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El perdón político. Una oportuna reflexión para iniciar la Cuaresma -- P. Gregorio Iriarte o.m.i.

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La política del perdón o el perdón político es de absoluta necesidad en todos los países y en todas las situaciones de la vida, pero lo vemos como muy urgente en el escenario político de la Bolivia actual.
El perdón tiene tres importantes dimensiones: perdonar, perdonarse y sentirse perdonado. Todos necesitamos el perdón de Dios, el perdonarnos a nosotros mismos y el dar y recibir el perdón de los demás. Es decir, necesitamos la reconciliación con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Todos tenemos necesidad de esos tres tipos de perdón por la sencilla razón de que ningún ser humano es perfecto.

Por lo tanto, el verdadero perdón abarca tres áreas: la espiritual, la psicológica y la socio-política. Esta última es la más difícil y, en nuestro caso, la más necesaria.
Todo buen político sabe que tiene que perdonar a sus adversarios. Es consciente de que tiene que ser un constructor de unidad y que, para lograr una unidad estable, es necesario el perdón político.

La paz de un país se basa fundamentalmente en la justicia pero no hay justicia, ni auténtica reconciliación, sin perdón.
El perdón es necesario en nuestra vida cristiana, en nuestra vida familiar y en nuestra vida social.

Para lograr una reconciliación nacional es necesario que el Gobierno, los pueblos, las regiones y las distintas fracciones políticas desarrollen sentimientos de perdón.. El perdón llega allí donde no llega la justicia. La justicia se queda en la sanción de aquellos actos que, de uno o de otro modo, la han violado. Pero el perdón trata de superar los resentimientos, los odios, las envidias, los instintos de venganza…

La justicia, cuando llega, se queda dentro de la normatividad jurídica. El perdón logra la sanación del corazón y de los sentimientos heridos.
Si bien Cristo, agonizando en la Cruz, nos da el ejemplo del más admirable perdón al rogar a Dios que no tenga en cuenta el pecado de quienes le martirizan, tenemos también en la historia política de nuestros días un ejemplar perdón socio-político. Es el caso de Nelson Mandela. Mandela nació en una etnia sudafricana.

Fue un incansable activista en contra de la segregación racial a la que estaba sometida toda su raza negra a través del “apartheid”.
Muchas veces fue tomado preso, por más que todos los medios subversivos que empleó en su larga lucha política eran éticamente correctos. Por último, fue condenado a cadena perpetua. Pasó 27 años en la cárcel, en condiciones de total aislamiento y de continuas vejaciones. Sin embargo, nunca albergó el odio en su corazón. Su actitud humanitaria y pacífica fue muy parecida a la de Gandhi y logró que el Presidente de Sudáfrica, Frederik de Klerk, le concediera la libertad en el año 1990.

Mandela no hizo bandera política de su largo y doloroso encarcelamiento y tampoco quiso que la terrible injusticia de la que había sido víctima, fuera arma de lucha y confrontación entre blancos y negros. Su actitud humanitaria de perdón para sus enemigos políticos fue muy valorada, no sólo dentro de su país, sino a nivel internacional.
El es un magnífico ejemplo que nuestros políticos y todos nosotros, deberíamos imitar en esta Cuaresma. El perdón político, por otro lado, es la base para que se instaure en Bolivia la cultura del diálogo, base para una verdadera unidad nacional.

Mandela llegó a ser el primer Presidente negro de Sudáfrica, elegido ampliamente por sufragio electoral. A sus altas cualidades morales, unía destacadas dotes de estadista. Todo su accionar político lo orientó hacia la Reconciliación Nacional. Como todo buen político estaba convencido de que para llegar a construir un país unido había que desarrollar las actitudes de perdón en contra de cualquier revanchismo. Su ejemplo fue la base más importante para lograr establecer una democracia auténtica y un país moderno y próspero.
En el año 1993, se le otorgó el Premio Nóbel de Paz, con unánime aprobación de la comunidad mundial.

La paz es obra de justicia y un componente esencial para lograrla es el perdón. Ya lo dijo el Papa Juan Pablo II: “La paz es fruto de la justicia. No habrá paz si no hay justicia y no habrá justicia si no hay perdón.

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