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El pensamiento vivo de Ignacio Ellacuría -- Juan José Tamayo

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Tamayo4La madrugada del 16 de noviembre de 1989 fue asesinado en San Salvador el rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) Ignacio Ellacuría, junto con sus compañeros jesuitas Juan Manuel Moreno, Segundo Montes, Ignacio Martín
Baró, Amando López, Joaquín López y López, la trabajadora doméstica Julia Elba Ramos y su
hija Celina, de 16 años.

Tamaño asesinato óctuple, que conmocionó al mundo, fue llevado a cabo por el sanguinario Batallón Atlacatl del Ejército salvadoreño con el conocimiento ¿y la
aprobación? del presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani.
Ignacio Ellacuría fue filósofo, teólogo de la liberación y politólogo nacido en Portugalete (Bilbao), nacionalizado salvadoreño que ejerció una gran influencia política,
cultural y religiosa no solo en El Salvador sino en toda América Latina.

Es, sin duda, uno de los más brillantes pensadores de nuestro tiempo que, treinta y tres años después de su
asesinato, sigue iluminando la oscuridad del presente con sus obras y sus propuestas revolucionarias como estas: “revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”, “sanar la civilización enferma”, “superar la civilización del capital”, “evitar un desenlace fatídico y fatal”.

Sin embargo, y por contradictorio que parezca, en España, donde nació y ejerció una importante influencia en el terreno religioso, es hoy poco conocido y menos reconocido en el ámbito intelectual, filosófico, teológico y académico. A las personas
que nos dedicado a su estudio y al análisis de la significación de su pensamiento nos resulta difícil entender a qué puede deberse tamaño olvido.

Precisamente para reparar
dicha amnesia y hacerle justicia acabamos de celebrar un Simposio Internacional sobre “El pensamiento vivo de Ignacio Ellacuría” en la librería Metalibrería de Madrid y en la
Universidad de Alcalá los días 19 al 21 de octubre.

En Metalibrería presentamos tres libros recientes en torno a la relevancia de su figura y a la actualidad de su filosofía, teología y teoría y práctica políticas. Marcela
Brito de Butter, catedrática de filosofía de la UCA, de San Salvador, ha publicado la monografía Ignacio Ellacuría.

Fraternidad solidaria (Herder, 2022), en la que da a
conocer su figura fascinante tanto en su vida como en su muerte martirial y analiza su filosofía de la realidad histórica y su compromiso radical con las mayorías populares
empobrecidas. Fue la propia autora quien lo presentó.
Javier López de Goicoechea Zabala, profesor de la Facultad de Derecho y del Instituto de Ciencias de las Religiones de la Universidad Complutense, presentó su libro
Hacerse cargo de la realidad.

Sobre la teología-política de Ignacio Ellacuría
(Comares, 2021), donde elabora un lúcido perfil intelectual de Ellacuría a través de un amplio y riguroso recorrido por los años de su formación y madurez y ofrece una sólida
reconstrucción de la filosofía, teología y teoría política de Ellacuría en su carácter unitario y orientación emancipatoria.
Yo hice la presentación de la obra colectiva Ignacio Ellacuría. 30 años después (Tirant, 2021), editada por Héctor Samour -fallecido en febrero de 2022-, uno de los
más importantes especialistas mundiales en Ellacuría, y por mí.

La obra recoge las 40 conferencias pronunciadas por especialistas ellacurianos de Centroamérica, México,
Colombia y España en el Coloquio Internacional sobre Ignacio Ellacuría celebrado en San Salvador en noviembre de 2019 con motivo del 30 aniversario de su asesinato.

Las reflexiones giran en torno a sus aportaciones en los campos filosófico, teológico, político, en los derechos humanos, en las ciencias sociales y en el análisis del
“mal común” y del bien común como respuesta. Dichas aportaciones son reconocidas por intelectuales y personalidades académicas mundiales de prestigio de las últimas
décadas. Estamos, creo, ante una de las obras más completas sobre el pensamiento del rector mártir de la UCA.

En la Facultad de Filosofía de la Universidad de Alcalá de Henares celebramos la segunda parte del Simposio Internacional centrada en “El pensamiento vivo de Ignacio Ellacuría”. Participamos personas estudiosas de Ellacuría en diferentes campos.

Diego Gracia, presidente de la Fundación Zubiri, habló del realismo de Zubiri y Ellacuría frente al idealismo y el materialismo. Marcela Brito, catedrática de Filosofía
de la UCA, centró su reflexión en la radicalidad del bien en el pensamiento de Ellacuría.

Javier López de Goicoechea Zabala, profesor de Derecho en la Universidad complutense de Madrid, analizó la aportación de Ellacuría al pensamiento político contemporáneo. Juan Antonio de Nicolás, catedrático de Filosofía de la Universidad de
Granada, se refirió a la impresión asimétrica de la realidad en Zubiri y Ellacuría. Yo centré la atención en la contribución ellacuriana al pensamiento decolonial.

Antonio González, director académico de la Fundación Zubiri, habló de Ellacuría y la dialéctica.
Fernando Monedero, doctorando de la Universidad Complutense de Madrid, centró su reflexión en la idea de estructura en la obra de Ellacuría, tema sobre el que está trabajando en su tesis doctoral. José Manuel Romero, profesor de Filosofía en la
Universidad de Alcalá, analizó la actualidad de la filosofía de la realidad histórica y de la praxis en Ellacuría.

Juan Antonio Nicolás informó sobre la situación en que se encuentra la edición de la obra completa de Ellacuría, programada en 25 volúmenes de quinientas páginas
cada volumen. Es, sin duda, el proyecto más ambicioso que hará justicia a uno de los pensadores más promitentes del siglo XX.
Los numerosos estudios sobre Ellacuría tras su asesinato, el Simposio que acabamos de celebrar y la próxima publicación de su obra completa son la prueba más fehaciente de su vigencia y actualidad, en otras palabras, de que estamos ante su
“pensamiento vivo” capaz de dialogar con las corrientes contemporáneas filosóficoas teológicas, políticas y sociales.

En el artículo “Mi caminar con Ignacio Ellacuría”, con el que se cierra el libro Ignacio Ellacuría. 30 años después, su compañero, amigo y colega el teólogo Jon
Sobrino lo define como “antorcha” por su clarividencia, lucidez y precisión y por su capacidad para iluminar y arder, así como para “para mover el corazón y eliminar lo que
impide ver”. Ellacuría, sigue diciendo, “desentrampó la verdad entrampada por múltiples intereses dispuestos a que la verdad no salga a la luz”

Termino con un texto del propio Ellacuría especialmente luminoso en torno al necesario carácter revolucionario de la universidad y a la compatibilidad entre razón y
revolución: “Si la revolución no pasa por la universidad, en el sentido de que no es ella su motor principal, la universidad debe pasar por la revolución, porque revolución y razón no tienen por qué estar en contradicción; más bien, en las cuestiones históricas se reclaman y se exigen mutuamente”.

HACERSE CARGO DE LA REALIDAD. SOBRE LA
TEOLOGÍA-POLITICA DE IGNACIO ELLACURÍA,

de Javier López de Goeicoechea Zabala
Comares, Granada, 2021, 184 pág.
18.00 euros
Desde el asesinato del filósofo y teólogo hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría, rector de la UCA (San Salvador), en noviembre de 1989, se han publicado sus obras
completas, celebrado numerosos congresos y escrito importantes investigaciones sobre su pensamiento. La obra de Javier López de Goicoechea me parece una de las más
clarividentes porque ofrece una rigurosa reconstrucción de la filosofía, teología y teoría política de Ellacuría en su carácter unitario con rigor metodológico y fidelidad a su
pensamiento, del que destaca la originalidad de su método de historificación de los conceptos y su orientación emancipatoria. Un pensamiento que, en expresión zubiriana,
se hace cargo de la realidad y cuyo resultado es una nueva teología-política, como praxis de liberación y transformación socio-económica a través de una correcta
articulación de los tres elementos de su reflexión; ética, política y religión, que suelen
aparecer desconectados y Ellacuría interconecta, pero sin caer en confesionalismos y respetando la autonomía de la ética y de la política.

Lopez de Goicoechea elabora un lúcido perfil intelectual de Ellacuría a través de un amplio y riguroso recorrido por los años de su formación y de madurez, los problemas filosóficos de su época: problema del ser, de la historia y de la
deshumanización, y las bases filosóficas de su pensamiento, de Aristóteles a Zubiri, pasando por Hegel, Marx Ortega y Gasset y Ernst Bloch. Pero su pensamiento no es discipular como si hiciera un seguimiento mimético de sus maestros, sino que
desemboca en un pensamiento propio muy sólido y consistente caracterizado por la creatividad y el carácter contextual en respuesta a los desafíos del momento histórico,
uno de los más graves el de la violencia en El Salvador, que analiza en sus diferentes niveles: estructural, revolucionario y terrorista, optando por la no violencia activa desde
sus raíces pacifistas de inspiración evangélica. Respuesta que sigue teniendo vigencia hoy y puede contribuir a enriquecer el pensamiento crítico, la praxis política y el
horizonte liberador de las religiones, sobre todo de las monoteístas y de sus respectivas teologías.

Esta obra viene a confirmar de manera argumentada que Ignacio Ellacuría y que, treinta y dos años después de su asesinato, sigue iluminando la oscuridad del presente.

Asimismo, es el mejor reconocimiento a un maestro español de la filosofía, la teología y la teoría política, del que, a mi juicio, carece en el actual panorama intelectual español.

IGNACIO ELLACURÍA- 30 AÑOS DESPUÉS, de Héctor Samour y Juan José Tamayo (editores), Editorial Tirant, Valencia 2021, 640 páginas
Presentaciones de Juan José Tamayo en
UCA (San Salvador. El Salvador) 22 de marzo de 2022
Metalibrería (Madrid) 19 de octubre de 2022

Buenos días. De nuevo en la UCA. El último viaje que hice fuera de España antes del estado de alarma y del confinamiento por la pandemia provocada por la covid-19 fue a San Salvador. y concretamente a la UCA, para participar en el Coloquio Internacional sobre Ignacio Ellacuría con motivo del 30 aniversario de

El Coloquio fue organizado por el Departamento de Filosofía de la UCA y la Cátedra de Latinoamericana Ignacio Ellacuría con estos objetivos: a) rememorar la figura y la obra del
filósofo y teólogo hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría; b) estimular la producción intelectual en torno a él; c) poner al día su aporte intelectual a través del diálogo con aquellos autores y corrientes del pensamiento social, filosófico y teológico contemporáneo, que han abordado las
problemáticas más relevantes a finales de la segunda década del siglo XXI; d) evaluar la vigencia, resistencia y actualidad de su pensamiento en la realidad histórica actual.

Aportes de Ellacuría en teología, filosofía, ciencias sociales, derechos humanos
En el Coloquio participaron personas académicas procedentes de universidades de la región centroamericana, México, Colombia y España, que ofrecieron sus reflexiones sobre los
aportes de la obra de Ignacio Ellacuría en los campos teológico, filosófico, político, derechos
humanos y ciencias sociales, aportes reconocidos por intelectuales y personalidades académicas
mundiales de prestigio en las últimas décadas.

En su teología cabe destacar la gran importancia que concede al locus theologicus desde dónde se reflexiona y para quiénes se reflexiona. Él y los colegas de su generación quisieron
hacerlo desde las mayorías populares oprimidas de América Latina y, en general, desde los pueblos empobrecidos por el modelo capitalista de tendencia neoliberal y por el colonialismo, todavía vigente. Ellacuría es una de las figuras más relevantes en la revolución metodológica y
epistemológica de la teología de la liberación con su método de la historificación de los conceptos teológicos para evitar su idealismo y su ideologización, la centralidad que reconoce a
la praxis histórica transformadora y el paso del paradigma centroeuropeo desarrollista al paradigma de la liberación.

Cabe destacar en este terreno sus aportes al pensamiento decolonial, desarrollado posteriormente por el proyecto Colonialidad-Modernidad de Walter Mignolo y
otras propuestas como las Epistemologías del Sur, de Boaventura de Sousa Santos.

En cuanto a su aporte filosófico, Ellacuría pensó la realidad histórica como el ámbito por excelencia de la emancipación humana de los diferentes sistemas de dominación:
colonialismo, capitalismo, fundamentalismos, racismo epistemológico, modelo científico técnico de desarrollo de la Modernidad, depredador de la naturaleza. No buscaba el dato
histórico en una perspectiva positivista, en otras palabras, no pretendía hacer una mera historiografía convencional para describir acontecimientos del pasado. Buscaba intervenir e
influir en la realidad histórica que, desde su concepción filosófica, es dinámica, abierta, unitaria,
compleja y esperanzada, característica esta última en sintonía con la filosofía de la esperanza de
Ernst Bloch, de la que era excelente conocedor.

Una realidad con nudos y redes sobre los que
hay que actuar para modificarla desde sus “goznes estructurales”.
En el campo sociopolítico de los derechos humanos, frente a las proclamas abstractas,
falsamente universalistas e ideologizadas del bien común como un bien general, Ellacuría sostenía que lo que se da en realidad es el mal común, que es el estado real del mundo en el que la mayoría de la humanidad está estructuralmente mal y viven sin poder satisfacer las necesidades básicas.

El mal común se origina a partir de las estructuras injustas que dificultan una vida humana digna y se plasma en una injusticia institucionalizada en la cultura dominante,
las leyes, costumbres, ideologías, y en el resto de las dimensiones de la vida social. Frente al
mal común así definido, surge el bien común como exigencia negadora de la injusticia estructural e institucionalizada.

Esto llevó a Ellacuría a considerar que las elementales exigencias contenidas en el programa de los derechos humanos son, en realidad, una necesidad para posibilitar la
actualización histórica del bien común. En la situación determinada por el mal común y en la
tensión que ella provoca con el bien común deseado se fundamenta para Ellacuría la exigencia
de reclamar los derechos humanos, como un reclamo concreto de la necesidad de hacer realidad
el bien o de alcanzar históricamente el bien común.

En el campo de las ciencias sociales, los aportes de Ellacuría también son muy relevantes al enfatizar la necesidad de analizar los hechos sociales dentro de su contexto
histórico y considerarlos como momentos de una totalidad sociohistórica desde la que adquieren su verdadero significado. Señala, además, la importancia del lugar desde el que se hace ciencia de la sociedad y de la historia. En el contexto de una sociedad dividida y conflictiva, el lugar desde el que es posible mayor objetividad, es el lugar de las víctimas de los sistemas sociales y económicos, sin caer en el victimismo paralizador de las energías utópicas.

Finalmente, Ellacuría fue uno de los primeros intelectuales en señalar, hace más de cuarenta años, la tendencia globalizadora de los procesos económicos y sociales que estaban
ocurriendo a nivel mundial.

Héctor Samour, comentarista creativo de Ellacuría
Permítaseme que antes de entrar en el recorrido por el libro tenga un recuerdo especial
para nuestro colega, compañero y colega Héctor Samour, recientemente fallecido. Él tuvo la
iniciativa del Coloquio, fue su coordinador, su “alma” y el verdadero editor. Yo me incorporé a
la edición más tarde, cuando me pidió apoyo para editarlo en España. Lo revisé, me pareció un
texto excelente y le propuse publicarlo en la colección “Diáspora”, que dirijo en la editorial
Tirant lo Blanch.

Héctor desarrolló toda su actividad académica e intelectual en la UCA con plena
dedicación y contribuyó significativamente al prestigio de la misma en el campo de los estudios
filosóficos. Su actividad académica fue inseparable de su compromiso por el cambio social y la
transformación de la realidad nacional salvadoreña, que se tradujeron en la creación de la
Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría de Análisis de la Realidad Política y Social y en su
actividad política como Secretario de Cultura de la Presidencia de El Salvador (2010-2012) y
como Viceministro (2012-2904).

Fue uno de los mejores especialistas mundiales y de los principales difusores del
pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría. Sus reflexiones profundas y los estudios siempre
creativos de Héctor sobre Ellacuría constituyen la base de muchas investigaciones para el
conocimiento y la interpretación de su obra y, sin duda, una de las principales influencias para
que yo dedicara no pocos de mis trabajos intelectuales a tan relevante pensador y pusiera el
nombre de “Ignacio Ellacuría” a la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, que dirigí
desde su creación hasta mi jubilación en la Universidad Carlos III de Madrid.

Entre las aportaciones de Ellacuría, Samour destaca las siguientes: el método de
historificación de los conceptos filosóficos, políticos y teológicos; las mayorías populares
empobrecidas como lugar teológico; la realidad histórica como ámbito por excelencia de la
liberación; la toma de conciencia del “mal común” como estado real del mundo en el que la
mayoría de la gente vive estructuralmente mal, frente a las proclamas abstractas y falsamente
universalistas del bien común, y el bien común como exigencia negadora de la injusticia
estructural; la importancia del lugar social en las ciencias sociales; el lugar de las víctimas de los
sistemas sociales y económicos; la crítica de la civilización del capital y del neoliberalismo; la tendencia globalizadora de los procesos económicos y sociales; la unidad entre teoría y praxis; la función liberadora de la filosofía.
En el centro de sus estudios sobre Ellacuría, Samour sitúa la función liberadora del
quehacer filosófico y su capacidad para responder a los desafíos de la situación actual mundial.
Es aquí donde vincula la filosofía con la liberación. Ello requiere dar prioridad a las realidades
históricas del mundo, superar “el reduccionismo idealista” en el que ha incurrido muchas de las
corrientes de la filosofía occidental que han privilegiado la razón y el logos sobre la praxis
histórica, cuestionar los discursos abstractos y falsamente universalistas y poner en evidencia la
falsedad encubridora del pensamiento dominante.

Samour desarrolla estas ideas en dos obras clave: Voluntad de Liberación. La filosofía de
Ignacio Ellacuría, publicada en la editorial Comares de Granada (2002) y Crítica y liberación.
Ellacuría y la realidad histórica contemporánea (2012 y 2018), publicada en su primera edición por ADG-N y la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid, y en la segunda por Tirant, de Valencia.

Héctor pertenece a la mejor tradición de la figura de los “comentaristas” (recuerden:
Tomás de Aquino, Avicena, y Averroes, comentaristas de Aristóteles), que él recupera y aplica
ejemplarmente a la vida, pensamiento y obra de Ellacuría, las tres de manera indivisa. Y lo hace
no al modo escolar y cansinamente repetitivo, sino creativamente, situando al filósofo hispano-
salvadoreño en su contexto, poniéndole en relación y en diálogo, siempre crítico e innovador,
con otras tendencias filosóficas sociológicas y políticas de ayer y de hoy y con la realidad
histórica contemporánea, dentro de la filosofía latinoamericana de la liberación, de la que
Ellacuría fue uno de los principales cultivadores. Y desde la “voluntad de liberación”, que es lo
que a ambos les movía y nos mueve a nosotros a través de la lectura de sus obras tan luminosas.

Ellacuría nos hermanó a Teto y a mí durante muchos años en el caminar por las sendas
de la filosofía y la teología de la liberación a través de la praxis histórica en clave de utopía.
Nuestro reciente y último acto de hermanamiento ha sido la dirección conjunta de Ignacio
Ellacuría. 30 años después (Tirant, Valencia, 2021), obra que presentamos en este acto en la
“Biblioteca Idoate S. J.”, de la UCA. Nuestro hermanamiento no queda interrumpido con la
muerte de Teto, sino que continuará a través de nuestros libros y los de Ellacuría y a través de
sus lectores y lectoras.

Este acto quiere ser el reconocimiento a Héctor Samour, un ser humano cabal en el pleno sentido de la palabra como persona, académico, pensador, político y sincero
con la realidad histórica.
Ejes temáticos vertebradores de libro

Vayamos ya a la presentación del libro, que recoge las ponencias del Coloquio del 2019 y se
estructura en cuatro ejes temáticos.
1.El pensamiento de Ignacio Ellacuría: génesis, evolución, dimensiones y diálogo con la
filosofía actual.

Abre este eje un excelente artículo de Marcela Brito sobre la génesis y evolución de la
“realidad histórica”, categoría central en el discurrir de su pensamiento filosófico y teológico y
fuente de su quehacer vital (p.28). Define el proceso evolutivo del pensamiento ellacuriano a
través de la figura de círculos concéntricos o en forma de espiral. Lo específico del proceso
evolutivo del filósofo y teólogo hispano-salvadoreño es la progresión gradual en la apropiación
no lineal de categorías y sistemas, de forma que no hay elementos que queden atrás, sino que
son incorporados superadoramente, elevando el sistema hacia niveles nuevos.

Cada elemento evolutivo no implica ruptura sino continuidad.
Lo más rico y novedoso de la formación filosófica de Ellacuría es que, aun cuando intenta
responder a las urgencias del momento, no se queda en ellas, sino que operativiza una filosofía,
una teología, una praxis y una soteriología históricas posidealistas con el objetivo de
desentrañar las causas últimas del sufrimiento humano y las formas de erradicar el mal.

La profesora Brito establece tres fases de la génesis y evolución de la realidad histórica
como eje vertebrador de la obra ellacuriana al modo tentativo y no definitivo: etapa de juventud
(1951-1962); gestación del proyecto de madurez y acercamiento a la filosofía de Zubiri (1963-
1974); radicalidad de la filosofía de la realidad histórica (1974-1989), que culmina con la
propuesta de la civilización de la pobreza y el compromiso de “revertir, subvertir y lanzar la
historia en otra dirección con todos los pobres y oprimidos del mundo” (p. 58).

Randall Carrera analiza los pilares fundamentales zubirianos de la filosofía de Ellacuría, en
concreto la metafísica eminentemente intramundana de Zubiri, que da lugar a una filosofía
abierta a la realidad, a su carácter dinámico y estructural de la realidad, que en la madurez del
pensamiento de Ellacuría será histórica. El nexo de ambos pensadores da lugar a una dinámica
de crecimiento mutuo.

Parte de dos tesis: a) que la interpretación ellacuriana de Zubiri tiene una vigencia actual por
su profundidad y conocimiento de su pensamiento; b) que el estudio de los presupuestos
zubirianos de la obra de Ellacuría es fundamental para la comprensión de su pensamiento
maduro, orientado a la construcción de un proyecto filosófico liberador (p. 60). Más que
intérprete de Zubiri, Randall considera que en las manos de Ellacuría las ideas del maestro
cobran una dimensión completamente original.

Luis Arturo Martínez se adentra en la antropología filosófica de Ellacuría y muestra cómo
este sostiene la centralidad de la persona humana como culminación del proceso evolutivo de la
realidad intramundana. Esboza los aspectos que constituyen su antropología filosófica como
propuesta para transformar la realidad a partir de la praxis. (p. 82) y enmarca dicha antropología
en el contexto de la antropología filosófica latinoamericana.
En continuidad con la ubicación de la antropología de Ellacuría en el contexto de la antropología latinoamericana, Francisco Octavio López pone en diálogo la reflexión sobre la
ideología y la utopía de Ellacuría con otras voces latinoamericanas, como Luis Villoro y Adolfo
Sánchez Vázquez.

Objeto del pensamiento político en su etapa de madurez es el magnífico artículo de Ricardo
Ribera, subrayando el año 1976 como el año de la ruptura (p. 124).

Segundo eje temático: descolonización crítica de las ideologías, utopía y liberación
Es en este en el que se sitúa mi colaboración, que se centra en un tema poco analizado:
la aportación de Ellacuría al pensamiento decolonial, sobre todo: a) en la sustitución del
concepto “desarrollo” por el de “liberación”, que supone un cambio de paradigma político,
filosófico y teológico; b) la consideración de la teología como momento teórico de la praxis de
liberación y la comprensión de la liberación como tarea histórica y proceso colectivo de
transformación; c) la original lectura de la conquista como encubrimiento violento de los
pueblos originarios, que desarrolló en el discurso sobre el Quinto Centenario pronunciado en la
recepción del Premio Alfonso Carlos Comín. En la misma dirección hay que situar la aportación
de Alejandro Rosillo.

José Manuel Romero analiza la actualidad del método de historización de los conceptos
filosóficos y políticos como principio de desideologización en las discusiones llevadas a cabo en
la filosofía social centrándose en dos obras de Alex Honneth, uno de los filósofos sociales más
relevantes: El derecho de la libertad y La idea del socialismo (p. 274). Ángel Centeno estudia la
compatibilidad entre metafísica y crítica de las ideologías (283-304).

Roberto Giordano Longoni teje un diálogo crítico entre las perspectivas utópico-críticas
sobre la religión de Ernst Bloch, Max Horkheimer y Ellacuría. “La reivindicación de las
motivaciones contenidas en la religión desde una perspectiva utópica por parte de estos tres
pensadores se plantea entonces como intento de rebasamiento de la racionalidad instrumental,
así como propuesta política” (p. 305).

La perspectiva utópica en la Teoría crítica y la Teología de la liberación latinoamericana
resulta central, ya que a partir de ella se logra rebasar la lógica cientificista y positivista del
pensamiento, basada en una racionalidad instrumental que reduce y cosifica la realidad,
haciéndola aparecer como algo inmediato, unilateral y cerrado, así como susceptible de
dominación y explotación.

María Elisabeth de los Ríos Uriarte elabora un análisis comparativo entre el “hacerse
cargo de la realidad” de Ellacuría y “el llamado a la santidad” de papa Francisco y hace una
“propuesta de acción para ser santos haciéndose cargo de la realidad”. Su tesis es que Ellacuría
y Francisco pueden “converger en la acción como categoría social” y en “hacer una opción
fundamental por los pobres” (p. 358).

Tercer eje temático: ética, derechos humanos, democracia y universidad
En este tercer eje María José Camacho destaca el carácter ético del pensamiento de
Ellacuría y la capacidad que tiene su ética de ofrecer respuestas a problemas sociales actuales,
como el mal común, que se traduce en el estado deshumanizador, injusto y violento de la
humanidad, que impide una vida realmente humana e incluso no asegura que la vida sea posible.

“La propuesta de la civilización de la pobreza puede ser el gran proyecto en el que se concretan
y toman forma las reflexiones éticas de Ellacuría” (p. 417). Ellacuría quería pensar el todo en el
que él se encontraba y le comentó a Sobrino: “la formulación teórica de la solución la tengo
clara. Hacerla realidad es muy difícil. Es la civilización de la pobreza”, en contraposición a la
civilización de la riqueza.

La alternativa es el bien común de la humanidad desde tres criterios: el de verdad, el de
justicia (social-global y ecológica) y el de ajuste: un mundo donde quepamos todos los seres
humanos y la naturaleza. Ellacuría propone la idea de justicia social unida a la liberación como
superación del colapso provocado por la injusticia social. La teoría ellacuriana de la democracia
desde la civilización de la pobreza se convierte en orientación para la lucha contemporánea de
los movimientos sociales (pp. 421ss).

En este eje se estudia la función liberadora de la Universidad, la proyección social de la
docencia para el logro del cambio social y el ejercicio de la racionalidad intelectual hacia el
cambio social, a partir del pensamiento de Ellacuría expuesto ejemplarmente en su discurso de

recepción del doctorado honoris causa en la Universidad de Santa Clara (USA). Inspirándose en
Ellacuría, Juan Luis Hernández define la función de las universidades como “generadoras de
una geopolítica de la esperanza” (p. 489ss).

Cuarto eje: el pensamiento de Ellacuría frente a la coyuntura latinoamericana actual
El cuarto eje analiza y pone de relieve la resistencia y vigencia del pensamiento de
Ellacuría en la actualidad. Ciertamente no se trata de un pensamiento ahistórico, intemporal y
esencialista. Todo lo contrario. Después de su asesinato se presenta como guía y referente en la
respuesta a los desafíos actuales. Cinco son los desafíos aquí estudiados:
– Ellacuría ante el fracaso de la promesa del progreso en la región centroamericana 30
años después.

– Lectura de Ellacuría desde la realidad conflictiva colombiana.
– Negación histórica de la desaparición de las personas.
– Lectura crítica e intertextual de “Utopía y profetismo” desde el pensamiento de Franz
Himkelammert.
– La ecología integral como universo de comprensión de la realidad histórica actual.

Este eje se completa con la lúcida reflexión, muy personal, de Jon Sobrino titulada “Mi
caminar con Ellacuría”, en la que lo presenta como “antorcha” junto con Rutilio Grande,
monseñor Romero y Rufina Amaya.
Estamos, creo, ante una de las obras más completas y rigurosas sobre el pensamiento y
la obra de Ellacuría, y ante un texto imprescindible para su mejor estudio y conocimiento.

Quiero terminar esta presentación con dos textos complementarios. El primero, del
propio Ellacuría especialmente luminoso de cara al futuro de la universidad: “Si la revolución
no pasa por la universidad, en el sentido de que no es ella su motor principal, la universidad
debe pasar por la revolución, porque revolución y razón no tienen por qué estar en
contradicción; más bien, en las cuestiones históricas se reclaman y se exigen mutuamente”
(Ellacuría).

El segundo, de Ernst Bloch, cuyo pensamiento está muy presente en la obra de
Ellacuría: “La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón”.
Deseo expresar mi agradecimiento al doctor Ricardo Roque Baldovinos, director del
departamento de Filosofía de la UCA, y a la doctora Marcela Brito, directora del doctorado de
Filosofía de la misma Universidad, por su invitación a presentar este libro que he coordinado
con Héctor Samour participar en esta presentación, así como a los profesores Ángel Centeno y
Carlos Hernández por sus intervenciones en dicha presentación. Ellos expusieron una síntesis de sus colaboraciones en el libro: Centeno sobre la compatibilidad entre metafísica y crítica de las ideologías y Hernández sobre la teoría de la democracia en Ellacuría como orientación para la
lucha contemporánea de los movimientos sociales.

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