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El horizonte de la misericordia -- Santiago Sánchez Torrado

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El papa Francisco ha dirigido al mundo católico la Bula de Convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia bajo el título El rostro de la misericordia, que ha sido publicada en España por la editorial San Pablo, entre otras.
El texto papal posee un estilo fluido y un tono mesurado de lectura agradable, bastante alejado del lenguaje eclesiástico habitual, que suele ser complicado y abstracto. En dicho texto se afirma que “Cristo es el rostro de la misericordia del Padre”, el amor compasivo de Dios que se proyecta en la compasión de Jesús por la masa, los enfermos, etc.

El papa plantea la necesidad de contemplar el misterio de la misericordia, que es “la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona”. Ahí radica también la convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que encierra un claro carácter penitencial y conlleva la indulgencia plenaria, porque “ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón”.

El papa alude también a las tradicionales obras de misericordia corporales y espirituales, que recordamos con bastante nitidez desde ls tiempos del catecismo y que posiblemente están demandando la traducción a un lenguaje aún más actualizado, pero que no han perdido su vigencia. Las obras de misericordia corporales son: dar comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y las espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Perfil evangélico de la misericordia
Basta con aportar algunos pasajes fundamentales del evangelio para obtener los rasgos concretos de un perfil adecuado de la misericordia. Y es suficiente con solo mencionarlos, ya que su contenido nos resulta cercano y suficientemente conocido.

Uno de estos pasajes es la descripción del Juicio Final (Mateo 25) con su dilema y diagnóstico sobre nuestra salvación o condenación, basados en la práctica o la ausencia de la misericordia en la relación con los demás. Otros pasajes significativos se agrupan en las llamadas parábolas de la misericordia (Lucas 15):la del hijo pródigo, en la que brilla y todo lo envuelve la bondad y la misericordia de Dios; la del ama de casa que encuentra gozosa la moneda perdida, y la del pastor que recupera a su oveja desaparecida con gran alegría. También la parábola del buen samaritano, que actúa con misericordia y compasión ante la desgracia del prójimo y se implica realmente en ella.

Contenido de la misericordia
El ejercicio de de la misericordia requiere un fondo de empatía, esa actitud que consiste en “penetrar en la piel del otro” o “calzarse sus zapatos” y que está en la base de la misericordia y del compromiso.
La solidaridad es la traducción laica de la misericordia, pero ambas no son excluyentes sino complementarias, y no debe sostenerse que cada una de ellas pertenecen a un ámbito separado, sino más bien que se enriquecen mutuamente en la síntesis armoniosa y fértil de la vida.
La solidaridad con los prójimos y con los “lejanos” son indistintas en su esencia, y el prójimo no es aquel que nos “cae cerca” en las circunstancias de la vida sino a quien nos aproximamos mediante el amor, esperando de él su acercamiento recíproco. Ambas expresiones de la solidaridad son también compatibles y complementarias.

Práctica de la solidaridad
Como marco previo de este apartado quiero aportar un texto del sabio Albert Einstein: “Saludo al hombre que pasa por la vida siempre al servicio del prójimo sin conocer el miedo, ajeno a toda agresividad y a todo resentimiento. De este material están hechos los grandes líderes morales que brindan consuelo a la humanidad en las miserias que ella misma crea”
La práctica de la solidaridad se despliega en múltiples y diversos grados de densidad e intensidad. Uno de ellos es la reflexión misma, el camino valioso del pensamiento y el debate sobre el tema de la solidaridad, como pretendemos y realizamos en diferentes ámbitos y de distintos modos. El estudio de la solidaridad proporciona riqueza, precisión y profundidad al conocimiento de la misma.

El apoyo económico a organizaciones fiables para la cooperación al desarrollo (ONGD) es otro camino válido de solidaridad, en proporción razonable con nuestras ganancias e ingresos. La ciudadanía participativa de apoyo a causas justas de carácter cívico, social, cultural (mediante manifestaciones, concentraciones, campañas de firmas…) constituye un ancho campo de acción en favor de la solidaridad. Todo ello es sabido pero conviene recordarlo.
El voluntariado significa un paso más en el proceso de la solidaridad, porque supone y expresa un compromiso de carácter estable y de mayor implicación en causas de diverso tipo: sociales, políticas en sentido amplio, culturales, ecológicas… La cooperación al desarrollo con el tercer y cuarto mundo adquiere aquí una especial relevancia.

La práctica de la solidaridad conlleva también un singular talante, un tono y estilo de vida que es a la vez global y concreto, que impregna pensamientos, sentimientos, actitudes y tareas. Ese tono es el de la austeridad solidaria, el de la sobria disciplina y la modestia, del sacrificio y la privación voluntaria que repercuta de alguna manera en beneficio de los desfavorecidos.
No solo es pobre quien no tiene dinero ni abundantes bienes materiales, sino también el que no desea enriquecerse ni lucha por ello como tarea prioritaria, quien opta por una vida austera y modesta en esta sociedad dominada por la ambición y la codicia, el bienestar material por encima de todo, el lujo de algunos a costa de la escasez extrema de otros, la competitividad por el éxito y el consumo capitalista desenfrenado. Todos estos indicadores juegan en contra de la solidaridad.

La acogida, la escucha y el cuidado de los demás y de nosotros mismos son, por el contrario, expresiones y elementos de solidaridad que nos resitúan en el ámbito y ejercicio de la misericordia, de la compasión por el sufrimiento de los otros y en la alegría profunda por su bienestar.
La misericordia es el intento de ponernos a la altura del corazón de Dios –si ello fuera posible- y de los demás en pleno trasiego de la vida, de su pesadumbre y su esperanza.

Recapitulación
Como resumen meramente indicativo y aproximado de lo que he pretendido expresar en este artículo, quiero citar este texto de Juan Martín Velasco: “Recordar de nuevo la misericordia de Dios me ha hecho caer en la cuenta de que la creación entera, la humanidad, nuestra pobre vida con sus momentos difíciles y oscuros y hasta nuestros pecados están bañados por el mar inmenso de la bondad, de la misericordia de Dios que, como dice la misma palabra “misericordia”, no es otra cosa que el corazón de Dios vuelto hacia nuestra miseria, nuestras penalidades y hasta nuestros pecados. Sobre todo cuando tenemos presente en nuestras oraciones, celebraciones y en nuestra vida diaria a Jesucristo, que es el rostro humano de la misericordia divina, revelada en su pasión con los que sufrían en su cercanía, de los que necesitaban su ayuda y en su revelación de Dios como Padre. Yo espero que en este año aprendamos a ser misericordiosos los unos con los otros, como nuestro padre celestial es misericordioso con nosotros”.

Cuestiones para un posible diálogo
¿Cómo valoras la iniciativa del papa Francisco sobre el Año de la Misericordia?
-¿Qué pasaje del evangelio relativo a la misericordia te conmueve más?
-¿Qué relación ves entre la misericordia y la confianza, y entre la misericordia y la empatía, la lejanía o proximidad?
–¿Qué expresión de la solidaridad te parece prioritaria y procuras aplicar en tu vida?

marzo 2016

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