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El pesimismo del cardenal Cañizares -- Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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Cañizares1En Religion Digital (RD) aparece hoy un artículo con el siguiente encabezamiento, (con diferente tipografía que mi programa no me permite reproducir):
Pero «no vencerán, porque la victoria se ha dado ya en María»/ Cardenal Cañizares: «Nunca en la historia la Iglesia se ha visto tan acosada como en este periodo» «Hombres y mujeres parecen desorientados, inseguros, sin ánimo, sin aliento».
Se supone que la frase central, en negrita, es el titulo, propiamente dicho. Y el anterior y posterior, el sobre-título, y el pos-título. A mí la palabra más sospechosa de este encabezamiento es el de «Iglesia», porque no sé, ni imagino, qué es lo que el cardenal está pensando, y lo que quiere decir con ese término. El Concilio Vaticano II definió a la Iglesia, de manera sencilla, breve y redonda, como9 «el Pueblo de Dios».

Pero tenemos el problema de que, generalmente, los medios de comunicación, y la gente, normalmente, al hablar de la Iglesia se refiere, sobre todo, o, incluso, exclusivamente, sin darse cuenta, a la Jerarquía de la Iglesia. Si el cardenal, -valenciano por los dos lados, por ser de la provincia de Valencia, y presidir como obispo la iglesia valenciana-. se refiere a la jerarquía, y, de manera especial, a la española, habría que darle la razón de que está siendo acosada intensamente, con una curiosa particularidad, que no se daba antes: la de estar siendo severamente censurados desde dentro de la comunidad eclesial, algo que no solía suceder, por el temor reverencial, o temor, sin más, que los fieles, incluidos los clérigos, solían profesar a sus obispos. La cuestión es si esa censura, o crítica, a veces muy dura, es, o no, merecida, oportuna, y prudente.

Intentaré aclarar mi opinión, mi posición, bastante crítica, como conocen los lectores que frecuentan este blog. Desde que ingresé en el seminario de los Sagrados Corazones, de Miranda de Ebro, en el año 1952, no recuerdo, hasta los últimos 10 años, una época en que se haya criticado, censurado y reprochado tanto, muchas veces muy agriamente, a los miembros de la jerarquía, concretamente, a los obispos, ciñéndonos ahora a la Conferencia Episcopal Española, (1º) y a las altos jerarcas, -cardenales, de la Curia Vaticana. (2º)

1º) La Conferencia Episcopal Española (CEE), en las críticas a ésta destacará los siguientes motivos:

Su acusada derechización, por decirlo de alguna manera, es decir, su muy aparente inclinación a los postulados políticos del PP, no tanto del Gobierno. Quiero decir con esto que no están sin más con los que mandan, porque tan elegidos democráticamente son los del Partido Popular, como los anteriores del PSOE, y mientras a éstos los increparon incluso manifestados en la calle, con los del PP, ¡que parecen más católicos!, que no es lo mismo que más cristianos, parecen entenderse bastante mejor. Lo malo es que el seguimiento de los criterios y decisiones políticas conlleva la aceptación de los valores y ¿soluciones? sociales, y es aquí donde yo veo el punto más débil, y más vulnerable, del actual episcopado español. ¿Alguien sabe de algún documento contundente de la CEE so9bre, ¡y decididamente contra!, la Reforma Laboral, tal auto alabada y exaltada por los miembros del Gobierno y del partido que lo sustenta, y que no hizo otra cosa que, siguiendo los dictados de los economistas de la UE, dejar a los trabajadores a los pies de los caballos, con el perdón de éstos al compararlos con empresarios ávidos de ganancias y con la convicción de que es justo y ético que ellos ganen muy bien, y lo necesario para asegurar sus emprendimientos, mientras los asalariados pierden toda su seguridad laboral, como estamos viendo? Hoy han asegurado en un programa de televisión que, este mismo año, cuando ¡estamos saliendo de la crisis!, un 40% de los españoles no pueden, dignamente, gozar de su tiempo legal de vacaciones. ¿Algún comentario episcopal sobre ello? ¿Alguna palaba de ánimo y de cercanía a los trabajadores de Eulen, o Aena, esas empresas de pingües beneficios, y salarios tacaños, de explotación y de abuso? ¿Algún recuerdo de que 13 millones de conciudadanos está al borde de la exclusión social? …Y, ¿para qué seguir?

Después, los pronunciamientos morales de algunos prelados, incluso en las homilías de las misas por television, aprovechando indebidamente la audiencia. He oído verdaderas barbaridades, y encima, con la vitola de que se trata de la «enseñanza moral de la Iglesia». Eso me parece un abuso, y una deslealtad. Lo que vale es la enseñanza evangélica, libre y respetuosa, siempre, del Evangelio. Y la palabra, los hechos, y las prioridades de Jesús, que nunca fueron a favor de los poderosos, sino de los pobres, marginados, y explotados: de los «anawim», pobres de Yavè.
2º) (Sobre los altos cardenales de la curia vaticanas, a los que ya me he referido en varias ocasiones, seguiré mañana?

El pesimismo del cardenal Cañizares (II)

2º) Los altos prelados de la curia Vaticana

Cuanto más altos, peor. Me refiero, sobre todos, a los cardenales más señalados, con encargos papales de suma confianza, y de gran responsabilidad, como prefectos de las Congregaciones Para la Defensa de la fe, antiguo Santo Oficio, y todavía anterior, de la Santa Inquisición; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; Congregación para los Obispos; Congregación para la Evangelización de los Pueblos; Congregación para la Educación Católica, entre las que se me ocurren. Algunos de estos altos funcionarios de la Santa Sede pueden ser censurables desde dos perspectivas: a), la puramente socio-protocolar, y, especialmente, b), la de la fidelidad a las orientaciones del que los nombra, o los mantiene en su puesto en caso de cambio de titular de la Santa Sede.

a) Comenzaré por el primer apartado, que he llamado socio-protocolar, y que se explica fácil y rápidamente. Y éste detalle alcanza no solo a los grandes jerarcas, purpurados y arzobispos, prefectos de congregaciones o Secretarías importantes, sino que engloba también a muchos «monsiñores» de segunda y tercera fila. Se trata de que todos ellos merecen ser censurados por escandalizarse, primero, y criticar, después, al Papa, por su elección, total y magníficamente evangélica, de residir en la fonda «Santa Marta», en lugar de los palacios Apostólicos. Fue el mismo señor Jesús el que nos alertó, refiriéndose al poder, y a su uso y abuso: «Entre vosotros, que no sea así». Por eso es profundamente esperanzador que un papa, por fin, después de los escándalos y abusos, durante siglos, en ese campo de las luchas encarnizadas, por el poder, y el abuso del mismo, un papa quiera ser, sobre todo, y ante todo, fiel al Evangelio y a las palabras del Maestro. Y, por eso mismo, es profundamente escandaloso que otros prelados, tanto de la Curia Vaticana, como de la Conferencia Episcopal Española, que también los hubo los primeros días, que preconizaban, -yo lo oí a un Vicario episcopal, en lo que parecía ser la constante entre la curia de mi diócesis, Madrid, afirmar que el experimento de Santa Marta duraría unos pocos días o semanas, insinuando que no se trataba de otra cosa que de lo que se ha llamado en España insistentemente, y recientemente, «postureo», tratando al Papa como un hombre sin criterio ni valores firmes-.

¡Díganme si no es para «acosar», por usar la palabra del Cañizares, a los prelados, ¡muchos», que así piensan, aunque no todos los digan. La persecución a la Iglesia era cuando se daba por igual a los fieles, a los diáconos, a los presbíteros, y a los obispos, aunque no estuviesen organizados en Conferencia Episcopales. Eso se dio en los primeros siglos de la Iglesia, y, como hemos visto personalmente los que hemos estado en Latino América en épocas de regímenes militares, donde se perseguía por igual, en muchos casos hasta la muerte, a laicos y clérigos: bastaba que estuvieran implicados activamente en la vida eclesial como catequistas, coordinadores de comunidades de base, diáconos, curas, o prelados. Que se lo digan a monseñor Romero, perseguido desde donde menos podía esperarse, de su jefe del Vaticano, el papa Juan Pablo II, que lo tachó, reiteradamente, de comunista, así como a sus colaboradores, torturados y asesinados antes que su valiente obispo. Eso era persecución, Cardenal Cañizares.

b) Sigo por el segundo apartado. Es el caso, por ejemplo, del cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Defensa de la fe desde 2012 hasta el 1 de julio de 2017, en que fue apartado del cargo por el papa Francisco. Su actitud permanente de pedir cuentas al Papa de sus postulados, sobre todo, la manera poco prudente, excesivamente altiva de poner pegas y trabas a un documento tan fundamental en la enseñanza del papa argentino como Laudato Si. A esta tarea se unieron cuatro cardenales, Walter Brandmüller, Raymond L Burke, Joachim MeisnerCarlo Caffarra. Se les ha conocido como los purpurados de la «dubia», duda en latín, porque dudaban incluso de la ortodoxia de algunas proposiciones que habían dado luz y hecho las delicias de más de la mitad de los cristianos que se han atrevido a pensar según el Concilio II. Cualquiera comprenderá que estas actitudes, mínimamente expuestas, porque hay mucho más para investigar, criticar y denunciar, es motivo suficiente para que la Jerarquía de la Iglesia se sienta acosada. Y ¡ay! de la comunidad eclesial que no tenga miembros que no denuncien proféticamente estas actitudes de prepotencia y autosuficiencia, por encima del consenso mayoritario de la Comunidad, unida al magisterio del obispo de Roma.

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