Tengo grabado en el móvil el latido fetal del corazón de mi hijo Carlos. Un ritmo frenético deseoso de salir y bailar al compás del mundo.
Adviento es tiempo de escucha, de pegar la oreja al estetoscopio y sonreír bobaliconamente a los ecos de un murmullo acuático que anuncia la inminencia de una vida nueva.
El evangelio de Mateo habla de unos magos de Oriente que siguiendo una estrella llegaron hasta Belén para adorar al niño Jesús. Nunca me acabó de convencer esta fábula astronómica; demasiada luz para aquello que se gesta en la cálida oscuridad del útero del mundo. ?? Ver noticia …
Registrarse
¡Bienvenido! Ingresa en tu cuenta
¿Olvidaste tu contraseña? consigue ayuda
Recuperación de contraseña
Recupera tu contraseña
Se te ha enviado una contraseña por correo electrónico.