de-precia y des-precia hoy cada vez más. ¿Por qué? Lo describe Carlos Fuentes en su novela Todas las familias felices: El patrón, Leonardo Barroso, decía: “Mira, Abel. Aquí no hay trabajadores imprescindibles. Con las tecnologías modernas la producción crece y el trabajador decrece”. Se calcula que, en España a principios del año 2009, se llegará a 3 millones de parados, al 13 % de los ocupados.

3.- La tasa de explotación y la tasa de ganancia

Los trabajadores que tienen la suerte de ocupar un puesto de trabajo, se verán más explotados todavía en el mismo trabajo. El miedo a perderlo les hará pasar por no cobrar todo el salario pactado o cobrarlo con retraso, a soportar la prolongación de la jornada y trabajar más horas sin cobrarlas, o a trabajar a un ritmo más intenso por los controles de tiempo o el aumento del rendimiento por la incorporación de maquinaria más perfecta etc. Pues bien, esa explotación del trabajador/a en el puesto de trabajo Marx ya la analizó, describiéndola como plusvalía o tasa de explotación. La plusvalía es el tiempo de trabajo suplementario que el obrero realiza para reproducir su fuerza de trabajo o ganar su salario. Plusvalía absoluta llama Marx a la que el empresario obtiene aumentando la jornada de trabajo o su ritmo y relativa, cuando introduce nueva maquinaria, o elimina los tiempos muertos o movimientos superfluos, mejorando el alumbrado etc. Mediante esas medidas el trabajador produce más con el mismo desgaste de energía. Esta plusvalía es la característica propia de la explotación capitalista. Y ella es la fuente de la ganancia o beneficio del empresario capitalista, no la el intercambio o venta de las mercancías a un precio mayor.

Marx descubre, además, otra fuente de ganancia y beneficio capitalista, que denomina tasa de ganancia. Esta proviene de la inversión de la plusvalía y de la parte de los salarios detraídos o no pagados en la modernización constante de la maquinaria y en tecnología. Con ello aumenta su capital fijo y, por tanto, la productividad de sus trabajadores, fabricando más productos a menor precio. Cuando el Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz, dice que hay que aumentar la productividad, a eso se refiere, a aumentar la tasa de ganancia. La búsqueda del incremento de esta tasa de ganancia a costa del trabajador/a es el motor de todas las empresas y de toda la economía capitalista. Toda empresa se ve empujada por la competencia de los otros empresarios a obtener mayores beneficios o mayor tasa de ganancia, invirtiendo en maquinaria y tecnología o capital fijo. Por ello la producción crecerá y el trabajador/a decrecerá, como decía el patrón Leonardo Barroso.

4.- El talón de Aquiles de de la economía capitalista

Marx demuestra que ahí precisamente radica el talón de Aquiles de la economía capitalista. Porque si el aumento de la tasa de ganancia se basa en el crecimiento del capital fijo (gastos en maquinaria, organización, energía, edificios) y la consiguiente sustitución del trabajador, que crea la plusvalía, por las máquinas, esto irremediablemente provocará la caída de la tasa de ganancia, ya que ésta se compone del capital constante, más la plusvalía y los salarios. Este capitalista se quedará detrás de la competencia, porque aunque prescinde de los costes salariales, se priva también de la plusvalía y aumenta sus costes de producción en maquinaria y tecnología, por lo que ganará menos, hasta llegar un día en que no ganará nada, viéndose obligado a despedir a los trabajadores o cerrar su empresa. La competencia, la tasa de ganancia y los despidos van juntos.

Esto es lo que está ocurriendo en la crisis presente. Los casos claros del cierre de Holcim en Torredonjimeno o Cerámica Bellavista en Sevilla; las ERE de Nissan, Opel, Renault, Spanair, Frigo, UPS en Vallecas etc., etc., no significan otra cosa. Ven reducida la tasa de ganancia a menos de lo esperado y la quieren aumentar allí donde la mano de obra es más barata, es decir, se van a países donde la tasa de explotación del trabajador y la tasa de ganancia es más alta y más fácil, bien sea porque la jornada de trabajo es mayor o más intensa o porque pagan salarios inferiores etc. No les importa el empobrecimiento de las/os trabajadoras/es y del pueblo, el crecimiento del paro, el hambre, las enfermedades, la desesperación etc., que es el único rastro que van dejando por donde pasan.

5.- Concentración del capital, aumento de los empobrecidos

Sin embargo, unas empresas caen y otras, triunfantes, van aumentando su capital. La crisis para ellas es su oportunidad de crecimiento. Así ha ocurrido en EEUU y Europa. Desaparecieron los grandes bancos de inversión: Lehman Brothers, Merril Lynch, la aseguradoras hipotecarias AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, el financiero Bernard Madoff etc., han crecido, en cambio, el Bank of America y Citygroup. En Europa el banco belga Fortis es engullido por BNP Paribas, el Commerzerbank de Alemania es parcialmente nacionalizado. En España han caído las grandes empresas inmobiliarias: Acroc, Colonial, Metrovacesa, Martin-Fadesa, Habitat, y ganan las inmobiliarias de los bancos. Los Bancos Santander y BBVA está ya haciendo sus cálculos de compra. En definitiva, el número de empresas se reduce al concentrarse el capital en manos de un número menor de multinacionales. Los capitalistas se devoran unos a otros. China, India, Brasil, Arabia Saudí están esperando su oportunidad para tomar el relevo de EEUU, Europa y Japón. Al mismo tiempo, crece una masa cada vez más numerosa de proletarios, la clase media se reduce y pauperiza, va engrosando el número de parados, de hambrientos, de los expulsados por el sistema, “el ejército de obreros” que decía Bertolt Brecht

“El comerciante, campesino y artesano descienden al proletariado/, en parte porque su pequeña fortuna no basta para adquirir nuevas máquinas,/ o sea porque la devaluación devora sus pequeños ahorros,/
y en parte porque los nuevos modos de fabricación no requieren ya su habilidad/. Todos se ven expulsados así de la oficina, el taller y el granero/y se convierten en reclutas, en el ejército de obreros” (Manifiesto comunista en verso).

Por tanto, si el objetivo final de las multinacionales consiste en despedir a los trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios y ese ejército de parados no consume porque no tiene poder de compra ¿a quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? La crisis capitalista consiste fundamentalmente, decía Marx, en una crisis de sobreproducción, sobreacumulación o sobrecapacidad que siempre lleva consigo una crisis de consumo. “La sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio”, pero “la situación del obrero moderno lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza…Lo que prueba la incapacidad de la burguesía para gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aún dentro de su esclavitud…Por lo que a la par que avanza, se cava su fosa y cría sus propios enterradores” (Manifiesto)”.

6.- Medidas marxistas para solucionar la crisis

¿Ofrece Marx, además del diagnóstico certero del capitalismo, soluciones concretas a la presente crisis económico-financiera? Tanto Marx como Engels propusieron medidas concretas al capitalismo de su tiempo, algunas de las cuales pueden aplicarse a nuestra crisis actual. Actualizándolas podemos proponer este grupo de medidas.

1ª. Estado frente a mercado. El sistema capitalista tiene una ingente capacidad productiva, pero desordenada y ciega que el mercado no puede regular. La crisis actual manifiesta que no existe “la mano invisible” de A.Smith que lo regule el mercado. Por ello, se hace necesaria una planificación democrática del mismo, mediante la intervención del Estado, porque, como vemos, el Estado no es el problema, como decía Reagan, si no la solución. Para corregir el vicio original del capitalismo, es decir, que unos posean todos los medios de producción y otros sólo sus brazos o fuerza de trabajo, Marx y Engels propusieron la abolición de esta propiedad privada de los medios de producción, en beneficio de una propiedad social de estos medios en manos del Estado. Sin embargo, mientras tanto se alcanza esa meta, se proponen estas medidas concretas:
a) Nacionalización del crédito total de la nación, tal como parcialmente se está llevando a cabo en EEUU, Inglaterra, Alemania, poniendo en práctica esta media marxista, tan contraria a los principios neoliberales capitalistas. Medida que se completa con la regulación de los mercados financieros privados, la imposición de la tasa Tobin para las transacciones financieras internacionales y la total Eliminación de todos los paraísos fiscales.
b) Nacionalización de los transportes y de la energía.
c) Una renta básica para los/as trabajadores/as. Hasta ahora lo que los Estados están haciendo es proteger a los bancos, nacionalizando las pérdidas. Es hora de mirar al pueblo. Si hay millones para inyectar liquidez, debe haberlo también para que todos/as tengan unas condiciones de vida digna. Por ello, se propone que los/as trabajadores/as que no lleguen a un límite de ingresos anuales (en España, por ej., los que están exentos de declarar el IRPF) reciban del Estado una renta básica anual que garantice esas condiciones. Según los autores se estima en unos 5.500 € anuales (Daniel Raventós). Renta básica que se recoge en algunos Estatutos de autonomía, como el andaluz, en su art. 23,2. Con esta gasto social, unido al aumento de los salarios, el consumo crecerá y con él la actividad empresarial.

2ª.- Intervención pública y ecológicamente sostenible de la economía. El hundimiento del sistema financiero, con la paralización del crédito por los bancos, a pesar de las enormes cantidades de liquidez inyectadas, demuestra que, en momentos de crisis, la iniciativa privada no funciona. Para disminuir el paro es necesario reactivar la economía y si la empresa privada no responde, será necesario que sea la inversión pública quien la dinamice, como está ocurriendo ya en EEUU y fue una de las medidas keynesianas propuestas para salir de la crisis de la II Guerra mundial. Esta inversión deberá será ecológicamente sostenible.
a) Inversión pública en infraestructuras, especialmente en tecnología del agua y energías renovables. Inversión que puede concretarse en planes de fomento de energías renovables, reduciendo la dependencia del petroleo. Planes de vehículos ecológicos, planes de rehabilitación energética de edificios con energías renovables, que reduzcan el consumo energético. Plan de transportes públicos frente al coche privado, del ferrocarril frente al camión, ferrocarril también de cercanías y no sólo el AVE, etc.
b) Inversión pública en enseñanza pública e investigación (I+D+i). Anulación de las subvenciones a la enseñanza privada. De este modo se preparará a nuevas generaciones para un trabajo de calidad y se aumentarán los puestos de trabajo en enseñanza.
c) Inversiones en sanidad y salud pública, potenciando la atención especializada y hospitalaria, disminuyendo las listas de espera.
d) Inversión en regulación financiera, en inspección de hacienda para eliminar el fraude fiscal, en inspección de trabajo para que las empresas cumplan con sus obligaciones contractuales y de seguridad, etc.

3ª.- Interés social de la economía por encima del beneficio privado. La mayor tasa de ganancia o beneficio es el fin de toda empresa capitalista. Marx propone dos medidas para que la tasa de ganancia no sea a expensas del trabajador/a. Primera, que por el salario se pague no sólo la fuerza de trabajo sino también todo el valor que crea el mismo trabajo y, en segundo lugar, que se elimine toda plusvalía (absoluta y relativa) o tasa de explotación del trabajador/a. Mientras se llega a ese ideal, proponemos:
a) La desaparición de toda la legislación laboral contraria a los intereses de los trabajadores/as: contratación temporal, en prácticas, a tiempo parcial etc. Se vuelva a los contratos colectivos con personal fijo, tras un período de prueba, de 8 horas y 35 semanales, con descanso de un mes natural, con pagas de horas extras y nocturnas.
b) Una subida del Sueldo mínimo interprofesional (SMIG) al doble de lo actual: 1250 €. Keynes decía que en época de deflación vale más mirar a las personas que a la masa monetaria, por ello ésta fue otra de sus medidas para salir de la crisis de la II Guerra mundial.
c) Mayores exigencias para los despidos colectivos. Que las ERE sólo la permita el Estado, como garante de la legalidad, en casos de pérdidas económicas, por lo que debe modificarse la redacción de los arts. 51,1 & 5, 51,5 y 6 y 52, apartado c).
d) Ampliación e incremento de la protección por desempleo, que el período de prestación cubra de uno a cuatro años, en vez de 3 meses a dos años. Y que se cobre el 100% durante el primer año y el 80% a partir del mismo.

4ª El derecho para todos a una vivienda digna.

No hay vivientes humanos sin vivienda, por ello nuestra Constitución dispone que: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho” (art.47). Para hacer efectivo este derecho se propone:
a) Nacionalización del suelo urbano y adquisición de toda la reserva de suelo rústico urbanizable por la Administración Pública y del suelo urbano que incumpla las previsiones de los planes urbanísticos.
b) Tendencia a la expropiación de la propiedad inmueble. Que toda nueva construcción de viviendas sea una concesión estatal, por 99 años, en el suelo público.
c) Cese inmediato de la privatización del parque público de viviendas de todas las Administraciones Públicas (Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos).
d) Orientar toda la actividad de promoción de vivienda de las Administraciones Públicas hacia la vivienda en alquiler y dedicar todo el gasto público en vivienda a dicho fin.
e) Vivienda abandonada, vivienda ocupada. Despenalización por el Parlamento de la nación de la ocupación pacífica de viviendas deshabitadas (apartado 2 del artículo 245 del Código Penal).
f) Expropiación de la facultad de uso, por tiempo de cinco años prorrogables, de las viviendas de propiedad privada que permanezcan desocupadas de manera habitual durante un año, para cederlas en arrendamiento con rentas equivalentes al 4% anual de su valor fiscal (2’5 veces su valor catastral) nunca superior al 20% de los ingresos del inquilino.
g) Moratoria en el pago de las hipotecas cuando se produzca una situación legal de desempleo (o cierre del negocio por pérdidas en el caso de autónomos con cargas familiares) de algunos de los miembros de la unidad familiar, de suerte que la cuota hipotecaria a pagar no absorba más del 20 % de los ingresos familiares y mientras no varíe la situación familiar. Cuando ocurra, la parte impagada, se satisfacerá sin que nunca sobrepase el 20% de los ingresos de la unidad familiar.
h) Aprobación de una reforma de la Ley de Arrendamientos urbanos, que reinstaure el sistema de prórroga forzosa anual de los contratos de arrendamiento de vivienda, a instancia del inquilino/a, tradicional en el derecho arrendaticio español, junto al derecho de subrogación de la pareja y de los hijos menores de treinta años.
i) Mientras se aprueba esta reforma, las Administraciones públicas comprarán las viviendas, cuyos inquilinos sean amenazados de desahucio a instancias del arrendador, bien por imposibilidad probada del pago del arrendamiento o por finalización del mismo contrato, para volvérselas a arrendar a esos inquilinos.

En conclusión, la crisis financiera actual está sirviendo de viento fresco que limpiará el polvo acumulado sobre la figura de Marx y gracias a ella podremos volver a descubrir el alcance de su pensamiento, que nos señala la perversidad interna del capitalismo y , al mismo tiempo, el camino para superarlo.

Antonio Moreno de la Fuente
CCP de Sevilla. Enero 2009

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