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EL PAPA COMETIÓ UN ERROR EN SUS COMENTARIOS SOBRE EL ISLAM. E.J. Dionne

Publicado en

Washington Post

Estuve tentada de defender los comentarios del Papa Benedicto XVI sobre el Islam; los periodistas siempre profesamos admiración por los lideres que asumen riesgos para decir lo que realmente piensan.
En una conferencia en Alemania la semana pasada, Benedicto dijo lo que realmente pensaba.

La ironía es que los comentarios del pontífice aparecieron en una conferencia que tomaba el Islam y todas las demás religiones más en serio de lo que lo hacen la mayoría de los críticos seculares del Papa. La conferencia, en general, después de todo, venía a defender la racionalidad de la fe en Dios.

Pero no se puede obviar: el Papa cometió un gran error, creándose problemas a sí mismo, a su Iglesia, y a occidente. Habló en la voz del teólogo académico que fue, y no como el líder de una de las grandes religiones de occidente. Ser Papa es muy diferente de ser el profesor Joseph Ratzinger.

En el pasaje de la controversia, el Papa Benedicto recuerda un diálogo entre «el erudito emperador bizantino Manuel II el Paleólogo y un persa, simbolizando al cristianismo y al Islam.

El emperador -«con gran brusquedad, una brusquedad que nos sobresaltó», como el Papa apuntó, acorde con la traducción vaticana- dijo: «enséñame lo que Mohamed trajo de novedad, y solamente encontrarás maldad e inhumanidad, como su la orden que promulgó de extender la fe mediante la espada».

El Papa no terminó ahí. Añadió que «el emperador… continuó explicando con detalle las razones por las que extender la fe mediante la violencia no es razonable». La violencia es incompatible con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma.»

¿Qué estuvo mal aquí? Lo primero, si usted lee al completo la interesante conferencia, verá que el pasaje del Islam no es esencial para el argumento del Papa. Ciertamente, él argumentó con firmeza contra la Cristiandad liberal en la que «la ‘consciencia’ subjetiva se vuelve el único árbitro de lo que es ético» y en la que Jesús es reducido a ser «el padre de un mensaje moral humanitario». (Esos apóstrofes en torno a la palabra ‘consciencia’ reflejan el escepticismo del Papa sobre la elección moral individual, no guiada por las enseñanzas de la Iglesia).

Pero, entonces ¿por qué hace Benedicto ese ataque al Islam? ¿Y por qué no cae en la cuenta de que en varios momentos de la historia, cristianos, incluídos católicos, han sido culpables ellos mismos de un uso inapropiado de la violencia?

El Papa Juan Pablo II habría estado en general de acuerdo con los argumentos teológicos de Benedicto. Pero Juan Pablo se vió a sí mismo como el líder de una Iglesia universal con serias responsabilidades políticas.

Sospecho que Juan Pablo, que estuvo más fino en el diálogo inter-religioso que Benedicto, hubiera eliminado el pasaje sobre el Islam, o lo hubiera desarrollado en una manera que no hubiera requerido la ‘realmente-no-una-disculpa’ que Benedicto comunicó el domingo. (Benedicto dijo que las palabras del «texto medieval» que utilizó, «no expresan de ninguna manera mi opinión personal»)

Juan Pablo entendió que el crecimiento del cristianismo requiere libertad religiosa en naciones donde los cristianos son una minoría. Ninguna institución tiene más interés en la tolerancia religiosa y un sentido de camaradería inter-religiosa que la Iglesia Católica.

Los defensores de Benedicto tienen razón cuando se preguntan si sus comentarios justifican la explosión contra él en el mundo musulman. Un significativo número de líderes religiosos musulmanes han dicho cosas muy duras sobre los cristianos, judíos y secularistas occidentales en años recientes. Todos esos críticos musulmanes contra Benedicto, deberían ser igualmente críticos con las declaraciones anti-cristianas y anti-judías de su propio lado.

Pero es precisamente esa la razón por la que aquellos que buscan un Islam más tolerante deberían tener a Benedicto como interlocutor, y por lo que necesitan usar a ese gran intelecto para mover la discusión en una dirección diferente.

La mayoría de los musulmanes que rechazan la idea de que «su fe debe ser difundida mediante la espada» no verán avanzar su causa por occidentales que les recuerdan argumentos basados en una era en la que la Cristiandad y el Islam estaban en guerra. Deberíamos luchar por interpretar nuestras respectivas tradiciones en formas que permitan la tolerancia y el respeto. Aquellos musulmanes que toman decisiones a costa de la libertad religiosa deberían darse cuenta de que los no-musulmanes están deseando tender lazos con lo mejor parte, y no la más extrema, del pensamiento islámico.

Benedicto hizo una buena labor cuando dijo: «Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de entrar en el diálogo de culturas»

Es verdad que los occidentales que rechazan la religión en su conjunto pueden tener un problema abriéndose al auténtico diálogo con musulmanes. Pero el diálogo religioso no irá muy lejos si comienza con una bofetada en la cara.

Dionne es columnista del Washington Post.

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