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El obispo de Ciudad Real reprocha que los ajustes no empiecen por políticos, banqueros o consejeros -- A. del Campo

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El Plural

Antonio Algora denuncia en su carta pastoral sobre la Fe que “hoy los mercados son los que mandan”
Antonio Algora, obispo de Ciudad Real, ha realizado un somero análisis sobre la crisis económica reprochando que los mercados son los que mandan y que los ajustes se aplican sobre las clases medias y bajas en vez de hacerlo por los primeros del ranking social. Menciona además la crisis de fe. El prelado solicita un “cambio de mentalidad” e insta a “corregir la perversión del sistema económico, político y cultural que nos rige”.

En esta ocasión el obispo de Ciudad Real exhorta a llevar a cabo un cambio de conciencia en cada persona y en la sociedad. En una carta pastoral con motivo de la celebración del Año de la Fe (que se puede leer aquí), Algora alienta a los sacerdotes de Ciudad Real a “ser “evangelizadores” y “transmisores de la fe” en unos momentos “de incertidumbre y desasosiego” y realiza un análisis tanto de la crisis económica actual como de la crisis de fe.

“Se echaba de menos una voz crítica”
Estas palabras del obispo han sido muy bien recibidas en diferentes foros de curas. “Hace falta escuchar de vez en cuando una voz crítica que no esté por las nubes, en un lenguaje que se entienda y hable de los problemas del día a día”, manifestaron a ELPLURAL.COM diversos sacerdotes. Y en concreto, del foro de curas de Bizkaia, Txema Kortazar afirmaba: “Echamos de menos que nuestros obispos hablen claramente sobre estos temas que tanto afectan a la sociedad, diciendo las cosas como son”.

Ya arremetió contra la reforma laboral

No es la primera vez este año que el obispo Algora hace mención a los problemas que están provocando los recortes del Gobierno del Partido Popular. El pasado 28 de marzo, en otra pastoral, como publicó ELPLURAL.COM, arremetía contra la reforma laboral porque, entre otras cosas, “rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles”.

Panorama desolador

En la Pastoral hecha pública el 9 de noviembre Algora desgrana un panorama desolador: “Estamos viviendo en España una crisis económico- financiera que está afectando de manera dramática a amplios sectores sociales, especialmente a las familias con todos sus miembros en paro, y a los jóvenes. La tasa de desempleo en España durante el año 2011 fue la más alta de la Unión Europea, alcanzado a más del 23% de la población activa, y a más del 50% de los jóvenes. Uno de cada cuatro españoles está en situación de riesgo de pobreza y exclusión social. Y el número de hogares cuyos miembros están en paro alcanza la cifra de 1.500.000 y de éstos unos 600.000 no reciben ingresos por prestaciones sociales”.

“Egoísmo, errores técnicos y responsabilidades morales”

Continúa el obispo: “Se habla de las secuelas de la crisis, pero poco de sus causas. Las causas son diversas y entre ellas se encuentra siempre una combinación de erro res técnicos y de responsabilidades morales. La causa primera es el egoísmo del hombre que cuando tiene poder y dinero ejerce su influencia en las organizaciones socio-económicas que producen desigualdad e injusticia. Hoy los mercados son los que mandan. No se habla de la crisis moral y espiritual que deja desprotegido al hombre frente a la ambición y al egoísmo de los poderosos.”

El ajuste no empieza por los poderosos
“Los discursos y declaraciones de unos y otros hablan de que para salir de la crisis hay que apretarse el cinturón ya que no podemos gastar más de lo que tenemos. Pero comprobamos que el ajuste no ha empezado seriamente por los que están los primeros en el ranking social o económico como políticos, banqueros, directores de empresas multinacionales, consejeros, deportistas de élite, etc”. Y añade: “Oímos en los medios de comunicación, que crean opinión, cómo se justifican los altos ingresos por la responsabilidad y rentabilidad social y estamos comprobando cómo la crisis la están padeciendo, sobre todo, las clases bajas y medias”.

Afán desmedido de poseer
La crisis está pidiendo un cambio en la conciencia de cada persona y de la sociedad. Sin esta referencia a la ética, no comprenderemos el origen de la crisis. Es una crisis nacida del afán desmedido de poseer que encuentra en los mercados el medio para que unos se enriquezcan sobre medida sin importarle las consecuencias que para otros se deriven. Decía Juan Pablo II que “es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros…, y someterlos a un análisis atento bajo el aspecto ético-moral”. Esta crisis nos llama a cambiar de mentalidad y corregir la perversión del sistema económico, político y cultural que nos rige”. Añade en otro momento: “Sin otro sentido que la búsqueda de uno mismo, nuestra crisis hunde sus raíces en la avaricia que hace a unos pocos más ricos y deja en la miseria a una mayoría. Una avaricia legitimada por un sistema económico y legal que la permite”.

Los grandes beneficios económicos son injustificables

“Vemos que la crisis se ha ‘cebado’ sobre muchos, especialmente sobre los que sufren la precariedad económica, cultural y laboral y, sin embargo, no ha variado nuestro discurso sobre la sociedad del bienestar, los derechos adquiridos, la justicia, el derecho al trabajo, etc. Mientras se siguen utilizando estas tranquilizadoras palabras, las diferencias se agrandan entre ricos y pobres, entre los que tienen trabajo y carecen de él, entre unos salarios y otros. La crisis nos llama a compartir nuestros bienes. Los cristianos y los hombres de buena voluntad sabemos que al agravarse la pobreza, nosotros tenemos que hacernos más pobres porque hemos de compartir. Cuando el paro castiga a millones de personas privándoles de unos mínimos vitales, el resto social que vive sin padecer los efectos de esta lacra debe solidarizarse compartiendo parte de su dinero. No se pueden justificar los grandes beneficios económicos que unos colectivos perciben en aras de la responsabilidad que ejercen o de los beneficios económicos que generan”.

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